Dic 5 2011
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Política

Brasil: Otro ministro que cae y van siete

El s√©ptimo ministro de Dilma Rousseff a caer en un a√Īo ‚Äďel sexto por esc√°ndalo de corrupci√≥n y desv√≠o de dinero p√ļblico‚Äď no fue propiamente decapitado como los anteriores. Cometi√≥, digamos, un suicidio pol√≠tico, a pesar de haber sido, en su caso espec√≠fico, el suicidio en cuesti√≥n, cometido por un muerto de buena muerte. La presidenta Dilma Rousseff hab√≠a decidido esperar hasta la reforma de ministerios de enero para reemplazar a Lupi. El asedio medi√°tico y opositor precipit√≥ el desenlace.|ERIC NEPOMUCENO

Carlos Lupi, ministro del Trabajo, renunci√≥ en la noche de ayer. Le ahorr√≥ a Dilma, con ese gesto, el trabajo de decapitarlo en la ma√Īana de hoy. Lupi resisti√≥ lo que pudo. O, m√°s bien, Dilma resisti√≥ lo que pudo y no por respeto a Lupi, otro de los ministros que Lula da Silva le impuso en el dise√Īo de la alianza que respald√≥ su candidatura. La presidenta jam√°s quiso a Lupi como ministro, entre otras razones por tener sobradas pruebas e indicios concretos de lo que pasaba en su ministerio.

El esquema de Organizaciones No Gubernamentales, las mal afamadas ONG que firman contratos y convenios con ministerios y luego desaparecen con el dinero, pr√°ctica com√ļn para beneficiar y compensar los partidos que respaldan al gobierno, era harto conocido por todos, comenzando por Dilma. Pero en el actual sistema brasile√Īo, ni modo: o el presidente cuenta con el respaldo parlamentario de partidos aliados, y ese respaldo tiene un precio claro (la distribuci√≥n de ministerios y sus respectivos presupuestos), o no gobierna.

Lupi formaba parte de ese rollo. No hay ninguna prueba, ning√ļn indicio cre√≠ble, de que se haya beneficiado personalmente del desv√≠o de recursos. Pero tampoco hay prueba alguna de que, a lo largo de los √ļltimos cuatro a√Īos, desde cuando Lula lo hizo ministro y luego lo impuso a Dilma, Lupi haya hecho algo para impedir que el esquema sobreviviese y se fortaleciera. Y m√°s: qued√≥ probado que viaj√≥ en aviones pagados por empresarios que ten√≠an negocios con su ministerio, y que ocup√≥ ilegalmente dos puestos p√ļblicos a la vez, cuando se qued√≥ sin mandato parlamentario y, por ende, sin medio de vida. En suma, abus√≥ m√°s all√° de lo admisible, aun en un sistema tan √©ticamente flojo como el brasile√Īo.

Dilma se neg√≥ a decapitarlo para no dejarse controlar por la prensa m√°s conservadora (la misma que se vanagloria de descubrir esc√°ndalos cuando, en realidad, no hace m√°s que publicitar investigaciones que ya tramitan por los canales competentes, como la Justicia y la Auditor√≠a General de la Uni√≥n) y por un Consejo de Etica cuyos miembros fueron elegidos sin que nadie sepa exactamente basado en qu√© criterios. Ese Consejo determin√≥ a la presidenta a que cesara a Lupi. Dilma pidi√≥ al Consejo que aclarase las razones de su demanda. El presidente del Consejo de Etica de la Presidencia, Jos√© Sep√ļlveda Pertence, est√° vinculado con uno de los pol√≠ticos m√°s denunciados por corrupci√≥n en Brasil, el ex presidente Jos√© Sarney. Cuando era presidente del Tribunal Superior Electoral manipul√≥ las reglas de las elecciones de manera descarada, con tal de beneficiar al mismo Sarney. ¬ŅPor qu√© darle a Sep√ļlveda tanta credibilidad?

Que Lupi cometi√≥ irregularidades, hasta las estrellas del cielo lo saben a ciencia cierta. Pero, ¬Ņpor qu√© no se presiona tanto a otras figuras dominantes del escenario pol√≠tico que cercan y presionan a la presidenta? ¬ŅCu√°l es el objetivo de presionarla tanto, con casos de corrupci√≥n menor, cuando se sigue robando sin l√≠mites en otras esferas?

Dilma había definido que preferiría esperar hasta la reforma de ministerios que hará en enero para reemplazar al moribundo Lupi. Creía que tenía munición suficiente para resistir al asedio de la prensa, de la oposición e inclusive de los aliados, que se debaten como hienas por los restos mortales de cualquier plaza de ministro, con todos los cargos y presupuestos manipulables. Esa resistencia de Dilma amenazó, inclusive, con corroer su bien ganado prestigio junto a las clases medias.

Ayer por la noche, Lupi desistió y aceptó lo que era obvio: su muerte política. Se fue otra piedra, y bastante puntiaguda, que Lula puso en el zapato de Dilma.

Hay algo curioso en toda esa historia. Lula da Silva siempre acus√≥ al antecesor, Fernando Henrique Cardoso, de haberle dejado una ‚Äúherencia maldita‚ÄĚ. Mirando hacia lo que Lula dej√≥ a Dilma ‚Äďsiete ministros defenestrados en un a√Īo, seis por corrupci√≥n y uno por irresponsable‚Äď uno se pregunta: ¬ŅC√≥mo cualificar el legado que hered√≥ la sucesora?

Ahora, en enero o a lo sumo en febrero, Dilma remodelar√° todo su gobierno. Ser√°, entonces, el verdadero gobierno que estrenar√°.

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