May 30 2021
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Cultura

Carlos C煤ccaro: La prosa: una dama digna de respeto

Carlos C煤ccaro, el poeta bonaerense entrevistado en esta ocasi贸n, afirma que 鈥淣o escribo desde lo aleg贸rico o desde lo coloquial o anecd贸tico鈥, que 鈥淟o aparentemente dis铆mil suele tener un sutil vaso comunicante en el universo del arte鈥, y tambi茅n establece que 鈥淓l arte nos pasea por obsesiones, miedos y profundidades de lo innominado鈥.

鈥 Sos de venir intermitentemente a mi ciudad.

Mi esposa, Virginia Zaccar铆a, con la que estoy casado desde 2001 y con quien tenemos una hija de ocho a帽os, Noelia, es porte帽a:

me incentiv贸 la pasi贸n por el barrio de San Telmo y la penumbra de sus anticuarios; por el Parque Lezama, en el verano; por el Jard铆n Bot谩nico; por la plaza San Mart铆n bajo la lluvia; por la avenida Corrientes y varios bares del barrio de Boedo, el ajetreo matinal de algunas de sus calles, con sus mercados y pizzer铆as. Todo eso tiene, como escribiera Jorge Luis Borges, 鈥渆l sabor de lo perdido / de lo perdido y lo recuperado鈥.

鈥 驴Y el sabor de tu paso por la 鈥渂ellas鈥 artes?

Alud铆s a mi magisterio inconcluso en la Escuela de Bellas Artes 鈥淟uciano Fortabat鈥, de Azul. Aconteci贸 entre fines de los ochenta y principios de los noventa. Me sent铆a c贸modo, en mi elemento, en un ambiente que aunaba juventud, inquietudes intelectuales, creatividad. El 鈥渁mbiente鈥, eso es lo que m谩s me atrajo.

No me recib铆 de maestro, pero molde茅 un esp铆ritu de artista, lo que ha sido un punto alto de formaci贸n personal, de mayor trascendencia que un t铆tulo que seguramente no hubiese utilizado. A帽os, aquellos, que evoco con indulgencia. A煤n lat铆a la reciente recuperaci贸n 鈥攐tra vez 鈥渓o recuperado鈥濃 de la democracia y la libertad, y eso se reflejaba en nuestro derredor, era un arrastre que proced铆a de los primeros a帽os post dictadura y se prolong贸 hasta 1991/92, cuando la 鈥渃onvertibilidad鈥 del menemismo nos volvi贸 a cambiar el perfil de pa铆s y los debates de la sociedad pasaron a ser otros.

Fui, durante mi juventud, de izquierda; luego me entusiasm贸 el kirchnerismo, hasta que hacia 2010/2011 comenc茅 a decepcionarme, percibiendo cierta cristalizaci贸n de sus estructuras. Asum铆 que, en realidad, yo, que cre铆a que era socialista, era un libertario, un 谩crata contemplativo, y m谩s cerca de la aridez de lo spenceriano que de ninguna otra cosa. Cumpl铆 con ese postulado que asevera que no ser

Con Ivana Szac

de izquierda en la juventud es una contradicci贸n biol贸gica y seguir si茅ndolo en la madurez, tambi茅n lo es. Hoy me advierto cada vez m谩s c贸modo con la moderaci贸n y el equilibrio. El Estado se me antoja acentu谩ndose como un monstruo kafkiano que dicta sus sentencias inapelables y herm茅ticas.

鈥 驴Y tu infancia?

La califico de feliz, signada por la lectura. Aprend铆 a leer y a escribir en las baldosas rojas de la cocina de mi casa: con tiza, mi madre me ense帽aba. Empec茅 la escuela primaria sabiendo ya leer y escribir. Mientras en segundo grado mis compa帽eros todav铆a deletreaban, yo me involucraba con 鈥淩obinson Crusoe鈥 y obras de Julio Verne y Emilio Salgari, diarios y revistas, el 鈥淢art铆n Fierro鈥, cancioneros de folklore de mi padre, diccionarios, el 鈥渋nformatodo鈥 de Selecciones del Reader鈥檚 Digest o alternativas 鈥減eores鈥 como 鈥淟a Biblia鈥 o 鈥淟a divina comedia鈥 en una edici贸n de Montaner y Sim贸n ilustrada por Dor茅, o misales de mi abuela.

Hasta mis doce o trece a帽os tuve buenos amigos. A partir de all铆 me torn茅 un adolescente taciturno y ap谩tico, con sus consecuencias previsibles: el rechazo que provocaba. La educaci贸n estatal, bastante est煤pida en la escuela secundaria, preparaba 鈥済ente pr谩ctica鈥 (apuntando a la contadur铆a, a la ingenier铆a鈥); lejos de incentivarme en la vena de la creaci贸n literaria, propend铆a a 鈥渁vergonzarme鈥.

