Nov 23 2005
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Política

CHILE: EL VOTO ÚTIL Y EL TONTO ÚTIL

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

De esta mentalidad ha surgido lo que ya es un clásico de la plática pre-electoral.

–¿Por quién vas a votar?

–Bachelet

–¡Pero si es de la Concertación y llevas años quejándote de la Concertación!

–Sí, pero no esperarás que vote por la derecha.

–Pero, y qué te parece Hirsch.

– Tai loco, no tiene ninguna posibilidad, no voy a perder mi voto.

Ahí es cuando uno agradece la prohibición de portar armas. Te he escuchado decir que ésta no es la democracia por la que luchamos, que nos han dado una sociedad antropófaga y que la rapiña se ha apoderado del país. Te he escuchado denunciar el modelo neoliberal y repudiar su salvajismo. Has hablado de dignidad y de consecuencia, de honestidad y de principios. Te he escuchado llamarlos sinvergüenzas. Has descrito tan bien y tantas veces lo que es para ti una verdadera democracia. Y yo he estado de acuerdo contigo.

Esta vez no puedo estarlo, porque sigo creyendo a pie firme en lo que has dicho durante todos estos años y no puedo conciliarlo con un voto a favor de quienes tú y yo tanto hemos criticado. Creí que cuando decías «coherencia», tú y yo entendíamos lo mismo.

Lenta y meticulosamente nos han acostumbrado a consumir lo que nos ofrecen, a no demandar ideas, a sucumbir dócilmente al videoclip y las sonrisas electoreras. Nos han hecho creer que es anacrónico exigir un programa de gobierno y a conformarnos con la foto del candidato abrazando a un niño con música de fondo. Nos han enseñado a actuar dentro de lo posible, reservándose el derecho de decidir por nosotros hasta dónde llega lo posible.

Han conseguido hacernos creer que no podemos cambiar nada. He ahí lo que han hecho con nosotros a través de un sutil proceso de embrutecimiento. Le han quitado a nuestros votos su potencia y su peligro. Se vota, simplemente, por el que tiene posibilidades de ganar. En realidad no se vota, se apuesta.

Bajo esta lógica de hipódromo ha prosperado la banalidad y la democracia ha mostrado su lado más oscuro, precisamente aquel que alienta a sus detractores. En política, la frivolidad nunca se presenta sola, trae aparejada la corrupción. ¿Habrá que acudir a la Historia para demostrarlo? No es necesario, basta mirar por la ventana, basta mirar a nuestros líderes, literalmente mirarlos, ni siquiera hace falta escucharlos.

Lo que subleva no es la opción electoral en sí, sino sus motivos. Es la inconsecuencia lo que indigna, la decisión de actuar a contraconciencia perpetuando un modelo que se condena y consolidar sus víctimas. Por no «perder» el voto.

El que en verdad pierde su voto es el que vota sin convicción, el que vota por lo que no lo representa. Pierde su voto quien sacrifica la oportunidad de enviar, a través de su voto, su mensaje y reivindicar la importancia de sí mismo, el que se suma mansamente y sin genuino entusiasmo a la mayoría «ganadora», extraviado en la ilusión ridícula de ser salpicado con unas migajas de un triunfo que no le pertenece. Es la forma que tienen los perdedores de sentirse ganadores. La tesis del voto útil a la medida del tonto útil.

Hace algún tiempo, un lector de este diario, dispuesto a «perder» su voto respondía a un artículo aparecido en este medio y cerraba su comentario diciendo «Me van a perdonar, pero me da lo mismo cuánto saque Hirsch, ¡yo voy a votar por él y a dormir tranquilo!»

¡Qué envidia! Yo también voy a votar por Hirsch, pero no estoy seguro que ello me baste para dormir tranquilo.

(Servido por el paskin).

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* www.granvalparaiso.cl

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