May 3 2021
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Ciencia y TecnologíaEconomía

Centro versus periferia

Una de las mayores dificultades para articular una transición energética adecuada y eficaz reside en ciertas ideas preconcebidas de cómo debe ser esta transición. Esas ideas, adecuadas para aprovechar las características de los combustibles fósiles mientras éstos han sido abundantes, nos llevan ahora a intentar aprovechar la energía renovable de una manera que no solo no es la más eficaz, sino que es tan mala que puede ser hasta incompatible con una sociedad funcional.

Pero cuando se√Īalamos esta incompatiblidad, y antes de que se nos permita explicarnos mejor, habitualmente nos encontramos con un muro: un muro de incomprensi√≥n y un muro de oposici√≥n cerril, el cual desde√Īa nuestros argumentos porque los toma como un ataque a la √ļnica salida al grave problema de sostenibilidad actual, sin darse cuenta de que en realidad hay muchas m√°s salidas.

Tal es la cerraz√≥n que, cuando se les muestra la imposibilidad l√≥gica de ¬ęsu¬Ľ soluci√≥n, creen que lo que estamos diciendo es que ¬ęestamos perdidos¬Ľ o que queremos ¬ęcondenar a la Humanidad a volver a las cavernas¬Ľ – sin ir m√°s lejos, estos dos comentarios me los han dicho en la √ļltima semana. Me sorprende encontrarme con gente que de nada me conoce que cree que me gusta ser catastrofista o que piensa que digo que no podremos tener ni luz ni agua corriente (dos ejemplos reales tambi√©n recientes).La realidad no puede ser m√°s lejana. No es que no haya soluci√≥n. Al contrario, s√≠ que hay soluciones alternativas, m√°s de una. Pero son soluciones muy diferentes a las que ellos sue√Īan, aunque no peores. De hecho, en realidad son mejores, empezando por el simple hecho de que son posibles.

Comencemos por el principio. Entendamos cuál es el paradigma actual, y hasta qué punto es prisionero de la mentalidad de los combustibles fósiles.

Los combustibles f√≥siles tienen una caracter√≠stica que los hace muy interesantes: tienen una gran densidad energ√©tica. Contienen mucha energ√≠a concentrada en un volumen peque√Īo. Eso favorece que se pueda transportar la energ√≠a extra√≠da en un punto para consumirla en otro punto, aunque sea muy lejano, y con un gran aprovechamiento. En el caso concreto del petr√≥leo, se a√Īade otra gran ventaja: es un l√≠quido, como tambi√©n son los combustibles que de √©l se derivan.

Eso hace muy f√°cil su manipulaci√≥n: para trasvasar grandes cantidades de energ√≠a de un recipiente a otro simplemente se deja fluir y en cuesti√≥n de pocos minutos el dep√≥sito se ha llenado de una cantidad inaudita de kilovatios¬∑hora. Adem√°s, al ser l√≠quido es m√°s f√°cil de hacerlo reaccionar qu√≠micamente para sacar un alto rendimiento. El carb√≥n tiene una manipulaci√≥n un poco m√°s dif√≠cil, pero tambi√©n se puede transferir grandes cantidades de energ√≠a gracias a √©l. Y el gas natural es el m√°s dif√≠cil de manipular de los tres, pero a√ļn con √©l tenemos un incre√≠ble saldo energ√©tico en las operaciones de transferencia.

Dadas las características de los combustibles fósiles, y particularmente del petróleo, se ha podido llevar la lógica de las economías de escala hasta prácticamente su límite físico. El principio de la economía de escala es aumentar el volumen de producción de un objeto hasta el máximo rendimiento económico. Cuando ponemos una fábrica, debemos hacer una gran inversión para crear el edificio, comprar la maquinaria, tener las infraestructuras necesarias, etc, y esa inversión es prácticamente la misma hasta un cierto volumen de producción.

Por tanto, es mejor producir ese máximo volumen que cualquier cantidad inferior, porque así el coste por unidad producida será menor. Incluso, una vez hecha la inversión inicial, aumentar la producción partiendo de la fábrica inicial suele comportar un incremento de costes menor que poner una nueva fábrica en otro sitio, porque ciertas infraestructuras (carreteras, líneas eléctricas, etc) no necesitan ser ampliadas porque pueden aumentar su capacidad. Así que la lógica de la economía de escala se basa en aumentar la producción de una fábrica hasta su máximo rentable.