鈥 驴Hiciste el servicio militar obligatorio?

En 1987. En la 鈥渃olimba鈥 aprend铆 algunas cosas que no estaba en condiciones de apreciar y que en la perspectiva del tiempo eval煤o que me sirvieron: un cierto estoicismo, capacidad de adaptaci贸n a los dolores y a la mortificaci贸n del cuerpo鈥 Fue un bautismo nietzscheano. Luego mi personalidad, poco a poco, volvi贸 a cambiar y enseguida encontr茅 al escritor: comenzaron los 鈥渂uenos a帽os鈥. Visto desde la autenticidad, no exagero si afirmo que los 鈥渂uenos a帽os鈥 se extienden 鈥攑ese a todo鈥 hasta el d铆a de hoy. Aunque no lo parezca, soy, a mi manera, optimista; un optimista s贸lido, porque mi optimismo parte de la cr铆tica de los sucesos y no muere en ella. Juega tambi茅n la experiencia de vida y el anhelo de reclamar la felicidad como un derecho.

No estoy, Rolando, exponiendo una biograf铆a 鈥渓ineal鈥, sino que he encarado una cr贸nica, casi period铆stica, desde lo medular y prosiguiendo con los detalles que lo apuntalan, como apostillas. Mi transcurrir no ha sido extraordinario. Si alg煤n lector de nuestro di谩logo esperara toparse con un poeta maldito, o un aventurero a lo Hemingway o un millonario a lo Stephen King o un militante como el 煤ltimo Julio Cort谩zar, se desilusionar铆a. Soy un hombre com煤n, que trabaja como gestor y empleado administrativo en la misma oficina (una firma jur铆dica) desde 1989 y que seguramente se jubilar谩 de eso.

Padre de familia, con matrimonio consolidado, llevo una vida 鈥渘ormal鈥, tengo casa y un indispensable sueldo y pertenezco a la vapuleada clase media argentina. Quiz谩s, por eso escribo. Sira Guedes de P茅rez, mi maestra de tercer grado, en 1977, tras leer mis 鈥渃omposiciones鈥 vaticin贸: 鈥淐arlos C煤ccaro va a ser escritor鈥. Fue la primera vez que o铆 mi nombre asociado a un oficio. Tuve una profesora de literatura en el secundario, Flor谩ngel Tur贸n, que fue la 煤nica docente en esa etapa que me incentiv贸 el placer por la lectura. Adem谩s de ser una erudita respecto de la obra de Jos茅 Hern谩ndez, puntualmente de los dos tomos del Mart铆n Fierro y autora, entre otros, de un libro sobre el tema, fuera de programa nos le铆a cuentos de Edgar Allan Poe.

Yo me fui imbuyendo de lo que proporcionaba 鈥淗umor鈥, aquella revista que abri贸 mentes en tiempos de la dictadura: por ella acced铆 a Mario Benedetti, Cort谩zar, Gabriel Garc铆a M谩rquez, Tom谩s Eloy Mart铆nez, Ricardo Piglia, Osvaldo Soriano. Mientras, yo incursionaba

Con H茅ctor J. Belecco

con mis primeros ejercicios de estilo, en la redacci贸n de art铆culos sobre discos del rock nacional. La elecci贸n plena de la poes铆a como canal expresivo data de 1988, en forma paralela al estudio de los movimientos vanguardistas, particularmente con la exploraci贸n de la obra de los pintores y poetas surrealistas, el descubrimiento de Antonin Artaud, Andr茅 Bret贸n, Tristan Tzara, nuestro Aldo Pellegrini鈥

Y prosegu铆 acentuando e intensificando la direccionalidad de mis b煤squedas: Jean-Paul Sartre, Albert Camus, 鈥渓os cl谩sicos, que en los cl谩sicos est谩 todo鈥 (como me dijo una vez alguien), Luis de G贸ngora, Francisco de Quevedo, Shakespeare, Cervantes, Voltaire, Descartes, Ernesto S谩bato, los rusos, Roberto Arlt, Franz Kafka, Leopoldo Marechal, Carlos Marx, los escritores del 鈥渂oom鈥, T. S. Eliot, Pablo Neruda, Ernesto Cardenal, Rafael Alberti, Ezra Pound, los franceses, la generaci贸n espa帽ola del 鈥27, H. P. Lovecraft, Henry Miller鈥

鈥 驴Y tus libros?

