Feb 10 2020
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Ciencia y Tecnología

Breve panorama digital 2019

Huelga ya demostrar la expansi√≥n de la Internet y de la comunicaci√≥n electr√≥nica como nueva interdependencia global e infraestructura de las econom√≠as industriales. Redes de intercambio de informaci√≥n, Internet tambi√©n ha establecido un com√ļn global que, a semejanza de otros comunes, est√° involucrado en una feroz disputa estrat√©gica. Rusia planea poner en marcha su propia red en 2021 y compensa su debilidad de poder mediante el despliegue activo de flujos de propaganda y desinformaci√≥n.

China, en duopolio con los Estados Unidos, estableció su red nacional en 2006 y compite en la carrera por la inteligencia artificial y la conectividad 5G. Europa, a pesar de su gran poderío comercial, inventora de Linux y la Web y dotada desde 2018 de un Reglamento general de protección de datos, se alinea con el imperium estadounidense. Retrasando su despertar ciberestratégico y escindiendo netamente la técnica de la política, abre la puerta a Google, que invertirá tres mil millones de euros en centros de datos europeos en 2020-2021, sin contar las concesiones hechas a otras empresas líderes de Silicon Valley.

En la pr√°ctica, las nuevas tecnolog√≠as de comunicaci√≥n requieren un proceso de apropiaci√≥n completa y no solamente de ¬ęapropiaci√≥n pasiva¬Ľ para ser incorporadas a las matrices de desarrollo. Las l√≠deres tecnol√≥gicas, tanto en los Estados Unidos como en China, son las puntas de lanza del crecimiento y la innovaci√≥n, en adelante situadas en las tecnolog√≠as avanzadas. Estados Unidos, conservando su hegemon√≠a y su ventaja tecnol√≥gica, ahora lucha por un desacoplamiento tecnol√≥gico entre China y Occidente, siendo el caso Huawei uno de los detonadores a fines de 2018 y cuyos impactos se sintieron en las redes de fabricantes, la guerra de las normas, etc√©tera.

Frente a estas realidades, los enfoques tradicionales de gobernanza de la Internet, e incluso se podr√≠a agregar el propio protocolo TCP/IP a la base de la Internet, tienden a volverse objetos cada vez m√°s anticuados, si no anacr√≥nicos. ¬ęInternet est√° construida sobre un pantano, todos saben que el protocolo de comunicaci√≥n actual es obsoleto y que no podemos mejorarlo¬Ľ, recuerda Louis Pouzin, inventor franc√©s del datagrama.

Con algunas excepciones, el esp√≠ritu de los tiempos favorece las medidas de control y el bloqueo de seguridad en un ciberespacio hobbesiano que plantea serios desaf√≠os pol√≠ticos y conceptuales para los reguladores. Como lo ilustra Am√©rica Latina, el mundo √°rabe y ciertos pa√≠ses asi√°ticos que exaltan su ambici√≥n nacionalista, estos bloqueos se implementan independientemente de los colores pol√≠ticos y a√ļn m√°s cuando los Estados se enfrentan a desestabilizaciones del orden social.

Despu√©s de la iniciativa diplom√°tica de ciertos Estados emergentes de 2012 a 2015 para reafirmar los derechos y el arbitraje de m√ļltiples actores (NetMundial en Brasil en 2014 y la transici√≥n de la IANA en 2016), este impulso se ha debilitado relativamente, mostrando una erosi√≥n similar a lo que pasa con el multilateralismo.

La agenda se polariza más hacia cuestiones sectoriales y coyunturales: control de los flujos de datos; tecnologías disruptivas (Internet de las cosas, inteligencia artificial, 5G y deep learning); conflictualidad y vulnerabilidad de los recursos electrónicos (flujo de desinformación, denunciantes, privacidad y vigilancia, encriptación de datos y extractivismo por las GAFAM y las BATX para los chinos, etc.).

Ir√≥nicamente, al igual que sucede con las contradicciones actuales, la campa√Īa global para una ¬ęInternet √©tica al servicio de las personas¬Ľ, lanzada en 2019 por uno de los fundadores de la web, Tim Berners-Lee, promueve un enfoque idealista y principios a los cuales se adhieren los actores del √°mbito mercantil y de seguridad de la red.

Cabe observar que, en los albores de la cuarta d√©cada de expansi√≥n de la Internet, recientemente se lanzaron dos iniciativas, Next Generation Internet y, especialmente, la Recursive InterNetwork Architecture (RINA), para repensar su arquitectura, ambas adoptando la premisa ¬ęthe Code is Law¬Ľ (el c√≥digo es ley) enunciado por el jurista Lawrence Lessig en el a√Īo 2000. En otras palabras, la configuraci√≥n t√©cnica de la red ahora se entiende a la luz de los retos de la gobernanza (regulaci√≥n por dise√Īo).

