Ago 31 2017
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Política

Brasil: un barco a la deriva

La gravedad de nuestra crisis generalizada hace que nos sintamos como un barco a la deriva, a merced de los vientos y de las olas. El timonel, el presidente, está acusado de delitos, rodeado de marujos-piratas, en su mayoría (con nobles excepciones) igualmente corruptos o acusados de otros delitos. Es increíble que un presidente, detestado por el 90% de la población, sin ninguna credibilidad ni carisma, quiera gobernar un barco a la deriva.

No sé si es obstinación o vanidad, elevada a un grado estratosférico. Pero, impávido, sigue ahí en palacio, comprando votos, otorgando beneficios, corrompiendo a ya corruptos para evitar responder en el STF a las duras acusaciones que le son imputadas. Es prácticamente prisionero de sí mismo, pues dondequiera que aparece en público, oye pronto el grito: “fuera Temer”.

Es una vergüenza internacional haber llegado a este punto, después de haber conocido la admiración de tantos países por las políticas valientes hechas en favor de las grandes mayorías empobrecidas gracias a los gobiernos progresistas de Lula y Dilma.

La difamación de los opositores, apoyados por grupos ligados al stablishment internacional, que quiere alinear a todos con sus estrategias, puede intentar satanizar la figura de Lula y deshacer el mérito de los beneficios que él propició a los desheredados de la tierra. No están consiguiendo llegar al corazón del pueblo. Este lo sabe y testimonia: «A pesar de errores y equivocaciones, es innegable que Lula siempre amó a los pobres y estuvo de nuestro lado. Más que el pan, la luz, la casa, el acceso a la educación técnica o superior, nos devolvió dignidad; ahora somos personas, ya no estamos condenados a la invisibilidad social».

Quieren destruir a Lula como líder político y como persona. No lo conseguirán, porque la mentira, la deformación, la voluntad rabiosa y persecutoria de un juez justiciero, que juzga más por la rabia que por el derecho, jamás van a desfigurar a alguien que se transformó en un símbolo y en un arquetipo en Brasil y en el mundo.

Dicen los analistas de la psicología profunda de C. G. Jung que quien se transforma en símbolo por la saga de su vida y por el bien que ha hecho a los otros, se vuelve indestructible. Se volvió símbolo de un poder político benéfico para los más desvalidos de nuestra historia, marcados con muchas heridas. El símbolo penetra en la profundidad de las personas. Ahorra palabras. Habla por sí mismo. El símbolo posee un carácter numinoso que atrae la atención de los oyentes, hasta de los escépticos. El carisma es la irradiación más potente que conocemos. Lula tiene ese carisma que se traduce en la ternura para con los humildes y en el vigor con el que lleva adelante su causa libertaria. Ellos, antes silenciados, se sienten representados por él.

Además de símbolo, Lula se transformó en un arquetipo del líder cuidador y servidor. Este tipo de líder, según los mismos analistas junguianos, sirve a una causa que es mayor que él mismo, la causa de los sin nombre y de los sin vez. Ellos sostienen que este tipo de líder hace cosas que parecen imposibles. Evoca en sus seguidores los arquetipos escondidos de superarse también y de sentirse parte de la sociedad. Esto se expresa en las palabras de muchos que dicen: “al votarle a él, nos estamos votando a nosotros mismos. Hasta hoy teníamos que votar a nuestros opresores, ahora votamos a alguien que es uno de nosotros y que puede reforzar nuestra liberación”.

La actuación política de Lula tiene una relevancia de magnitud histórica. Él tiene conciencia de este desafío formulado por uno de los mejores entre nosotros, Celso Furtado, en su libro Brasil: la construcción interrumpida (1992): «Se trata de saber si tenemos un futuro como nación que cuenta en la construcción del devenir humano. O si prevalecerán las fuerzas que se empeñan en interrumpir nuestro proceso histórico de formación de un Estado-nación» (p. 35).

Lo que nos duele es constatar que el gobierno actual se empeña en interrumpir ese proceso, con la violación de la democracia y de la constitución, con los ajustes y las privatizaciones y hasta con la venta de tierras nacionales a extranjeros.

