A la ilegitimidad de origen de las instituciones del Estado de Chile -que son el fruto de una Constituci贸n Pol铆tica que impuso la dictadura-, se a帽ade su corrupci贸n generalizada. Las Fuerzas Armadas y Carabineros, soportes armados del Estado, encabezan el listado de instituciones corruptas. Pero la fila es larga y abarca a organismos de gobierno, al Parlamento, los tribunales, las municipalidades, etc.

A pesar de su desprestigio la institucionalidad se mantiene en pie por ausencia de una alternativa popular que la desaf铆e y plantee los cambios democr谩ticos que Chile necesita. Sin embargo, construir esa alternativa demanda un esfuerzo -y correr riesgos- que la clase pol铆tica no est谩 dispuesta a asumir. Levantar desde la base social un movimiento por el cambio, no se aviene con partidos que hacen del Parlamento 鈥搚 lo medi谩tico- el principal escenario de su actividad. El sometimiento a la institucionalidad heredada y el haber hecho suyo el modelo de econom铆a de mercado, deriv贸 en la delicuescencia de partidos que ayer fueron de masas como representantes de las clases trabajadoras pero que hoy est谩n en v铆as de extinci贸n.

Los sectores opositores a la dictadura prometieron impulsar un proceso social y pol铆tico para convocar a una Asamblea Constituyente que pusiera un fin definitivo a aquel periodo. Pero ese compromiso qued贸 tirado en el camino con muchas otras promesas. Esa traici贸n impidi贸 cerrar el ciclo dictatorial. En definitiva, la obra de la dictadura se ha prolongado otros 30 a帽os con antifaz de democracia.

El pueblo, desinformado por los medios y cautivado por los vahos del consumismo, solo expresa su descontento y desenga帽o en forma pasiva y dispersa. La indiferencia pol铆tica y la abstenci贸n electoral son expresiones de esa protesta silenciosa. Pero la apat铆a ciudadana no amenaza la estabilidad del sistema. Por el contrario, ayuda a domesticar las conciencias y adormece el esp铆ritu de lucha del pueblo.

El despotismo no solo implant贸 la econom铆a de mercado. Tambi茅n taladr贸 los cimientos de una cultura popular que se apoyaba en la solidaridad social. Esa cultura fue reemplazada por una que se basa en la exaltaci贸n del individualismo y en la resignaci贸n de los rehenes del endeudamiento y de la precariedad del trabajo. Luchar por cambiar esta realidad demanda una revoluci贸n cultural. Una tarea de profundo significado social y pol铆tico. Es en el terreno de las ideas donde la Izquierda sufri贸 su peor derrota.

La dictadura realiz贸 una revoluci贸n, quiz谩s la m谩s profunda y regresiva de la historia nacional. Cambi贸 los ejes econ贸micos, pol铆ticos, sociales y culturales de la rep煤blica. En los hechos cre贸 un pa铆s diferente cuyo destino es alimentar 鈥揾asta el agotamiento- la econom铆a mundial con riquezas naturales y mano de obra barata. El derrotero hist贸rico de Chile que avanzaba a su plena soberan铆a e independencia fue clausurado en forma violenta en 1973. La industrializaci贸n y diversificaci贸n de exportaciones, la miner铆a nacionalizada, la reforma agraria, la banca estatizada, los salarios, pensiones y viviendas dignas, la salud y educaci贸n p煤blica, etc., fueron borrados de un plumazo. Chile pas贸 a manos de una oligarqu铆a plutocr谩tica que esquilma al pa铆s con la complicidad de distintos sectores pol铆ticos. Los 18 millones de chilenos estamos sometidos al gobierno de una minor铆a que impone la resignaci贸n de los derrotados.

Sin embargo, la mercantilizaci贸n de las relaciones sociales y la destrucci贸n de la solidaridad social, gener贸 la corrupci贸n de las instituciones. El neoliberalismo produce el delirio del enriquecimiento sin l铆mites. Todos quieren tener m谩s, sin importar c贸mo. Las personas valen por lo que tienen, no por lo que son. Paradigmas de esta 茅poca no son estadistas, cient铆ficos o fil贸sofos. Son personajes como Jeff Bezos, fundador de Amazon, cuya fortuna supera los 112 mil millones de d贸lares. La pol铆tica capitalista de destripar el planeta en que vivimos, produce el c谩ncer de la corrupci贸n que hace estragos en Am茅rica Latina.

Lo que no estaba previsto por los actores de este periodo es que las instituciones traen en su seno la semilla de la descomposici贸n moral que caracteriz贸 a sus autores. Caso relevante es el ej茅rcito de Chile cuya corrupci贸n sorprender铆a si no conoci茅ramos la escuela del latrocinio de Pinochet (1).

Con una institucionalidad agusanada por la corrupci贸n 鈥損ero que no se desplomar谩 por si sola-, es urgente iniciar la recomposici贸n de fuerzas del campo popular. Los movimientos sociales corren el riesgo de agotar sus movilizaciones si no se orientan a crear el instrumento pol铆tico que permita alcanzar el poder. Hay que trabajar en la base social un programa m铆nimo que recoja las demandas m谩s importantes de trabajadores, pensionados, mujeres, estudiantes, pueblo mapuche, defensores del medio ambiente, etc. El combate a la droga 鈥搎ue en Chile se ha convertido en un flagelo social vinculado a la corrupci贸n de polic铆as y tribunales- deber铆a ocupar un lugar destacado en el programa unificador.

En esa tarea tenemos enorme retraso.

La institucionalidad est谩 resquebrajada. Es el tiempo de la alternativa popular. Su ausencia deja el campo libre a la aventura y a la demagogia.

Nota

(1) Los tribunales han comprobado 鈥揾asta ahora- que Pinochet amas贸 en forma il铆cita una fortuna de 18 millones de d贸lares.