Ene 10 2015
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Opini贸nPol铆tica

Chile: Calafateando el modelo

La debilidad en la conducci贸n del proceso de reformas que la Nueva Mayor铆a y Michelle Bachelet propusieron al pa铆s, se hace cada vez m谩s evidente. Una primera manifestaci贸n de notable inseguridad pol铆tica y de cobard铆a en la utilizaci贸n de su mayor铆a parlamentaria, se produjo con la reforma tributaria.

Sin ninguna necesidad, el gobierno cocin贸 el proyecto con la derecha y el empresariado e hizo importantes concesiones, incluyendo el blanqueo de capitales. De ese modo ratific贸 que continuar铆a aplicando la pol铆tica de los consensos que ha instalado un co-gobierno permanente entre la centro-izquierda y la derecha (incluidos empresariado, Iglesia y fuerzas armadas). El co-gobierno ha esterilizado todo intento serio de reformar el modelo instaurado -mediante terrorismo de Estado- por la dictadura.
La l铆nea aplicada en su segundo gobierno por la presidenta Bachelet confirma su apego al sistema heredado. M谩s all谩 de discursos para la galer铆a -que intentan salvar la imagen de los partidos de la coalici贸n-, esto significa compartir la administraci贸n del Estado y un reparto amistoso de los beneficios de la caja fiscal. Su m谩s reciente iniciativa -la reforma laboral-, tambi茅n se ubica en esa direcci贸n. Se orienta a transitar el sinuoso camino de negociaciones que est谩 recorriendo la reforma educacional. Ese trayecto de 鈥減urificaci贸n鈥 limar谩 las aristas que a煤n pudieran inquietar al empresariado. Admisi贸n elocuente de los verdaderos prop贸sitos de la reforma laboral fue la visita de los ministros de Hacienda y Trabajo al cardenal-arzobispo de Santiago para darle a conocer el proyecto y recibir su bendici贸n. El prelado ha sido tenaz cr铆tico de la reforma educacional, que se ha modificado seg煤n las exigencias de la Iglesia, importante operadora de la educaci贸n privada. Por otra parte, por primera vez en la historia de la clase trabajadora chilena la presidenta de la CUT y el presidente de la Asociaci贸n de Bancos han coincidido en la defensa de la reforma del C贸digo del Trabajo. El banquero Awad, a diferencia de dirigentes empresariales que utilizan la confrontaci贸n para precipitar el repliegue reformista, ha demostrado una visi贸n de largo alcance. Son innegables los beneficios que obtendr谩 el capitalismo con la modernizaci贸n del Estado y las relaciones laborales que plantea la Nueva Mayor铆a, cuyos partidos son hoy parte del sistema.
Mientras la derecha se debate en el pantano de la corrupci贸n puesta al desnudo por el caso Penta -que en los pr贸ximos d铆as deber铆a llevar a la c谩rcel a empresarios y pol铆ticos-, la Nueva Mayor铆a no atina a crear un m茅todo que le permita cumplir la misi贸n que le asignaba la historia. 驴Es que no puede o no quiere? Hay una incapacidad intr铆nseca en esos partidos para generar liderazgos reformadores. Sufren el rechazo de la mayor铆a ciudadana y un proceso de descomposici贸n por el abandono de principios y valores 茅ticos. Es el costo de su subordinaci贸n al sistema. Pero, 驴cu谩l era la misi贸n hist贸rica de la Nueva Mayor铆a? Sin duda, la modernizaci贸n democr谩tica del Estado mediante sucesivas reformas de profundidad y extensi贸n cada vez mayor. El eje de esa tarea es el cambio de la Constituci贸n mediante una Asamblea Constituyente. ch nueva mayoria y alianza
El deterioro de la Concertaci贸n abri贸 paso a la Nueva Mayor铆a que, en los hechos, formalizaba la incorporaci贸n al gobierno del Partido Comunista -hasta entonces solo acompa帽ante electoral para sortear escollos del binominal-, y de un par de partidos de bolsillo. La NM se dot贸 de un programa de reformas que consideraba 鈥渕aduras鈥. Esto quer铆a decir -en el sofisticado lenguaje pol铆tico chileno- que no suscitar铆an rechazo del sector ultraconservador del empresariado ni de las fuerzas armadas. Pero a煤n as铆, con un programa que alentaba entusiasmos alica铆dos, Bachelet fue elegida solo por una porci贸n ciudadana. Una abstenci贸n del 60% dio la espalda a la pol铆tica. Hasta ahora ese hecho sustancial no es reconocido por los dos bloques que administran el pa铆s. En vez de lanzarse a la reconquista del respaldo popular, poniendo al centro del debate el cambio democr谩tico de la Constituci贸n, la NM se enred贸 en transacciones y concili谩bulos con la derecha moribunda. Las reformas que eran necesarias se han hecho ahora muy urgentes. Pero no ser谩n posibles mientras en el camino permanezca el obst谩culo insalvable de la Constituci贸n pretoriana.
La NM tampoco demuestra voluntad o capacidad de hacer verdaderas reformas. Sus propuestas en lo tributario, educacional y laboral -para no hablar del reparto de cupos parlamentarios entre compadres en que ha parado la eliminaci贸n del binominal-, no llevan a democratizar el Estado. S贸lo son parches y remiendos. La misi贸n reformista de la NM ha cedido el paso a un objetivo inferior. Su tarea se reduce a calafatear las junturas del Estado que filtran agua. Como reformista consecuente, la NM habr铆a ganado un lugar honorable en la historia. Como calafatera no tiene otro destino que ser superada -y m谩s tarde olvidada- por una fuerza anticapitalista que conquiste con su ejemplo y 茅tica la conciencia y el coraz贸n del pueblo.

*Editorial de 鈥淧unto Final鈥, edici贸n N潞 821, 9 de enero, 2015

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