Dic 11 2004
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Política

Brindis del 31: cada cinco segundos muere un niño

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El Sur en desarrollo aún no avanza al ritmo necesario para reducir para 2015 a la mitad la cantidad de personas que sufren hambre respecto de 1990, advirtió la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

«Debemos hacerlo mejor», dijo este miércoles a la prensa la directora de la Oficina de Enlace de la FAO en Nueva York, Florence Chenoweth, de acuerdo a un despacho de la agencia de noticias IPS.

El hambre y la desnutrición matan a más de cinco millones de niños y niñas todos los años, lo que cuesta a los países en desarrollo miles de millones de dólares en productividad e ingreso perdidos, sostuvo Chenoweth.

«Si hacemos la cuenta, el hambre mata a un niño cada cinco segundos», explicó.

La Cumbre Mundial de la Alimentación celebrada en Roma en 1996 culminó con el compromiso de recortar a la mitad la cantidad de hambrientos del mundo de 800 millones a 400 millones para 2015.

Pero el informe «El Estado de la Inseguridad Alimentaria en el Mundo 2004», publicado este miércoles por la FAO, indica que la cantidad de hambrientos aumentó a 852 millones de personas en el periodo 2000-2002.

De esa cantidad, 815 millones de personas viven en el mundo en desarrollo, 28 millones en economías en transición y unos nueve millones en el Norte industrializado.

La meta de reducir a la mitad los hambrientos del mundo fue incluida también entre los Objetivos de Desarrollo del Milenio establecidos por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en septiembre de 2000, en presencia de numerosos jefes de Estado y de gobierno.

Si no hay avances significativos en la reducción del hambre en los próximos años, no será posible que las naciones en desarrollo cumplan con los compromisos de la Cumbre Mundial de la Alimentación ni con las Metas del Milenio, según Chenoweth.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, hoy al frente de una campaña mundial en la materia, ha unido su voz con la de los presidentes de Francia, Jacques Chirac, Chile, Ricardo Lagos, y España, José Luis Rodríguez Zapatero, para declarar el hambre «un problema político que requiere prioridades políticas».

Los cuatro jefes de gobierno consideran la posibilidad de buscar fuentes de financiamiento «nuevas e innovadoras» –incluidos impuestos de carácter mundial– para combatir el hambre y la pobreza.

La asistencia mundial al desarrollo aportada por los países ricos al Sur ha sido de un promedio de 50.000 millones de dólares anuales. El secretario general de la ONU, Kofi Annan, considera que se requiere una asignación adicional de 50.000 millones de dólares por año para cumplir las Metas del Milenio.

En el prólogo del estudio, el director general de la FAO, Jacques Diouf, se mostró optimista por el futuro a pesar de «el lento avance a escala mundial». Muchos países en todas las regiones del mundo han demostrado que el éxito es posible, aseguró.

Más de 30 países con una población combinada de 2.200 millones de personas han reducido 25 por ciento la desnutrición y «han hecho significativos progresos hacia la reducción de la cantidad de hambrientos a la mitad para 2015», anotó Diouf.

Entre esos países figuran Angola, Benin, Birmania, Brasil, Gabón, Ghana, Perú, Siria, Uruguay y Vietnam.

Según el estudio de la FAO, en Asia reside la mayor población hambrienta del mundo. Pero en África están la mayoría de los países que lograron un significativo descenso de la desnutrición, aunque el panorama del que parten es desesperante.

También en África, según la FAO, se ha demostrado que los conflictos civiles deben ser considerados causas fundamentales no solo de emergencias alimentarias en el corto plazo sino de hambruna endémica generalizada.

Muchos de los países que lograron avances tienen algo en común: un crecimiento de la producción agrícola superior al promedio.

De todos modos, la FAO aún «lamenta» que se haga tan poco esfuerzo para combatir el hambre, aunque los recursos necesarios para impedir esta tragedia humana y económica son «minúsculos» en comparación con los beneficios.

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Fuentes: Thalif Deen, IPS

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