Jul 23 2020
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Política

Chile: El miedo al pueblo

Es tema de todas las democracias del mundo el desapego existente entre las decisiones que adoptan las clases políticas y las reales aspiraciones del pueblo. Cada vez más se ha consolidado el voluntarismo de los gobiernos,  parlamentos y partidos políticos a la hora de legislar sobre asuntos que obviamente tendrán consecuencias en la vida de sus naciones. Son muy pocos los regímenes que gobiernan consultando a los ciudadanos, al menos en aquellos tópicos más trascendentales.

Los plebiscitos y consultas populares m√°s bien incomodan a los llamados ‚Äúrepresentantes del pueblo‚ÄĚ y cualquiera que busque interpretar el sentimiento ciudadano habitualmente es motejado de populista a fin de desbaratar aquellas que pudieran afectar los intereses que defienden las clases dirigentes. Esto explica que m√°s de un 52 por ciento de los ciudadanos muestren insatisfacci√≥n con sus democracias, seg√ļn una encuesta realizada en 34 pa√≠ses. Un sondeo que tambi√©n consigna que al menos seis de cada diez ciudadanos piensan que ‚Äúlos pol√≠ticos simplemente no se preocupan de lo que piensan sus ciudadanos‚ÄĚ.

El caso de Chile es, en este sentido, muy extremo. En toda nuestra historia pol√≠tica jam√°s alguna de sus constituciones ha sido definida por el pueblo o siquiera refrendada por el sufragio universal. Para colmo, desde 1980 nos rige una Carta Fundamental dise√Īada por un dictador y que, en su √©poca, fue ampliamente denunciada como ileg√≠tima, antidemocr√°tica y autoritaria.

Lo curioso es que en m√°s de 30 a√Īos de pospinochetismo los diversos gobiernos y parlamentos apenas le hicieron algunos retoques a su contenido, y cada uno de los pol√≠ticos que ha llegado a La Moneda o al Parlamento ha jurado respetarla irrestrictamente. Renunciando o postergando, en la pr√°ctica, las m√°s importantes demandas de la poblaci√≥n.

Tal es lo ocurrido con la reforma previsional que reci√©n ahora encontr√≥ qu√≥rum en el Poder Legislativo para disponer que los millones de trabajadores cotizantes puedan retirar el 10 por ciento de sus ahorros para enfrentar la tragedia del desempleo, el hambre y todos los trastornos sociales provocados o evidenciados por la pandemia del Coronavirus. Una iniciativa que se explica en los magros recursos dispuestos por el gobierno de Sebasti√°n Pi√Īera para encarar la emergencia sanitaria, pese a las ingentes reservas monetarias de nuestro pa√≠s como hemos repetido insistentemente. Y de lo cual se hac√≠a gala.

Tan grave es la crisis social y el descontento, que m√°s de un 80 por ciento de los chilenos ha apoyado la idea de disponer de sus propios fondos de pensiones, a sabiendas que la merma de sus ahorros previsionales les va a disminuir sus ya escu√°lidas pensiones al momento de jubilarse.

Una soluci√≥n a todas luces escandalosa porque le arrebata a los trabajadores los recursos que debiera disponer el Estado, o, mejor a√ļn, podr√≠a expropi√°rseles a las onerosas utilidades de las AFP, las empresas que especulan con la administraci√≥n de los ahorros previsionales. Todos sabemos que esta reforma constitucional ha alcanzado mayor√≠a gracias a algunos votos de legisladores de la derecha temerosos del desastre electoral que podr√≠a ocasionarles negarse a una demanda tan mayoritaria de la poblaci√≥n.

Sin embargo, opera a favor de que esta iniciativa prospere la advertencia de sindicatos y movimientos sociales de toda índole en cuanto a que están dispuestos a reeditar con más fuerza que antes la explosión social de octubre y noviembre pasado, la que llevó al borde del precipicio a la institucionalidad vigente como a sus mandamases. Los que finalmente se salvaron, qué duda cabe, gracias justamente a la irrupción de la pandemia.

Un virus que, adem√°s de sus horrores, explica que por seis meses el pa√≠s, sus ciudades y pueblos hayan sido puestos bajo control militar y sus habitantes constre√Īidos, otra vez, por la violaci√≥n sistem√°tica de sus derechos humanos. Incluso con la realidad de la tortura y el encarcelamiento de miles de chilenos, seg√ļn lo denunciado internacionalmente.

Justo es reconocer que la llamada oposición política poco o nada hizo en sus respectivos gobiernos de la Concertación y de la Nueva Mayoría para encarar la ya antigua demanda de reemplazar el sistema previsional. Renuencia que se explica en el encantamiento que les produjo el sistema neoliberal y la corrupción que en tres décadas se hizo transversal a toda la política. En los aportes que las mismas AFP, bancos y otras grandes empresas les han hecho a las contiendas electorales, como sobornando directamente a muchos políticos, ya sea incorporándolos a sus planillas de pago o a los propios directorios de sus sociedades anónimas.

Con lo anterior, lo que se constata actualmente es el miedo al pueblo: es lo que explica este primer remez√≥n al sistema previsional y que tambi√©n auspicia la posibilidad de que otras transformaciones puedan imponerse en los pr√≥ximos meses para evitar, como se reconoce p√ļblicamente, el alzamiento popular y la demolici√≥n del ‚Äúorden establecido‚ÄĚ. En materia de salud, por ejemplo, donde las inequidades tambi√©n son tan flagrantes.

De hecho, no son pocos los pol√≠ticos de derecha que ya apoyan la realizaci√≥n del plebiscito a sabiendas que, s√≠ o s√≠, esta consulta de octubre pr√≥ximo va a derogar la Constituci√≥n. Pero ello, insistimos, no significa que de pronto los pol√≠ticos chilenos se est√©n fidelizando con los objetivos ‚Äúdel gobierno del pueblo y por el pueblo‚ÄĚ; es solo el pavor a que la voluntad soberana de la naci√≥n pueda imponerse al voluntarismo de quienes se sienten iluminados y designados para imponer al pa√≠s lo que les place. Asegurando, con desparpajo, que lo que le conviene al pa√≠s es lo que le interesa a los grandes empresarios e inversionistas extranjeros.

Queda claro que la tolerancia es un bien democr√°tico que tiene muy pocos adeptos en nuestros febles reg√≠menes republicanos. Ya sea por la herencia de lo que constituy√≥ entonces el ‚Äúverticalismo revolucionario‚Ä̬† o, tambi√©n, por los resabios del autoritarismo y¬† el resurgimiento de las consabidas frondas tutelares. Malas pr√°cticas que han hecho crisis en todo el espectro pol√≠tico y ahora provocan la rebeli√≥n de las bases partidarias y las consecuentes ‚Äúcazas de brujas‚ÄĚ al interior de los partidos y otras agrupaciones en Chile.

Cuando una reciente encuesta hecha a simpatizantes de derecha nos indica que m√°s de la mitad de estas bases es partidaria de ponerle t√©rmino a la Constituci√≥n actual; un 53 por ciento le atribuye al descontento social la crisis y la violencia pol√≠tica y, por supuesto, m√°s del 65 por ciento es partidario de aprobar la reforma al sistema de pensiones. Negocio tan celosamente resguardado por el gobierno de Pi√Īera y las c√ļpulas de la alianza oficialista en el poder; as√≠ sea que tenga actualmente apenas un 22 por ciento de adhesi√≥n ciudadana y a√ļn pretenda completar todo su per√≠odo presidencial.

Lo que en una democracia seria, sería imposible.

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