Abr 30 2017
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OpiniónPolítica

Camino a la democracia chilena

En Chile la dictadura y su represión produjeron -de alguna manera- la reactivación o fortalecimiento de las organizaciones sociales de base. Asimismo, el temor a esa dictadura produjo en otros sectores un alejamiento de la vida política y social. Este segundo proceso se vio acelerado y profundizado como resultado del dominio ejercido por un capitalismo depredador, basado en el individualismo y el consumismo despolitizador.

El cambio de paradigma que significó la caída del muro de Berlín hace veinte años y el posterior derrumbe de la URSS con el desmembramiento del llamado “socialismo real”, no produjo como resultado sólo el término de la bipolaridad USA-URSS (capitalismo-socialismo), sino que significó un violento giro que ha mostrado que cualquier forma enfrentada al sistema capitalista queda fuera de carrera.mujeres_bombo_small.jpg

Desde entonces hemos sido testigos del avance devastador de un capitalismo globalizado que sostiene el supuesto fin de las ideologías y la economía de mercado como la base de un sistema “liberal progresista”. La resistencia que le han presentado algunas forma de “estalinismo” o el nacimiento de algunos “mesianismos” seudo socialistas en algunos países de la región y de otras latitudes, sólo sirven para “hacer el caldo gordo” a su forma hegemónica. Nunca hemos sido capaces de construir un verdadero camino de participación popular.

Cuando cayó el muro, se hundió en las sombras la estrella roja y estalló sobre el horizonte, quemando todo a su paso, el sol abrasador de una nueva fórmula de capitalismo sobre el que no hay ni árbitros ni controles. Este es un capitalismo sin temores y sin frenos. Se proporciona la satisfacción de poner fin a “concesiones” que debió hacer en el pasado, forzado por la comunidad que le exigía bienestar social, salud, educación o vivienda y alimentación. También se puede vanagloriar de haber quitado al Estado su autoridad reguladora y con ello el acercamiento del pueblo a gobernar. Esto se ve hoy acelerado con la presencia autocrática de Donald Trump en la presidencia de USA o la de Putin en Rusia.

Vivimos hoy una realidad en la que el consumo se convierte en objetivo social y el individualismo en meta de desarrollo personal. Donde es el presente el único horizonte al que se dirigen los imaginarios sociales, produciendo o intentando imponer valores donde lo político-ideológico y los “políticos” son los enemigos. Como resultado se instaló una economía neoliberal en el país y poco a poco el giro de la Concertación, hoy Nueva Mayoría –con socialistas y socialcristianos-, por ese mismo camino nos tiene en la realidad que vivimos.

Por eso las alternativas para la elección de Presidente son: un candidato –Piñera- claramente definido como representante de ese capitalismo dominante y depredador, cuyo propósito no es otro que afianzar en lo político lo conseguido en lo económico, es la autopoiesis del sistema neoliberal. Es propiedad de los sistemas reproducirse a sí mismos. La conciencia –en la autopoiesis- es una red de procesos que logran transformar componentes que auto reproducen sus propios componentes, por eso este candidato sigue siendo un aparente “liberal progresista”. Otros candidatos son por ahora dos de la Nueva Mayoría, el independiente Guillier y la DC Goic, más la candidata del Frente Amplio Beatriz Sánchez.

En la Nueva Mayoría –o como se vaya a llamar el conglomerado en el futuro-, cristianos y socialistas necesitan y deben levantar, no un muro, pero sí una alternativa al capitalismo actual porque esa es la necesidad y la esperanza real del cambio para la consolidación de la construcción de una nueva democracia.

Hoy se necesita que la comunidad vuelva a la política, hoy necesitamos que la comunidad vuelva a asumir su rol en los organismos sociales de base, hoy el mundo y el país necesitan que la comunidad asuma el papel protagónico en la vida humana. Para eso se debe cambiar absolutamente la forma de hacer política, debemos posesionarnos de una nueva forma de concebir el Gobierno y de gobernar. Parece ser necesario que se termine con la milenaria fórmula de que los dirigentes, los técnicos o profesionales, los “elegidos” de la fortuna, sean los que dirigen y deciden el qué, el cuándo y el cómo de las resoluciones que afectan a toda la comunidad. Es necesario terminar con el monólogo y abrir el diálogo. Esto significa crear las condiciones de la participación de la comunidad en la acción de gobernar lo que marcará su retorno a la acción social de base.banderas_rojas_mobile.jpg

Hace ya más de veinte años sostenía frente a mis alumnos de la Cátedra de Animación y Promoción de Actividades Comunitarias que para que fuera realidad la acción de la comunidad sobre sus intereses debía existir una real participación popular en la dirección y gestión de la actividad pública y que ésta debía darse en términos efectivos de manera que su participación mejore los niveles de desarrollo de la democracia. Esto debemos concebirlo a partir de los derechos del hombre que deben ser el corazón de toda actividad humana. De estos “derechos del hombre” que tenemos que “sacralizar” en nuestros campos de acción social, política, filosófica, económica o científica, uno de los principios básicos es el derecho que el hombre tiene a ejercer su voluntad soberana para construir el Estado.

