Sep 10 2016
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Política

Brasil, una mala telenovela

En las telenovelas brasile√Īas siempre se cumple un c√≥digo dram√°tico y √©tico: aunque los h√©roes atraviesen terribles dificultades y reciban los m√°s duros golpes, al final la justicia y la verdad triunfan. Por eso son telenovelas y tienen √©xito en las m√°s diversas culturas. Pero la realidad, ya lo sabemos, suele moverse con otros mecanismos, incluso si esa realidad es la brasile√Īa.

Debo confesar que cuando casi todo el mundo, racionalizando el desarrollo del proceso de destituci√≥n de la presidenta brasile√Īa, Dilma Rousseff, predec√≠a el resultado del proceso, rom√°nticamente yo conservaba alguna esperanza de modificaci√≥n de la sentencia anunciada. Y es que, quiz√°s por deformaci√≥n profesional, confund√≠a la realidad con el c√≥digo de las telenovelas.

Ahora que el famoso empichiment se ha concretado y Rousseff ha sido separada de su cargo, lo ocurrido me resulta tan política y humanamente aleccionador que, a pesar de todo lo escrito al respecto, me atrevo a meter baza, violando incluso mi costumbre de no opinar sobre realidades cuyas interioridades más profundas no domino, pues no participo de su cotidianeidad. Por ello apenas me atreveré a expresar unas ideas que me atormentan hasta el insomnio.

Para nadie es un secreto que la corrupci√≥n es un mal casi end√©mico en las sociedades latinoamericanas (aunque no solo en ellas). Y el hecho de juzgar a un presidente por haber participado en actos de este g√©nero me parece una decisi√≥n ejemplar. En el caso espec√≠fico de Rousseff, sin embargo, hasta donde tengo le√≠do y entendido, su pecado no cae en esa categor√≠a sino en lo que pudiera ser catalogado como un mal empleo de fondos p√ļblicos, pero no con fines de lucro personal, como es la usanza, sino para mantener en funcionamiento de ciertas pol√≠ticas aplicadas por su Gobierno y que ella consider√≥ prioritarias.

Lo primero que resulta curioso, en esta l√≥gica, es que una cantidad notable de los jueces que han decidido el destino de la expresidenta s√≠ tienen abiertos procesos por corrupci√≥n pura y dura; investigaciones en curso que, de ser atendidas y juzgadas con la misma vehemencia con que fue revisada la gesti√≥n de Rousseff ‚ÄĒy as√≠ deber√≠a ser, trat√°ndose de justicia‚ÄĒ, podr√≠a llevarlos incluso a la c√°rcel, si no a todos, al menos a algunos de ellos. Aunque solo fuera para seguir dando el buen ejemplo.

Tampoco es secreto, en estos meses en que tanto se ha hablado de la crisis pol√≠tica brasile√Īa, la existencia de errores pol√≠ticos y estrat√©gicos de la exmandataria que pudieron ser los causantes de fricciones y rupturas de la coalici√≥n partidista que la sosten√≠a. Pero equivocaciones de este tipo ocurren cada d√≠a en los Gabinetes de medio mundo y las crisis logran resolverse con el debate pol√≠tico: no con el enjuiciamiento y condena que se le regal√≥ a Rousseff.

Tanto empe√Īo por sacar del poder a la expresidenta y, con ella, al Partido de los Trabajadores al que pertenece, debe esconder, pues, otras razones menos puras y visibles. Porque las toneladas de mezquindades y odio que se han acumulado en las altas esferas de la pol√≠tica brasile√Īa tienen motivaciones m√°s oscuras: la venganza y el empe√Īo en frustrar un proyecto pol√≠tico, o como he o√≠do decir, ‚Äúun proyecto de pa√≠s‚ÄĚ.Brasil, una mala telenovela

La polarizaci√≥n partidista y senatorial en contra de Rousseff ha arrastrado el tufo de la revancha destinada al desmontaje de una pol√≠tica social que, en los a√Īos de mandato del PT, se propuso un objetivo fundamental: mejorar la vida de los brasile√Īos en general y de los m√°s marginados y pobres en particular. Sin duda, Lula y Dilma cometieron errores en sus gestiones y en sus mandatos hubo casos de corrupci√≥n en los cuales, al menos hasta ahora, no se ha probado su participaci√≥n. Pero ambos presidentes, tambi√©n sin duda, trabajaron por ese gran objetivo econ√≥mico y social. Al menos lo alentaron mucho m√°s que casi todos ‚ÄĒo que todos‚ÄĒ los presidentes que ha tenido ese pa√≠s. Y hay datos que as√≠ lo avalan.