En general, se observa un cambio hacia un mayor pragmatismo y realismo entre los defensores de una Internet ciudadana. Detr√°s de la exhibici√≥n superficial de la regulaci√≥n de m√ļltiples actores del ciberespacio, las relaciones de poder ahora forman una buena parte de la red, relaciones de poder en las que la sociedad civil tiene algo que decir.

Precisamente, del lado de la sociedad civil, ha llegado el momento, por as√≠ decirlo, de hacer una evaluaci√≥n de tres d√©cadas de activismo. Con respecto a las relaciones entre los movimientos sociales y la conectividad, el hecho principal es el aumento de los movimientos contestatarios ¬ęconectados¬Ľ desde 2011 (con un punto √°lgido en 2019), ya sean los movimientos de justicia social, clim√°tica o pro democracia.

Algunos lo ven como un signo de una nueva etapa de ¬ęglobalizaci√≥n social¬Ľ, atizada por las injusticias y desigualdades rampantes. Las masas contestatarias son temidas y a menudo reprimidas por los gobiernos, tanto democr√°ticos como autoritarios. Ellas han ganado una capacidad fant√°stica de movilizaci√≥n y ocupaci√≥n gracias a la conectividad, pero, como contrapartida, ven que sus capacidades estrat√©gicas y t√°cticas disminuyen debido a su falta de estructura y las medidas de contrainsurgencia.

A este respecto, la era de las multitudes conectadas sigue hu√©rfana de una cultura organizacional que reemplace a los partidos de vanguardia y la organizaci√≥n inventada por las luchas de liberaci√≥n nacional, los movimientos de trabajadores o ciertos partidos pol√≠ticos tradicionales. Se debe precisar que estos movimientos, especialmente urbanos, no necesariamente comprenden los usos alternativos y libres de la Internet. Su ascenso ya viene acompa√Īado de una limitaci√≥n de las libertades y una crispaci√≥n pol√≠tica por los disturbios urbanos que a su vez refuerza la espiral de control.

El segundo hecho significativo es el surgimiento de un esp√≠ritu de responsabilidad en varios c√≠rculos, especialmente el de los trabajadores de la industria digital. La precarizaci√≥n del trabajo y la naturaleza de las asociaciones comerciales generan conflictos crecientes, incluso en China. Los empleados chinos (20 millones de asalariados en el sector inform√°tico) rechazan un horario de trabajo dr√°stico al estilo ¬ę996¬Ľ de Alibaba y sus colegas. Los empleados de Google se oponen √©ticamente a la asociaci√≥n con los servicios de inmigraci√≥n y el ej√©rcito.

Otros casos surgen de la precariedad causada por la automatización. Están surgiendo coaliciones, además de acciones legales externas dirigidas a los abusos en las industrias digitales. Desde este punto de vista, la entrada en vigor del nuevo régimen de protección de datos en Europa ha aumentado la conciencia sobre los derechos y la seguridad digital. Se registraron casi 145.000 reclamaciones después del lanzamiento del régimen en 2018, generando un volumen anual de sanciones de hasta 65 millones de euros. Resultado de imagen para territorializar los recursos digitales.

Esta mayor responsabilidad en ciertos entornos se ha extendido a otros: algunos gobiernos fuera de Europa (como los Estados Unidos, con la Ley de Privacidad del Consumidor de California en el mismo territorio de Silicon Valley, y Australia), inspirados por el nuevo régimen europeo; empresas, alentadas a poner sus ecosistemas digitales en conformidad y prevenir vulnerabilidades; municipios, especialmente alrededor de la corriente municipalista o de las smart cities, aunque voluntarista, que tienden a reterritorializar los recursos digitales.

Sin embargo, el avance del nuevo r√©gimen europeo se enfrenta a sus propios l√≠mites y a la velocidad de expansi√≥n de las innovaciones, siendo el reconocimiento facial una de las √ļltimas transformaciones. En general, al regulador le resulta dif√≠cil salir de las medidas reactivas y defensivas para entrar en el campo de las medidas anticipatorias o preventivas, a priori mejor adaptadas a la complejidad y evolucionalidad de las redes.

Como tercera tendencia, se ha consolidado la acci√≥n directa a favor de una Internet libre y segura. En respuesta a una erosi√≥n de las libertades y una creciente monopolizaci√≥n, han surgido iniciativas y polos de recursos en varios pa√≠ses que acompa√Īan las luchas y las transiciones digitales hacia ecosistemas libres, descentralizados y ciudadanos. Dentro de esta acci√≥n directa, figuran el activismo jur√≠dico, el alojamiento responsable, la vigilancia y la capacitaci√≥n tecnol√≥gica, los denunciantes, la oferta de servicios militantes, etc.

