Ago 27 2012
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PolíticaSociedad

Campaña electoral en EEUU: Guerra contra las mujeres

Es la guerra, sin duda, más larga de la historia. La guerra contra las mujeres en Estados Unidos se ha intensificado a un nivel tan exagerado que los propios combatientes están asombrados.

Primero, esta semana el Partido Republicano adoptó una plataforma que incluye la propuesta de promover una enmienda constitucional que prohíbe el aborto aparentemente sin excepciones, o sea, no se detallan posibles excepciones como embarazos, resultado de violaciones sexuales, o un riesgo físico con un embarazo. El lenguaje es el de siempre: “el hijo aún no nacido tiene un derecho individual fundamental a la vida”, y se afirma “la santidad de la vida”.

Poco antes estalló un escándalo tan severo que descarriló por un rato la campaña presidencial republicana y podría incluso costarle a ese partido su oportunidad de obtener la mayoría en el Senado. El candidato republicano al Senado por Misuri, el representante Todd Akin, expresó su férrea postura contra el aborto y dijo que la mantiene aun en casos de violación sexual. “Si es una violación sexual legítima, el cuerpo femenino tiene maneras de cerrarse ante ello… Aun si eso no funciona, creo que debería haber algún castigo, pero debe ser impuesto al violador, y no al niño (concebido)”.

Eso de “violación sexual legítima”, insinuando que las mujeres frecuentemente mienten al decir que son violadas para obtener un aborto, provocó tal revuelo que el propio candidato presidencial republicano y toda la cúpula nacional exigieron que Akin se retirara de la contienda. “Los comentarios del representante Akin son insultantes, inaceptables y, francamente, erróneos”, comentó Romney el lunes, seguido por declaraciones de líderes republicanos del Senado. La contienda en Misuri para la curul del Senado es una de las más reñidas y clave para la estrategia republicana de recuperar la mayoría en la cámara alta.

Akin dijo que había cometido un error verbal, pero la cúpula nacional de su partido anunció que le retiraría todo apoyo financiero. Sin embargo, Akin abiertamente rehúsa retirarse, y con ello recibió el apoyo aún más amplio de corrientes ultraconservadoras de su partido, lo cual pone de manifiesto una vez más la pugna entre la cúpula republicana y las cada vez más poderosas bases ultraderechistas fundamentalistas, que ejercen mayor control.

Pero en los hechos, tal como se comprueba con la plataforma del partido adoptada en vísperas de la Convención Nacional Republicana en Tampa, Florida, las opiniones de Akin son ampliamente compartidas, aunque no necesariamente expresadas así.

De hecho, Akin y el ahora candidato republicano a la vicepresidencia, Paul Ryan, estuvieron entre los 225 representantes que impulsaron un proyecto de ley que buscaba reducir el acceso al aborto sólo a aquellos casos en que las mujeres fueran “violadas por la fuerza”, definición que resultó tan extremista políticamente que tuvieron que abandonarla. Sin embargo, Ryan, católico conservador, tiene un largo historial de oponerse a todo tipo de aborto. Muchos más políticos republicanos –casi todos hombres– tienen una larga historia en esas posturas, incluso con comentarios como “los bebés que resultan de violaciones son un regalo” (ex candidato presidencial Rick Santorum), y otros que afirman que en lugar de abortar después de una violación sexual, la mejor opción para la mujer es “hacer limonada de ese limón”.

Todo esto por políticos que promueven el mantra de que la interferencia del gobierno en asuntos individuales amenaza la “libertad”, pero que cuando tiene que ver con las decisiones de una mujer sobre su cuerpo promueven la intervención frontal, directa y punitiva del gobierno.

La defensa de la “santidad de la vida” a veces llega a niveles absurdos: un candidato a sheriff de un condado de Nueva Hampshire recientemente tuvo que disculparse después de dar a entender que no descartaría la opción del uso de fuerza letal para detener un aborto, o sea, que estaba dispuesto a matar para defender el “derecho a la vida”.

La batalla de las fuerzas cristianas fundamentalistas contra los derechos más básicos de las mujeres aquí es muy parecida a la de algunos países musulmanes fundamentalistas en otras partes del mundo. El profesor y comentarista Juan Cole considera que políticos como Akin y Ryan comparten la misma posición que algunas de las principales autoridades sunitas en Egipto: “sí, Akin promueve… la ley sharia. Pero hasta musulmanes fundamentalistas estarían en desacuerdo con él sobre prohibir el aborto si la salud de la madre estuviera en riesgo, y la gran mayoría de los musulmanes son mucho más abiertos en el tema del aborto…”

Eve Ensler, la dramaturga de Monólogos de la vagina y activista internacional contra la violencia hacia las mujeres, escribió una carta abierta a Akin afirmando que sus declaraciones y las de sus colegas, para las millones de mujeres violadas en este mundo, implican una “re-violación”. La premisa de esas declaraciones, agregó, es que “las mujeres y sus experiencias no son confiables, que su entendimiento de violación tiene que ser calificado por algún tipo de autoridad superior y más sabia” y que “deslegitima y socava el horror, invasión y profanación” que sufrieron. “Jugar con palabras como ‘forzado’ o ‘legítimo’ es jugar con nuestras alarmas que han sido destrozadas por penes no deseados penetrándonos, cortando nuestra carne, nuestra vagina, nuestra conciencia, nuestra confianza, nuestro orgullo, nuestro futuro”.

“Le estoy pidiendo a usted y al Partido Republicano salirse de mi cuerpo, de mi vagina, de mi vientre, que se salgan de todos nuestros cuerpos. Éstas no son sus decisiones. No son sus palabras las que deben definir”.

Todo esto estará presente en la Convención Nacional Republicana esta semana, en la cual se constatará que no habrá tregua en la guerra contra una mayoría de la población: las mujeres.

*Corresponsal de La Jornada de México en EEUU

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