Jul 17 2006
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Opinión

BONOBO REY

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Que el chimpancé es territorio y el bonobo tan sólo tiempo. El bonobo nunca es yo, es siempre ahora.

Suerte de Manifiesto Bonobista.

Bonobo es una forma de ser, el bailoteo sonris√≥n de la vida en circunstancia. Bonobo tambi√©n es pan paniscus, el primate m√°s cercano al hombre seg√ļn lo entiende la ciencia; esto es, gen√©tica y categor√≠a.

Si nos ce√Īimos a esto pronunciaremos con soltura y brava voz que el bonobo, recientemente descubierto por el lente humano, ignorado, inimaginado, comparte muchas m√°s cosas en com√ļn con nosotros que el anterior candidato a la ascendencia, el chimpanc√© com√ļn, simplonamente pan troglodytes. A saber: primeramente denominado chimpanc√© pigmeo, el bonobo es un simio juguet√≥n, de largas piernas y orejas cortas, y que comparte el 99,8% del genoma humano.

Si a esto le sumamos una relaci√≥n social basada en el entendimiento a toda prueba, camarader√≠a y carcajadas a granel, es que entonces el bonobo ya est√° aqu√≠, rasga nuestras vestiduras, y nos invita a escondrijarnos, a olvidarnos a la deliciosa lejan√≠a, al calor voluptuoso y carnavalesco del Zaire, all√° donde en √Āfrica s√≥lo se sabe gozar.

fotoLa sociedad bonobo es, por supuesto, matriarcal. A diferencia del chimpanc√©, no conoce la verticalidad, ni la jerarqu√≠a, ni el desenvolvimiento a golpes. Vadea r√≠os e incluso canturrea, si le viene en gana. Ni√Īos y adultos se codean no ya por lo bajo, sino al descaro mismo y compartiendo constantemente alimentos y aventuras; las chiquillas en flor suspiran encantos, y aquellos j√≥venes mozos las observan con ojos que no adivinan m√°s que el enamorarse.

Todo nace y florece en √Āfrica. La vida es dulce, y corre de la mano del primate que te abraza a medio camino de encontrar los frutos m√°gicos y beber del jugo que hace transpirar la tierra. Nunca supieron de la guerra de los chimpanc√©s ‚Äďsiempre tan en busca de aquello que s√≥lo consigue irritarles‚Äď; nunca supieron de los hombrecitos t√≠midos enviando maquinarias a robar energ√≠a all√° donde habr√° que asesinarlos para conseguirlo.

La paz no es, por fin, aquella f√ļnebre y gris√°cea estaci√≥n inm√≥vil entre dos guerras. La paz es un estado de conciencia, y el bonobo lo sabe. Y, como ha de ser, pues, se relame ante ella.

As√≠ como se asemejan, as√≠ tambi√©n son uno y el otro. El chimpanc√© asustado berrea y se sacude en violencia si es que la casualidad amordazada se le aparece en sustento y comida ‚Äďbien podr√≠a ser carro√Īa‚Äď: ‚Äúnadie se me acerque, han o√≠do ya esto es m√≠o, t√ļ no querr√°s probar mi furia‚ÄĚ. El bonobo, por el contrario, encuentra regalos bajo las piedras y entonces, henchido e ilimitadamente feliz, corre a buscar camarada a que se repartan juntos la dulzona picard√≠a de los frutos prohibidos del para√≠so africano. Se rumorea que es entonces cuando estos amiguetes revoltosos har√°n estallar la magia y ser√° tambi√©n entonces cuando sabremos su secreto:

Pues el sexo.

Nada más sencillo. No es un secreto para nadie que el sexo es la actividad predilecta del ser humano. Embellece y nutre la carne, arranca suspiros allí por donde se practique, y además es saludable en cuanto las sonrisas que despierta desintegran y anulan cualquier vestigio de depresión urbana-productiva amparadora del cáncer del progreso.