Con Gladys Barbosa Ehraije y Horacio Preler

Procuran entablar un intercambio con el subconsciente del lector. Es probable que, a partir del segundo, cada poemario opere como s铆ntesis de los anteriores, diversific谩ndose, aunque sosteniendo un mismo pulso. Por alguna suerte de organizaci贸n dial茅ctica que se va reinventando a s铆 misma, las primeras preguntas est谩n contenidas en las posteriores. 鈥淟os 谩rboles del abismo鈥, por ejemplo, analizando ciertas sincronicidades, delata mucho de 鈥淏lues鈥.

Quiz谩s, el denominador com煤n de mis poemarios recientes sea el de ir un poco a contrapelo de ciertas est茅ticas imperantes, al partir siempre desde la subjetividad en un 鈥渉acia鈥 constante rumbo a lo exterior, en una conexi贸n necesaria como una forma de delinear su propia est茅tica, una especie de post-objetivismo, en el sentido en que la contradicci贸n entre lo real y la mente se resuelve en s铆mbolos propios, donde en ocasiones se trata de subvertir la imagen, para conceptualizarla y trastocarla. 鈥淟a poes铆a se escribe siempre / vivir se vive siempre鈥, ha se帽alado Roberto Juarroz, una de las grandes voces de las 煤ltimas d茅cadas de la poes铆a argentina (con Hugo Mujica, con Joaqu铆n Giannuzzi, con Alberto Girri).

Con Ema Fernanda Vilches

 

鈥 Empezaste a colaborar con publicaciones peri贸dicas un poco antes de que vos y yo nos contact谩ramos a trav茅s del correo postal.

Es posible. En 1989 asoman mis textos en el diario 鈥淓l Tiempo鈥, de mi ciudad. Que es cuando trabo relaci贸n con tres escritores locales de la generaci贸n anterior: Gladys Barbosa Ehraije, con quien hice taller durante unos a帽os, Roberto Glorioso y Dante Bustos, el que por entonces se hallaba al frente de la filial Azul de la SADE y del C铆rculo Literario Mitre, que editaba una revista de circulaci贸n nacional.

A partir de estos est铆mulos fui colaborando en otros medios peri贸dicos que a su vez me vincularon con Alberto Luis Ponzo, el primer poeta y ensayista que divulg贸 alg煤n abordaje a mi obra incipiente, Alba Correa Escandell, Mario G. Linares, Alicia Gallegos, Ricardo Rubio, Susana Cattaneo, Antonio Aliberti, Graciela Susana Puente, Horacio Preler, Ana Emilia Lahitte, y algo m谩s tarde, Hugo Mujica. De aquellos intercambios con colegas y maestros, recuerdo la vivencia intransferible de haber escuchado a Jorge Smerling recitando su poes铆a. Con el tambi茅n azule帽o H茅ctor Javier Belecco y otros

Con Graciela Susana Puente

j贸venes de mi edad, nos mantuvimos ligados al movimiento de revistas literarias a trav茅s de la publicaci贸n que 茅l dirig铆a: 鈥淟luvia de Vidrio鈥.

M谩s tarde co-dirigimos 鈥淒ioses del S贸tano鈥: tres n煤meros, la vida media de tantas de estas publicaciones. Es despu茅s de mi tercer poemario, en franca crisis del 2001, cuando percibi茅ndome con mayor madurez creativa, opt茅 por armar una peque帽a estructura independiente: Callv煤 Leovu Ediciones, desde la que fueron socializ谩ndose los tres libros siguientes. El 煤ltimo, prologado por Ricardo Rubio, apareci贸 en su sello, La Luna Que. Mi octavo poemario, 鈥淒esnudos鈥, aparecer谩 a trav茅s de Editorial Azul.

鈥 驴Y tus otros intereses?

Me considero un mel贸mano fervoroso del tango, el rock, la m煤sica cl谩sica, el jazz鈥 Y entusiasta de las artes pl谩sticas y el cine. En 鈥淟os 谩rboles del abismo鈥 hay un poema inspirado en Thelonious Monk; en 鈥淟uciflor o la sangre鈥, una serie de textos concebidos a partir de libros y cuadros de contempor谩neos. Soy futbolero: sanlorencista por herencia de mi padre, de pibe simpatic茅 con el River Plate de 脕ngel Labruna, en los setenta (todos somos hinchas de un segundo club鈥, al menos si nos apasiona el f煤tbol como arte). Soy tambi茅n espectador de boxeo. Mi 煤nico vicio que ha quedado en pie es el del tabaco en pipa.

Con Rolando Revagliatti y Silvia Amarante

Utilizo bastante las redes sociales, no reniego de la tecnolog铆a, aunque mis mejores compa帽铆as han sido y seguir谩n siendo los libros. Mi paso por el periodismo y los medios de comunicaci贸n se desarroll贸 m谩s o menos as铆: entre 1988 y 1989 fui redactor de informativos en Radio Azul. A mediados de los noventa retorn茅 en varias FM conduciendo micros de cr铆tica literaria.

