Dic 20 2017
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Política

Chile: Después de la paliza… ¿Y ahora qué? / ¿De quién es la responsabilidad?

El triunfo de la derecha fue demoledor. No se trata solo de un triunfo político, también es un triunfo en lo cultural. La derrota de la centroizquierda fue aplastante. ¿Qué hacer?

Quienes tienen más de 60 años de edad recordarán la derrota sufrida por la izquierda –con Salvador Allende a la cabeza– en el año 1964: la derecha decidió no llevar candidato a la presidencia y apoyó al democristiano Eduardo Frei Montalva. Así le otorgó a Frei y a la DC un triunfo cuyo resultado superó el 56% de los votos válidamente emitidos. No fue la última vez que el “centro” y la derecha se unieron para impedir el triunfo de la izquierda de izquierda (para diferenciarla de la izquierda de derecha o “centroizquierda”). Años más tarde, en 1973, ambos sectores contribuyeron al golpe de Estado.

Hoy, en la segunda vuelta de la presidencial, el triunfo de la derecha fue demoledor. No sólo se trata de un triunfo político, también es un triunfo en lo cultural. La derrota de la “centroizquierda” fue aplastante. Para Bachelet y la “centroizquierda” entregarle el poder a Piñera deviene una costumbre.

De 1990 en adelante, con o sin alternancia, hemos asistido a una suerte de cogobierno. Desde hace 27 años la “centroizquierda” y la derecha han compartido el mismo modelo económico heredado de la dictadura. De ese modo se arriba a una forma de desarrollo socioeconómico mediocre, en la cual –desgraciadamente– las grandes ideologías y los sueños de profundos cambios políticos salen sobrando. Lo que prima en cualquier gobierno inserto en este horizonte es el interés de los poderosos, no las grandes utopías.

Una derecha pragmática, bárbara y fría, –con el concurso de una “centroizquierda” deslavada y obsecuente–, impuso en la sociedad objetivos que benefician sus propios intereses.

E hizo de quienes debían estar situados en la vereda de enfrente sus socios putativos. Putativos y dóciles. Individualismo y consumo han sido los pilares fundamentales del sistema que se apoya en una democracia de “Mall”, donde sólo existen consumidores, clientes y deudores.

Ya no hay, como décadas atrás, una visión de futuro, un sueño de país, de República integradora.

A estas alturas la derecha no tiene necesidad de inventar nada. No lo necesita. Culturalmente, la sociedad parece aceptar que el dominio de los poderosos surge de una Ley Natural inexistente. Tanto menos cuestionable que es Natural, e inexistente.

La izquierda de derecha, fraccionada, sin ideas sino las de la derecha, más preocupada de la repartija de sinecuras que del pueblo que dice representar, practicando el método “quítate de allí que yo me ponga”, lucha por la corona del ‘elegido’, del ‘iluminado’, de la Juana de Arco que movilizará a los millones de seguidores que alguna vez tuvo ese sector.

Esa izquierda de derecha, la mal llamada “centroizquierda”, es la derrotada. Nunca fue portadora de nada, de ningún proyecto fundador de una República democrática, justa, verdaderamente moderna, en la que la inmensa mayoría de la población pudiese reconocerse. La izquierda de derecha se contentó con administrar el espejismo del consumo a crédito, de la libertad de auto explotarse como “sub-contratista”, de pequeño empresario con ínfulas de potentado, de winner en la jungla de las oportunidades para todos.

Al final, no puede sorprender a nadie que los electores que aun votan prefieran el original de derecha a la mala copia “centroizquierdista” que a ratos, –solo a ratos–, impulsada por algún remordimiento de consciencia, evoca algún derecho secuestrado para restaurarlo disuelto en agua bendita.

Mientras tanto… ¿qué propone la izquierda de izquierda? ¿Qué puede oponerle a la derecha que pretende tener la exclusividad del “crecimiento”, del consumo y la felicidad en la Tierra?

La cuestión tiene pertinencia planetaria. Allí donde las fuerzas de la izquierda consecuente renacen, replantearse la economía es tarea prioritaria. Reciprocamente, allí donde se replantean la economía, renacen las fuerzas de izquierda.

La utopía de un mundo maravilloso centrado en el lucro, en la explotación del Hombre y la Naturaleza, es inviable. La dominación de los poderosos, asentada en la pauperización de los más, nos lleva al desastre. La concentración de la riqueza en manos de un puñado de privilegiados que se erige en modelo, es la receta para un mundo impracticable.

La dimensión ecológica de la izquierda de izquierda debe estar en el meollo de sus reflexiones: lo que está en juego es la supervivencia de la Humanidad. El crecimiento sin fin no es una utopía: es una condena.

Por ahí hay quien sugiere releer a Malthus, y en una de esas lleva razón. El mundo es finito. La aceleración del consumo y la desaparición de los recursos renovables nos acerca a una crisis en que la lucha de clases no tiene nada que ver. Se trata de la supervivencia de la vida en la Tierra.

Como suele suceder, quienes tocan el tema desde el punto de vista de la “ciencia ficción” asumen un papel de precursores. Los films Elysium o Interstellar nos hablan de un mundo agotado, en el que el riquerío se reserva el recurso de una prisión de lujo, o algunos científicos en plan Giro Sintornillos venden la pomada del viaje a otras estrellas.