Se dejan neocolonizar para ser meros exportadores de commodities, en vez de crear las condiciones favorables para concluir la fundación de nuestro país. Además de corruptos, son vendepatrias, cínicamente indiferentes a la suerte de millones de personas que de la pobreza están cayendo en la miseria y de la miseria en la indigencia.

Tenemos que guardar los nombres de estos políticos traidores de los anhelos populares. Representan más sus intereses personales y corporativos o los de aquellos empresarios que les financiaron las campañas, que los intereses colectivos del pueblo. Que las urnas los condenen, negándoles la victoria a través del voto.

*Teólogo brasileño,exponente de las corrientes progresistas de la Iglesia Católica latinoamericana.

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Anexo:

Dilma Rousseff: “La segunda fase del golpe es sacar a Lula de las elecciones de 2018″

José Eduardo Bernardes| El golpe que destituyó a la ex presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, completa un año el próximo jueves (31). En esa fecha, en 2016, los senadores decidieron, por sesenta y un votos favorables y veinte votos contrarios, apartarla definitivamente del cargo, aunque sin comprobar que haya cometido el crimen de responsabilidad. “Inventaron un proceso para sacarme del gobierno.

Y usaron una mayoría de votos comprados, de los mismos doscientos y diecisiete diputados que garantizan la impunidad del presidente ilegítimo Temer”, afirma Dilma, un año después, en entrevista exclusiva con Brasil de Fato.

Rousseff también comenta la situación de persecución política y jurídica al ex presidente Lula, la propuesta de privatización de Eletrobras hecha por el gobierno golpista y la necesidad de luchar contra el golpe. “Nosotros vamos a tener que ser capaces de dedicarnos a intentar sacar al Brasil de esa encrucijada en la que se encuentra”, afirma. Mire la entrevista a continuación o escuche el audio aquí [en portugués], que estuvo al aire en el Programa Brasil de Fato, en emisoras de las ciudades de São Paulo, Belo Horizonte y Recife.

-Un año después del proceso de impeachment, ¿cómo mira usted todo lo que ocurrió?

-Yo considero que el proceso de impeachment fue un golpe, porque no había crimen de responsabilidad. Ellos inventaron un proceso para sacarme del gobierno. Y usaron una mayoría de votos comprados, que son los mismos doscientos y diecisiete votos de diputados que garantizaron la impunidad del presidente ilegítimo Temer. Es la misma composición del Congreso, que fue construida por el [ex diputado] Eduardo Cunha, que me destituyó a través de un proceso absolutamente sin fundamento, sin base real, hoy reconocido por todo el mundo. La historia fue bastante más desagradable para los golpistas. Los agarraron, quedó claro quiénes eran ellos.

-¿El golpe también tiene relación con la persecución al ex presidente Lula?

-Pienso que el golpe no es solamente un acto. El impeachment es la primera etapa del golpe, la segunda etapa se revela muy conservadora y reaccionaria, por un lado, y extremadamente radicalizada, por el otro. Hace parte de esta segunda etapa sacar a Lula de las elecciones de 2018 creando factoides judiciales para él. Toda esta absurda historia del proceso del apartamento triplex, sobre la cual el propio juez [Sérgio Moro] reconoce que los fundamentos de la acusación no existen. El juez hace acusaciones que no deberían ser hechas. Este segundo aspecto del golpe tiene un lado, que es la politización de la justicia. Cuando un juez dice? “mira, no he leído, pero pienso que es correcto” y habla fuera del auto de procesamiento…una cuestión que es básica en democracia, la de que todos son iguales ante la ley, deja de existir. Se crea una justicia y se utiliza la ley para destruir civilmente lo que consideran como blanco enemigo, que hay que destruir.

-El Congreso ahora propone una reforma política, con el “distritão” [aumentativo de Distrito en portugués] y algunos partidos hablan sobre parlamentarismo. ¿Eso también se incluye en el contexto del golpe?