Esta faceta de ¬ęautodefensa¬Ľ de la ciudadan√≠a est√° ganando coherencia secuencialmente con los esc√°ndalos repetidos y las sucesivas injerencias en el ciberespacio, con el caso de Facebook/Cambridge Analytica encabezando la cartelera del 2018. Debe se√Īalarse que las fallas de seguridad aumentan con la conectividad en la red (crecimiento promedio del 50 % en 2019). Las campa√Īas ciudadanas locales han permitido obtener ciertas victorias: el Acuerdo Comercial contra la Falsificaci√≥n (ACTA) en Francia, el reconocimiento de los trabajadores de plataformas digitales, Free Basics en India, el abandono del voto digital en Am√©rica Latina, los frenos a las multinacionales en su cooperaci√≥n con los servicios de migraci√≥n y defensa de Estados Unidos, etc.

Los colectivos, especialmente los nacionales, est√°n m√°s articulados por enfoques pragm√°ticos y protocolos de acci√≥n (campa√Īas, acciones de incidencia, publicaciones, etc.) que por afinidades ideol√≥gicas. Los encuentros internacionales permiten el intercambio: en particular, Internet Freedom Festival, RightsCon, Digital Rights Summit y World Privacy Forum. La creciente constelaci√≥n de medios libres, incluyendo el periodismo de investigaci√≥n, est√° estrechamente vinculada dada su mayor exposici√≥n a la censura.

Muy a menudo, los movimientos ¬ęde transici√≥n¬Ľ, como Extinction Rebellion, interiorizan la protecci√≥n de su comunicaci√≥n digital desde el principio. La privacidad, en otras palabras, la oposici√≥n al extractivismo de los datos personales y el rechazo de la vigilancia masiva, es sin duda el mayor denominador com√ļn de las luchas. Estas √ļltimas, si bien las convergencias se reforzaron a partir del a√Īo ¬ęSnowden¬Ľ en 2013, por el momento est√°n poco sistematizadas y mapeadas a escala regional o global. Resultado de imagen para Extinction Rebellion

En comparaci√≥n, Privacy International, junto con otros (como la EFF o Freedom on the Net), se convierten en la contraparte de Amnist√≠a o Transparencia Internacional en materia de defensa de los derechos y de la medici√≥n de la vigilancia digital, indicando el objetivo de construir un movimiento global. Detr√°s de esta narrativa com√ļn de la privacidad, un eje medular permanece menos visible: el de sentar las bases para reg√≠menes de gobernanza apropiados para los bienes digitales.

En general, las grandes tendencias reportadas hace cinco o seis a√Īos continuaron en su trayectoria. La novedad es sin duda el viraje hacia un ¬ępragmatismo ilustrado¬Ľ en las estrategias en marcha. Las resistencias a favor de una comunicaci√≥n electr√≥nica libre y abierta ¬ęno feudal¬Ľ se cristalizan sobre todo a nivel nacional, en torno a principios generales compartidos a nivel mundial, pero sin una ideolog√≠a com√ļn capaz de ampliar los compromisos m√°s all√° de un c√≠rculo cosmopolita de activistas.

En lugar de iniciativas demasiado voluntaristas y grandilocuentes, la br√ļjula estrat√©gica tiende a orientarse hacia alianzas transversales, escisiones metodol√≥gicas, federaciones de actores en escalas que permiten impactos concretos, tanto en percepciones como en las pr√°cticas. La dimensi√≥n pol√≠tica, que a menudo segmenta las redes, y la dimensi√≥n ideol√≥gica son una debilidad, ya identificada en los debates en torno a una Internet ciudadana en 2017. Limitan el paso de una constelaci√≥n de iniciativas, marcada por una fragmentaci√≥n natural en tem√°ticas y especializaciones, para alianzas m√°s consistentes.

En cierto modo, el activismo digital sufre su propia ingravidez y su ausencia de territorio físico, en el sentido de que sus raíces y su espesor ideológico no le permiten desarrollar una gravedad más fuerte. En los ámbitos políticos tradicionales, incluidos los progresistas, es relativamente raro ver las cuestiones digitales integradas en la agenda, como ocurre con otras cuestiones tecnológicas.

De ahí, desde un punto de vista estratégico, la centralidad de las alianzas, la educación popular y el trabajo en interfaz con redes de medios, municipalistas, feministas, de transición ecosocial, etc. Lo que está en marcha, de manera difusa y en paralelo con la vigilancia masiva que hoy alcanza niveles distópicos, es un movimiento de descentralización de la comunicación electrónica y defensa de los derechos civiles digitales. Este movimiento polimórfico está destinado a ganar impulso dadas las tendencias descritas.

Requiere tanto innovaciones culturales (organización, aglutinación, convergencia, comunicación popular) como tecnológicas. También tiene todo el interés de profundizar su oferta de alternativas digitales.

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