Por lo pronto, avanzado el primer cuarto de siglo XXI, no logramos ni siquiera revertir el fenómeno de la creciente apropiación del trabajo de todos por parte de una oligarquía insaciable. Bernard Maris llegó incluso a sugerir que ese es un viaje sin regreso o, en otras palabras, una condena a muerte sin remisión de pena.

Nos acercamos, a pasos agigantados, al triunfo de los privilegiados que dominarán sin contrapeso en un mundo inviable.

Gradualmente, las elites remplazaron el sueño del paraíso en el cielo por la quimera de ser todos como Piñera: ignorantes, mediocres, deshonestos, inmorales, pero pillines y ricos.

La izquierda de izquierda tendría que partir por dejar claro que si el primer sueño tuvo como objeto mantener dócil la mano de obra para facilitar la acumulación primitiva, el segundo es una pesadilla de la cual no despertaremos.

*Publicado en Politika


¿De quién es la responsabilidad?

Luis Mesina| El triunfo de la derecha más conservadora es responsabilidad absoluta del actual gobierno. De aquellos que diseñaron e implementaron reformas regresivas para los trabajadores como la laboral, quizá la peor estocada para el mundo sindical desde el año 31 (pactos de adaptabilidad y servicios mínimos).
Podrán esgrimir que aumentaron la gratuidad para un sector importante de la población, lo que es cierto; que se logró por fin la ley de aborto tres causales; que se instaló el debate sobre la identidad de género y sobre sus legítimos derechos; pero, el poder, el verdadero poder, ese que permite controlar el Estado por parte de una clase social se ha mantenido intacto, fortalecido desde el punto de vista jurídico con la Reforma Laboral. Este triunfo del empresariado sobre los trabajadores y la sociedad, es responsabilidad absoluta del gobierno y de los partidos que forman parte de la coalición.

Desdeñaron la opinión de la mayoría de los sindicatos genuinos y solo contaron con el beneplácito de la CUT, quizá la organización más obsecuente de la que se tenga memoria en nuestra historia. Este triunfo de la derecha más radical es fruto del rol que jugaron en estos cuatro años ministros, subsecretarios y muchos congresistas defendiendo la filosofía monetarista del sistema económico, político y social, que no trepidaron en colocarse del lado empresarial cada vez que el movimiento social intentaba arrancar algún beneficio o restituir derechos esenciales. Hasta el último minuto las AFP (fondos de pensiones) contaron en el gobierno con sus grandes aliados. El gobierno y la Nueva Mayoría (NM) es el mayor responsable de que la derecha regrese al gobierno. Ministros como Eyzaguirre son los más grandes responsables del triunfo de la derecha al provocar a millones de chilenos que dicen “NO+AFP”. Eyzaguirre logró que muchos chilenos definitivamente no fueran a votar por Guillier, al igual que el asesor Rosales que defendieron las AFP y atacando los sistemas de reparto solidarios.

La gente común, el pueblo, los trabajadores ya no les creen y no creyeron en la descompuesta política del “mal menor”.

Eso se acabó y para siempre.

Por eso, no fueron a votar, porque no les creyeron una vez más, pero no significa que apoyen a Piñera.

Aquí perdió el candidato Guillier y toda su coalición. Que no tuvo programa para las mayorías, sino una oferta de medidas subsidiarias que en lo esencial mantienen intacto el modelo.

No faltarán quienes quieran sacar la conclusión simplista de que los chilenos son “derechistas”, porque votaron a Piñera. Falso. Los trabajadores chilenos, el pueblo lo ha demostrado. Está por los cambios. Más de un millón de votos obtenidos en el Plebiscito autoconvocado por NO+AFP y los millones que se han movilizado tras una causa que aún no ha sido resuelta y por tanto está plenamente vigente es prueba de ello. Eso, es expresión concreta de que los chilenos no quieren seguir como están. Ese es el camino que convoca al pueblo trabajador, sin ambigüedades, sin eufemismos, sin dependencia y con absoluta autonomía de los gobiernos de turno y, en especial con autonomía de los empresarios.

Este año termina con el triunfo de la derecha. Por cierto que es un desaliciente moral importante, en especial para quienes viven de su trabajo esperando tiempos mejores . La responsabilidad es única y exclusiva del gobierno, lo demás es cuento. La mayoría de los que forman parte de esta Coordinadora, jamás tuvimos confianza de que los cambios provendrían de estas coaliciones. Sabemos que no es lo mismo Piñera que Guillier, la lucha quizá será más dura; pero los trabajadores en materia de derechos sociales saben que no será fácil esta pelea. Los trabajadores no estamos para cambios evolutivos o lineales. En Seguridad Social se requieren cambios inmediatos y estructurales, pues los viejos no pueden seguir esperando.

Todo vuelve a lo de siempre. Esta batalla la ganaremos con más organización, más unidad, más movilización y más convicción.

Por ahora la lucha que más sentido les da a millones de chilenos, es la lucha por NO+AFP, así que a seguir organizándonos en las comunas, en los sindicatos junto a otros actores sociales como los estudiantes y los pobladores.

Hoy han derrotado al gobierno, a lo que queda de la Nueva Mayoría. Para el mundo del trabajo la tarea continúa.

*Dirigente sindical, vocero de la Coordinadora No más AFP
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