En 2004/2005 llev茅 adelante el programa 鈥淐af茅 de las Artes鈥, por FM Del Pueblo, que obtuvo su repercusi贸n: all铆 intent茅 poner en pr谩ctica recursos de los innovadores de la radiofon铆a, como el manejo del 鈥渢empo鈥, los 茅nfasis y los silencios a la manera del peruano Hugo Guerrero Marthineitz. Acert茅 menos en esta pretensi贸n que en los contenidos del programa. Y en simult谩nea difund铆 innumerables art铆culos en diarios y revistas.

Con Rolando Revagliatti, Ricardo Rubio y Carlos Kuraiem

鈥 Azul es鈥

鈥na ciudad rara por sus caracter铆sticas de 鈥渃iudad culta鈥, pese a su reducida densidad demogr谩fica. Posee la m谩s importante colecci贸n de ediciones del Quijote fuera de Espa帽a, en la Casa Ronco, que perteneciera a un mecenas bibli贸filo: el Dr. Bartolom茅 J. Ronco; la preservaci贸n de este patrimonio le vali贸 la designaci贸n de 鈥淐iudad Cervantina de la Argentina鈥 por parte de la Unesco y la realizaci贸n del聽聽 Festival Cervantino anual. Azul tuvo su filial de SADE (la que deber铆a restablecerse), es centro administrativo, cabecera de departamento judicial y centro productor esencialmente agr铆cola-ganadero, con carreras universitarias y considerable clase media, parte de la cual conforma un p煤blico numeroso para las expresiones art铆sticas.

Como contrapartida, una larga historia de oportunidades desaprovechadas de desarrollo y apertura en todos los 谩mbitos. Por mi parte, a la manera de un heter贸nimo de Fernando Pessoa, encuentro en su rutinaria tranquilidad, en sus f谩cilmente observables crep煤sculos sobre casas bajas y arboledas, un sitio pac铆fico para las perplejidades del pensamiento, que luego, a veces, se trasforman en creaci贸n literaria.

Con Jorge Luis Estrella y Patricia Ortiz

鈥 驴Escribiste cuentos, relatos?

Tengo una carpeta entera, guardada en mi escritorio, llena de cuentos. La mayor铆a es de larga data. En ellos abundan seres atormentados, demasiado parecidos al Meursault de 鈥淓l extranjero鈥 de Albert Camus. En los 煤ltimos a帽os acced铆 espor谩dicamente al g茅nero. Me he prometido sentarme alg煤n d铆a a leerlos y ver si este 鈥渃orpus鈥 de obra narrativa no envejeci贸 mal y si, junto con algunos de los trabajos m谩s recientes, tiene, en consecuencia, el perfil necesario como para vertebrar un libro. Con la prosa me llevo bien, tan bien como con una dama digna de respeto. Cordiales relaciones donde no falta alguna aviesa mirada equ铆voca.

Pero con la prosa (particularmente con la ficci贸n) me comporto como un caballero y me niego a perderle el respeto. Alguna vez me han

Con con Ana Mar铆a Garro y Ricardo Rubio en 2001

se帽alado como 鈥渦n buen cr铆tico鈥. De hecho, he escrito comentarios de libros para revistas y diarios (鈥淭r谩fico Cultural鈥, 鈥淢an谩 Azul鈥, 鈥淒ioses del S贸tano鈥, 鈥淓l Tiempo鈥 鈥), y alg煤n pr贸logo. La cr铆tica literaria me interesa, aunque para abordar, por ejemplo, una obra de largo aliento, deber铆a encontrar un objeto de an谩lisis lo suficientemente motivador.

El tema con la narrativa ficcional es que consiste en 鈥渃onducir鈥 al lector a su rol espec铆fico de una manera distinta que en la poes铆a. Hay que apuntar, de alguna manera, un poco m谩s a su costado anal铆tico. El lenguaje narrativo denota y no connota, por lo que es necesario estructurar conscientemente una construcci贸n donde lo que se comunica sea precisamente lo que se quiere decir, como base de una historia determinada, y a partir de ah铆 diagramar el resto del juego. Admiro en esto al mal llamado 鈥済enero policial鈥 que inaugur贸 el gran Edgar Allan Poe con su C. Auguste Dupin en 鈥淟os cr铆menes de la calle Morgue鈥, y que explotaran tan bien Sir Arthur Conan Doyle, G. K. Chesterton y nuestra dupla Borges-Bioy Casares.

