Jul 11 2013
1990 lecturas

EconomíaSociedad

Capital-Trabajo: el origen de la crisis europea actual

En la extens√≠sima literatura escrita sobre las causas de la crisis actual, pocos autores se han centrado en el conflicto capital-trabajo (lo que sol√≠a llamarse ‚Äúlucha de clases‚ÄĚ). Una posible causa de ello es la atenci√≥n que ha tenido la crisis financiera como supuesta causa √ļnica de la recesi√≥n. Eso ha desviado a los analistas del contexto econ√≥mico y pol√≠tico que determin√≥ y configur√≥ la crisis financiera as√≠ como la econ√≥mica, la social y la pol√≠tica.

En realidad no se puede analizar cada una de ellas y la manera como est√°n relacionadas sin referirse a tal conflicto capital/trabajo. Como bien dijo Marx: ‚ÄúLa historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases‚ÄĚ. Y las crisis actuales son un claro ejemplo de ello.

Durante el periodo que sigui√≥ a la Segunda Guerra Mundial, el conflicto renta del capital versus renta del trabajo se apacigu√≥ gracias a un pacto entre los dos adversarios. Este pacto determin√≥ que los salarios, incluyendo el salario social (con aumento de la protecci√≥n social basada en el desarrollo de los servicios p√ļblicos del Estado del Bienestar) evolucionaran con el aumento de la productividad. Consecuencia de ello: las rentas del trabajo subieron considerablemente, alcanzando su m√°ximo (a los dos lados del Atl√°ntico Norte) en la d√©cada de 1970 (la participaci√≥n de los salarios, en t√©rminos de compensaci√≥n por empleado, en EEUU fue del 70% del PIB; en los pa√≠ses que ser√≠an m√°s tarde la UE-15, este porcentaje era el 72,9%; en Alemania un 70,4%; en Francia un 74,3%; en Italia un 72,2%; en el Reino Unido un 74,3% y en Espa√Īa un 72,4%).

A finales de la d√©cada de 1970 y principios de los a√Īos 1980, este pacto social se rompi√≥ como consecuencia de la rebeli√≥n del capital ante los avances del mundo del trabajo. La respuesta del capital fue el desarrollo de una cultura econ√≥mica nueva basada en el liberalismo, pero con una mayor agresividad. Es lo que llamamos el neoliberalismo, cuyo objetivo es recuperar el terreno perdido mediante el debilitamiento del mundo del trabajo. A partir de entonces, el crecimiento de la productividad no se tradujo tanto en el incremento de las rentas del trabajo, sino en el aumento de las rentas del capital. Y esta respuesta, mediante el desarrollo de las pol√≠ticas neoliberales (que constitu√≠an un ataque frontal a la poblaci√≥n trabajadora), fue muy exitosa: las rentas del trabajo descendieron en la gran mayor√≠a de pa√≠ses citados anteriormente. En EEUU pasaron a representar en 2012 el 63,6% del PIB; en los pa√≠ses de la UE-15 el 66,5%; en Alemania el 65,2%; en Francia el 68,2%; en Italia el 64,4%; en el Reino Unido el 72,7%; y en Espa√Īa el 58,4%. El descenso de las rentas del trabajo durante el periodo 1981-2012 fue de un 5,5% en EEUU, un 6,9% en la UE-15, un 5,4% en Alemania, un 8,5% en Francia, un 7,1% en Italia, un 1,9% en el Reino Unido y un 14,6% en Espa√Īa, siendo este √ļltimo pa√≠s donde tal descenso fue mayor.

Tales pol√≠ticas fueron iniciadas en 1979 en el Reino Unido la Primera Ministra Margaret Thatcher y en 1980en Estados Unidos por el presidente Ronald Reagan. Tambi√©n fueron aceptadas como ‚Äúinevitables y necesarias‚ÄĚ por el gobierno socialista de Fran√ßois Mitterrand en Francia en 1983, al sostener que su programa de clara orientaci√≥n¬† keynesiana (con el cual hab√≠a sido elegido en 1980) no pod√≠a aplicarse debido a la europeizaci√≥n y globalizaci√≥n de la econom√≠a, postura sostenida por la corriente dominante dentro de la socialdemocracia europea conocida¬† como Tercera V√≠a (en Espa√Īa, a partir de 1982, por los gobiernos socialistas de Felipe Gonz√°lez).