Tanto el humano como el bonobo son los √ļnicos mam√≠feros etiquetados ya con el celo permanente, y es entonces que, si bien los seres humanos intentamos a toda costa convencernos de que hay instancias y lugares determinados para el espec√≠fico acto y entendemos la sexualidad como un cap√≠tulo sellado y est√©ril dentro del est√°ndar del acto sexual y sus suced√°neos, el bonobo, que no entiende de matem√°ticas y que sinceramente tiene mejores cosas en qu√© pensar, se entrega al mandato incuestionable del deseo y la coqueter√≠a como reales y primarias relaciones sociales.

A toda hora, a cada circunstancia, es posible embobarse en el espect√°culo amoroso que ejecuta el bonobo desde que el cuerpo vitorea caricias.

Lo hace todo: masturbación, penetración, contacto oral, orgía. Los machos intercambian alimentos sellando pactos de amistad mediante la frotación de sus genitales; las hembras se entrelazan entre el verdor del trópico estableciendo relaciones horizontales de hermandad y simpatía. Contrastando con el chimpancé, que irradia agresividad y abandona sus frustraciones sexuales en esporádicas uniones de verdadera dominación, el bonobo se abraza y vive en comunidades pacíficas donde no hay cabida al egoísmo ni a la guerra.

Se aman. Constantemente.

Y hay m√°s. S√≥lo la hembra humana y la bonobo ‚Äďrecordemos que somos parientes entra√Īablemente cercanos‚Äď tienen la vagina adelante. Los dem√°s mam√≠feros del reino animal (bonita etiqueta, ¬Ņeh?), al tener las hembras la vagina situada al reverso, copulan como todos sabemos lo hacen los perros. Incluido el chimpanc√©.

El bonobo, en cambio, adem√°s de adoptar todas las posturas sexuales imaginables, lo hace cara a cara. Y, como dir√≠a Susan Block, estudiosa de un centenar de bonobos en cautiverio desde hace ya d√©cadas, cuando se aman as√≠ son ‚Äúcomo practicantes de sexo t√°ntrico, o como dos personas profundamente enamoradas‚ÄĚ. Y como tales, se miran directamente a los ojos y se besan l√°nguidos y acaramelados.

Los bonobos son extremadamente agradables. Cuando no est√°n acarici√°ndose o compartiendo alimentos se dedican al ocio, a la contemplaci√≥n y al juego. Poseen un lenguaje √ļnico y complejo que la ciencia humana ha categorizado como ‚Äúcapaz de reconocer m√°s de 400 pictogramas‚ÄĚ.

foto
Como no temen al agua, no delimitan territorios ni por supuesto deben matarse para conservarlos intactos. Son n√≥madas y aventureros. As√≠ como los enfurru√Īados chimpanc√©s protagonizaron desde 1930 una extra√Īa guerra en la cual las diversas tribus se cazaban la una a la otra, los bonobos en ocasiones se re√ļnen por centenares con tribus repletas de desconocidos para aullarle a la luna y desdibujar las tensiones con espont√°neas y dulces sesiones de amor colectivo.
El chimpancé es caníbal y brutal. El bonobo es vegetariano, e irremediablemente pacífico.

Por supuesto que la naturaleza es sabia. La superpoblaci√≥n parece ser un problema, pero realmente no lo es. S√≥lo el ser humano concentra enfermizamente la vida en campos de trabajos forzados, expandi√©ndose as√≠ como plaga, y adoctrinando a las dem√°s especies subordinadas a la hiperproducci√≥n y a la superpoblaci√≥n. As√≠ es como se extienden las plagas de palomas, ratas, perros, conejos e incluso castores tan s√≥lo en territorio chileno, eso sin mencionar que los mismos humanos se reproducen a un ritmo vertiginosamente da√Īino para la biodiversidad.