鈥 驴Qu茅 desnudan, a qui茅nes, tu pr贸ximo poemario? 驴Qu茅 tipo de 鈥減rendas鈥 retiran?

鈥淒esnudos鈥 es un t铆tulo para jugar con su doble acepci贸n, en tanto que sustantivo y adjetivo. Los 鈥渄esnudos鈥 pict贸ricos de Paul Gauguin, por ejemplo y la 鈥渄esnudez鈥 del poema en su despojamiento, y el 鈥渢e enterrar茅 desnuda鈥 de Roque Dalton. En la 鈥渄esnudez鈥 como met谩fora busco una dualidad pulsional, una dualidad Eros鈥揟谩natos, la velada comprensi贸n de la desnudez primordial que acecha en el nacimiento, en el orgasmo, en la muerte. Es un libro de primordialidades, a contraviento de una 茅poca de atav铆o, de fetichismo del adorno y de la m谩scara. Es necesaria la desnudez. Recuerdo unos versos de 鈥淟os 谩rboles del abismo鈥:

鈥淓s necesaria

la desnudez.

La desnudez m谩s roja.

La desnudez y el crimen.

S贸lo as铆

valdr谩 la pena

haberle robado palabras

a

la incertidumbre.鈥

Con su artificio y pese a su ropaje entre surrealista y 鈥攈asta a veces鈥 con toques de exteriorismo, creo que mi poes铆a nunca va a poder deshacerse de esa metaf铆sica de lo elemental, de hablar sobre cuatro o cinco instancias capitales de la existencia. No escribo desde lo aleg贸rico o desde lo coloquial o anecd贸tico鈥, no soy yo en ese terreno.

鈥 驴Qu茅 opini贸n te merecen las po茅ticas del indio Rabindranath Tagore (1861-1941), la espa帽ola Rosal铆a de Castro (1837-1885) y el salvadore帽o, ya por vos mencionado, Roque Dalton (1935-1975)?

La pregunta, Rolando, parece conectar con el eclecticismo de mis lecturas. Soy un lector omn铆voro. Lo aparentemente dis铆mil suele tener un sutil vaso comunicante en el universo del arte. La de Tagore es inmensa, oce谩nicamente espiritual. Me produce cierto v茅rtigo esta caracter铆stica de su po茅tica, algo parecido me sucede con Whitman. Es algo maravilloso que yo no sabr铆a hacer: hilar largamente un texto en base al decurso de un sentimiento, por ejemplo, el amor imposible o la nostalgia de la infancia.

Comparando a los tres, si tuviera que elegir, presiento que envejecer茅 acerc谩ndome cada vez m谩s a los ecos de Rosal铆a, a su po茅tica que vino a engendrar parte de la moderna poes铆a espa帽ola de fines del siglo XIX proyect谩ndose hacia principios del XX (m谩s all谩 de llevar ese estandarte de la belleza de la lengua gallega). S铆mbolo y 鈥渟audade鈥 hay en Rosal铆a de Castro, en ese canto a la tierra, en el eco pueblerino de su carnadura, en la alegor铆a velada de sus rumores de mar y de sus lutos. Roque Dalton, por su parte, es la justa medida de su tiempo. Hoy nadie podr铆a escribir como 茅l sin sonar a hueco o falso donde 茅l sonaba admirablemente: y esos ta帽ires nerudianos鈥; hace un rato habl茅 de 鈥淒esnuda鈥 (texto inevitablemente evocado en mis 鈥淒esnudos鈥), quiz谩s uno de los poemas m谩s bellos de su obra.

聽鈥 Hablemos de la poes铆a que irrumpe y se va estableciendo en el siglo actual. 驴Qu茅 es lo que ves, qu茅 autores te seducen y a cu谩les resist铆s?

En mi etapa formativa el neobarroco era una especie de evangelio can贸nico, hoy superado por las nuevas generaciones. Se ven cada vez m谩s poetas j贸venes que redescubren el objetivismo, la posibilidad de dotar de contenido po茅tico a la realidad m谩s prosaica y externa. Claro que esta suerte de 鈥渧arita m谩gica鈥 del poema no siempre funciona bien ni siempre sus resultados son 贸ptimos. Advierto poetas j贸venes que escriben cosas interesantes, aunque demasiado parecidas entre s铆, cuesta encontrar una voz destacada y 煤nica.

Es posible que las nuevas po茅ticas, desde el discurso, tengan que ajustar su postura acerca del posmodernismo como realidad que atraviesa la 茅poca, si se escribe 鈥渄esde鈥 o 鈥渃ontra鈥 la muerte del significado. Hasta ah铆 mis resistencias. En cuanto a autores nuevos

Con los muralistas Pablo L贸pez, Marlene Kollmann y Mart铆n Zinclair

que me seduzcan, me voy a limitar a nombrar a alguien que, aunque muerto, es el m谩s contempor谩neo de todos y que podr铆a considerar como el 鈥減adre literario鈥 de los poetas de la generaci贸n posterior a la m铆a: el chileno Roberto Bola帽o. Aunque falta perspectiva temporal en estas afirmaciones.