La aplicaci√≥n de estas pol√≠ticas neoliberales, definidas como ‚Äúsocio-liberales‚ÄĚ caracterizaron las pol√≠ticas de los gobiernos socialdem√≥cratas en la UE. Todas ellas ten√≠an como objetivo facilitar la integraci√≥n de las econom√≠as de los pa√≠ses de la UE en el mundo globalizado, aumentando su competitividad a base de estimular las exportaciones a costa de la reducci√≥n de la demanda dom√©stica, reduciendo los salarios. Una consecuencia de estas pol√≠ticas fue que el aumento de la productividad no repercuti√≥ en el aumento salarial, sino en el aumento de las rentas del capital.

Para alcanzar este objetivo, el desempleo fue un componente clave para disciplinar al mundo del trabajo. En todos estos pa√≠ses, el desempleo aument√≥ enormemente. Pas√≥ de ser un 4,8% en EEUU en 1970 a un 9,6% en 2010. En los pa√≠ses de la UE-15 pas√≥ de un 2,2% a un 9,6%; en Alemania de un 0,6% a un 7,1%; en Francia de un 1,8% a un 9,8%; en Italia de un 4,9% a un 8,4%; en el Reino Unido de un 1,7% a un 7,8% y en Espa√Īa de un 2,4% a un 20,1%, siendo este crecimiento mayor en este √ļltimo pa√≠s.

Esta polarizaci√≥n de las rentas, con gran crecimiento de las rentas de capital a costa de las rentas del trabajo, es el origen de las crisis econ√≥micas y financieras. La disminuci√≥n de las rentas del trabajo cre√≥ un gran problema de escasez de demanda privada. Pero esta pas√≥ desapercibida como consecuencia de varios hechos. Uno de ellos fue la reunificaci√≥n alemana en 1990 y el enorme gasto p√ļblico que la acompa√Ī√≥ (a fin de incorporar el Este de Alemania al Oeste y facilitar la expansi√≥n de la Alemania Occidental en la Oriental), que se financi√≥ principalmente a base de aumentar el d√©ficit p√ļblico de Alemania, pasando de estar en super√°vit en 1989 (0,1% del PIB) a tener d√©ficit cada a√Īo desde entonces y alcanzando un 3,4% de d√©ficit en 1996. Alemania sigui√≥, pues, una pol√≠tica de est√≠mulo a trav√©s del gasto p√ļblico, que (como resultado de su tama√Īo y centralidad) benefici√≥ a toda la econom√≠a europea.

El segundo hecho fue el enorme endeudamiento de la poblaci√≥n. Los cr√©ditos baratos concedidos por el sistema bancario retrasaron el impacto que el descenso de las rentas del trabajo tuvo en la reducci√≥n de la demanda. Este endeudamiento fue facilitado en Europa por la creaci√≥n del euro, que tuvo como consecuencia la tendencia a hacer confluir los intereses de los pa√≠ses de la Eurozona con los de Alemania. La sustituci√≥n del marco alem√°n y la de todas las monedas de la Eurozona por el euro, tuvo como consecuencia la ‚Äúalemanizaci√≥n‚ÄĚ de los intereses monetarios. Espa√Īa es un claro ejemplo. El precio del cr√©dito nunca hab√≠a sido tan bajo, facilitando el enorme endeudamiento de las familias (y empresas) espa√Īolas, pasando as√≠ desapercibida la enorme p√©rdida de capacidad adquisitiva de la poblaci√≥n trabajadora.

Por otra parte, la gran acumulaci√≥n de capital (resultado de que la mayor parte del aumento de riqueza de los pa√≠ses, causado por el aumento de la productividad, sirviera predominantemente a aumentar las rentas del capital en lugar de las rentas del trabajo) explica el aumento de las actividades especulativas, incluyendo la aparici√≥n de las burbujas, de las cuales las inmobiliarias fueron las m√°s comunes, aunque no las √ļnicas. La rentabilidad era mucho m√°s elevada en el sector especulativo que en el productivo, el cual estaba algo estancado, como resultado de la disminuci√≥n de la demanda. El crecimiento del capital financiero fue la caracter√≠stica de este periodo a los dos lados del Atl√°ntico Norte, crecimiento resultante del endeudamiento y de las actividades especulativas. Este crecimiento se basaba, en parte, en la necesidad de endeudarse, debido al continuo descenso del crecimiento anual de los salarios en todos estos pa√≠ses, una situaci√≥n especialmente acentuada en los pa√≠ses de la UE-15 (los m√°s ricos). As√≠, tal crecimiento anual medio en los pa√≠ses de la Eurozona descendi√≥ de un 3,5% en el periodo 1991-2000 a un 2,4% en el periodo 2001-2010; en Alemania de un 3,2% a un 1,1% y en Espa√Īa de un 4,9% a un 3,6%.