-Hay una tercera etapa, que puede ser simultánea, como esa propuesta de parlamentarismo. Siempre que las clases dominantes, los sectores conservadores, se encuentran en una situación difícil, apelan al parlamentarismo. Ese parlamentarismo, combinado con el “distritão” [un modelo de voto diferente, basado en la elección de los candidatos más votados por distrito], tiene por objetivo crear un sistema dominado por la fuerza del dinero. No es ni hegemónica, es dominante. El objetivo es borrar del mapa la representación progresista, popular, de izquierda o centroizquierda. Este es el gran objetivo del golpe estratégico. La táctica inmediata es impedir el avance de la operación Lava Jato contra ellos. Todos los trueques de favores y clientelismo político de que son capaces. Ahora, como perdieron cuatro elecciones consecutivas, cuatro elecciones presidenciales, concluyeron que la democracia no les conviene. No son demócratas.

-En su opinión, ¿cuál sería la reforma política ideal para el país?

-Vivimos en una situación extremadamente difícil. Brasil tiene treinta y cinco partidos políticos. Usted estará de acuerdo conmigo en que no existen treinta y cinco proyectos para Brasil. Lo que se ve, lo que explica una parte del golpe, fue una ocurrencia grave, tras la Constituyente y la Constitución Ciudadana de 1988: se construyó un centro democrático en Brasil. En el centro estaba el viejo MDB [Movimiento Democrático Brasileño], con Ulysses [Guimarães] y otros progresistas, de centro derecha o centro izquierda. La gran mayoría no era excesivamente conservadora. Algunos eran, pero miraban el país, respetaban al Brasil.

Este centro democrático se perdió en los caminos de los gobiernos pos 1988. Llegó al gobierno Lula y se desarrolló más en el mío, la construcción de un centro que progresivamente empezó a tener una hegemonía de centro derecha. Esa hegemonía, expresada en el grupo de Eduardo Cunha y el control que él tenía del gran centro, es extremadamente grave. Porque en esta discusión sobre las formas que asumió la coalición presidencial no se debe a la coalición, sino a la dominación del centro, se puede decir, casi por una extrema derecha. Extrema derecha por los métodos, por la visión de mundo, por las luchas contra las mujeres, contra los homosexuales y toda la población LGBT, contra los negros…en fin, extremadamente conservador desde el punto de vista civilizatorio, pero también económico y social.

Hay una estructura de regulación electoral que facilita la proliferación de partidos, porque no hay cláusula de barrera. Por no haber cláusula de barrera, dos cláusulas democráticas – el fondo partidario y el acceso gratuito a la televisión – se vuelven monedas de cambio. Se crean partidos que no tienen compromiso con la cuestión de un partido, que es acceder al gobierno, y ese partido empieza a negociar tiempo de televisión, comprando y vendiendo, y empieza a negociar también el fondo partidario al que tiene acceso. El partido se vuelve un negocio. Entonces, una reforma es necesaria, pero no se resuelve la reforma política con un “distritão” o “distritão mixto”. Se resuelve cambiando la cláusula de barrera, caracterizando a los partidos, valorizándolos.

-Aún en este proceso de golpe, sobre el rol de los medios, ¿cuál es su opinión sobre la importancia de una ley de medios para democratizar el acceso a los contenidos y disminuir el monopolio?

-Siempre me preguntan sobre mis autocríticas. Tengo dos de las grandes. La primera es no haber luchado más por una Ley de Medios. Otra es la cuestión de haberme eximido, con la esperanza de que los empresarios invirtieran, y lo que ellos hicieron fue aumentar su margen de lucro. Pero en el caso de los medios, pienso que hay una característica que tenemos que considerar. Siempre que hablamos en control y regulación de los medios, estamos hablando en regulación económica de los medios. Nosotros no estamos hablando de que queremos controlar lo que ellos hablaron, lo que dicen, o cometer cualquier acto contra la libertad de prensa.

No. Quien no quiere la libertad de prensa son ellos. Que piensan que, a través del control que tienen, monopólico, es posible tener solamente una opinión. Defendemos la pluralidad de opiniones. la diversidad de opiniones, el respeto a la gran riqueza regional de este país. Es visible que vivimos en una situación gravísima en Brasil, antidemocrática, que es la presencia de un gran grupo, ese grupo es la [Red] Globo, quien intenta conducir la política de Brasil. Intenta hacer y deshacer, lo que es muy grave, porque caracteriza algo muy peligroso, que es el “gran hermano”. El ”gran hermano”es la Globo.