鈥 驴De qu茅 modo no te das por vencido con un poema que no termina de conformarte? 驴Record谩s en este sentido alguna curiosidad que te haya ocurrido?

Soy un obsesivo de la reescritura. Para m铆 un poema est谩 en constante proceso de ser reescrito. El punto final de un texto es una decisi贸n que termina por mostrar un estadio de la obra, que se torna as铆 fluctuante, maleable, quiz谩s peligrosamente maleable. Trato, consciente o inconscientemente, de aplicar criterios de composici贸n sistem谩tica, tomados prestados a la pl谩stica en mi poes铆a, que tienen que ver con el equilibrio de 鈥渢onos鈥 y la necesidad de que 鈥渆l ojo鈥 鈥攅n este caso鈥 del que lee, recorra toda la composici贸n para ir a desaguar precisamente en ese punto de conjunci贸n del poema.

Esa culminaci贸n conceptual 鈥攅nmascarada o no鈥 que todo poema tiene. Hay, claro, previsibles an茅cdotas acerca de textos

Con Roberto Glorioso, Guillermo Del Zotto y Carolina Doartero

interminables: por ejemplo, haberme presentado a retirar un premio con una versi贸n totalmente dis铆mil de la premiada ya que el proceso de correcci贸n hab铆a avanzado incontrolablemente. Leo en cualquier sitio, pero no escribo en otro sitio que, en mi casa, no me inspiran los hoteles, los trenes o los bares. Amo el silencio como complemento necesario para que fluya lo que hay que decir.

聽鈥 驴Qu茅 da a conocer el arte? 驴C贸mo acceder a lo desconocido? 驴Qu茅 escritores te iluminan 鈥攁caso hoy, m谩s que ayer鈥 en esa direcci贸n?

La primera pregunta est谩 铆ntimamente ligada con la segunda. El arte nos pasea por senderos desconocidos, por otras dimensiones de lo humano. Por obsesiones, miedos y profundidades de lo innominado. Trato de leer autores que hayan atravesado los rigores de este proceso y hayan logrado superar la barrera de la incomunicaci贸n que acecha siempre en todo objeto art铆stico. Y si no lo lograron, analizar las causas posibles. Me iluminan los de siempre. Quiz谩s hoy m谩s que ayer los de siempre: los cl谩sicos.

Los probados en la ardua tarea de plasmarse en la obra. No soy de leer mucho las 鈥渘ovedades鈥 literarias ni a los autores de moda.

Con Rolando Revagliatti, Ricardo Rubio y Carlos Kuraiem

Si est谩s angustiado por no poder comunicar, siempre es bueno volver, como si se tratara de un oasis, a Miguel de Cervantes, o a Jorge Luis Borges, o a Shakespeare: releerlos y volver a nutrirse en ellos, sin que haya otros secretos.

聽鈥 驴C贸mo te llev谩s con la niebla o la bruma, y c贸mo con los rel谩mpagos y los rayos? 驴C贸mo con las heladas, la can铆cula, el viento huracanado?

La bruma y la niebla me dan una inexplicable sensaci贸n de pertenencia, que asocio, claro est谩, con inviernos a los que se resiste por medio de la lumbre, el humo del tabaco, el vino鈥 La poes铆a y la m煤sica se oyen mejor en un entorno de niebla y de bruma. Los rel谩mpagos y los rayos no tienen tal virtud, pero suelen ser necesarios para equilibrar y limpiar. Las heladas, tanto como la bruma, son para vivirlas en los refugios, al igual que el viento huracanado. La can铆cula suele desatar mi lado hedonista, no sufro el calor y lo percibo siempre como una atm贸sfera de liberaci贸n de las represiones de la gente, las chicas con la desnudez a flor de piel, la sombra refrescante y el sol en un vitalista di谩logo de intensidades鈥; en verano todo es m谩s fr铆volo, m谩s deliciosamente mundano.