¬ŅC√≥mo es posible entonces que tantos brasile√Īos, much√≠simos m√°s de los que pudieran considerarse la oligarqu√≠a y los enemigos partidistas de esa pol√≠tica, hayan participado de los socavamientos del prestigio de Rousseff y, por ende, propiciado su condena? En el caso de los primeros, sus razones est√°n claras. En el del resto de los brasile√Īos opuestos o cr√≠ticos de la gesti√≥n presidencial las cosas se complican, pues no solo ha sido la clase media sino tambi√©n muchos trabajadores, incluso habitantes de favelas, los que participaron de esa demolici√≥n. Se podr√° decir que la crisis econ√≥mica y la capacidad limitada para lidiar con ella afectaron a la percepci√≥n de ese sector ciudadano, pero hay otros dos que me parecen m√°s aleccionadores: primero, la facilidad con que los medios y la propaganda consiguen manipular el pensamiento de la masa; y segundo, la siempre presente ingratitud humana, impulsada en este caso por las ambiciones personales no siempre realizadas.

Varias veces se ha argumentado que la destitución de la presidenta se ha hecho dentro de los márgenes del sistema y con apego a la Constitución. Y ambas afirmaciones pueden, deben ser ciertas. Pero no deja de ser cierto, también, que sistema y Constitución han sido burdamente manipulados para concretar una venganza. Si antes el rostro de Eduardo Cunha, expresidente del Senado y propulsor del empichiment, y ahora el de Michel Temer, elevado a la dignidad presidencial, han sido identificados como los protagonistas del proceso, todos sabemos que ambos solo han cumplido un rol que los sobrepasa y los utiliza en el propósito verdadero: cambiar el rumbo político y social del país.

Lo que se ha librado en Brasil no ha sido, pues, una batalla partidista, ni siquiera política: ha sido una apuesta por cambiar un estado de cosas que afectaba o podría afectar a grandes intereses económicos y que, de modo lamentable, contó con el apoyo explosivo de muchas de las víctimas de esos intereses económicos.

Ahora, mientras la Historia corre y comienza a acumular argumentos para realizar sus juicios definitivos, Brasil y su democracia viven horas oscuras. El hecho de que sistema y Constituci√≥n hayan sido los mecanismos para provocar lo que demasiada gente en el mundo considera un golpe de Estado parlamentario es una dolorosa certeza. Pero tambi√©n una lecci√≥n de lo fr√°giles que pueden resultar ciertos mecanismos del contrato social y del papel que en su accionar pueden jugar las masas ‚ÄĒcomo ya lo ha demostrado la misma Historia en infinitas ocasiones‚ÄĒ. Y al final, adem√°s de sufrir un sentimiento de frustraci√≥n, muchas personas volveremos a comprobar que es m√°s f√°cil escribir un final feliz para una telenovela que para la realidad de un mundo donde se condena a Dilma Rousseff y su proyecto mientras Donald Trump y su antiproyecto nos miran desde al acecho. Por solo citar un ejemplo entre otras realidades tambi√©n espantosas que nos rodean.

*Escritor cubano. Publicado en El País

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    1 Coment√°rio

    Comentarios

    1. Antonio Casalduero Recuero
      15 septiembre 2016 21:16

      Ha sido muy evidente la mano negra que ha estado detrás del sillón presidencial a través de toda esta crisis, la que ha concluido con el resultado esperado, exitoso para ellos, que Brasil inicie un retorno hacia las políticas neoliberales dirigidas por los EE.UU. y que abandone las doctrinas sociales, de ayuda y bienestar a su población más desprotegida.