-¿Qué dice sobre los ataques a los derechos de los trabajadores realizados por el gobierno golpista?

-El pueblo está cada vez más sin la menor red de protección social, sin acceso a los servicios básicos de educación y salud, y eso generará, con el paso del tiempo y como efecto secundario, la violencia, la hambre, un aumento en la cantidad de personas en situación de calle, otra vez volvimos al mapa del hambre, habíamos salido en 2014. El retorno violento de la desigualdad, los recortes en los programas sociales, el fin del programa Minha Casa Minha Vida [Mi Casa Mi Vida], acaban lentamente con el programa Mais Médicos [Más Médicos] y producen la gran ambición que es el neoliberalismo. En el plano internacional, Brasil vuelve a estar subordinado a la esfera de influencia de los países desarrollados, deja de tener una política autónoma, altiva, que respete a los demás países, pero que se haga respetar. Brasil pierde incluso importancia como representante de la democracia y de la paz aquí en América Latina.

-Aún el tema de los retrocesos: el gobierno golpista busca privatizar la Eletrobras. A partir de su experiencia en el área de energía, ¿cómo evalúa el impacto de la privatización en la población brasileña?

-Las personas necesitan comprender que este es un sector con una complejidad técnica y el gobierno y muchas personas se aprovechan de esta complejidad para ocultar lo que hacen de hecho. Eletrobras es una empresa que tiene cuarenta y siete centrales hidroeléctricas. Muchas de esas centrales hidroeléctricas tienen más de treinta años, algunas tienen sesenta años. En Brasil hay una ley que dice que cuando una central completa treinta años ya está pagada. ¿Y quién la pagó? El consumidor de energía en la cuenta. Cuando se paga la cuenta, se paga por algunas de esas centrales. Algunas fueron pagadas dos veces, porque hay un periodo de sesenta años de pago.

Reducimos la tarifa eléctrica en 2012. Nadie concordaba con la reducción. Deseaban obtener más ganancias, arriba de lo que prevé la ley. Entonces nosotros reducimos las tarifas eléctricas, bajo protesta de algunas personas que esperaban que el sector privado y el sector público continuaran recibiendo y la población nunca accedería a esta parte que tiene por derecho, por una cuestión de justicia, que debe regresarle.

-Los especialistas dicen que el valor es incoherente con la realidad del patrimonio de la Eletrobras.

-Mire usted que eso es un disparate. Ellos van a vender por US$ 6,3 mil millones, porque creo que el esquema de privatización es así: cogen algunas centrales, renuevan el contrato de concesión de esas, dicen lo siguiente: “está todo en cero [como nuevo]”. No hay eso de pasar una ventaja al consumidor. El precio de la central es el precio de la central. Pero lo más grave también de todo es lo siguiente: ¿quién lo garantizó desde la época del apagón del [expresidente] Fernando Henrique Cardoso y del racionamiento, que fue, de 2000 para 2001? Una parte de esa garantía fue dada por la Eletrobras. Yo le diría que la mayor parte de la misma fue dada por las centrales de la Eletrobras. Va a pasar que ellos sólo van a invertir si tuvieran una ganancia significativa. Si ellos no tuvieran una ganancia significativa, ellos no invierten. Entonces sucede aquello que se dio en la época de Fernando Henrique: falta de inversión. Creo que esa agenda es una agenda peligrosísima porque compromete el futuro de Brasil, le quita los principales instrumentos de expansión al Brasil.

-¿Ya podemos medir como eso va a llegar a la cuenta de los brasileños? Yo hablé con [Luiz] Pinguelli (ex director de la Eletrobras) también y él dice que puede ser entre 8 y 10% como mínimo.

-Yo no tengo ese cálculo, le cuento, pero creo que el cálculo de Pinguelli como punto de partida es un buen cálculo.

-¿Por lo menos 8, 10% de aumento directo en la cuenta?

