May 18 2017
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Política

Chelsea Manning, libre: sus filtraciones cambiaron el periodismo para siempre

La soldado transgénero Chelsea Manning salió en libertad este miércoles tras siete años de permanecer en una prisión militar por haber realizado una de las mayores filtraciones de documentos clasificados en la historia de Estados Unidos. Condenada a 35 años de prisión, obtuvo un indulto del presidente Barack Obama firmado poco antes de terminar su mandato. Manning robó y filtró al portal Wikileaks unos 700 mil documentos confidenciales, militares y diplomáticos.

La militar fue condenada en 2013 por violaciones a la ley de espionaje, robo y fraude informático al robar 700 mil documentos confidenciales militares y diplomáticos que entregó a Wikileaks. Se le absolvió del cargo más grave que era el de ayudar al enemigo. Obama le conmutó la pena que, sin embargo, sigue vigente.

Manning, de 29 años, abandonó el Barracón Disciplinario de Fort Leavenworth, en Kansas, a las dos de la tarde (hora local), informó el ejército. En prisión, Manning, quien en el momento de las filtraciones tenía 22 años y se llamaba Bradley, reveló su identidad de mujer transgénero y se le permitió comenzar ahí un tratamiento de hormonas para iniciar su transición. También tuvo dos intentos de suicidio el año pasado.

La ex oficial dijo que quería evidenciar lo que, a su juicio, era la indiferencia de las fuerzas estadunidenses ante las consecuencias de la guerra para los civiles. Señaló que no pensaba que la información filtrada perjudicaría a Estados Unidos.

El indulto de Obama provocó fuertes críticas en el Congreso y otros ámbitos.Donald Trump criticó la ingratitud de Manning y este miércoles afirmó que nunca debió salir de prisión. Paul Ryan, vocero de la mayoría republicana, tachó de escandaloso el perdón otorgado a la militar.

“Por primera vez, veo que tengo futuro como Chelsea, declaró. Imagino cómo puedo sobrevivir en el mundo exterior como la persona que soy y que puedo llegar a ser”, señaló, al salir. Su página de Twitter aún tiene su rostro de varón como foto de perfil. Las primeras imágenes que publicó en la red social tras su liberación muestran sus pies, en zapatos tenis y pantalones negros, así como su mano sosteniendo una rebanada de pizza, en lo que ella llama sus primeros pasos en libertad.

El ejército dijo que Manning continuará en servicio activo con un estatus especial sin sueldo que le dará derecho a la atención médica y a comprar en las tiendas con descuento para militares.
En entrevista para la cadena ABC Manning criticó las políticas en materia de salubridad pública de Trump, pero dijo confiar en que esta pesadilla terminará pronto.

La autora de una de las filtraciones más importantes de todos los tiempos ha sido puesta en libertad este miércoles. “A medida que reconstruyo mi vida, me recuerdo a mi misma no revivir el pasado. El pasado siempre me afectará y lo mantendré en mente mientras recuerde cómo influyó es solo mi punto de partida, no mi destino final”, confesó a su salida de prisión.
Así  cambió el periodismo para siempre
Carlos del Castillo, en Público.es, pregunta si tiene derecho cualquier ciudadano a dar a conocer una injusticia, violaciones de los derechos humanos, o crímenes contra el medio ambiente. ¿Incluso aunque esa información esté calificada como secreto de Estado, o secreto comercial? ¿Y qué ocurre si la que informa no tiene un carné de periodista? ¿Tiene derecho esa ciudadana a publicar información y que, gracias a Internet, llegue sin ningún tipo de filtro a cualquier pantalla del mundo?

Señala que la persona que abrió ese debate a nivel mundial fue Chelsea (Bradley, oficialmente) Manning.

“Este es uno de los documentos más significativos de nuestro tiempo para eliminar la confusión sobre la guerra y revelar la verdadera naturaleza asimétrica de los conflictos del siglo XXI. Que tengáis un buen día”. Esa era la sencilla introducción, escrita en un documento .txt adjunto, con la que Manning envió 500.000 archivos sobre las guerras de Irak y Afganistán a Wikileaks en 2010. Entonces analista de Inteligencia en Irak, la sacó de la base en el país comprimida en un CD titulado “Lady Gaga”.

Lo que esa información reveló sobre las operaciones del Ejército de los Estados Unidos incluía crímenes de guerra, atentados contra los derechos humanos o “asesinatos colaterales”, como Wikileaks denominó a la muerte de dos periodistas de la agencia Reuters cuyas cámaras fueron confundidas con AK-47 por un helicóptero de combate. El vídeo que mostraba el fuego indiscriminado sobre Namir Noor-Eldeen, Saeed Chmagh y aquellos que los acompañaban, así como sobre una camioneta y un grupo de hombres y niños que intentó socorrerlos, se viralizó. A día de hoy tiene casi 16 millones de reproducciones en Youtube.