Los establishments financieros y pol√≠ticos de la Uni√≥n Europea creyeron que la¬† esp desempleo1crisis financiera estaba creada y originada por el colapso del banco estadounidense Lehman Brothers y se limitar√≠a al sector bancario de EEUU. Thomas Palley, una de las mentes econ√≥micas m√°s claras de EEUU y m√°s desconocidas en Europa, cita al que era Ministro de Finanzas alem√°n, el socialista Peer Steinbr√ľck (candidato del SPD a la canciller√≠a en las elecciones del pr√≥ximo 22 de septiembre) que profetiz√≥ que aquello ‚Äďresultado de las debilidades del sistema financiero estadounidense- significar√≠a el fin del estatus de EEUU como gran poder financiero. Este colapso del d√≥lar, seg√ļn √©l, beneficiar√≠a al euro.

La gran ironía de estas predicciones es que quien al final salvó a la banca alemana fue el Federal Reserve Board (FRB), el Banco Central de EEUU. El modelo alemán basado en la exportación hizo a la banca alemana enormemente vulnerable a ser contaminada. Los bancos alemanes estaban masivamente intoxicados con los productos especulativos (subprimes) de la banca estadounidense. Grandes bancos (como el Sachsen LB, el IKB Deutsche Industriebank, el Deutsche Bank, el Commerzbank, el Dresdner Bank o el Hypo Real Estate) así como las Cajas (como BayernLB, WestLB y DZ Bank) entraron en el periodo 2007-2009 en una enorme crisis de solvencia, teniendo que ser todos rescatados, muchos de ellos, por cierto, con la ayuda del Reserva Federal de EEUU.

La orientaci√≥n econ√≥mica, basada en la exportaci√≥n (algo t√≠pico del modelo liberal), hab√≠a contagiado profundamente al capital financiero alem√°n, como resultado de sus inversiones financieras tanto en la banca estadounidense (llena de productos t√≥xicos) como en los pa√≠ses perif√©ricos llamados PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y Espa√Īa) y m√°s tarde GIPSI (con la incorporaci√≥n de Italia), llenas de actividades especulativas de tipo inmobiliario. En realidad la crisis financiera alemana y europea era incluso peor que la estadounidense y, cuando la enorme burbuja especulativa explot√≥ (al paralizarse la banca alemana), apareci√≥ con toda crudeza el enorme problema del endeudamiento causado por la reducci√≥n de la demanda, ella misma provocada por la bajada de la renta del trabajo.

Una de las causas de ello es la arquitectura del sistema de gobierno del euro, resultado del dominio del capital financiero en¬† su gobernanza. Tal sistema de gobierno es producto de un dise√Īo neoliberal que se basa, en parte, en la diferencia de comportamientos entre el Banco Central Europeo (BCE) y la Reserva Federal y, en parte, en el distinto tipo de modelo exportador de EEUU y la Eurozona (multipolar en EEUU y centrado en la propia Eurozona en el caso europeo).

El BCE no es un banco central. La Reserva Federal s√≠ lo es. El BCE no presta dinero a los Estados y no los protege frente a la especulaci√≥n de los mercados financieros. De ah√≠ que los Estados perif√©ricos est√©n tan desprotegidos, pagando unos intereses claramente abusivos que han dado pie a la enorme burbuja de la deuda p√ļblica de estos pa√≠ses. Esto no ocurre en EEUU. La Reserva Federal protege al Estado norteamericano. California tiene una deuda p√ļblica tan preocupante como lo es la griega, pero esto no es una situaci√≥n asfixiante para su econom√≠a. S√≠ lo es en Grecia.

A la luz de estos datos es absurdo que se acuse a los pa√≠ses perif√©ricos de haber causado la crisis debido a su falta de disciplina fiscal. Espa√Īa e Irlanda estaban en super√°vit en sus cuentas del Estado durante todo el periodo 2005-2007. Eran los disc√≠pulos predilectos de la escuela neoliberal, dirigida por la Comisi√≥n Europea, siendo el Ministro Pedro Solbes, que hab√≠a sido Comisario de Asuntos Econ√≥micos de la UE, el arquitecto de tal ortodoxia. En realidad, Alemania, durante el periodo 2002-2007, tuvo d√©ficits p√ļblicos mayores que la supuestamente indisciplinada Espa√Īa.

No fue su inexistente falta de disciplina, sino la falta de un Banco Central que apoyara su deuda p√ļblica lo que caus√≥ el crecimiento de los intereses de la deuda p√ļblica, provista por los bancos alemanes entre otros, que se beneficiaron de la elevada prima de riesgo. El fin primordial de las medidas de recortes del gasto p√ļblico, incluyendo el gasto p√ļblico social, es pagar los intereses a la banca alemana, entre otros. El enorme sacrificio de los pa√≠ses GIPSI no tiene nada que ver con la explicaci√≥n que se da en los medios y otros f√≥rums de difusi√≥n del pensamiento neoliberal que atribuyen los recortes a la necesidad de corregir sus excesos, sino a pagar a una banca que controla el BCE que, en lugar de proteger a los Estados, los debilita para que tengan que pagar mayores cantidades a la banca. La evidencia de ello es abrumadora. El famoso rescate a la banca espa√Īola es, en realidad, el rescate a la banca europea, incluyendo la alemana, la cual tiene invertidos m√°s de 200.000 millones de euros en activos financieros espa√Īoles.

