Oct 29 2007
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Pol铆tica

Chile: – EL PARTIDO BACHELETISTA-ALIANCISTA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

En la medida que el agua que amenaza hundir el buque gubernamental de la Concertaci贸n comienza a sobrepasar la l铆nea de no retorno, es decir la l铆nea de flotaci贸n, se van evidenciando, cada vez con mayor frecuencia, situaciones aparentemente irracionales que bien podr铆an abrir un nuevo cap铆tulo de los Incre铆bles de Ripley.

Una muestra m谩s de esta paradoja han sido las alabanzas cantadas a la mandataria socialista por lo m谩s granado del poderoso clan de empresarios que manejan la econom铆a del pa铆s en la comida que la Sociedad de Fomento Fabril (SOFOFA) organiza cada a帽o.

En ella Bruno Phillipi, presidente de ese organismo patronal, Alfredo Ovalle, mandam谩s de la Confederaci贸n de la Producci贸n y el Comercio, y Pedro Corona, presidente de la C谩mara Nacional del Comercio, m谩s otros especimenes integrantes tambi茅n de la plutocracia criolla, no escatimaron elogios a la conducci贸n de la econom铆a neoliberal de la presidenta concertacionista remarcando de manera repetida que 鈥渘o existen diferencias ni aspereza con el gobierno鈥

El entrem茅s de lo absurdo o la guinda de la torta.

Parec铆a ser que con esto ya nada faltaba en esta opereta tragic贸mica en la que se ha convertido el pa铆s, pero he aqu铆 que surge la semana pasada un capitulo agregado a este sainete del fin del mundo, un 鈥減lus鈥 como se dice ahora, que, de no mediar una oscura intenci贸n que comienza delinearse tras bambalinas, habr铆a sido considerado como el mejor chiste de este circo cuya funci贸n no parece tener visos de terminar.

La creaci贸n del PAB, Partido Aliancista Bacheletista, o mejor a煤n el PABOE, Partido Aliancista Bacheletista Obrero-Empresarial, surgi贸 hace unos d铆as atr谩s como otra panacea posible de aplicar en este para铆so vigilado con sonrisa satisfecha por un selecto grupo de grandes capitalistas.

Entre los gestores del mamotreto, adem谩s de Lav铆n y Longueira, se incluye como cabeza visible por el lado de la Concertaci贸n al simpl贸n y majadero ministro Lagos Weber, convertido estos 煤ltimos d铆as en un pat茅tico defensor de Lavin, lo que se exhibe como la demostraci贸n m谩s palpable que podemos ser todos buenos hermanos cuando estamos a punto de acceder a ese mundo feliz que el neoliberalismo globaliza para todos los habitantes del planeta.

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El asunto del nuevo contubernio en los primeros momentos son贸 extra帽铆simo. Ya lo dec铆amos en el encabezamiento: se pens贸 que era s贸lo un exabrupto del buf贸n que hab铆a vuelto el trasero hacia el p煤blico soltando un sonoro pedo como su mejor gracia. Sin embargo, la preparaci贸n de esta salida de madre de apariencia ins贸lita, se ven铆a gestando desde mucho antes.

Le precedi贸 la invitaci贸n extendida por la presidenta a Joaqu铆n Lav铆n para que se incorporara al as铆 llamado Consejo Asesor Presidencial para el Trabajo y la Equidad, un comit茅 creado por el gobierno y que integran 48 representantes de 鈥渓as distintas entidades del quehacer nacional, tanto de la esfera pol铆tica, como la empresarial, sindical, religiosa y acad茅mica鈥, seg煤n se lee en la pagina virtual del consejo.

El objetivo de esta ensalada rusa, donde cohabitar谩n hasta marzo de 2008 personajes de dudosa representatividad de los sectores ah铆 mencionados, que no fueron elegidos para tal efecto por los estamentos que se suponen van a representar, sino por el dedo esmaltado de la presidenta, es desembocar en 鈥渦n pacto social por el desarrollo鈥 que nos va a catapultar, seg煤n las esperanzas oficiales del gobierno, a ser un pa铆s desarrollado a corto plazo, no al nivel de las grandes potencias europeas due帽as, junto a Estados Unidos, de las riquezas del mundo, sino que, modestamente, 鈥渁l nivel de Portugal鈥, como se dijo hace poco.

Es decir, a un pa铆s que se sigue moviendo muy cerca del abismo al que no cae apuntalado por la Uni贸n Europea y su poder铆o econ贸mico.

El sue帽o empresarial del Pacto de la Moncloa.

La explicaci贸n del ins贸lito cuadro creado con la declaraci贸n de amor bacheletista de Joaqu铆n Lav铆n que 鈥揳unque por ahora lo niegue rotundamente鈥 ser谩 otra vez el oponente de Pi帽era en una primera vuelta presidencial el 2009 en las filas de la Alianza, se debe buscar en la idea confabulada entre la derecha y la Concertaci贸n de imponer en Chile un 鈥減acto social鈥 al estilo europeo, como el ensayado en Espa帽a con el nombre de Pacto de la Moncloa y los intentos similares habidos en Irlanda y Finlandia.