La gran cantidad de energía concentrada en los combustibles fósiles, y su gran abundancia, ha favorecido que se creen grandes centros de producción, que en algunos casos abastecen el mercado global. Concentrar más y más la producción en pocos lugares ha seguido siendo beneficioso, hasta que en algunos productos se abastece el mundo con una o unas pocas fábricas. La lógica de la hipercentralización de la producción ha sido una consecuencia del petróleo abundante y barato, en suma.

Por contraste, la producci√≥n de energ√≠a renovable es por definici√≥n muy distribuida y de peque√Īa densidad energ√©tica. Adem√°s, es dif√≠cil de manipular y transportar¬† a grandes distancias. El viento sopla aqu√≠, y las zonas m√°s insoladas est√°n all√°, y tomar esa energ√≠a y llevarlo para otro lado no es nada simple. Se pueden crear sistemas de aprovechamiento renovable que tomen esas fuentes de energ√≠a renovable y las conviertan en electricidad.

En el proceso, se aprovecha solamente entre el 15% y el 20% de la energ√≠a renovable disponible; y luego el transporte comporta p√©rdidas adicionales, m√°s el hecho de que la disponibilidad de la red el√©ctrica hace que no siempre se pueda aprovechar la energ√≠a producida o producible. Se puede intentar soslayar ese problema convirtiendo la electricidad en hidr√≥geno, pero entonces se tienen que a√Īadir otro 30-50% de p√©rdidas adicionales en la producci√≥n del hidr√≥geno, y encima, si se intenta utilizar en un motor, habr√° de nuevo un recorte del 50% de la energ√≠a, de modo que al final se habr√° aprovechado solamente un 4% o menos del flujo renovable inicial.

La alternativa es usar bater√≠as u otros sistemas como el bombeo inverso, con p√©rdidas mucho m√°s peque√Īas (del orden del 10-15%) pero con un alto coste econ√≥mico y energ√©tico en materiales escasos o en limitaciones de localizaci√≥n, con lo que encima tampoco se puede garantizar que estar√°n disponibles a gran escala.

La pregunta es: ¬Ņy no se puede aprovechar esa energ√≠a renovable de una manera mejor? Y la respuesta es que s√≠.

Ya comentamos al hablar de la entropía que siempre que se produce una transformación de un tipo de energía a otro tipo de energía, en virtud del Segundo Principio de la Termodinámica, se tiene que pagar un peaje energético, es decir, se va a perder parte de la energía en el proceso. Esa pérdida energética es de tanto mayor que más diferentes sean los tipos de energía inicial y final. Por ejemplo, la transformación del impulso mecánico del viento o del río en electricidad implica pérdidas de hasta el 75% de la energía que incide en la turbina o aerogenerador.

Sin embargo, si esa energ√≠a mec√°nica lineal del flujo de agua o aire se convierte en energ√≠a mec√°nica de rotaci√≥n para accionar los engranajes de una f√°brica, las p√©rdidas son mucho menores, del 20% o incluso m√°s bajas. Quiz√° esto les suene un poco a ciencia ficci√≥n, pero lo cierto es que las primeras villas industriales a principios del siglo XX usaban esos procedimientos para mantener en marcha la maquinaria; yo siempre comento el caso de las fundiciones de la villa de Olot, ciudad perdida en la monta√Īa de Gerona y que no ten√≠a precisamente buenas comunicaciones terrestres con el resto del pa√≠s, y que sin embargo ten√≠a una gran capacidad industrial precisamente por ese tipo de aprovechamiento mec√°nico de la energ√≠a hidr√°ulica de los abundantes saltos de agua de la zona.

Lo cierto es que existen tecnolog√≠as apropiadas que requieren materiales y procesos constructivos mucho m√°s sencillos que las renovables el√©ctricas, que son mucho m√°s f√°ciles de instalar y mantener, y que son entre 2 y 3 veces m√°s eficientes que producir electricidad. Con la ventaja a√Īadida de que la energ√≠a se puede aprovechar de manera m√°s final, adem√°s.