Una variaci√≥n de esta explicaci√≥n es el argumento de que el problema de la Eurozona es el grado del diferencial de competitividad, con alta competitividad en el centro ‚ÄďAlemania y Pa√≠ses Bajos- y reducida competitividad en el sur ‚ÄďGIPSI-. Este diferencial explica que los primeros tengan balanzas de comercio exterior positivas (exportan m√°s que importan), mientras que los segundos las tengan negativas (es decir, importan m√°s de lo que exportan). De ah√≠ que la soluci√≥n pase por un mayor crecimiento de la competitividad de los segundos. Y la mejor manera es bajar los salarios (lo que se llama devaluaci√≥n dom√©stica).

Pero tal explicaci√≥n tiene serios problemas. En primer lugar, ni Irlanda ni Italia ten√≠an balanzas comerciales negativas cuando la crisis se inici√≥. Es m√°s, el crecimiento del componente negativo de la balanza de pagos en los pa√≠ses GIPSI se debi√≥ predominantemente al aumento de las importaciones, resultado del endeudamiento, no del descenso de la productividad o competitividad. Y ahora la mejora de su balanza comercial se debe a su escasa demanda. En ambos casos, poco que ver con cambios en la competitividad. En realidad, la productividad laboral estandarizada por actividad econ√≥mica no es sustancialmente diferente en Espa√Īa que en Alemania. El problema, pues, no puede explicarse por un diferencial de competitividad, sino por un diferencial de demanda, acentuado a nivel europeo por un problema estructural, resultado del descenso de las rentas del trabajo. El motor de la econom√≠a de la eurozona se basa en el modelo exportador alem√°n, cuyo √©xito se basa en la moderaci√≥n salarial alemana (con salarios muy por debajo del nivel que les corresponde por el nivel de productividad), en la imposibilidad de los pa√≠ses perif√©ricos de poder reducir el precio de su moneda (beneficiando a Alemania con ello), en la enorme concentraci√≥n de euros, la movilidad de capitales de la periferia al centro y el dominio de las estructuras financieras, a trav√©s de la enorme influencia sobre el BCE que no act√ļa como un Banco Central. Ver la balanza de pagos como resultado de una diferencia de productividad es profundamente err√≥neo.

En realidad, Alemania deber√≠a actuar como motor estimulante de la econom√≠a, no mediante el aumento de sus exportaciones (basadas en bajos salarios), sino en un crecimiento de su demanda dom√©stica, incrementando sus salarios y su escasa protecci√≥n social. El trabajador alem√°n tiene m√°s en com√ļn con los trabajadores de los pa√≠ses GIPSI que con su establishment financiero y exportador. Y en los pa√≠ses perif√©ricos deber√≠an seguirse tambi√©n pol√≠ticas de est√≠mulo, revirtiendo las pol√≠ticas de austeridad que est√°n contribuyendo a la recesi√≥n, adem√°s del malestar de las clases populares; pol√≠ticas a las que se opondr√°n los agentes del capital, pues √©stos ver√°n reducidos sus ingresos. As√≠ de claro. Marx, despu√©s de todo, llevaba raz√≥n.

*Catedr√°tico de Pol√≠ticas P√ļblicas, Universidad Pompeu Fabra y Profesor de Public Policy en The Johns Hopkins University. Art√≠culo publicado¬† en la revista LE MONDE DIPLOMATIQUE, julio de 2013.

