Ene 3 2006
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Opini贸n

CHILE. DEJAR ATR脕S EL MIEDO

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

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Palabras m谩s, palabras menos, eso fue lo que escuch贸 el general Pinochet cuando diciembre de 2005 agonizaba. Funcionarios del Registro Civil y de la Polic铆a de Investigaciones llegaron hasta su casa de La Dehesa, en la capital chilena, y lo ficharon. 芦Un agravio禄 irreparable, dijo su defensor, el abogado Pablo Rodr铆guez, otrora jefe del grupo terrorista de ultraderecha Patria y Libertad.

El supuesto agravio se reforz贸 cuando la Corte de Apelaciones, por 21 votos contra tres, lo desafor贸 nuevamente para que sea juzgado por malversaci贸n de caudales p煤blicos.

M谩s de alguien puede extra帽arse de que un simple fichaje se transforme en noticia. Lo normal, en un estado de Derecho, es que le ocurra a toda persona procesada por delitos. Pero el general Pinochet, ya sabemos, no es una persona cualquiera.

Una dictadura 鈥揷ualquiera sea su signo ideol贸gico鈥 utiliza el miedo como la herramienta clave de dominio. Miedo que va desde perder la vida hasta perder el empleo, pasando por campos de concentraci贸n y c谩maras de tortura. Terror a perder el derecho a vivir en la patria o a ser relegado 鈥揹entro de ella-鈥揳 gulags en sitios lejanos e inh贸spitos. Incluso hablamos del miedo a perder la tranquilidad cotidiana, ese estado que nos permite equilibrarnos en la cuerda floja de la aparente normalidad a煤n cuando se viva en dictadura. Y las voces se silencian, cunde la delaci贸n y se imponen autocensuras tan sutiles que ni los propios afectados reconocen lo que les est谩 prohibido.

La dictadura del general Pinochet 鈥揷omo todas鈥 us贸 grandes dosis de miedo como pol铆tica de Estado. La primera fue inyectada el 11 de septiembre de 1973 al tiempo que los aviones bombardeaban el Palacio de Gobierno. Imagen imborrable, casi tanto como el ataque a las Torres Gemelas.

Y si la dictadura usa el terror, la democracia y su estado de Derecho busca dar confianza a los ciudadanos. El paso de una a otra es lo que llamamos 芦transici贸n禄. A veces se da por terminada la transici贸n porque se cumplen requisitos democr谩ticos: ejercicio de la soberan铆a popular, separaci贸n de poderes, libertad de prensa, entre otros. Pero una transici贸n termina cuando un pueblo recupera plenamente el estado de confianza y de dignidad que ten铆a antes de la dictadura.

Porque los miedos se cuelan en los m谩s finos intersticios de la sique colectiva. En Chile, por ejemplo, tras 16 a帽os de transici贸n, ni los socialistas se atreven a usar la palabra pueblo. Se habla de la 芦gente禄. Se autocensura el t茅rmino justicia social. Se habla de equidad. S贸lo hace un a帽o se acept贸 que los torturados ten铆an calidad de v铆ctimas. Y los conflictos sociales se cubren con soluciones de consenso 鈥揺ntre el gobierno y la oposici贸n鈥 porque el disenso se sigue percibiendo como peligroso, como detonante de crisis pol铆tica y no como parte del debate normal entre los diversos componentes de una sociedad pluralista.

La transici贸n chilena, desde 1990, ha sido lenta y dif铆cil. Y las razones est谩n a la vista. El pacto que le dio inicio estuvo marcado por el miedo. Pinochet retuvo una cuota muy importante de poder por ocho a帽os m谩s. Como jefe del Ej茅rcito, se qued贸 con la llave del arsenal. Se instal贸, pistola en mano, en la invisible mesa de negociaci贸n pol铆tica. Era intocable. Y cuando dej贸 la jefatura castrense, pas贸 a ocupar un sill贸n vitalicio en el Senado (marzo de 1998). Mantuvo la coraza protectora, asegurando su impunidad. Hasta que la justicia de Espa帽a abri贸 el primer boquete en esa coraza y logr贸 su arresto en Londres.

Ese d铆a de octubre de 1998 鈥揷on Pinochet en los titulares de todos los diarios del mundo鈥 marc贸 el inicio real de la transici贸n chilena, del proceso de p茅rdida del miedo. En los m谩s de 500 d铆as que Espa帽a lo retuvo en Londres, le llovieron m谩s de 300 querellas en los tribunales chilenos. Y cuando el ex dictador regres贸 a Chile (marzo de 2000), fue desaforado y sometido a juicio por un crimen masivo de disidentes, conocido como 芦la caravana de la muerte禄.

Entonces ocurri贸 el brusco frenazo. La derecha y las Fuerzas Armadas se jugaron a fondo. En ese escenario, el juez Guzm谩n no se atrevi贸 a ficharlo. Y el inconfesado pacto pol铆tico fue simple: otorgarle impunidad por 芦demencia禄 a cambio de que abandonara el escenario. Renunci贸 al Senado y el Parlamento dict贸 una nueva ley para darle fuero como ex Presidente de la Rep煤blica. 脷nico requisito: quedarse callado, hacerse invisible. Pero el arrogante Pinochet no resisti贸 la tentaci贸n. Dio entrevistas, se pase贸 por las calles, presidi贸 comidas de homenaje y sigui贸 realizando h谩biles operaciones bancarias en m谩s de 150 cuentas secretas para aumentar su mal habida fortuna.

Una investigaci贸n del Senado de Estados Unidos devel贸 su corrupci贸n (julio de 2004) y de ah铆 en adelante la carga de los defensores de derechos humanos encontr贸 acogida en las cortes. Fue declarado l煤cido, sujeto apto para ser procesado. Vuelven a caer los fueros y avanzan los procesos por corrupci贸n, evasi贸n de impuestos y 鈥搇o m谩s importante鈥 cr铆menes de lesa humanidad.

La justicia a煤n no puede cantar victoria, pero el fichaje de Pinochet marca un punto clave de inflexi贸n en este lento proceso de p茅rdida del miedo en Chile. Porque no hay nada que atemorice m谩s a los pueblos 鈥 incluso m谩s que actos de terrorismo, aumento de 铆ndices de delincuencia o crisis econ贸mica鈥 que la impunidad de los m谩s poderosos.

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* Periodista y escritora.

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