Yendo al caso de Espa√Īa, las posibilidades son infinitas. En las zonas con mayor insolaci√≥n, como Andaluc√≠a, Extremadura o el sur de Castilla- La Mancha, la energ√≠a solar se puede concentrar para cocer ladrillos y, m√°s concentrada a√ļn, para fundiciones metal√ļrgicas. En el norte de Espa√Īa, la proliferaci√≥n de saltos de agua proporciona una potencia mec√°nica que permite la instalaci√≥n de muchas industrias donde se requiera; y de manera similar las regiones con viento intenso. En cuanto a las praderas que ocupan las mesetas, pastizales y paja proporcionar√≠an una fuente inmensa de compuestos para la s√≠ntesis de qu√≠mica org√°nica, y¬† semejantemente los bosques.

¬ŅCu√°l es el inconveniente de esta aproximaci√≥n? Que la producci√≥n se vuelve distribuida. Pero eso es l√≥gico: es que se est√° intentando aprovechar una energ√≠a, la renovable, que ya es de suyo distribuida, que se encuentra repartida por todo el territorio, y no precisamente en los actuales centros de consumo. Con estos modelos no el√©ctricos de aprovechamiento renovable, que tienen una eficiencia mucho m√°s alta que la de las renovables el√©ctricas, en vez de tener grandes f√°bricas en pocos sitios, la econom√≠a de escala asociada a una energ√≠a muy distribuida har√≠a proliferar muchas peque√Īas f√°bricas, con mucho menor impacto y presi√≥n ambiental sobre su entorno, asegurando adem√°s la riqueza y el empleo local. La introducci√≥n de la renovable no el√©ctrica es por tanto m√°s vertebradora y redistributiva.

¬ŅPor qu√© hay, entonces, esta obsesi√≥n con electricidad? Porque no se ha abandonado el paradigma fosilista, y se sigue queriendo llevar la energ√≠a desde los lugares de generaci√≥n energ√©tica a los actuales centros de producci√≥n industrial. Por este motivo, el debate sobre la transici√≥n renovable est√° viciosamente y err√≥neamente centrado en la producci√≥n de electricidad, de modo que hemos llegado a un punto en el que la gente cree que las renovables son para producir electricidad, y que el actual discurso pol√≠tico pretende alcanzar la descarbonizaci√≥n con un 100% el√©ctrico renovable.

Poco importa a ese discurso que la electricidad sea solo el 20% del total de energía final consumida, que lleve décadas así sin que se vea como aumentar ese porcentaje, y que se sepa que hay una parte que no puede ser electrificado. Y poco importa, como hemos visto, que el aprovechamiento eléctrico sea altamente ineficiente en la transformación energética.

La centralizaci√≥n de la producci√≥n industrial durante los dos √ļltimos siglos ha llevado a una centralizaci√≥n del poder pol√≠tico, y se usa ese centralismo para intentar forzar que la transici√≥n renovable tambi√©n sea centralista. Pero a la Naturaleza no se la puede contradecir, y si la energ√≠a renovable es distribuida, no ser√° posible centralizarla. Encabezonarse en hacer algo imposible no lograr√° hacerlo, pero s√≠ que nos puede hacer colapsar como sociedad.

La fijación de la agenda en la renovable eléctrica y el completo ninguneo de las alternativas renovables no eléctricas (hasta el punto de que son un no tema, y que hasta las organizaciones ecologistas adoptan la agenda eléctrica renovable) es una manera de mantener el centralismo imposible en la época del descenso energético. Por eso, no nos equivoquemos: la renovable eléctrica busca apuntalar los centros de consumo/producción frente a la periferia de generación energética. Es un modelo de expolio del territorio, es un modelo colonial intramuros y extramuros.

La transición renovable, la verdadera, la posible, debe basarse en el aprovechamiento local y eficiente de la energía renovable. Un aprovechamiento que hará renacer al territorio. Renacer del territorio que debe ser a costa del abandono del centralismo metropolitano. Ceterum censeo Metropolem esse delendam.

* Cient√≠fico y divulgador licenciado en F√≠sica y Matem√°ticas y doctor en F√≠sica Te√≥rica por la Universidad Aut√≥noma de Madrid. Trabaja como Investigador Cient√≠fico en el Institut de Ci√®ncies del Mar del CSIC.‚Äč Editor de The Oil Crash

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