Oct 21 2019
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Política

Cabieses: Asamblea Constituyente para un nuevo Chile

La dimensi√≥n y profundidad de la crisis social y pol√≠tica que est√° viviendo Chile no la va a solucionar la rebaja de tarifas del transporte p√ļblico, como pretenden el gobierno y casi toda la ‚Äúclase pol√≠tica‚ÄĚ. La crisis es mucho m√°s profunda y abarca amplios sectores sociales. Se trata de una rebeli√≥n contra la oligarqu√≠a y sus privilegios. El pa√≠s modelo del neoliberalismo en Am√©rica Latina est√° naufragando.

El detonante fue el alza del pasaje del Metro de Santiago. Los estudiantes secundarios -como otras veces en nuestra historia- se pusieron a la cabeza del rechazo a este abuso a los miserables salarios de las familias trabajadoras. El gesto de los estudiantes despertó un volcán social cuya furia -a veces ciega y terrible- se ha desatado en el país. Lo que está ocurriendo en ciudades y pueblos -donde ni siquiera hay Metro- nada tiene que ver con el tema original. Va mucho más allá y abarca reivindicaciones sociales y políticas postergadas por casi medio siglo.

Lo que sucede tiene todas las características de una insurrección popular, espontánea y sin dirección. El levantamiento se ha extendido desafiando el toque de queda y la represión brutal de Carabineros y las Fuerzas Armadas. Demuestra la profundidad insospechada alcanzada por el odio a los privilegios de una minoría que se atrinchera en las instituciones legadas por la dictadura.

La superaci√≥n de la crisis no consiste solo en dejar sin efecto el alza del transporte p√ļblico y en prometer algunas concesiones en materia de salud, previsi√≥n y educaci√≥n, que por lo dem√°s son imposibles de satisfacer en el marco de la camisa de fuerza constitucional que impone el modelo que instaur√≥ la dictadura.

Ese es, por cierto, el punto de origen de la crisis: la dictadura de las FF.AA. y del gran empresariado nacional y extranjero que destruyó el acervo democrático que hasta 1973 acumularon las luchas del pueblo.

Esta crisis social y pol√≠tica se viene incrementando desde 1990. El retorno a una democracia mediatizada y de justicia ‚Äúen la medida de lo posible‚ÄĚ, acumul√≥ frustraciones que est√°n a la base de la ira que se expresa en las calles.

El pueblo libró una lucha heroica de resistencia contra la tiranía. Sus partidos, sindicatos y organizaciones sociales se jugaron la vida para derrocar la dictadura y poner fin al terrorismo de estado. Sin embargo, maniobras entre bambalinas patrocinadas por el Departamento de Estado y el Vaticano, frustraron ese objetivo y solo permitieron una democracia de pacotilla.

Los partidos de la Concertación que habían prometido Asamblea Constituyente y el fin del modelo de economía de mercado, al llegar al gobierno sólo hicieron zurcidos remendones a la Constitución ilegítima. Y acto seguido se convirtieron en escuderos del modelo impuesto a sangre y fuego por la oligarquía.

Ya es muy tarde para que partidos que han manejado el pa√≠s durante estos a√Īos prometan desandar el camino de la traici√≥n. El miedo a ser borrados del mapa por la indignaci√≥n del pueblo les lleva a prometer cambios que ni siquiera han intentado en treinta a√Īos.

La indignaci√≥n por la desigualdad social se fue acumulando lentamente y aunque dio algunas se√Īales en movilizaciones por educaci√≥n, salud, salarios, previsi√≥n social, medio ambiente, derechos de las mujeres, pueblo mapuche, en la abstenci√≥n electoral, etc., no fueron atendidas por los pol√≠ticos atrincherados en La Moneda y el Congreso. La indignaci√≥n del pueblo, sin canales democr√°ticos para solucionar sus problemas, estall√≥ con una furia que tom√≥ por sorpresa a pol√≠ticos de todos los colores y a autoridades de todos los niveles.

Es iluso pensar que el pa√≠s pueda volver a la ‚Äúnormalidad‚ÄĚ que imperaba hace una semana. M√°s bien este octubre puede pasar a la historia de Chile como una gran jornada de lucha popular. Sin embargo sus resultados est√°n a√ļn por verse debido a la naturaleza espont√°nea y carente de direcci√≥n del levantamiento.

La vieja política con su carga de corrupción y demagogia tiene que ser sustituida por fuerzas políticas y sociales no comprometidas con el sistema.

No son migajas sociales las que pueden abrir un cauce para superar esta crisis. Chile necesita un cambio institucional profundo, requiere dar inicio a una nueva época regida por principios en que solidaridad e igualdad sean las reglas de oro de la convivencia ciudadana.

Se hace más urgente que nunca convocar a una Asamblea Constituyente, elegida por el pueblo, para elaborar una nueva Constitución Política que se apruebe en plebiscito libre y soberano.

Hay que actuar con energía para derribar las cortapisas legales que dificultan su convocatoria.

Se trata de un asunto de vida o muerte para la democracia. Si no se act√ļa de esta manera quedar√° libre el paso a una alternativa de extrema derecha. El levantamiento popular, que hoy apunta en un rumbo positivo demandando justicia social, puede frustrarse y convertirse en arcilla maleable del fascismo.

Estamos en el momento preciso de impedir una maniobra de ese tipo y de convertir esta insurrección popular en una gran victoria de la democracia.

*Periodista, director de Punto Final

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