Jun 6 2012
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Pol铆ticaSociedad

Brasil y el largo camino hacia la Verdad

Por estos d铆as empez贸 a trabajar, en Brasil, la Comisi贸n de la Verdad, nombrada por la presidenta Dilma Rousseff en una ceremonia cercada de formalismos y solemnidad. Para empezar, ella invit贸 al acto a los cuatro ex presidentes de la redemocratizaci贸n del pa铆s, para dejar claro que su intenci贸n ha sido la de instaurar una pol铆tica de Estado, y no apenas de gobierno.

Estaban Jos茅 Sarney 鈥揳ctual presidente del Senado y quien, a lo largo de la dictadura militar que sofoc贸 a mi pa铆s entre 1964 y 1985 integr贸 el partido de respaldo pol铆tico al r茅gimen鈥, Fernando Collor de Mello, catapultado del poder en 1992 luego de un juicio por corrupci贸n en el Congreso.

Pero estaban tambi茅n Fernando Henrique Cardoso, que en 1995 pidi贸 perd贸n, en nombre del Estado, a los torturados, exiliados, presos, asesinados y desaparecidos por la dictadura, adem谩s de haber determinado el pago de indemnizaciones a las v铆ctimas y a los familiares, y Lula da Silva, del PT, el primer partido declaradamente de izquierdas a llegar al poder. La Comisi贸n tendr谩 dos cortos a帽os para investigar un sinf铆n de cr铆menes cometidos por agentes p煤blicos durante la larga noche del terrorismo de Estado implantado luego del golpe c铆vico-militar de 1964. No habr谩 punici贸n a los culpables. La Suprema Corte brasile帽a ratific贸, en 2010, la validad de una esdr煤jula Ley de Amnist铆a decretada en 1979, y que dispuso 鈥揺n plena dictadura鈥 la autoamnist铆a a militares y agentes policiales.

Si comparado a lo ocurrido en Chile, Uruguay y, principalmente, Argentina, queda claro que el proceso brasile帽o viene siendo mucho m谩s lento, d茅bil y frustrante, principalmente para los que creen que mientras haya impunidad no habr谩 justicia, y que, sin justicia, no habr谩 plena democracia.

De todas formas, tambi茅n es justo recordar que aqu铆 mismo, en Argentina, hubo vueltas y pausas, hasta que el pa铆s pudiese asumir, en 2003, la vanguardia en ese proceso de rescate y recuperaci贸n de su pasado.

Adem谩s, y pese a toda la demora y al poco espacio que se vislumbra para la plena aplicaci贸n de la Justicia, el proceso brasile帽o sirvi贸 para empezar a agitar, aunque todav铆a de manera muy puntual, 谩reas de silencio y de sombra en la sociedad.

Le cost贸 a Dilma, en primer lugar, aguantar la insolente prepotencia de la insubordinaci贸n de los militares retirados. Ese movimiento amain贸, pero est谩 lejos de terminar. Ahora mismo, un general retirado, Leonidas Pires Gon莽alves, que ocup贸 el Ministerio del Ej茅rcito en el primer gobierno civil luego de la dictadura 鈥搇a presidencia de Sarney鈥 dijo, al criticar duramente la Comisi贸n de la Verdad, que si se da el caso, las fuerzas armadas podr谩n reasumir sus responsabilidades.

No hay, que se sepa, ning煤n diagn贸stico cl铆nico atestando que el veterano militar sufre, a sus 91 a帽os, de los males de la demencia senil. Por lo tanto, hay que creer que est谩 l煤cido al hacer semejante amenaza.

Habr谩, por supuesto, m谩s amenazas de ese calibre. Los militares retirados, al amparo sorprendente del silencio omiso de los en actividad, no pierden oportunidad para manifestar su plena insatisfacci贸n frente a lo que califican de 鈥渞evanchismo鈥.

Una de las reacciones, que por cierto cuenta con amplio respaldo de sectores reaccionarios que hasta ahora viv铆an m谩s bien en silencio 鈥揺l silencio c贸modo y seguramente interesado de la complicidad con la impunidad鈥, es el anuncio, por parte de integrantes del Club Naval, de la instalaci贸n de una comisi贸n de la verdad paralela. O sea, militares retirados har谩n su propia investigaci贸n sobre lo que dicen ser los cr铆menes practicados por los subversivos, que es como todav铆a clasifican a los que se levantaron contra la dictadura.

Lo realmente curioso es lo que ocurre al otro lado, es decir, entre los que defienden no s贸lo la labor de la Comisi贸n de la Verdad, como la necesidad de buscar medios y espacios que se haga justicia.

En los m谩s diversos puntos del mapa brasile帽o, el Ministerio P煤blico, a trav茅s principalmente de fiscales j贸venes, que en su inmensa mayor铆a siquiera hab铆an nacido durante los a帽os m谩s negros del terrorismo de Estado, piden apertura de juicios contra notorios asesinos y torturadores, ignorando la Ley de Amnist铆a. Hasta ahora, todas esas iniciativas fueron derrotadas por los tribunales, que argumentan que, con la validad de esa ley anacr贸nica est谩 asegurada la impunidad de los denunciados.

La secuencia de causas abiertas por las diferentes delegaciones regionales del Ministerio P煤blico, en todo caso, insin煤an que el proceso no cesar谩.

Otro fen贸meno jam谩s experimentado antes 鈥搚 que los argentinos conocen bien鈥 es el del 鈥渆scrache鈥, como se dice aqu铆, o el 鈥渆sculacho鈥, como se dice en Brasil.

En los 煤ltimos dos meses, se repiten movilizaciones de j贸venes 鈥搒iempre los j贸venes que no han padecido la dictadura, lo que quita a sus acusadores el argumento de 鈥渞evanchismo鈥濃 frente a domicilios de torturadores, violadores, secuestradores y asesinos. Distribuyen folletos y fotos, advirtiendo a at贸nitos vecinos que en su mismo edificio vive un tipo que fue criminal y que se ampara en la impunidad asegurada por una legislaci贸n vergonzosa.

Algo es algo. Todav铆a es una movilizaci贸n limitada, casi quijotesca, casi sin espacio en los medios de comunicaci贸n. Exactamente como empezaron, hace unos treinta y pocos a帽os, las movilizaciones pidiendo el fin de la dictadura, el regreso de los exiliados y la recuperaci贸n de la democracia.

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