Jun 19 2013
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Pol铆ticaSociedad

Brasil: La voz de las calles

Son d铆as de tensi贸n, convulsi贸n pero tambi茅n de perplejidad. Partidos aliados al gobierno y toda la oposici贸n parecen at贸nitos. Un movimiento efectivamente espont谩neo, nacido de peque帽os grupos de estudiantes de clase media con el apoyo de partidos pol铆ticos de representaci贸n 铆nfima, desat贸, a partir de San Pablo, una ola de protestas que colm贸 las calles de decenas de ciudades.

Y logr贸, el pasado lunes, poner al menos a 250 mil brasile帽os protestando contra todo y contra todos a lo largo y a lo ancho del pa铆s.

Desde 1992, cuando centenares de miles de j贸venes se lanzaron a las calles para exigir la salida del entonces presidente Fernando Collor de Mello no se ve铆a nada igual.

Hay, sin embargo, diferencias fundamentales con movilizaciones multitudinarias anteriores. En 1984, millones de brasile帽os fueron a las calles a exigir elecciones democr谩ticas. En 1992, lo que se exig铆a era que el Congreso suspendiera el mandato de un presidente comprobadamente corrupto. En ambas ocasiones, partidos pol铆ticos, l铆deres y dirigentes, adem谩s de movimientos sociales, se unieron para perseguir un objetivo com煤n. Hab铆a consignas claras y los actos masivos fueron organizados. O sea, han sido movimientos org谩nicos, con fuerte adhesi贸n popular.

Ahora, no. Todo empez贸 con movilizaciones peque帽as, que no lograron reunir a m谩s de tres mil personas, protestando contra un aumento de veinte centavos de real 鈥搈enos de diez centavos de d贸lar鈥 en los buses de San Pablo. En poco m谩s de diez d铆as, el escenario se transform贸. Ahora son manifestaciones populares sin vislumbre alguno de conducci贸n org谩nica. La represi贸n llevada a cabo por la polic铆a militar de San Pablo primero, y de otras ciudades despu茅s, produjo una adhesi贸n masiva a los manifestantes. Hubo, es verdad, actos de vandalismo por parte de una minor铆a de manifestantes. Pero la salvaje actuaci贸n de la polic铆a militar en San Pablo, especialmente el jueves de la semana pasada, desat贸 la reacci贸n popular.

Qued贸 claro que nadie, ni convocantes ni autoridades, esperaba semejante oleada. Un ejemplo claro: el pasado lunes, la polic铆a militar de R铆o de Janeiro previ贸 que la manifestaci贸n anunciada no reunir铆a m谩s de tres mil personas y dispuso un esquema de seguridad para ese contingente de gente. La protesta reuni贸 a cien mil.

Son muchas las preguntas que flotan en el aire, de la misma forma que son muchas las conclusiones a las que ya se puede llegar. Para empezar, 驴c贸mo es posible que un movimiento sin ninguna direcci贸n clara y concreta se expanda tanto en tan poco tiempo? 驴C贸mo pueden convivir 铆ndices elevados de satisfacci贸n y aprobaci贸n del gobierno con semejante demostraci贸n de insatisfacci贸n? 驴C贸mo es posible que nadie, ni en el gobierno y menos en la oposici贸n, haya detectado esa ira latente? En los 煤ltimos a帽os la inflaci贸n se mantuvo bajo control, el poder adquisitivo del salario medio creci贸 en t茅rminos reales, el desempleo sigue en niveles m铆nimos. Alrededor de 50 millones de brasile帽os dejaron la zona de pobreza e ingresaron en la llamada nueva clase media. 驴De d贸nde viene tanto protestar?

Esas son las grandes preguntas. Y que los pol铆ticos, tanto del gobierno como de la oposici贸n, no saben contestar. Ahora qued贸 muy claro que no se aguanta m谩s la p茅sima calidad de la educaci贸n p煤blica, la ca贸tica y perversa situaci贸n de la salud p煤blica, el infernal sacrificio humano que significa, para los trabajadores de los grandes centros urbanos, enfrentar la cotidiana tortura del transporte p煤blico.

Queda claro, adem谩s, que el sistema pol铆tico, tal como est谩, ya no representa, efectivamente, a gruesos contingentes de la poblaci贸n. Las alianzas pol铆ticas esdr煤julas, dise帽adas para asegurar la supuesta gobernabilidad, no aseguran otra cosa que intereses mezquinos de dirigencias partidarias que s贸lo tienen en com煤n el acto de respirar. Las se帽ales de alerta m谩ximo se disparan; los pol铆ticos est谩n at贸nitos.

Las decenas de miles de manifestantes que copan las calles de las ciudades exigen de todo, de la salud a la educaci贸n, del transporte al combate a la corrupci贸n, de la inflaci贸n a los gastos desmesurados para realizar eventos deportivos como el Mundial de F煤tbol o las Olimp铆adas. Hay una brecha, se sabe ahora, entre el para铆so de los n煤meros y el infierno cotidiano de millones de brasile帽os.

Es muy revelador el resultado de una encuesta realizada en San Pablo, brasil protestasprincipal polo financiero de Am茅rica latina, en los primeros d铆as de las grandes protestas. Con todo su provincianismo metropolitano (que valga la contradicci贸n), con todo su conservadorismo mal disfrazado, con su racismo latente y su s贸lido prejuicio social, con todo su orgullo de clase media acostumbrada a despreciar a los que no se les parecen, 55 por ciento de los paulistas han apoyado las movilizaciones de protesta.

Algo raro 鈥搚 peligroso鈥, pero muy estimulante ocurre en Brasil. El gran peligro est谩 en que no existe una conducci贸n clara y organizada del movimiento. Con eso, y aunque quisiesen, las autoridades, los poderes constituidos, no tienen con qui茅n dialogar o negociar en t茅rminos efectivos y conclusivos. Y m谩s: al no existir tal conducci贸n, la violencia de las minor铆as, para no mencionar a los eternos infiltrados, escapa f谩cilmente de control, como ocurri贸 seguidamente esos d铆as.

Entre muchos puntos raros, salta uno: la evidente contradicci贸n entre los niveles de aprobaci贸n del gobierno y de la misma presidenta Dilma Rousseff y la dureza de las exigencias de los manifestantes.

Otra rareza: por primera vez en Brasil, el uso de las redes sociales demuestra su eficacia. Utilizando un habitual refr谩n del ex presidente Lula da Silva, se puede asegurar que 鈥渘unca antes en este pa铆s鈥 las redes fueron tan eficaces.

Hay perplejidad, hay dirigentes at贸nitos, hay tensi贸n. Con raz贸n ayer la presidenta Dilma Rousseff aprovech贸 una ceremonia rutinaria para decir que su gobierno est谩 atento la voz de la calle.

Ojal谩 todav铆a haya tiempo para escuchar bien lo que dicen esas voces y empezar a cambiar las cosas, m谩s cosas de las que ya han cambiado.

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