Sep 20 2016
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Política

Brasil: Un bandolero llamado Eduardo Cunha

Entre fines de julio y principios de agosto Eduardo Cunha despach√≥ emisarios para sondear la Fiscal√≠a General de la Uni√≥n. Quer√≠a saber si hab√≠a buena disposici√≥n para establecer un acuerdo de ‚Äúdelaci√≥n premiada‚ÄĚ, que le asegurar√≠a penas blandas, en caso de una condena que parec√≠a y parece inevitable, a cambio de informaciones.

Cunha lo desminti√≥ con vehemencia durante todo el proceso que culmin√≥ con su expulsi√≥n de la C√°mara de Diputados, la suspensi√≥n definitiva de su mandato (y los correspondientes fueros privilegiados) y su inhabilitaci√≥n pol√≠tica por ocho a√Īos.

Ahora, los procesos a que respondía en el Supremo Tribunal Federal pasan a primera instancia. Uno de ellos ya fue enviado al provinciano juez de primera instancia Sergio Moro, firme admirador no confesado de los tribunales de la Santa Inquisición: más que buscar justicia a la hora de juzgar, tiene la obsesión de condenar.

Fulminado por sus pares, abandonado por sus huestes, Cunha vuelve al llano intentando aparentar la calma de un lago nórdico en invierno. Sabe que perdió casi todo su poder en la Cámara de Diputados. Sabe que es un cadáver político. Sabe que se transformó en símbolo máximo de podredumbre en un sistema político podrido. Sabe que es la imagen lapidada de un corrupto vulgar, de un bandolero desarmado.

Pero tambi√©n sabe que lo que sabe puede ser letal para un n√ļmero incalculable de pol√≠ticos de todos los calibres, a empezar por su veterano aliado y c√≥mplice Michel Temer. Eximio maestro del chantaje, Cunha deja claro que se sinti√≥ abandonado por traidores voraces.

Quedan, en ese enredo, al menos dos preguntas b√°sicas. La primera: ¬Ņqu√© har√° ahora, cuando tanto √©l como su esposa, Claudia Cruz, est√°n bajo la amenaza concreta de prisi√≥n?

No hay mucho espacio para negociaci√≥n con los fiscales √°vidos de aplausos de una opini√≥n p√ļblica entorpecida por los mismos medios hegem√≥nicos de comunicaci√≥n que hasta hace pocos meses ignoraban ol√≠mpicamente los desmandes colosales del bandolero-mor de la Rep√ļblica. Y menos para intentar alguna complacencia de la Corte Suprema.br-fora-cunha

Precavido, desde hace al menos dos meses trata de seducir a los fiscales y a la Policía Federal con la perspectiva de delatar. El eventual beneplácito de la Justicia dependerá de lo que Cunha esté dispuesto a ofrecer.

Una primera muestra surgi√≥ ayer, cuando en una entrevista del diario conservador O Estado de S. Paulo (uno de los adalides del golpe institucional que destituy√≥ a la presidenta electa Dilma Rousseff y coloc√≥ en su lugar a un Michel Temer que sigue buscando desesperadamente una legitimidad cada vez m√°s inviable) Cunha lanz√≥ algunos contundentes disparos de alerta. El blanco ha sido uno de los hombres fuertes de Temer, Wellington Moreira Franco, encargado del muy jugoso tema de las privatizaciones. La reacci√≥n de Moreira Franco fue intentar desclasificar a su acusador. Bueno, Cunha es, efectivamente, un desclasificado √©tico y moral. Pero en ese terreno, Moreira Franco es un imponente competidor: su integridad tiene la consistencia de un consom√© aguado. Cunha salpic√≥, de paso, a otro monumento de poluci√≥n √©tica y moral, el mismo Michel Temer. ¬ŅAmenaza velada? No: mejor considerarlo una especie de advertencia.

La otra pregunta b√°sica: ¬Ņc√≥mo ha sido posible que semejante creatura, cuya trayectoria fue s√≥lidamente pavimentada de robos, coimas, chantajes, haya reunido tanto poder, a punto de haber sido el gatillo disparador de un golpe institucional victorioso?

La respuesta es dura, pero no hay salida: eso ocurri√≥ gracias al ambiente degradado de la pol√≠tica brasile√Īa, al silencio c√≥mplice de los medios de comunicaci√≥n, a la bovina pasividad de las cortes superiores de Justicia, a la inercia de un sistema judicial tan perezoso como contaminado. A la despolitizaci√≥n de un electorado que se deja conducir como reba√Īo de terneros distra√≠dos. Y, duro pero innegable, a la admisi√≥n, por parte del PT, de aliarse a un partido como el PMDB, plagado de traidores como Cunha, Temer y todo el resto de la pandilla.

br-cunha-y-claudia-cruzPor d√©cadas Cunha supo buscar financiaci√≥n para campa√Īas electorales ajenas, armando una red de deudores que luego transformaba en c√≥mplices de sus negocios sin escr√ļpulo.

Con un Congreso en que existen nada menos que 28 partidos pol√≠ticos, impera en Brasil un engendro llamado ‚Äúpresidencialismo de coalici√≥n‚ÄĚ. O sea, ning√ļn presidente logra gobernar sin aliarse para intentar una mayor√≠a parlamentaria. Ese escenario propicio a todo tipo de chantaje y de negociaciones espurias sirve de pasto generoso para el apetito desorbitado de bandoleros como Eduardo Cunha. Y sirvi√≥ para que Dilma, el PT y Lula fuesen traicionados de manera vil.

Cunha fue, quiz√°, el m√°s h√°bil e inteligente de toda una enorme pandilla que ahora se re√ļne alrededor de Michel Temer. Cuando sus servicios dejaron de ser necesarios, fue defenestrado por sus pares con la frialdad de los chacales.

Sabe que perdi√≥ casi todo su poder, pero que mantiene algo de su otrora ol√≠mpica influencia, en especial sobre partidos peque√Īos e inexpresivos que, reunidos, suman una bancada de casi 20 por ciento de la C√°mara de Diputados.

Vengativo e implacable, advirtió que no caería solo: caería disparando. Bueno, ya cayó. Ahora vendrán los disparos.

*Publicado en P√°gina12

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