鈥淟o peor que nos puede pasar es volver a la normalidad鈥 se le铆a en el texto levantado como consigna en una de las marchas. Un poeta escrib铆a hace unos d铆as en estas mismas pantallas que siente estupor de volver a la normalidad al tiempo que centenares de miles, que son millones, han optado por permanecer en las calles, en las plazas y levantar sue帽os colectivos, una ilusi贸n que une hoy en d铆a en este trance a una comunidad que fue durante d茅cadas aislada y enemistada bajo un proyecto econ贸mico y cultural de caracter铆sticas catastr贸ficas.

El Chile neoliberal, ese pa铆s imaginario de las elites arrogantes ha colapsado. Lo que presenciamos no es un colapso econ贸mico ni pol铆tico, sino cultural. Lo que cruje hoy es la fatiga del material del capitalismo extremo, es la fractura de la hegemon铆a neoliberal. Aquello que hoy presenciamos en las calles y plazas de Chile no es, o no solo es, el rechazo al control econ贸mico y pol铆tico, a la soga del trabajo extenuante, de las asfixiantes聽 horas en el transporte y las deudas en el cuello, sino la emergencia, cual erupci贸n, de otra cultura o contracultura.

El Chile insumiso parece germinar desde las comunidades como una nueva fuerza cultural. Como ya han escrito otros, hemos pasado de un yo, ego铆sta, temeroso y desconfiado, a un nosotros, que nos conforma y nos refuerza.

Estamos en un quiebre de la historia. En qu茅 sentido. El curso de la historia, que para los marxistas cl谩sicos conducir铆a al socialismo, parece dar otras vueltas. La rebeli贸n en Chile no sabemos si es una revoluci贸n, y ning煤n analista ni observador ha querido usar (todav铆a) esta expresi贸n o conceptualizaci贸n, sino es una insurrecci贸n contra el autoritarismo neoliberal, contra el l谩tigo de las oligarqu铆as.

Desde este momento podemos ver con claridad la continuidad de la dictadura desde los cuarteles a las elites pol铆ticas y econ贸micas. El peso insoportable del neoliberalismo es la dictadura capitalista expresada por otras instituciones, o la dictadura perfecta, si se nos antoja citar a Vargas Llosa cuando defini贸 al corrupto M茅xico bajo el PRI.

Los sanguinarios militares chilenos no fueron necesarios durante treinta a帽os. Estaban bien alimentados y acariciados por las elites en sus cuarteles. Eso es un hecho porque el mercado, el consumo y una corrupta y comprada clase pol铆tica hicieron el resto. Una supuesta democracia, binominal, espuria, con senadores designados, con un tribunal constitucional lleno de pinochetistas y privilegiados, ha sido el reemplazo de los fusiles y los agentes de la CNI.

Un armaz贸n provisional que ha vuelto a mostrar hoy su estructura original contra un pueblo en rebeld铆a. Desde el inicio de las manifestaciones la 煤nica respuesta del gobierno聽 ha sido nuevamente los fusiles y proyectiles con un n煤mero creciente de personas asesinadas, heridas y torturadas. Bajo ciertas intensidades, los derechos humanos no son parte del r茅gimen neoliberal. Bajo ciertas presiones, el neoliberalismo tender谩 a olvidarse de la democracia liberal y regresar a sus or铆genes militares.

De todo eso nos hemos dado cuenta. Del autoritarismo y la violencia del Estado, pero tambi茅n del control permanente bajo cuerdas, del desprecio y el clasismo, de la prensa mentirosa, de la insoportable clase pol铆tica. Del sistema como aquella estructura instalada聽 para convertirnos en piezas al servicio de las oligarqu铆as y corporaciones. Nos hemos dado cuenta y ya no nos amedrenta. Nos indigna.

Estamos en un proceso de descubrimiento de nuestras libertades y posibilidades. De reconocimiento, de exhibiciones y aprendizajes. En las marchas y concentraciones son miles con sus propias consignas trazadas a mano, miles en su humanidad y colectividad. Este es un movimiento de comunidades libres en expansi贸n y diversi贸n, un grito iconoclasta que surge de los territorios, que esper贸 siglos para levantarse y derribar estructuras fusionadas con una rep煤blica desigual y mentirosa.

La acumulaci贸n de fuerzas emergi贸 desde los territorios y subjetividades, desde las orillas. Una fusi贸n brillante que se ha tomado las calles para reclamar simplemente el derecho que tienen los pueblos a la autodeterminaci贸n, a establecer sus destinos.聽 En este proceso, solo queda seguir adelante.

*Periodista chileno, director de Politika.cl, asociado al Centro Latinoamericano de An谩lisis Estrat茅gico (CLAE, www.estrategia.la)