Esto significa que estamos hablando de participación real. Esto significa que después de dos mil años desde al Ágora ateniense -donde se comenzó a construir la democracia que nosotros conocemos-, debemos replantearnos las formas con las cuales estamos interactuando en este sistema social en el cual vivimos. Un somero balance del sistema nos señala que es injusto, desigual e inequitativo. Ese mismo balance nos indica que la base social -la comunidad en su conjunto y cada individuo que la compone, en particular- debe recuperar derechos que se han venido delegando en mandatarios que con el pasar de los siglos se han convertido en mandantes y ejercen el poder para sí de una manera que se contrapone al objetivo inicial con que hicimos esa delegación de poder.

Construyendo participación

Debe tener por objetivo central el desarrollo de normas que permitan la estructuración de mecanismos para la participación ciudadana, con el objetivo de crear una democracia participativa. Esa participación debe estar basada en el derecho de todos a concurrir con poder de decisión en las actividades públicas, mediante un sistema que le permita organizar, ejecutar y controlar la gestión pública, tanto en forma individual como colectiva. La fundamentación de la participación es un derecho de todo el pueblo chileno a apropiarse de la orientación de los asuntos públicos mediante mecanismos que le permitan individual o colectivamente según sea el caso, asumir la proposición, dirección, ejecución y control de la tarea pública en todos sus estamentos.

Formas o modalidades para la participación

Las formas o modalidades constitucionales que asignan derechos políticos a los ciudadanos pueden ser las siguientes:

1. La Iniciativa Popular legislativa: Es el derecho político que tienen los grupos ciudadanos de presentar proyectos de Ley al Congreso Nacional. La población también contará con una iniciativa similar para decidir sobre resoluciones para el campo municipal.

2. El Plebiscito: Es la consulta del Estado a la ciudadanía frente a problemas que debe solucionar con el apoyo de la comunidad nacional. Este puede ser realizado a pedido del Presidente de la República, del Poder Legislativo, del Poder Judicial.

3. El Referendo: Esta es una convocatoria que se da el pueblo y que puede tener las formas que detallamos, mediante la cual muestra su capacidad y poder de decisión frente a temas de trascendencia. Habrá: Referendo Aprobatorio; Referendo para Tratados; Referendo Anulatorio; Referendo Cancelatorio o Revocatorio; Referendo para la Reforma Constitucional.

4. Asambleas comunales de la Sociedad Civil: Estas son un medio de participación política de los ciudadanos de una comuna para decidir sobre temas que les afectan y que deben o pueden ser resueltos por el Municipio.

5. Consejos de Participación: La ley debe determinar la formación de Consejos de Participación –con ese u otro nombre- para los diferentes estamentos de la administración pública posibles de ser controlados y donde sea necesaria la Participación Popular para toma de decisión sobre medidas, proyectos u otras iniciativas.

6. Consulta Popular: Este será un mecanismo para hacer consultas en el ámbito nacional. Regional o Comunal, mediante la cual el Presidente de la República, los Intendentes Regionales y los Alcaldes ponen a consideración de la base social inscripta en los Registros Electorales determinadas materias de interés y trascendencia general. La decisión de la Consulta es obligatoria para la autoridad consultante.

7. Aprobación Presupuestaria: La Comunidad Nacional por medio de sus organizaciones podrá aprobar y controlar la gestión de los temas presupuestarios en los niveles nacionales, regionales y municipales, así como por áreas de actividad, como Salud, Educación, Previsión Social, Vivienda, entre otras.

8. Consejos Juveniles de Participación: Crecer en una sociedad como la de América Latina, marcada por los cambios productos de la globalización, el ingreso a la Era del Conocimiento y las transformaciones tecnológicas, significa para los niños y jóvenes del país crecer en una sociedad en cambio constante que marca su desarrollo por la individualización de las formas de vida, la pluralización y otros contextos muchas veces contradictorios. Por ello es necesario que tengan participación y con ello responsabilidad en el desarrollo y progreso de su país. Para esto se crearán estos Consejos en áreas específicas como Educación, Trabajo, Deportes y Economía.

*Publicado en alainet-org

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