La situaci贸n de los dos 煤ltimos pa铆ses mencionados, Irlanda sacudida por un conflicto ancestral con fuerte ingerencia inglesa, y Finlandia que ven铆a saliendo de una realidad muy sui generis, ser la vecina no comunista de la otrora poderosa Uni贸n Sovi茅tica, los invalida como modelos a imitar en esta republiquita del fin del mundo. Queda s贸lo Espa帽a como ejemplo comparativo de estos pactos sociales en los que se pretende sentar a una mesa a fuerzas sociales irreconciliablemente antag贸nicas.

En Espa帽a el intento de anestesiar a la clase obrera llevado a cabo por Adolfo Su谩rez, hombre del post franquismo, tuvo a su favor dos factores que est谩n comprendidos tambi茅n en los planes del flamante contubernio chileno. A la mesa gestora del pacto se sentaba, por una parte, el sector patronal fortalecido por el franquismo y respaldado por el gobierno de Su谩rez, que les garantizaba a estos poderosos capitalistas que sus intereses no ser铆an tocados cualquiera fuera el tenor del pacto.

En Chile los reg铆menes de la Concertaci贸n, que han gobernado durante 20 a帽os a favor de la derecha econ贸mica acentuando a niveles incre铆bles la brecha entre ricos y pobres, parten ofreciendo la misma protecci贸n a la clase capitalista nacional que se ha enriquecido en estos dos decenios mucho m谩s que en toda la historia de los gobiernos reaccionarios, incluyendo los 17 a帽os de la dictadura de Pinochet.

En el otro extremo de la mesa espa帽ola donde se gestara el Pacto de la Moncloa se ubicaba una clase obrera que se encontraba debilitada por el viraje a la derecha del entonces poderoso Partido Comunista de Espa帽a, que levant贸 en aquel tiempo las banderas del eurocomunismo para oponerlas a la orientaci贸n ortodoxa que emanaba de Mosc煤 para todos los comunistas del mundo.

Por razones diferentes, pero con igual resultado, en el te贸rico pacto social 鈥渁 la chilena鈥 propiciado por Bachelet y la derecha, aparece un movimiento sindical diezmado y desmovilizado por la traici贸n socialista a los principios que inspiraron a sus fundadores, principios firmemente sostenidos hasta el gobierno de Allende que convirtieron al socialismo chileno en uno de los dos partidos, junto con los comunistas, de mayor influencia en la clase trabajadora de Chile.

Los resultados concretos del Pacto de la Moncloa fueron muy inferiores a las expectativas de sus firmantes entre los que estaban Felipe Gonz谩lez por el Partido Socialista (PSOE) y Santiago Carrillo por el Partido Comunista. El repunte econ贸mico de Espa帽a, que fue principalmente obra del poderoso apoyo de la Comunidad Europea a quien no le conven铆a un socio de segunda clase que actuar铆a como una r茅mora al avance econ贸mico continental, no evit贸 que resurgieran con mayor fuerza las luchas sociales de la clase trabajadora sobrepasando a los partidos que firmaron la claudicaci贸n de la Moncloa en octubre de 1977.

En Chile la propuesta de un pacto social, aunque la derecha cuenta a su favor, como en la Espa帽a de Su谩rez, con un gobierno cautelador de sus intereses y un sindicalismo d茅bil, tiene pocas posibilidades de 茅xito. Las organizaciones laborales saben que estos pactos no favorecen ni favorecer谩n jam谩s a la clase trabajadora de un ning煤n pa铆s, menos en la realidad de extrema pobreza que se vive en Latinoam茅rica.

A esto se agrega que, aunque a煤n insuficiente, la izquierda chilena ha logrado recuperar algo de influencia gremial, como lo demuestra el triunfo comunista en la reciente elecci贸n del Colegio de Profesores y su avance en otras 谩reas del sindicalismo nacional, as铆 como la actitud consecuente de Arturo Mart铆nez, presidente de la CUT, al negarse a participar en el grupo de los 28 creado por el gobierno para preparar el pacto social.

Pero, insistimos, esta izquierda todav铆a es incapaz de concatenar la lucha social con la lucha pol铆tica al no ofrecer una alternativa de programa s贸lido, audaz, enfocado a reconquistar el papel del Estado como rector de una sociedad socialista en la que el papel hegem贸nico lo jueguen las grandes mayor铆as, como est谩 ocurriendo en otros lugares del continente.

La hora de la impudicia.

Volvamos al intercambio de frases cada vez m谩s elogiosas entre la derecha pol铆tica y econ贸mica y el gobierno de los socialistas que hasta hace poco 鈥渁vanzaban sin transar鈥 con las banderas del proletariado al tope.

Est谩 claro lo que hay detr谩s de esta maniobra: preparar el terreno para un pacto social ya dibujado en el papel, y cuyos signos concretos comienzan a plasmarse en la constituci贸n de esta comisi贸n de 28 鈥渉ombres buenos鈥 integrantes del Consejo Asesor para el Trabajo y la Equidad, y en este romance primaveral de la Alianza derechista y la Concertaci贸n.

