Ene 26 2007
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Opinión

Chile: – EL VALOR DE LOS VALORES

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

¿Qué es lo “valórico”? En la acepción corriente, el campo que abarca es amplio. Sus márgenes están delimitados por lo moral. Y eso significa que es lo que perfecciona al ser humano. Se lo identifica con el bien, con lo perfecto, con lo valioso. Y es aquí donde se encuentra uno de sus pilares más fuertes. Lo que se contrapone a lo “valórico” es el mal, lo imperfecto, lo depreciado. De allí su gran importancia. Y eso explica también que aquellos que creen poseer la verdad intenten escudarse en lo “valórico” para imponer sus puntos de vista.

En Chile ronda desde hace tiempo esta discusión. En varias oportunidades ha surgido en el seno de la coalición de gobierno, la Concertación de Partidos por la Democracia. Entre otras razones, porque los valores morales tienen que ver con comportamientos sociales. Y éstos van variando de acuerdo a distintos factores, como usos y costumbres, que se generan por la presión de la vida en sociedad que se encuentra en constante mutación.

Hoy, el concepto libertad es el mismo que en la revolución francesa. Pero el valor moral que ella encierra es diferente. Y lo mismo podría decir que muchos otros valores que han ido experimentando mutaciones a medida que el conocimiento avanza y que la sociedad soporta más complicaciones en su desarrollo.

En la Concertación conviven a lo menos dos visiones de mundo. Una marcada por la visión de la Iglesia Católica y otra que responde a una concepción laica. El paso del tiempo en el poder y una crisis objetiva en el plano de los valores, han hecho aflorar las diferencias. Y hoy se enfrentan por temas puntuales como el aborto terapéutico o “la píldora del día después”.

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Ante ambos asuntos, la Iglesia Católica esgrime una oposición cerrada. En Chile el aborto terapéutico –que se practica cuando el embarazo pone en peligro la existencia de la madre o la vida del hijo por nacer es inviable– era legal hasta 1989. Pocos meses antes de que se reinstaurara la democracia, la dictadura del general Augusto Pinochet lo prohibió.

Y los esfuerzos que se hacen hoy por restablecer su legalidad enfrentan el rechazo tenaz la jerarquía católica y de los parlamentarios que profesan esa fe. Este punto no sólo divide a la Concertación, sino también a otros Partidos. Pero en la coalición gubernamental genera escenarios especialmente complejos, ya que la Democracia Cristiana ni siquiera desearía discutirlo.

La posición del catolicismo fue muy bien resumida por el presidente de la Conferencia Episcopal, obispo Alejandro Goic. En una entrevista señaló que ning˙n católico puede apoyar el proyecto sobre el aborto terapéutico. Y fue más allá, al preguntarse: “¿Por qué no son sinceros y dicen: Lo que queremos es el aborto y este es el primer paso?”.

El reparto de la “píldora del día después” no ha tenido mejor suerte. Hoy, las cadenas de farmacias bajo el manejo de empresarios conservadores católicos la sacaron del mercado. Y el Ministerio de Salud enfrenta una oposición cerrada por querer entregarla gratuitamente en sus consultorios a las mujeres que han sido abusadas sexualmente.

El punto es complejo. La sociedad chilena claramente está soportando la presión de un sector que, utilizando la presión de su poder económico, desea imponer sus puntos de vista. Es una mirada intolerante y fundamentalista. Cuando se señala esta realidad, la respuesta que da el obispo Goic es terminante:

“Hay personas –dice– que buscan reducir a la Iglesia al ámbito de lo privado, sin ninguna incidencia en la vida (sic). Y eso es grave. La Iglesia tiene el derecho a dar su opinión sobre los grandes temas”. Cuando el obispo habla de “la Iglesia”, se refiere a la Iglesia Católica. Es una precisión necesaria, ya que existen otras confesiones que también tienen la denominación de iglesia. Y en cuanto a sus restantes palabras, es conveniente recordar que la religión es un tema privado. Un asunto que, como máximo, puede comprometer a otros integrantes de la misma cofradía. Nada más.

Pero esto no es lo único preocupante. Otro punto central lo tocó el ex presidente Eduardo Frei Ruiz Tagle durante la conmemoración de los 25 años de la muerte de su padre. Hablando sobre el tema “valórico”, Frei Ruiz Tagle llamó la atención acerca de que hay mucha preocupación por la moral sexual y muy poca por la moral social. Una gran verdad.

No se escuchan voces eclesiales ni políticas de resonancia sostenida denunciando la indefensión en que se encuentran grandes segmentos de la población del país. Nada se dice de los abusos a que son sometidos a diario trabajadores y consumidores chilenos. Con justa razón, el ex mandatario hace la denuncia. No hay excusa posible para tal estado de cosas. ¿El sexo es más importante que lo social? ¿O es menos “desestabilizador”?

Lo que está en juego en lo “valórico” es de gran valor.

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* Periodista.

Addenda para no chilenos

Cada sector social, en todos los países en todas las épocas, inventa, desarrolla, estructura su propia jerga; alguna más o menos pomposa o enrevesada para el común, como la de las ciencias sociales, la medicina, etc… alguna estimada vulgar, como el lunfardo rioplatense o el habla popular del campo. El sector político chileno, y un buen número de los “ciudadanos ilustrados”, siente alguna extraña predilección por el término valórico.

Valórico desdeña diccionarios, no tiene morada en ellos. Tampoco en el habla del resto de América, ni lo hemos encontrado en la obra de los escritores chilenos. Una búsqueda –confesamos no exhaustiva– por medio de los buscadores internet dio resultados negativos, y aunque encontramos la dichosa palabreja en alguna publicación recogida por la Universidad de Los Andes, de Venezuela, y en un documento leído en un encuentro latinoamericano sobre la infancia, debemos dejar constancia que sus autores eran chilenos.

De cualquier modo el sufijo ico –como en calórico– denota una suerte de relación directa con el vocablo al que acompaña. Lo calórico se vincula con calor tal como sulfhídrico con azufre o fílmico filme–aunque no del mismo modo–. Relación, vínculo, no dependencia. Así, entonces, valórico lo está con valor.

Lo valórico se refiere a valores. Valores trascendentes, valores sociales, éticos, políticos. Nadie diría que zapatos o vestidos o automóviles, por caros que fueren, son valóricos, pero en Chile se habla de temas valóricos (queriendo decir asuntos valóricos, tema es aquello sobre lo que se propone uno escribir, puede ser el argumento, tal vez, de un libro, la propuesta de una discusión) ; es decir de asuntos relacionados, vinculados con aquellos valores que informan la existencia de un grupo, de la sociedad.

Dicho lo anterior para que los lectores que no conocen la dichosa palabra –ni tienen por qué conocerla puesto que en castellano por ahora, al menos, no tiene existencia– mejor se acerquen al estupendo artículo de Tapia.

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