De T√ļnez 2010 a Egipto 2013: Una mirada desde la Venezuela Bolivariana
Carlos Carcione, Stalin Pérez, Juan García, Zuleika Matamoros, Gonzalo Gómez, Alexander Marín     Marea Socialista, Venezuela
Introducción
El golpe de Estado en Egipto abre grandes peligros a la Primavera √Ārabe. Montados, preventivamente,¬† en una movilizaci√≥n impresionante, cuyos n√ļmeros m√°s bajos hablan de 17 millones de personas movilizadas que exig√≠an la salida del presidente electo Mohamed Mursi, la c√ļpula militar volvi√≥ al poder, designando en el gobierno a ‚Äúnotables‚ÄĚ relacionados con el imperialismo. Sea como sea que se desenvuelvan los acontecimientos a partir de ahora, es un hecho que las lecciones de Egipto y el resto de los procesos de la regi√≥n merecen el estudio y el debate global de los revolucionarios para enfrentar los desaf√≠os instalados por la lucha abierta entre revoluci√≥n y contrarrevoluci√≥n en el marco de la nueva etapa mundial de crisis sist√©mica del capital.
Cuando promediando el 2008 qued√≥ claro que la crisis financiera iniciada con el estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos tiempo antes, era en realidad una crisis del sistema de dominaci√≥n del capital, la expectativa de la izquierda radical estuvo centrada en esperar e impulsar la reacci√≥n del movimiento de masas. Pero el proceso de rebeliones contra las consecuencias de la crisis habl√≥ duro por donde menos se esperaba: estall√≥ en T√ļnez lo que luego ser√≠a conocido como Primavera √Ārabe.
Las rebeliones juveniles y populares se convirtieron en verdaderas Revoluciones Democráticas que terminaron con dictaduras de décadas.  Ben Alí y su sistema de espionaje, control  y represión policial primero y Mubarak apoyado en el entramado militar económico egipcio luego, cayeron bajo una presión  colosal de millones de oprimidos y explotados.
La complejidad nacional, social, cultural y religiosa del proceso y la ausencia o debilidad extrema de organizaciones revolucionarias (nacionales e internacionales) que hubieran construido un programa y una orientación democráticas y que, sobre todo, mantuviera unido al movimiento de masas detrás de tareas comunes que contemplaran y respetaran esa diversidad, en el periodo preparatorio al estallido de esos procesos, facilitó la implantación de importantes obstáculos en su desarrollo.
Esos obstáculos montados por los regímenes dictatoriales con la complicidad contrarrevolucionaria, abierta o encubierta de las fuerzas imperialistas o regionales interesadas en mantener o modificar de acuerdo a sus intereses el estatus quo, se manifestaron crudamente en primer lugar en Libia y perduran hasta hoy en Siria. Con un costo horroroso en vidas humanas y demolición de regiones enteras de esos países. Estancando el proceso regional en el escenario de confrontaciones sangrientas montadas por Assad en la guerra civil siria y complejizando todavía más la situación.
El aire fresco para el reimpulso del proceso √°rabe vino desde fuera. Turqu√≠a fue la primera sorpresa de 2013, le sigui√≥ Bulgaria, y simult√°neamente el impactante y tambi√©n sorpresivo levante del movimiento juvenil y popular en Brasil.¬† Comenzada una nueva coyuntura en el pa√≠s m√°s importante de Am√©rica Latina, conquistada por las primeras victorias de una movilizaci√≥n que sacudi√≥ el mito del gobierno ‚Äúprogresista‚ÄĚ del PT y el r√©gimen de viejos partidos en el que se asienta.
Al tiempo, las calles de Egipto volvieron a llenarse de un pueblo que busca respuesta a sus necesidades inmediatas, insatisfechas por un gobierno que no quiso tocar las bases del privilegio, desigualdad, opresi√≥n¬† y explotaci√≥n de la sociedad egipcia y que por el contrario las agrav√≥.¬† Y aunque la vitalidad del movimiento de masas que hubo despertado al calor de la Primavera √Ārabe quedo demostrada en la contundente respuesta al asesinato del l√≠der del Frente Popular Tunecino, Chukri Belaid, faltaba todav√≠a la prueba de c√≥mo estaba esa vitalidad en la regi√≥n. Y entonces fue que Egipto habl√≥.
Pero la historia nunca se repite. Y el extraordinario movimiento que exig√≠a la renuncia de Mursi y la resoluci√≥n de sus problemas inmediatos no encontr√≥ una salida democr√°tica. Sus direcciones mayoritarias no la propusieron y por el contrario la obstaculizaron: Mursi y la direcci√≥n de los Hermanos Musulmanes se negaron a cumplir el reclamo y apoyados en una supuesta legitimidad evidentemente problem√°tica, no dieron soluci√≥n al movimiento. Y la oposici√≥n, parte de ella formada al abrigo del r√©gimen de Mubarak, llam√≥ al √°rbitro militar con la ilusi√≥n incierta, falaz y enga√Īosa de nuevas elecciones, que de realizarse sin la participaci√≥n de una parte crucial del islamismo ser√°n completamente antidemocr√°ticas. Como totalitaria, por decir lo menos, es la balacera contra manifestantes isl√°micos que reclaman por su l√≠der,¬† la persecuci√≥n indiscriminada de dirigentes y militantes,¬† y el cierre arbitrario de medios de comunicaci√≥n. El movimiento, por su parte, no pudo preparar aquella salida por s√≠ solo.
El drama de este momento particular de la revoluci√≥n egipcia no reside tanto en la disposici√≥n de lucha de un movimiento que ha demostrado capacidad de entrega generosa y total. Sino que al enfrentarse a un nuevo obst√°culo, esta vez superior por su cinismo y perfidia, deber√° agregar una cuota extraordinaria de esfuerzo y sacrificio para enfrentar la reacci√≥n o contrarrevoluci√≥n que seguir√°n intentando los sectores desplazados del poder en febrero de 2011, una parte del cual han recuperado ahora. La tarea de construir programa, organizaci√≥n democr√°tica de masas y conducci√≥n pol√≠tica revolucionaria adquiere una urgencia in√©dita. Nuestra tarea desde fuera es escuchar atentamente las voces amigas que provienen de la regi√≥n y aportar, desde una perspectiva cr√≠tica e internacionalista, en el camino de darle forma a un espacio de debate y solidaridad activa donde nos encontremos, m√°s all√° de los matices y diferencias del momento, los que desde el principio y desde el pa√≠s en que hacemos vida,¬† apoyamos sin condiciones las rebeliones de los j√≥venes y los pueblos protagonistas de la Primavera √Ārabe.
