Mar 22 2010
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Sociedad

Católicos: depravación, curas, matrimonio, Iglesia, papado

Gonzalo Tarrués.

El Titanic eclesial y su propio iceberg. En Alemania, donde un joven Ratzinger alguna vez usó uniforme, embistieron contra el papa: le exigen entone un mea culpa por los casos de violaciones infantiles; en el otro lado de la vereda gran escándalo porque un sacerdote casado oficia la misa: Jesús no fue sacerdote, afirma el inculpado.

Fue durante cinco años arzobispo de Münich, aseguró Hans Küng refiriéndose a Josef Ratzinger, y "La veracidad exige que el hombre que desde hace décadas es el responsable principal de la ocultación a nivel mundial –de los casos de pedofilia–, concretamente Josef Ratzinger, entone su propio ‘mea culpa’".  Y agregó, en un impòrtante periódico alemán:

"Ninguna persona en la Iglesia ha tenido sobre su mesa tantos casos de abusos como él". Küng –teólogo enfrentado por años al papado– también recordó que el Papa estuvo al tanto de los múltiples casos de  de esas prácticas cuando fue profesor de Teología en Ratisbona, donde su propio hermano Georg debió haberle informado sobre los abusos en el coro catedralicio infantil.

Además Küng no olvida que el actual Papa fue durante cinco años arzobispo de Münich, diócesis en la qu se han destapado muchos casos de pedofilia perpetrados por curas durante su mandato, y también por 24 años prefecto de la Congregación para la Defensa de la Doctrina de la Fe.

Victorino Pérez Prieto, sacerdote, casado y en Galicia

El obispado de Mondoñedo Ferrol selanzó con todo– y nada tolerante– contra el cura Victorino Pérez, al que amenaza con todo el peso del Derech Canónigo por celebrar misa estando casado.

Con un dejo a la ez meancólico y desafiante el sacerdote retruica: Siempre hemos dicho que la mayoría de nosotros, curas casados nos sentimos felizmente retornados al estado laical. Jesús de Nazareth no fue nunca un sacerdote, sino un laico. Él animó a sus discípulos a celebrar la fracción del pan y del vino en grupo, en comunidad. “Haced esto en memoria mía”. “Porque allá donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allá estoy yo en medio de ellos”. Y suma:

Es triste que los obispos gallegos salten ahora ante este caso concreto, cuando ellos saben que en Galicia, en España, en Latinoamérica y en muchos otros lugares del Mundo somos miles y miles los sacerdotes que estamos viviendo un tipo de Iglesia en comunidades fraternas, de iguales, sin ningún tipo de clericalismo.

Lo vivimos especialmente en las comunidades de base y en movimientos renovadores de Iglesia. Aunque haya una desobediencia a normas disciplinarias concretas (no a cuestiones de fe), hay una fidelidad a un servicio comunitario, a una eclesialidad abierta, servicial y evangélica y también a una comunión crítica con la Iglesia.

Llevamos muchos años viviendo así nuestra fe y queremos seguir viviéndolo, aunque a nuestros obispos no les guste. Más pronto que tarde, ellos y sobre todo el Papa, tendrán que comprender que la actual ley del celibato obligatorio para los clérigos es algo caduco y desfasado, que obedece más a una Iglesia de siglos pasados que a la del S. XXI.

Muchos obispos y cardenales lo han dicho en público y la mayoría lo reconoce en privado. Incluso Juan Pablo II llegó a reconocer a un grupo de periodistas que sabía que eso sería inevitable, pero que no quería que fuera durante su pontificado.

Los actuales escándalos de pederastia y pedofilia del clero en EEUU, Irlanda, Alemania, Holanda, Austria, Suiza… eso sí que debiera preocuparles… Hay algo que está pidiendo a gritos la opinión pública dentro y fuera de la Iglesia: que se modifique la ley del celibato y puedan coexistir en ella animadores de la comunidad cristiana célibes y casados, hombres o mujeres, heterosexuales u homosexuales, siempre que demuestren una madurez en la fe y un compromiso serio con la comunidad.

Se estima que al menos un 22 por ciento de los sacerdotes debidamente ordenados en la Iglesia Católica están casados.

Fuentes:
– www.moceop.net
– www.rebelion.org
 

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