Manning abrió los ojos a los medios de comunicación: Internet permitía recibir filtraciones a gran escala y desde cualquier parte del mundo. “El vídeo fue una llamada de atención tremenda porque era muy brutal, muy visual. Pero fueron las filtraciones de los cables diplomáticos, y después los Irak y Afganistán logs, lo que abrió los ojos a los medios de comunicación: Internet permitía recibir filtraciones de forma diferente, a gran escala y desde cualquier parte del mundo”, explica Mar Cabra, jefa de Análisis de datos e Investigación en el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, en inglés).

Añade que su caso “nos ha puesto sobre aviso en la importancia de proteger a los filtradores”. El ICIJ ha conseguido mantener anónimos a los informantes de sus últimas revelaciones de impacto planetario, como los Papeles de Panamá. Pero esto no es fácil y, de no conseguirse, el resultado suele ser terrible.

Chelsea Manning, libre, editorial de La Jornada

Tras siete años de cárcel, la soldado estadunidense Chelsea Manning abandonó la prisión militar de Fort Leavenworth, Texas, cinco meses después de que, en uno de sus últimos actos como presidente, en enero pasado, Barack Obama le extendiera una conmutación de pena.

Manning, una mujer transgénero que sirvió como agente de inteligencia del ejército de Estados Unidos en Irak a principios de esta década con el nombre de Bradley Manning, fue capturada en julio de 2010 y acusada de entregar a Wikileaks más de 700 mil documentos militares y diplomáticos secretos. En ese año y en el curso del siguiente, tales documentos fueron dados a conocer a la opinión pública internacional por la organización fundada por Julian Assange, en colaboración con diversos medios periodísticos del mundo, entre ellos La Jornada, la cual recibió 2 mil 995 despachos diplomáticos enviados entre 1989 y 2010 por la embajada y los consulados estadunidenses en México al Departamento de Estado.

A raíz de esa filtración, la ex soldado fue detenido, sometido a torturas sicológicas y condenado a 35 años de cárcel. En la prisión, Manning tomó la decisión de asumir su identidad sexual y cambió su nombre de pila por Chelsea.

Assange, por su parte, nunca ha sido formalmente imputado por la justicia estadunidense; en cambio, le fue fabricada en Suecia una acusación por delitos sexuales debido a la cual fue perseguido y encarcelado en Gran Bretaña, y desde junio de 2012 permanece refugiado en la embajada de Ecuador en Londres, ante la amenaza de que el gobierno inglés lo extradite a Suecia y que este país, a su vez, lo entregue a Estados Unidos.

Es monumental el aporte de ambos, Manning y Assange –además del realizado posteriormente por el ex analista de la Agencia Central de Inteligencia (CIA por sus siglas en inglés) Edward Snowden, actualmente refugiado en Rusia– a la transparencia y a la democracia en el mundo. Los legajos digitales conocidos como Registros de Afganistán y Registros de Irak ( The Afganistan files e Irak War Logs) permitieron conocer múltiples crímenes de lesa humanidad y actos de corrupción perpetrados por los invasores estadunidenses en esos infortunados países; por su parte, los despachos del Departamento de Estado permitieron conocer, de una fuente documental directa, el grado de perversidad injerencista de la diplomacia estadunidense en numerosos países –el nuestro, entre ellos–, actitudes inescrupulosas e ilegales de diversos gobiernos y una gravísima sumisión a los dictados de Washington por las naciones que se presentan como libres y soberanas.

Una revelación colateral a las anteriores, por así decirlo, es el hecho de que gobiernos que se dicen respetuosos de lalibertad de expresión y del derecho a la información han perseguido y acosado con encarnizamiento –judicial, diplomático, propagandístico y digital– a Manning, Assange, Snowden y otros divulgadores de las inmundicias secretas del poder político y económico, en tanto que Ecuador, que dio asilo al segundo en su embajada en Londres, o Rusia, que dio refugio al tercero, son regularmente acusados por los medios occidentales de actuar en contra de la libre expresión, lo que demuestra la doble moral de Estados Unidos y sus aliados en mate-ria de libertad de información.

Paradojas aparte, cabe felicitarse por la liberación de la ex soldado estadunidense y hacer votos para que llegue a su fin la persecución en contra de los otros dos. En lugar de tratar como criminales a Chelsea Manning, Julian Assange y Edward Snowden, las llamadas democracias occidentales deberían agradecerles lo mucho que han colaborado para informar a las sociedades correspondientes y fortalecer en todo el mundo los principios de transparencia y rendición de cuentas.

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