En el estado salvaje existe una extra√Īa compensaci√≥n. A pesar de que los bonobos se menean en un ritmo sexual que supera diez veces la actividad √≠dem del chimpanc√©, y casi mil la del gorila, su reproducci√≥n es armoniosa, y por supuesto no se desbordan de los mapas. Es com√ļn que una hembra adulta d√© a luz a una criatura cada cuatro a√Īos, aproximadamente; esto sin contar abstinencia, ni recato, ni interrupci√≥n coital, ni el empleo de maravillas tecnol√≥gicas como el suministro de drogas hormonales para controlar sus ciclos reproductivos o el tener que enfundarse inc√≥modamente un armaz√≥n de l√°tex en el miembro viril para intentar detener el incesante fluir de la vida.

Simplemente se enroscan y se enredan, desterrando cualquier tentativa de agresi√≥n, y sustituyendo la competitividad por el esparcimiento y el compa√Īerismo. Todo esto sin dejar de hacer el amor a cada sonrisa de la tarde.

Es probable que el ser humano se halle confundido. Tantos y tantos a√Īos intentando conquistar galaxias lejanas y apoderarse de aquellas baratijas diarias que de tanto encandilarle le han hecho creer son el Oro, debiendo hacerse c√≥mplice de multitud de inescrupulosos y vergonzosos medios para lograr tan siniestros fines, le deben de haber nublado un poco el seso. Tan animal como el bonobo, parece haber olvidado aquellos nexos c√°lidos que reconocen la fertilidad como una circunstancia amiga y amparadora de la armoniosa distribuci√≥n natural de la vida, donde cada p√©talo, cada flor, y cada insecto que la poliniza y le hace gozar ‚Äďpues esto tambi√©n es hacer el amor‚Äď se interrelacionan y no hay cabida al desorden reproductivo, ni a la escasez, ni al aborto.

Parece haber desestimado y ninguneado una sabidur√≠a ancestral que, puesto como les gusta o√≠rlo, est√° en los genes, y sistem√°ticamente se ha ido hundiendo en una larga y tediosa pataleta chimpancesca que indudablemente le ha arrojado a pretender que la √ļnica y eficaz manera de controlar su natalidad es a trav√©s de la moralizaci√≥n y censura de la sexualidad latente, demonizando el encuentro afectivo condicionado por sus consecuencias ven√©reas, enfermas, y generadoras de vida no deseada, siendo que la ‚Äúsociedad‚ÄĚ bonobo demuestra como se quiera que la gestaci√≥n y el brote, la conservaci√≥n de la especie, est√° en el ejercicio sano y limpio de la sexualidad plena.

Sea como fuere, el bonobo es rey. Y la vida le seguir√° sonriendo y d√°ndole el visto bueno a su estilo de vivirle, si es que la gula imaginaria del humano no acaba de exterminarle del carnaval del Congo

(lamentablemente se le considera en peligro de extinción, puesto que se paga suculentas sumas por su carne, considerada un manjar para paladares exóticos. Actualmente se estima que bailotean alrededor de 10.000 bonobos en estado salvaje, más unos cuantos miles más en cautiverio).

El bonobo, pacífico, coqueto, juguetón y enamorado, es un ejemplo para la humanidad.

Habr√° que abrirse paso entre la foresta para contemplarlo en su gloria. Parece haber vencido una batalla que hoy muchos sue√Īan con empezar a pelearla. No chillar√° ni ense√Īar√° los dientes cuando nos descubra observarle boquiabiertos; es probable que nos invite a desmantelar el estr√©s y a seducir el encanto de la sonrisa femenina y machota.

Hoy por hoy, humanos y chimpanc√©s se desencajan los sesos buscando la manera de encontrar la ma√Īa para hacer cada vez armas m√°s grandes y poderosas. Y el bonobo tiene el pene bastante m√°s largo que el humano y las pretensiones de sus pistolas y su guerra.

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* Publicado en: www.salvajismo.tk.

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