Abr 26 2015
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Pol铆tica

Brasil y la oposici贸n golpista

Sobrio y elegante como de costumbre, el soci贸logo Fernando Henrique Cardoso, que presidi贸 Brasil de 1995 a 2002, principal referencia del oposicionista Partido de la Socialdemocracia Brasile帽a (PSDB), es claro y objetivo: no hay ninguna justificativa para que se presente en el Congreso un pedido de impeachment, o sea, que se abra un juicio pol铆tico, contra la presidenta Dilma Rousseff, con el objetivo de destituirla.

Dejando a un lado la incontenible agresividad y las posiciones duramente derechistas 鈥揳lgo un tanto sorprendente, cuando se recuerda su pasado de izquierda鈥, el actual senador Jos茅 Serra, del mismo PSDB, se hace s煤bitamente moderado. Dice, con toneladas de raz贸n e inesperada sobriedad, que un pedido de impeachment no es un mero juego: tiene consecuencias tremendas, y no se justifica.

Ya el actual gobernador de S茫o Paulo, el derechista Geraldo Alckmin, hombre cercano al Opus Dei y tambi茅n figura poderosa del partido, prefiri贸 optar por un silencio monacal.

Y sin embargo, el PSDB defiende de manera clara y cada vez m谩s agresiva que se busque, por todas las formas y maneras, una brecha para presentar en la C谩mara de Diputados un pedido de apertura de juicio pol铆tico para liquidar de una vez el segundo mandato presidencial de Dilma, a menos de cuatro meses de estrenado. Lo acoBR INTERVENCIONmpa帽an otros partidos de oposici贸n, cuya consistencia, en todo caso, es m谩s bien escu谩lida.

El centro de la cuesti贸n est谩 en Aecio Neves, actual senador, que ejerci贸 dos mandatos seguidos como gobernador de Minas Gerais, tercer principal estado brasile帽o, quien disput贸 鈥搚 perdi贸鈥 la presidencia con Dilma Rousseff el pasado octubre.

Neves preside el PSDB. Claramente inconforme con el resultado de las urnas 鈥搎ue le dieron a Dilma una ventaja estrecha, pero incontestable, de cuatro puntos鈥, 茅l se dedica, un d铆a s铆 y el otro tambi茅n, a construir un ambiente capaz de revertir la decisi贸n del electorado.

Lo acompa帽an los integrantes de la ruidosa tropa de 茅lite en el Congreso, con destaque para diputados que, con aspecto m谩s cercano a la hidrofobia que al trato parlamentario, amenazan con presentar en cualquier momento, el pedido de apertura del juicio pol铆tico. Juristas de s贸lidas trayectorias conservadoras y discurso ampuloso son contratados para preparar informes y pareceres legales para esa acci贸n. Cualquier argumento sirve, de los esc谩ndalos de corrupci贸n a iniciativas gubernamentales que contrar铆an las promesas de campa帽a presentadas por Dilma el a帽o pasado.

Con apoyo clar铆simo de los grandes medios hegem贸nicos de comunicaci贸n, esas maniobras ganan espacio. Ahora, por ejemplo, el esfuerzo m谩s contundente de diarios, revistas y emisoras de televisi贸n est谩 concentrado en mostrar que, en la campa帽a que llev贸 a Dilma a su primer mandato presidencial, en 2010, grandes empresas fueron forzadas a forjar donaciones aparentemente legales pero que, en realidad, eran realizadas con fondos desviados por el esquema de corrupci贸n instalado en Petrobras. De nada sirve comprobar que las donaciones fueron registradas cumpliendo todos los requisitos legales, y que las cuentas de la campa帽a fueron aprobadas por el Tribunal Superior Electoral.

Es, claramente, una acci贸n facciosa: todos 鈥搕odos鈥 los partidos recibieron donaciones millonarias de las mismas empresas, el PSDB inclusive. Pero las del PT fueron resultado de corrupci贸n y chantaje. Poco importa si el argumento carece de base m铆nimamente s贸lida. Lo que interesa es crear un ambiente cada vez m谩s negativo para el gobierno.

La amenaza pende como una espada de Damocles sobre el gobierno. Al fin y al cabo, en la presidencia de la C谩mara de Diputados est谩 una figura pol铆tica nefasta, Eduardo Cunha, que act煤a a su libre albedr铆o ejerciendo su m谩s alta especialidad: el chantaje.

br dilma mateCon frecuencia rutinaria dice que, de momento, no hay ninguna raz贸n para llevar a votaci贸n un eventual pedido de impeachment. M谩s que tranquilizadoras, son palabras amenazadoras: dejan claro de toda claridad que el tema depender谩 exclusivamente de 茅l.

Llegar a la apertura de un proceso de destituci贸n significar铆a, en 煤ltima instancia, paralizar al gobierno y al pa铆s. Las posibilidades de aprobaci贸n, hoy por hoy, son nulas. Pero los efectos de semejante iniciativa ser铆an desastrosos.

Mientras tanto, grupos supuestamente independientes 鈥搉adie sabe c贸mo se financian鈥 siguen programando manifestaciones callejeras con el objetivo 煤nico y exclusivo de destituir a Dilma Rousseff. El siempre resentido y rencoroso A茅cio Neves opt贸, en un primer momento, por mantenerse alejado. Pero ahora se sum贸 a los convocantes de marchas callejeras. 脡l sabe perfectamente que no hay espacio pol铆tico para lo que defiende. No importa: aqu铆, lo que se trata es de acorralar al gobierno e impedirle recuperar espacio.

La actual legislatura, principalmente en la C谩mara de Diputados, es la m谩s retr贸grada y conservadora de los 煤ltimos casi 30 a帽os en Brasil. Y el PSDB parece haber optado por hacer su apuesta: crear un ambiente de tal manera tenso y confuso que el pa铆s se haga ingobernable.

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