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Hay, sin embargo, varios bemoles que suenan destemplados en esta serenata de amor promiscuo en la que se confabulan los payasos sombr铆os del nuevo contubernio.

Como en toda sociedad de truhanes, cada cual lleva el pu帽al escondido esperando que uno de los socios vuelva la espalda. Lo demuestran las intenciones solapadas del primer bacheletista-aliancista que conoce el pa铆s. Detr谩s de la sonrisa bobalicona con que adorna su m谩scara conciliadora, Joaqu铆n Lav铆n no pierde vista que su principal objetivo es catapultarse hacia la presidencia de la Rep煤blica, terreno en el que se mueve con extrema habilidad.

Este 茅mulo de Fouch茅 sabe que el principal escollo en su camino hacia La Moneda es Sebasti谩n Pi帽era quien ya lo super贸 en la primera vuelta de la anterior elecci贸n frustrando de este modo sus anhelos. Nada ha cambiado mucho en el terreno de la derecha como para esperar un trasvasije suficiente de preferencias para que 茅l se alce ahora con la victoria en esa primera ronda en la que, es seguro, nadie alcanzar谩 el 50% de los sufragios. Entonces, 驴de d贸nde sacar esos preciosos votos que inclinen la balanza en su favor?

Existe una importante masa de desencantados en la Concertaci贸n que permanecen a la deriva hastiados, por una parte, de la degradaci贸n concertacionista, pero sin decidirse por una derecha sobre la que a煤n gravita la sombra del dictador. Entonces aparece un Lavin que acierta medio a medio apoyado en su pragm谩tico an谩lisis: el gobierno est谩 desprestigiado 鈥揷uenta con una adhesi贸n de menos del 40% y sigue bajando鈥 en cambio, la figura c谩lida y bonachona de la presidenta contin煤a concitando un apoyo de m谩s del 60%. Es una paradoja extra帽a, pero real.

La conclusi贸n de este Llanero Solitario es simple. Acompa帽ado por Tonto, el indio Longueira, opta por ofrecer la ayuda de la derecha, o al menos de la UDI en un comienzo, para 鈥渟alvar鈥 las chambonadas del gobierno, pero cuid谩ndose de apartar del desprestigio a Michelle. Ella es Rapuncel presa en la torre de la ineficacia de su coalici贸n, y que adem谩s le lanza la larga trenza representada por el grupo de los 28 inoperantes que, ni tonto ni perezoso, el astuto ex alcalde de Las Condes y Santiago, aprovecha de inmediato.

Son 茅l y su partido, y no Pi帽era con sus obcecados seguidores, los que corren a cobijarse bajo las faldas de la popular Michelle esperando mojarse en esa lluvia, erigi茅ndose adem谩s como los salvavidas y correctores de un gobierno que hace agua por todos sus costados, menos por el de la figura personal de la presidenta.

La hora de los c铆nicos.

Dentro del conglomerado aliancista, el triunfo de Lavin ha sido completo. No s贸lo es el puente de plata para el Partido Aliancista Bacheletista Obrero Empresarial, sino que ha acrecentado de manera poderosa su imagen ante los votantes de la derecha que lo ven como un aut茅ntico l铆der de innegable audacia, adem谩s de elevar su prestigio frente esos bacheletista admiradores de Michelle, pero desencantados del gobierno y la Concertaci贸n y que ser谩n fundamentales a la hora de elegir al nuevo presidente.

驴Y la izquierda qu茅? La democracia cristiana ha notificado a sus socios 鈥渞evolucionarios鈥 que el candidato del 2009 irrenunciablemente tiene que ser de sus filas. En ello el PDC se juega la divisi贸n de la colectividad y, por lo tanto, la vida como un partido poderoso.

驴Qu茅 har谩n entonces los socialistas con su Concertaci贸n? Todo apunta a que esta vez habr谩 dos candidatos tambi茅n por esos lados, lo que impulsar谩 a los socialistas a desempolvar sus viejos principios y volver la vista hacia la izquierda aut茅ntica si quieren pasar a segunda vuelta. S贸lo que el terreno se les har谩 cuesta arriba pues el pacto Juntos Podemos, que incluye a los comunistas, jam谩s aceptar谩 bajar su propio candidato en el primer tramo de las elecciones.

驴Tendr谩n acaso los socialistas que sacrificar el proyecto estrella de la Michelle desahuciando el pacto social como ofrenda, entre otras, ante el altar de los comunistas y sus aliados de la izquierda consecuente?

隆Chi lo sa! Talvez usted, amigo lector, porque lo que es yo ando m谩s perdido que piojo de peluca!

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* Escritor.

cristianjoelsanchez@gmail.com

La caricatura de Michelle Bachelet se ha tomado del portal de dibujos y caricaturas http://gloriamundi.blogsome.com.

Las caricaturas de Hern谩n Lav铆n y Pablo Longueira, de la revista www.puntofinal.cl.

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