I. La energía del movimiento de masas: El motor de los procesos revolucionarios
Las nuevas revoluciones confirman en algunos casos y en otros descartan ense√Īanzas de la historia. Pero es evidente que un rasgo caracter√≠stico de los procesos revolucionarios, corroborado a lo largo del tiempo es que, el motor de los mismos es la energ√≠a insospechada que desata el movimiento de masas cuando se pone en movimiento. Esa es la marca de origen de la Primavera √Ārabe.
En este caso se trata de una energ√≠a contenida por d√©cadas, macerada en el alm√≠bar amargo de la represi√≥n dictatorial, la manipulaci√≥n psicol√≥gica, la tortura f√≠sica, el maltrato moral y la miseria material. Una¬† energ√≠a acumulada como en una olla a presi√≥n que estall√≥ y dif√≠cilmente volver√° a ser contenida por nuevas manipulaciones o enga√Īos. El ejemplo de Siria es un registro cruel de la inutilidad de las maniobras ‚Äúpol√≠ticas‚ÄĚ o directamente militares, para contener la fuerza de esa energ√≠a. Dos a√Īos de guerra civil, 80.000 muertos hasta la actualidad y todo empez√≥ por el castigo que las fuerzas de seguridad del Estado les dieron a unos ni√Īos que pintaban leyendas en las paredes de una ciudad.¬† Los tormentos que sufrieron los ni√Īos de Deraa fueron la puerta por donde se puso en marcha la energ√≠a revolucionaria del pueblo sirio. As√≠ como el martirio de Mohamed Bouazizi¬† fue el inicio del fin del r√©gimen de Ben Al√≠ en T√ļnez y el principio de la Primavera √Ārabe.
Esto tambi√©n lo saben y de sobra, las fuerzas del viejo r√©gimen, de all√≠ su disposici√≥n contrarrevolucionaria. Su preparaci√≥n para aprovechar las oportunidades que se les presenten para aplastar los movimientos, mientras tanto: intentan enga√Īarlos. Por eso el peligro de la contrarrevoluci√≥n estar√° presente mientras las revoluciones no avancen en liquidar los pilares que la sostienen.
La energía revolucionaria de las masas es una garantía de lucha, entrega, sacrificio y constancia. Es la manera que tienen los pueblos que se rebelan de mostrar, si se quiere ver así, su disposición para demoler lo viejo sin importar el costo que deban pagar. Pero esta energía no empuja al movimiento en una línea ascendente y sin obstáculos hacia su objetivo. Lo hace enfrentada a las fuerzas de la reacción, de la contrarrevolución, en una lucha integral que no tiene un final asegurado. Por eso la recuperación del poder o parte de él, aunque sea de manera preventiva y aprovechando la movilización de masas, por el ejército egipcio deber ser un claro llamado de atención para el movimiento revolucionario.
II. El respeto por la diversidad del pueblo revolucionario
La regi√≥n que pari√≥ la Primavera √Ārabe es sin duda un mosaico de diversidad social, cultural y religiosa. Si no logramos desprendernos de nuestra visi√≥n occidental para estudiar esos fen√≥menos, no comprenderemos a cabalidad los procesos que all√≠ se desarrollan.¬† Una vez m√°s escuchar las voces de la regi√≥n es imprescindible para entender.
El laicisismo liberal, con su visión occidental su ideología capitalista y su ilusión en el fetiche de la democracia  formal representativa, no es menos peligroso para la lucha de los pueblos que el islamismo sectario, en la medida que ambos son manejados desde las elites. La revolución debe ser en todo caso una herramienta de liberación de los oprimidos. Una herramienta que corta a la sociedad  en una línea de separación entre oprimidos y opresores (individuos, sectores sociales y políticos nacionales o países) piensen como piensen y crean en lo que crean.
El proceso revolucionario o mejor dicho su sector más claro o dirigente, incapaz de respetar esa diversidad, de comprenderla y de hacer todos los esfuerzos posibles por integrarla en los objetivos históricos de las masas oprimidas que luchan por su emancipación no merecen el nombre de revolucionarios. La historia lo ha demostrado en muchos casos y lo ha hecho a un terrible costo.
Por eso contribuir a difundir, aunque sea tácitamente, el veneno de que la lucha contra la opresión es una lucha también contra el islamismo en general es un flaco favor a la ideología reaccionaria occidental utilizada por el imperio. El deber de los revolucionarios y de la revolución es buscar y encontrar la forma, los mecanismos, para que marchen unidos los oprimidos y explotados en la construcción de su propio futuro. Por encima inclusive de los prejuicios o falsas conciencias que arrastran de su pasado de opresión y explotación.
III. Democracia de base y poder constituyente
Nuestra experiencia en la Revoluci√≥n Bolivariana nos √≠ndica que la delegaci√≥n en ‚Äúrepresentantes‚Ä̬† institucionalizados, de las decisiones fundamentales de los procesos revolucionarios fortalece s√≥lo a las burocracias viejas o nuevas, ya sean estas militares, religiosas o funcionariales y a las clases dominantes. La democracia representativa liberal burguesa es en todo caso la forma del gobierno de las antiguas revoluciones democr√°ticas capitalistas contra el poder feudal¬† y aunque¬† haya que defenderla en las calles contra reg√≠menes m√°s totalitarios si hiciera falta, cumpli√≥, como factor de progreso, sobradamente su papel en la historia.
