Mar 27 2014
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Brasil: Jango Goulart, la verdad y la impunidad

En v√≠speras de los cincuenta a√Īos del golpe c√≠vico-militar que derrumb√≥ al gobierno de Joao ‚ÄúJango‚ÄĚ Goulart e instaur√≥ una dictadura de 21 a√Īos, hay un poco de todo en Brasil. Est√°n los nost√°lgicos, est√°n los que no olvidan aquellos tiempos mal√©ficos y est√°n los indiferentes que consideran que revolver el pasado es algo prescindible. Esos son la mayor√≠a, due√Īa de un silencio tan revelador del pavor cr√≥nico de los brasile√Īos frente a un pasado infame.

Y est√°n los pocos ‚Äďpoqu√≠simos‚Äď agentes del terrorismo de Estado que, por alguna raz√≥n, decidieron contar parte de lo que saben. De esa forma, la verdad empieza, de a poquito, a salir a la superficie. Lo hace al amparo de una ley esdr√ļjula e infame de autoamnist√≠a decretada por los militares en el comienzo del ocaso de la dictadura y que ha sido ratificada de forma tan sorprendente como abyectamente cobarde por el Supremo Tribunal Federal hace cuatro a√Īos.

De esos poqu√≠simos que ahora hablan, uno ‚Äďel coronel retirado del ej√©rcito Paulo Malhaes‚Äď lo hace con tranquilidad asombrosa. Tiene raz√≥n: la amnist√≠a lo protege a la hora de contar c√≥mo arrancaba los dientes y los dedos de los asesinados, para impedir que los cuerpos fuesen reconocidos. Describe con meticulosidad de jardinero c√≥mo les abr√≠a el vientre a los cad√°veres que ser√≠an luego tirados a alg√ļn r√≠o, y la precisi√≥n empleada a la hora de meterlos en bolsas de arpillera, calculando el peso exacto de las piedras para que flotaran a media agua, sin asomar. Admite pl√°cidamente su participaci√≥n en sesiones de tortura y en asesinatos. Dice que no lleva la cuenta de a cu√°ntos mat√≥.

Cuando es preguntado sobre violencia sexual contra presas pol√≠ticas, pasa de largo. ‚ÄúSi hubo casos de abuso, habr√°n sido uno o dos‚ÄĚ, concede. Hay decenas y decenas de relatos de mujeres que fueron presas y abusadas. Malhaes aclara que por √©l, ninguna: ‚ÄúUna mujer subversiva, para m√≠, es un hombre. Han sido presas algunas mujeres lindas, pero no me atra√≠an. Yo las consideraba y considero un enemigo‚ÄĚ.

Dice todo eso a la Comisi√≥n Nacional de la Verdad instaurada por Dilma Rousseff, ella misma una ex presa pol√≠tica que pas√≥ por todo tipo de torturas. Es de los √ļnicos, en v√≠speras del aniversario, que asumen lo cometido. Otros, como el coronel tambi√©n retirado Alberto Brilhante Ustra, notorio por la forma descontrolada en que torturaba a los detenidos, especialmente a las mujeres, se dan el lujo de hacer bromas prepotentes cuando son convocados a testimoniar ante la Comisi√≥n de la Verdad.br jango goulart feretro

Impresiona la resistencia mineral de militares retirados en siquiera admitir que lo ocurrido en 1964 fue un golpe de Estado. Aseguran que jamás hubo dictadura: hubo una revolución, que luego se transformó en un régimen fuerte. A lo sumo, autoritario. Pero dictadura, no.

Quiz√° tambi√©n por esa raz√≥n Dilma Rousseff haya prohibido expresamente que se haga cualquier tipo de celebraci√≥n de la fecha en instalaciones militares. La determinaci√≥n de la presidenta no alcanza a los militares retirados, que tienen sus propios clubes ‚Äďas√≠ los llaman: clubes‚Äď para celebrar la infamia. Para los militares, inclusive para los que no hab√≠an nacido, lo que ocurri√≥ el 31 de marzo de 1964 fue una revoluci√≥n para impedir que se instalase un r√©gimen comunista en Brasil. Es mentira, y todos lo saben.

Hay algo muy aclarador, muy simb√≥lico. En verdad, el golpe ocurri√≥ el 1¬ļ de abril. Los golpistas hicieron retroceder el calendario 24 horas porque en Brasil el 1¬ļ de abril es el d√≠a de los tontos. El d√≠a de la mentira.

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