Ago 14 2016
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Política

Brasil y los tres meses de Temer

El pasado viernes Michel Temer cumpli√≥ tres meses como presidente interino del pa√≠s m√°s poblado y econ√≥micamente m√°s poderoso de Am√©rica Latina. A lo largo de cada minuto de cada hora de esos noventa d√≠as se port√≥ como si desde el primer instante supiese con plena certeza que el interinato se transformar√≠a, como seguramente ocurrir√°, en un mandato efectivo que terminar√° el 31 de diciembre de 2018. Actu√≥ con prepotencia imperial, imponiendo una pol√≠tica de tierra arrasada que tuvo un solo precedente en los √ļltimos cincuenta a√Īos: la impuesta luego del golpe militar de 1964, que inaugur√≥ la dictadura que sofoc√≥ al pa√≠s durante 21 largos a√Īos.

El balance de esos tres meses no es exactamente favorable al interino. Su popularidad sigue baj√≠sima (14 por ciento de aprobaci√≥n, en la media de los resultados de los sondeos m√°s recientes), pese al respaldo un√°nime de los grandes conglomerados de comunicaci√≥n. Ni siquiera las organizaciones Globo (diarios, radios, revistas y la mayor√≠a aplastante de la audiencia de televisi√≥n) ha sido capaz de convencer a los brasile√Īos de que el interino instalado en el sill√≥n presidencial gracias a un golpe institucional que se consumar√° formalmente a fines de este mes es la maravilla de las maravillas. La econom√≠a sigue produciendo resultados alarmantes, el mercado laboral encoge a cada d√≠a, el tan anunciado y esperado respaldo concreto del empresariado y del mercado financiero sigue anunciado y esperado. De concreto, nada.br temer1

Por si fuera poco, se reforzaron claramente, pese a los intentos de una justicia viciada y viciosa, las acusaciones contra no sólo prácticamente todo su círculo más cercano, sino también contra el mismo Temer. Casos antiguos, tratados por la prensa con beneplácito, vuelven a la superficie con fuerza, gracias a las delaciones de los grandes empresarios detenidos por orden del juez de primera instancia Sergio Moro.

Por m√°s que Moro siga en su paranoica obsesi√≥n contra el ex presidente Lula da Silva ‚Äďmucho m√°s que juzgar lo que hace es condenar de antemano‚Äď qued√≥ claro que la operaci√≥n Lavado r√°pido, inicialmente dedicada a investigar el esquema de corrupci√≥n instalado en la estatal Petrobras, podr√° escapar de su control y destrozar casi todo el sistema pol√≠tico brasile√Īo. Las √ļltimas y sonor√≠simas revelaciones, tratadas con mano floja por la prensa c√≥mplice del golpe institucional (invariablemente dur√≠sima frente a cualquier susurro contra Lula y el PT), indican lo sabido, pero jam√°s dicho de manera tan clara: Temer pidi√≥ contribuciones ilegales de por lo menos tres millones de d√≥lares. Y su grosero y torpe ministro de Relaciones Exteriores, Jos√© Serra, de diez millones de d√≥lares.

De los 81 senadores que juzgar√°n a la presidente apartada, Dilma Rousseff, 35 responden juicios o son investigados por corrupci√≥n. Que el jefe de gabinete Eliseu Padilha sea conocido por Eliseu Pandilla aclara su muy justificada fama. Su ministro de Salud, el ingeniero Ricardo Barros, sigue luciendo una extraordinaria capacidad de decir idioteces. Luego de anunciar, hace pocos d√≠as, que consultar√≠a a l√≠deres religiosos (en especial los vinculados a sectas electr√≥nicas evang√©licas que disputan entre s√≠ cu√°l es la m√°s est√ļpidamente retr√≥grada) para ‚Äėrevaluar‚Äô la muy retrasada ley del aborto, y justificar as√≠ su intenci√≥n de recortar dr√°sticamente el servicio p√ļblico de salud, asegur√≥ que los hombres recurren menos a los hospitales p√ļblicos porque trabajan m√°s que las mujeres.br jose serra

Barros no es solamente un idiota m√°s en un gobierno de esperpentos: lo que √©l defiende ‚Äďla creaci√≥n de planes privados de salud para los pobres y, al mismo tiempo, un recorte profundo en la salud p√ļblica‚Äď tiene plena justificaci√≥n. Al fin y al cabo, son precisamente las empresas privadas de salud las financiadoras de sus campa√Īas electorales. Para Temer y su peculiar sentido de la √©tica, no hay ninguna anormalidad en tenerlo al frente de la cartera responsable de la salud de los m√°s de 130 millones de brasile√Īos que no disponen de un plan m√©dico privado.

√Čsa es solamente una de las muestras de lo que hizo el gobierno interino de Temer a lo largo de tres meses. Llueven ejemplos semejantes, y tan asustadores, por donde quiera que uno mire el escenario.

Ninguna de las medidas anunciadas fue llevada al Congreso: Temer prefiri√≥ esperar hasta asumir como presidente efectivo. Mientras, sigue fielmente la cartilla del f√©tido sistema pol√≠tico brasile√Īo, distribuyendo cargos, puestos y presupuestos a cambio de respaldo.

El mismo jueves 25 de agosto, cuando el Senado empieza la votaci√≥n que sellar√° la ya sellada suerte de Dilma Rousseff y sus 54 millones de votos obtenidos en 2014, Temer dar√° a conocer oficialmente a las empresas p√ļblicas que ser√°n privatizadas. Luego anunciar√° cambios profundos en las leyes laborales, la reforma en el sistema de jubilaciones, el fin de una serie de programas sociales surgidos desde 2003, cuando Lula da Silva lleg√≥ al poder.

Un nuevo pa√≠s nacer√° de sus manos avaras y traicioneras. Exactamente el pa√≠s rechazado claramente por el electorado a lo largo de los √ļltimos trece a√Īos y medio. Pero para √©l y sus c√≥mplices, √©se es un dato sin relevancia.

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