Las nuevas revoluciones democráticas que contienen en sí, como ya veremos, un profundo contenido anticapitalista, necesitan para su desarrollo y avance la participación democrática activa a través de sus propias organizaciones, de las masas que las protagonizan.
Esta participación activa es el verdadero poder constituyente más allá de las constituciones que congelan en el papel un momento de los procesos revolucionarios. Ese poder constituyente movilizado, esa democracia de base articulada, es el que puede resolver las contradicciones internas de los procesos revolucionarios  de manera democrática para que esas contradicciones no detengan su avance ni se vuelvan en contra de sus objetivos.
IV. Revoluciones democr√°ticas y anticapitalista
Las revoluciones de las Primaveras √Ārabes son Revoluciones Democr√°ticas porque van contra los reg√≠menes dictatoriales de d√©cadas. Son tambi√©n revoluciones pol√≠ticas porque no s√≥lo avanzan contra los gobiernos sino que van directamente contra los reg√≠menes pol√≠ticos de dominaci√≥n. Este es uno de los puntos de contacto que tienen con los procesos rebeli√≥n contra las consecuencias de la crisis en Europa y con los levantamientos en el resto del mundo. Son revoluciones democr√°ticas que apuntan a demoler¬† el sistema de dominaci√≥n del capital. Las masas perciben esa identidad, independientemente del pa√≠s o continente que se desarrollen sus luchas.
Sin embargo son tambi√©n profundamente anticapitalistas y por eso no se detienen con las ca√≠das de las dictaduras. Cuando las masas salieron a la lucha contra Ben Al√≠ y Mubarak o contra Gadafi y Bashar Assad, lo hicieron por libertades y derechos pol√≠ticos, culturales y religiosos, pero tambi√©n y sobre todo empujadas por la miseria material que los modelos capitalistas dominantes en sus pa√≠ses imponen. La lucha contra el paro y por trabajo, por salarios, por condiciones de vida, y por tener futuro, apuntan a un distribuci√≥n distinta de la renta nacional por eso entienden la conquista de sus derechos pol√≠ticos, culturales y religiosos como parte inseparable de su lucha contra los sectores del privilegio y la explotaci√≥n, van en √ļltima instancia contra l√≥gica del capital. Lo mismo que el ascenso en las luchas contra los modelos extractivistas y de depredaci√≥n de la naturaleza.
Los j√≥venes y los pobladores de San Pablo y R√≠o y los de Estambul se sienten hermanos con los j√≥venes de Egipto y T√ļnez.¬† Lo mismo que los pueblos de Atenas, de Madrid, o de Lisboa que enfrentan a la Troika, se sienten parte de la misma rebeli√≥n mundial que sus iguales √Ārabes o Latinoamericanos.¬† Unos acaban hace poco de quitarse la opresi√≥n de parte de las dictaduras que los asfixiaban y reprim√≠an brutalmente, y siguen luchando contra otras que todav√≠a sobreviven o los intentos contrarrevolucionarios de los factores que pretenden dar marcha atr√°s la rueda de la historia. Los otros, que se han sacudido hace tiempo el yugo dictatorial van contra los partidos que dicen representarlos pero que altern√°ndose en las funciones de gobierno constituyen un r√©gimen pol√≠tico de dominaci√≥n que se sostiene con enga√Īos y estafas.
El grito de Democracia Real Ya que puede escucharse en distintos idiomas y con distintas frases a lo largo del mundo no sólo exige derechos políticos, civiles o culturales, apunta sobre todo contra la lógica de opresión y explotación. Así son las revoluciones y rebeliones de esta etapa de crisis de dominación del sistema del Capital.
V. La necesidad de instrumentos políticos revolucionarios y una nueva izquierda
Hay algo m√°s, todav√≠a, que nos muestra la Primavera √Ārabe y es que esas rebeliones y revoluciones tienen enfrente, aunque debilitadas a poderosas fuerzas de la reacci√≥n y la contrarrevoluci√≥n.¬† Fuerzas organizadas, con recursos y medios para imponer o justificar sus posiciones.¬† Y mientras el movimiento revolucionario no cuente con sus instrumentos pol√≠ticos estar√° en una desventaja temible.
La necesidad de la construcci√≥n de instrumentos pol√≠ticos capaces de debatir, elaborar, sintetizar¬† y difundir un programa revolucionario consecuente en el seno del movimiento es imprescindible. Hace a la disputa global por el rumbo de los procesos. Para poder desenmascarar los enga√Īos y proponer caminos de salida a las contradicciones planteadas. Los necesita tambi√©n la defensa de proceso revolucionario. Y sobre todo para orientar en su profundizaci√≥n.
Por fin unas palabras sobre la izquierda. La vieja izquierda ha perdido completamente el rumbo y los puntos de referencia.¬† Y no hablamos de la socialdemocracia que cumple en muchos pa√≠ses el papel de pata solida del capital. Hablamos de una izquierda que contin√ļa viendo el mundo de la guerra fr√≠a. Que simplifica en su discurso la realidad al punto de verla solo en blanco y negro. Que no bucea en la diversidad del movimiento y no busca salidas unitarias para que no se pierda la energ√≠a que las masas despliegan en estos procesos. Una izquierda¬† estaliniana que ve un conspirador potencial en quien piensa distinto y que pol√≠ticamente concilia que con los supuestos males menores.
Una tarea urgente que tenemos los revolucionarios es superar a esta vieja izquierda. Construir desde el punto de vista de una nueva cultura. Necesitamos poner en pie una nueva izquierda, plural, democr√°tica, capaz de aprender a procesar los matices y las diferencias y convivir con ellos.¬† Y la necesitamos de manera urgente. La Primavera √Ārabe lleva casi tres a√Īos de desarrollo, esos j√≥venes y ese pueblo que se levantaron buscando una posibilidad de futuro han realizado enormes sacrificios y los siguen realizando. Estamos atr√°s de las urgencias del momento y los tiempos que corren no perdonan las demoras.