Con Sergio Fitte en 2018

聽鈥 驴Con cu谩les de las siguientes consideraciones te sent铆s m谩s pr贸ximo?: 1) Umberto Eco: 鈥淵o definir铆a el efecto po茅tico como la capacidad que exhibe un texto para continuar generando lecturas diferentes, sin ser consumido nunca por completo.鈥2) Kato Molinari: 鈥淟a poes铆a es un estado impreciso, intenso y sobre todo propicio.鈥 3) Hugo Gola: 鈥淓n un instante de inspiraci贸n o gracia, o como quiera llam谩rsele, que viene m谩s all谩 del lenguaje y que no tiene que ver con 茅l, las palabras comienzan a ordenarse, a organizarse para crear una forma. El poema es esa forma.鈥

De las tres, la de Eco, sin duda. Tal como te dije reci茅n, la obra no termina de escribirse nunca. Ese concepto de 鈥渁pertura鈥 de la obra me induce a recrearla y profundizarla como un todo cambiante, proceso que va direccionado hacia el gran actor: el lector. El lector que 鈥渆s鈥 porque lee, retomando una idea de Ricardo Piglia sobre Robinson Crusoe leyendo la Biblia en un ensayo imperdible: 鈥淓l 煤ltimo lector鈥. Con respecto a la 鈥渋nspiraci贸n鈥 no la concibo tanto como un 鈥渆stado de gracia鈥 sino m谩s bien como un instante de ruptura entre lo consciente y lo inconsciente.

Tendr铆amos entonces que la inspiraci贸n no ser铆a tal, sino que se tratar铆a de un proceso auto exploratorio del autor que podr铆a,

Con su esposa e hija

inclusive, sistematizarse a fondo en caso de considerarlo necesario (y me acuerdo de los juegos 鈥減aranoico-cr铆ticos鈥 de Salvador Dal铆). Hay veces en que el mensaje po茅tico se encuentra distante, muy distante, de la forma, que se resiste, y el poeta est谩 llamado a vencer esa resistencia y a crear los atajos necesarios. En los pliegues de todo ese proceso subyace el acto de la creaci贸n.

鈥 驴Ten茅s, has tenido sobrenombres, apodos, hipocor铆sticos鈥? 驴Te agradan, te agradaban? 驴Les has puesto sobrenombres a algunas personas?

Siempre me han llamado por mi nombre de pila; mi primer nombre es Carlos y mi segundo nombre, Juan. Mi padre se llamaba Juan Carlos y supongo que me bautiz贸 con el orden de los nombres a la inversa para darme cierta identidad propia. 脡l era empleado p煤blico y un 鈥減eronista de Per贸n鈥 sin nada de fanatismo, de aquellos cuyas infancias transcurrieron durante el primer peronismo, y que para muchos de ellos no meterse en pol铆tica y ser peronista era casi lo mismo. S茅 que Carlos es por Gardel y Juan por Per贸n. Volviendo a los sobrenombres, estimo que no he sido considerado un sujeto interesante para bautizarme con ellos, y menos con aquellos derivados de animales, juegos cacof贸nicos, caracter铆sticas f铆sicas鈥

Recuerdo que hace poco le铆 un art铆culo atractivo sobre los apodos de los presidentes argentinos. Convengamos que tenemos un pueblo Carlos C煤ccaro: 鈥淢e considero un mel贸mano fervoroso del tango, el rock, la m煤sica cl谩sica, el jazz鈥︹ | Azul es Culturacon un talento especial para esto. Otra cosa no se puede decir del ingenio colectivo que bautiz贸 a Jos茅 F茅lix Uriburu, nuestro primer presidente de facto, como 鈥淟as ocho y veinte鈥, por el dibujo que en su rostro trazaban sus bigotes鈥: creatividad popular en estado puro. No soy de colocar sobrenombres. Me encantan, eso s铆, algunos nombres ficcionales como 鈥淛untacad谩veres鈥 o 鈥淓l Rufi谩n Melanc贸lico鈥, por ejemplo.

聽鈥 Rodolfo Walsh supo aludir a sus 鈥減erplejidades 铆ntimas鈥. Las habr谩s advertido, detectado. 驴Compartir谩s alguna con nosotros?

En ese sentido yo hablar铆a de la finitud, la 铆ntima angustia, unamuniana, de que en alg煤n momento este conglomerado de recuerdos, sentimientos, ideas, apetitos, goces, miedos y tantas otras cosas que constituyen mi conciencia, ese todo, alg煤n d铆a dejar谩 de ser, para diluir mi 鈥測o鈥 y dispersarse en la nada. Quiz谩s se la pueda catalogar de 鈥溍璶tima鈥 puesto que casi no hablo de esto, pero juego con insistencia en torno a especulaciones cercanas al 鈥渄ato capital de la muerte鈥 (como escribiera Macedonio Fern谩ndez) y sus conjeturas de inexistencia y existencia.

