Ago 8 2006
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Cultura

Calentamiento Global. – UNA VERDAD INCONVENIENTE EN CARTELERA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

La película cabe dentro de la categoría de los documentales y, como tal, documenta y muestra de modo convincente la relación entre el modo de vida de las sociedades industrializadas y el calentamiento del planeta.

En forma clara y didáctica, Gore desmantela los que a su juicio son los tres grandes mitos sobre el calentamiento global, evidenciando que:

1) hay consenso unánime en la comunidad científica de que el calentamiento global es real y constituye una seria amenaza para la sobrevivencia de la especie humana y de la vida en el planeta;

2) el calentamiento global es producto de la actividad humana industrial y no constituye parte del ciclo natural de la Tierra, y

3) las políticas de protección del medio ambiente no atentan contra la economía; por el contrario, la estimulan vía modelos económicos ambientalistas.

Para aquellos que todavía no se han percatado de la gravedad de la situación, después de ver el film no cabe duda de que estamos frente a una posible catástrofe ecológica con ramificaciones nefastas para la vida antrópica y no-antrópica mundial. Aunque Gore da en el clavo al señalar que el calentamiento global es producto de la colisión entre la civilización y la Tierra, termina proponiendo ingenuamente un capitalismo de etiqueta verde como solución para disminuir el calentamiento global.

fotoDe paso apela a un discurso chovinista sesgado por su marco demoliberal de interpretación de la realidad, en un intento de remecer la conciencia del estadounidense promedio –justificable: al fin y al cabo EEUU emite más del 30% del dióxido de carbono mundial, principal gas contaminante de la atmósfera y responsable directo del aumento de la temperatura del globo–.

La información que presenta el filme es exhaustiva y clara. Un dato crucial es que la industria depende de la deforestación y la deshidratación de la tierra a través de las talas forestales y la construcción de represas, actividades humanas causantes de la emisión de gases fósiles que reducen la capa atmosférica e incrementan la sensación térmica mundial.

Las consecuencias de este proceso –ligado estrechamente a la expansión civilizatoria industrialista– se manifiestan en el aumento de la temperatura atmosférica, la desertificación del suelo, el acrecentamiento de sequías, inundaciones, huracanes y tifones, el cambio climático, la aparición de plagas, el derretimiento de las capas polares, el aumento del nivel del mar, la desalinización del océano y, probablemente, el inicio de una nueva edad glaciar que, como en la última glaciación, podría congelar el hemisferio norte en un plazo de 10 años, inundando las principales ciudades costeras del planeta.

Frente a este catastrófico escenario, Gore sostiene que si se destruye el planeta no habrá economía que perdure, haciendo un llamado sutil a los megaempresarios responsables de la devastación natural.

A pesar de haber tratado de producir cambios en la sociedad en forma vertical como aspirante al sillón presidencial, Gore se muestra desilucionado de la política de su país. No obstante, las soluciones parches que propone –reciclaje, uso de energía no contaminante, implementación de tecnologías alternativas, reforestación, presión ciudadana, etc.–, no atentan en forma radical contra el problema de fondo: la sociedad industrial y tecnológica de masas, puesto que dichas soluciones todavía dependen de la actividad forestal, minera, agroindustrial y acuífera.

Si sus datos son correctos, la explosión demográfica alcanzará los nueve mil millones de habitante en los próximos años. El planeta es incapaz de sustentar la vida en la biosfera con una sobrepoblación centrada en el consumo, la producción, la ganacia, la expansión y el éxito desarrollista.

En los últimos 30 años la debacle ecológica se ha exacerbado. Sin ser apocalíptico, Gore logra plantear en la pantalla grande –y de modo masivo– algo que todos de algún modo ya sabemos: habrá un cambio climático y ecológico irremediable si la vida humana no transforma de modo radical su patrones de coexistencia con el medio. Y aunque las soluciones brindadas por Gore no logran ser convincentes, su diagnóstico es correcto y consigue explicar con suma claridad el abismo al que la civilización se aproxima.

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Ciertamente, imaginar un mundo de comunidades autónomas e interdependientes con economías solidarias biorregionales y locales, apoyadas por tecnologías apropiadas –no industriales– y políticas permaculturales de rehidratación del suelo orientadas hacia un paradigma biocéntrico, no está al alcance del marco ideológico de interpretación de un ex vicepresidente norteamericano.

Tal vez no le corresponda a él señalar una vía de supervivencia, sino que a cada cual en su peculiar proceso de liberación del somnífero corral civilizatorio en que la socialización moderna y la domesticación industrialista nos han encerrado. Puede ser que al descorrer el velo que mantiene la ilusión de la realidad tecnosférica, hallemos que en el fondo de todos hay todavía una tenue llama natural que mantiene viva la voluntad de sobrevivir.

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* Poeta, ensayista, profesor universitario. Reside en Estados Unidos y enseña en la Universidad de Oregón.

 

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