-Quiero decirle que creo que es poco. Porque cuando usted mira el precio de una planta individual, considero la siguiente ecuación: casi unos 70% o más es inversión. Unos 30%, menos hasta, 20%, es operación y manutención. Y eso va a la tarifa. No son todas las plantas que están amortizadas ya, pero sí, es una parte significativa la que está amortizada. Y eso puede resultar en algo como 8 a 9% mínimo, llegando a unos 15, 20%. Es lo que esperamos. Ahora, es gravísima también la falta de seguridad. Quiero ver quien es que va a invertir a la hora de la verdad. Porque usted no necesita, no se puede quedar discutiendo, cuando el país vuelve a crecer, su proyección de consumo de energía se amplía.

-En su opinión, ¿cuál es la real motivación del gobierno golpista para esta medida? Ellos dicen que es la cobertura del déficit de US$ 50 mil millones.

-No es sólo eso, no. Creo que el gobierno golpista junta el hambre con las ganas de comer, como dice nuestro pueblo. Creo que es de la ideología de creer que el Estado tiene que salir de todas las actividades, incluso aquellas que son estratégicas para un país, como es el caso de la provisión de energía eléctrica. Esta es estratégica, porque de esa provisión dependen todas las actividades económicas y sociales de ese país. No funciona una escuela si no tiene luz eléctrica, no funciona un puesto de salud, un hospital. No funciona una industria, no funciona una actividad agrícola. Entonces, ellos son neoliberales. Uno de los ítems fundamentales del neoliberalismo es retirar al Estado de todas las actividades. Y notoriamente, en el área de energía, porque, además de eso, esa área es extremadamente atrayente. Esta, vamos decir, es la gran hambre neoliberal, acabar con la Eletrobras, hacer que sea una empresa privada, es algo que está en el recetario que ellos tienen para Brasil. Ese mismo recetario va a querer llegar a la Petrobras.

-¿Esas medidas atacan la soberanía nacional del país?

-Una cosa que es terrible es volver atrás… en una región del mundo en la que por más de 140 años vivimos en paz, y ver que aceptaron la entrada de Ejército de los Estados Unidos en operaciones en la Amazonia. Eso es imperdonable. No tengo nada contra los Estados Unidos, pero no tengo nada a favor de que el Ejército norteamericano vaya a la Amazonia, aún más en un cuadro de creciente antagonismo en Venezuela. Creo que es una irresponsabilidad absurda del gobierno brasileño. Son irresponsables en dejar que haya allí un conflicto, porque no es un juego. Allí habrá guerra civil. Lo que están queriendo aquí es transformar a América Latina en una zona de conflicto. Y ese gobierno ilegítimo de Temer es irresponsable por adherir a eso.

-Un año después del golpe, ¿cómo está su rutina? ¿Usted ha pensado en disputar nuevos cargos electivos?

-Mi rutina hoy es más ligera. Obvio, porque mi rutina era más pesada antes, cuando yera presidenta. Hago deporte, trato de acondicionarme físicamente. Creo que las personas tienen que hacer eso porque es una cuestión de usted envejecer con calidad. Yo, como estoy entrando en los 70, quiero ser capaz de caminar cuando tenga 80. Además de eso, yo leo, estudio, participo de debates y actúo en actividades culturales. Tengo una vida bien diversificada. Pero aún no, no estoy pensando en eso [candidatura] aún no. No que yo descarte integralmente eso, pero ahora no estoy evaluando esa posibilidad.

-Estamos viviendo un momento de mucha desesperanza en el país. ¿Qué mensaje deja al pueblo brasileño?

Creo que el pueblo brasileño siempre ha sido capaz, en las situaciones más difíciles, de digerir estas fuerzas que querían en realidad someterlo o oprimirlo, o sacarlo de las decisiones. Siempre ha sido lo suficientemente lúcido. Creo que el pueblo brasileño es un pueblo que tiene fe y mucha esperanza. Nosotros vamos a tener que luchar, luchar es importante. Creo que luchar fortalece, da brío, da garra a las personas. Todos nosotros vamos a tener que ser capaces de dedicarnos a intentar sacar al Brasil de esa encrucijada en la que se encuentra.

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