Esa ser铆a una de mis 鈥減erplejidades 铆ntimas鈥, o como dir铆a yo 鈥攗n poco bromeando鈥, mi 鈥渄asein鈥 po茅tico. Una problem谩tica a la que no me refiero espec铆ficamente pero que s铆 aludo de manera constante en mi cotidianidad y 鈥攆undamentalmente鈥 en mi obra. No s茅 si, Octavo Boulevard: CARLOS CUCCARO / LA LENTITUD DE LOS RECUERDOSen el fondo, mi obra trata sobre otra cosa.

聽鈥 驴Hay postres, guisos, sopas, comidas de tu ni帽ez o adolescencia que te encantaban y que, sin embargo, por alguna buena o inexistente raz贸n, no hayas vuelto a comer?

Me gusta cocinar y cada tanto trato de hacer un 鈥渞evival鈥 de ciertas salsas que mi madre me preparaba en la ni帽ez. No obstante, en mi adolescencia y primera juventud maltrat茅 bastante el cuerpo, as铆 que ahora cuido mi funci贸n hep谩tica y no pruebo casi el alcohol, por ejemplo, salvo en circunstancias excepcionales; como dije antes, el tabaco es el 煤nico 鈥渋nocente鈥 vicio que me queda. De vez en cuando, por una cuesti贸n de herencia, practico con alguna buena salsa italiana (una 鈥減utanesca鈥, con anchoas y especias, una 鈥渟carparo鈥). No he vuelto a probar algunas joyas de la cocina materna como el pescado al horno gratinado, que a m铆 nunca me saldr铆a con ese justo equilibrio de sabores.

聽鈥 Fuera del 谩rea de lo art铆stico, 驴a qui茅nes admir谩s?

Podr铆amos decir que la admiraci贸n es ese sentimiento de acercarse, a trav茅s de algo o de alguien, a lo inefable. Por debajo del amor CARLOS C脷CCARO 芦 Poes铆a y Narrativa en andasy por encima del afecto (aunque muchas veces complementaria con ellos), la admiraci贸n es la comprensi贸n de que se puede franquear lo que el mundo tiene de mediocre, y encarnar la idea de trascendencia en una persona, en una obra, en un ideario, en un estilo. Ya hace tiempo que dej茅 de admirar a personajes hist贸ricos o referentes ideol贸gicos de los cuales s贸lo queda en pie, para mi punto de vista, su analizable costado humano, contradictorio y (obviamente) literario.

Fuera de lo art铆stico quiz谩s admire a un pu帽ado de seres que tambi茅n son artistas en lo suyo: algunos an贸nimos laburantes, a mi hija en lo l煤dico de su inocencia, a mi mujer por apuntalar consecuentemente a lo largo de estos a帽os a un tipo dif铆cil como yo.

Carlos C煤ccaro selecciona dos poemas de su autor铆a para acompa帽ar esta entrevista:

No estamos

solos.聽

 

 

Est谩

esa insidiosa luz

que

se cuela

entre

los dedos.

No estamos

ni olvidados

ni

ocultos.

 

Est谩

el ansia.

Esa incertidumbre

que acecha

como

una ara帽a

verde.

 

Y que

nos hace imaginar

que somos libres,

mientras

los ojos

se

nos secan.

*

Telekinesis

del

caos.

 

No hay puntos fijos

para

no caer.

Ni canciones nuevas.

 

Ni relojes.

 

Comprensi贸n

de la duda.

 

La belleza

y

el odio

son

una

misma

torre.

Ficha

Carlos C煤ccaro naci贸 el 8 de julio de 1968 en Azul, ciudad en la que reside, provincia de Buenos Aires, la Argentina. Fue Secretario General y luego Presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, filial Azul, entre 2002 y 2006. Ha sido premiado por la Direcci贸n de Cultura de la Municipalidad de Luj谩n de Cuyo, provincia de Mendoza, y por los municipios bonaerenses de las ciudades de Olavarr铆a, Las Flores, Azul, Ramallo y Tapalqu茅. Fue incluido en las antolog铆as 鈥淧oetas argentinos del interior鈥 (1994) y 鈥淧oes铆a hacia el nuevo milenio鈥 (2000). Adem谩s de la plaqueta 鈥淟os suburbios del fuego鈥 (1998), public贸 los poemarios 鈥淯ltrasenderos鈥 (1993), 鈥淟ibro de Babilonia鈥 (1996), 鈥淟os latidos oscuros del silencio鈥 (2001), 鈥淏lues鈥 (2007), 鈥淟uciflor o la sangre鈥 (2008), 鈥淭harsis鈥 (2011) y 鈥淟os 谩rboles del abismo鈥 (2015).

*Entrevista realizada a trav茅s del correo electr贸nico: en las ciudades de Azul y Buenos Aires, distantes entre s铆 unos 300 kil贸metros, Carlos C煤ccaro y Rolando Revagliatti.

 

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