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    1 Coment√°rio

    Comentarios

    1. Juan Félix
      15 julio 2013 15:52

      Despu√©s de leer este art√≠culo se me incrementa una gran duda, hasta donde se minimiza e incluso soslaya el papel que juega en todo esto el enemigo principal: el imperialismo.Hacemos √©nfasis en las revoluciones democr√°ticas y anticapitalistas, pero no hacemos suficiente √©nfasis en el car√°cter antimperialista, insoslayable que estas deben tener para ser reales.No se me olvida que toda esta llamada primavera √°rabe comenz√≥ a sucederse despu√©s de aquel famoso discurso de Obama desdicado a los pa√≠ses √°rabes. La pregunta que yo me hago es la siguiente: ¬ŅHasta donde est√° presente la mano del imperialismo en estos movimientos para promover sus objetivos geoestrat√©gicos en la regi√≥n?No me cabe duda que la ca√≠da de Libia fue el primer eslab√≥n o pieza de domin√≥ que luego seguir√≠a con Siria hasta llegar a Ir√°n, amenazando seriamente con llegar hasta el Caucaso ruso. Yo s√© que es dif√≠cil defender un r√©gimen como el de Assad, pero debemos preguntarnos, no es su ca√≠da uno de los principales objetivos del imperialismo, para lo cual se ha aliado con las m√°s tenebrosas fuerzas terrorista de Alqaeda? Quedan entonces, amigos, por delante, muchas preguntas que responder.