Sep 19 2013
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Opini贸nPol铆tica

Brasil: Revisan sentencias de acusados en la corrupci贸n que involucr贸 al PT

El ministro Celso de Mello, decano del Supremo Tribunal Federal brasile帽o, llev贸 poco m谩s de dos horas para, en un voto consistente y s贸lido, determinar ayer que 12 de los 25 condenados por esa misma corte m谩xima a penas de prisi贸n tendr谩n derecho a una revisi贸n de sus sentencias, o sea, a un nuevo juicio.

Entre los beneficiados est谩n figuras de proa del PT, como el ex jefe de Gabinete de Lula Jos茅 Dirceu y el ex presidente del partido, diputado Jos茅 Genoino, ambos fundadores del PT. Todos los que ser谩n nuevamente juzgados tuvieron, en el primer juicio, cuatro votos (sobre once) favorables. El derecho al recurso est谩 asegurado jur铆dicamente, pero aun as铆 de los once ministros de la Corte Suprema, cinco lo han negado.

Curiosamente, el mismo De Mello ha sido uno de los m谩s 谩cidos y contundentes a la hora de condenar a los encausados en el primer juicio. Su voto ha sido implacable en aquella ocasi贸n, de la misma forma que ha sido indiscutible ahora, al asegurar a los condenados el derecho a recurrir. O sea: no niega la gravedad de los acontecimientos, pero asegura a los acusados el derecho a presentar recurso. Ha sido suyo el sexto voto favorable, y decidi贸 la cuesti贸n. De otra manera, quedar铆a sentado otro precedente raro en un juicio que se desarroll贸 contrariando principios b谩sicos de la Justicia, es decir, los condenados no tendr铆an derecho a una segunda instancia.

La primera etapa de lo que la prensa hegem贸nica bautiz贸 en Brasil como 鈥渆l juicio del siglo鈥 estuvo plagada de pol茅micas. Para empezar, los acusados fueron juzgados por la Corte Suprema, en lugar de las instancias inferiores, lo que les asegurar铆a el derecho a, en caso de ser condenados, recurrir a instancias superiores. Negarles el recurso en la instancia m谩xima implicar铆a confirmar definitivamente que se trat贸 de un tribunal de excepci贸n.

En el juicio se acept贸 la peregrina tesis de que basta una acusaci贸n supuestamente bien estructurada para que se condene a alguien, olvidando la necesidad de presentar pruebas condenatorias. Se trat贸 de un juicio que mezcl贸 condenas a algunos acusados contra los cuales s铆 exist铆an pruebas y otras, de cu帽o claramente pol铆tico, como las que alcanzaron a Genoino y Dirceu. La confusa teor铆a del 鈥渄ominio del hecho鈥, seg煤n la cual por ocupar un puesto de decisi贸n se determina la culpa del acusado, aunque no exista prueba alguna de su real participaci贸n, se impuso como innovaci贸n en la Justicia en Brasil. Todo eso, con amplio y total respaldo de los grandes medios, que presionaron de forma incesante a la Corte Suprema.

Efectivamente, no existe prueba alguna de que Jos茅 Dirceu 鈥搖na de las principales figuras de la izquierda brasile帽a y quiz谩 el m谩s capacitado liderazgo del PT鈥 sea inocente de la trama de distribuci贸n de recursos de campa帽a para financiar a partidos aliados, y que no haya incurrido en cr铆menes de corrupci贸n activa. Pero tampoco existe prueba alguna de que sea culpable. Al invertir un pilar b谩sico del derecho, se despreci贸 la necesidad de pruebas consistentes para condenarlo (a 茅l y a otros, dicho sea de paso), eliminando la presunci贸n de inocencia de los acusados.

M谩s que detalles y meticulosidades jur铆dicas, el embate final entre dos corrientes del Supremo Tribunal Federal brasile帽o puso de relieve si corresponde a los integrantes de la corte m谩xima de Justicia actuar acorde a sus conciencias o atender al supuesto clamor de las calles, que en este caso se concretiza b谩sicamente en el abordaje preestablecido por los grandes medios de comunicaci贸n.

Qued贸 comprobado en el 鈥渏uicio del siglo鈥 que, a ejemplo de lo que se hace en toda y cualquier elecci贸n brasile帽a, sea del nivel que fuere, determinado partido distribuye recursos para cubrir gastos de otros, y as铆 se conforman las alianzas pol铆ticas. Fue lo que hizo el PT de Lula.

Que es algo da帽ino y ofensivo no resta duda. Pero de ah铆 a crear la imagen, como hicieron los medios de comunicaci贸n, de un partido (el PT de Lula en su primera presidencia) distribuyendo dinero mensualmente a parlamentarios aliados, hay una gran distancia. Que hubo dinero negro circulando, nadie puede dudar. De lo otro, nadie pudo probar.

La gran marea de moralismo exacerbado que cubre las p谩ginas de diarios y revistas y se esparce sobre los noticieros de televisi贸n se reforz贸 dr谩sticamente en los 煤ltimos d铆as.

El presidente de la Corte Suprema, Joaquim Barbosa, el m谩s esdr煤julo y truculento de los miembros del colegiado, impidi贸, intencionalmente, que Celso de Mello votase el jueves de la semana pasada. Al forzar la postergaci贸n de ese voto para ayer, abri贸 un espacio de cinco largos d铆as para que las presiones sobre su compa帽ero de tribunal se multiplicasen.

La maniobra, aunque evidente, no surti贸 efecto: el decano se mantuvo firme en sus convicciones.

Es importante recordar que aceptar que los recursos sean analizados y votados en la corte no implica ninguna garant铆a a los acusados. Es muy probable que algunas sentencias sean efectivamente revisadas, ya que restaron serias y bien fundamentadas dudas en relaci贸n con algunas acusaciones. Adem谩s, dos nuevos ministros ocupan los lugares de los que se jubilaron y votaron contra los acusados.

Pero examinar recursos no implica asegurar la anulaci贸n total de las sentencias condenatorias.

No hay plazo para que el nuevo juicio ocurra. Puede ser el a帽o que viene, puede ser en el 2015. El relator nombrado para analizar los recursos (que ser谩n presentados en un plazo m谩ximo de 60 d铆as) es el ministro Luiz Fux, uno se los m谩s vehementes en rechazar el derecho a aceptar los recursos de los condenados. Para suerte de los ahora beneficiados, su voto ser谩 uno 鈥搚 apenas uno鈥 entre once.

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