Abr 19 2006
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Opinión

Chile, – ¿HIPOCRESÍA, EGOÍSMO, ESTUPIDEZ?

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

A veces creo que son todas estas cosas –hipocresía, egoísmo, estupidez– juntas. Pero no es una apreciación justa de la realidad. Sólo en contadas oportunidades se superponen los tres atributos que dan el título a esta crónica. Y es cuando uno descubre las acciones por lo burdas. Generalmente, la estupidez es superada por destellos de inteligencia –deslumbrantes, a veces– que llevan consigo la hipocresía y, sobre todo, el egoísmo que acompaña a la avaricia.

Estoy hablando de Chile. De política chilena, de macro y micro política. De políticas públicas y de negocios privados. De iniciativas que afectan a la mayoría de los ciudadanos. Y éstos poco pueden hacer. Casi siempre, ser observadores algo azorados de una realidad que los sobrepasa y, peor aún, que los perjudica abiertamente.

Es que no estamos en Francia. Nuestra democracia es más bien chucuta, como diría un venezolano. Es rabona. Ni qué pensar en realizar movilizaciones de tal magnitud que la autoridad se vea obligada a revisar sus decisiones. Finalmente, eso es participar. Hacer sentir la voz en cuestiones que nos incumben.

Definitivamente, no estamos en Francia. No tenemos organizaciones fuertes de representación ciudadana. Ni sindicatos poderosos, ni agrupaciones estudiantiles con capacidad de convocatoria. Sólo partidos políticos que son bolsas de trabajo, para pocos. Por eso, aquí la fórmula del famoso primer contrato funciona no únicamente para los jóvenes. Cualquiera, a cualquier edad, puede estar sujeto al despido “por necesidades de la empresa”.

Maravillas de la flexibilización laboral. Y para que hablar de la relación contractual vía boleta de servicios: el trabajador se queda sin vacaciones y sin previsión. Más aún. Debe hacerse todo un esfuerzo para lograr que los malls y otras empresas den permiso a sus trabajadores para votar, por ejemplo. Ni qué decir que respeten feriados. Pero el viernes santo, ¡ah!, no. Eso es otra cosa. Bienvenido sea. Aunque me asalta una duda: ¿Eso es sensibilidad social o beatería? Son dos cosas distintas, me parece.

Y frente a todo esto, nadie dice nada. ¿Es hipocresía “hacerse los lesos”?

En estos días somos testigos de la pugna interna de la mayoría de los partidos nacionales. Se trata de renovar sus directivas. Y vemos cómo se enfrentan sus líderes. Pese a la dureza de los epítetos, son incapaces de exhibir diferencias contundentes. Se escuchan acusaciones cruzadas de falta de democracia interna.

El fenómeno ocurre en el Partido Socialista (PS), en la Democracia Cristiana (DC), en el Partido por la Democracia (PPD), en la Unión Demócrata Independiente (UDI), en Renovación Nacional (RN). Desde la izquierda a la derecha. Curiosa sincronía. Sobre todo que los acusadores y sus contradictores, cual más cual menos, han ejercido el poder interno y ayudado a que los partidos sean cómo son. Puro afán de poder. De ese poder mezquino que se identifica no con ideologías políticas o matices ideológicos, sino con la necesidad de acercarse al lugar en que se corta la torta.

¿Eso es hipocresía?

Pero hay más. Resulta vergonzoso que una derecha, carente de prestancia, tenga que disfrazarse de izquierda para mostrarse a la ciudadanía. Es patético ver a los diputados de la UDI reclamando contra la eventual concesión de las calles del centro de Santiago. Si son esos mismos personajes los que iniciaron la privatización de los servicios básicos en Chile. Son ellos los que, durante la dictadura, delinearon el modelo que permitió entregar empresas estatales a privados. Todo vendido a precio vil, por supuesto.

Sí, ellos fueron los iniciadores, pero las privatizaciones y concesiones continuaron en estos 16 años de gobiernos de la Concertación.

En cuanto a la izquierda, se limita al diagnóstico. Cuando sus líderes son consultados por los caminos a seguir para remediar los males que denuncian, se limitan a decir que hay que organizarse. ¿Detrás de qué proyecto? ¿Para qué son los líderes?

Y seguimos. Se anuncia la solución de los problemas de la movilización pública en la capital. El Transantiago traería luz a un área que siempre fue oscura. Los beneficiados, todos los santiaguinos que ahora podrían dejar su automóvil en la casa. Puro ahorro y baja de tensiones. Pues, no. El Transantiago se transforma, por arte de magia negra, en algo más de lo mismo turbio.

¿Será espejismo o estupidez?

Otro botón. El enigma del asesinato de Eugenio Berríos, el despiadado químico que trabajó para organismos de inteligencia de la dictadura, comienza a esclarecerse. Tres militares uruguayos son extraditados. Un gran avance para las democracias de América del Sur, dicen. ¿Adónde son encarcelados? Pues, en recintos especiales. Dos de ellos en cuarteles de sus colegas chilenos –con los que se coludieron en el pasado para ocultar a Berríos y luego, cuando se transformó en peligroso, asesinarlo– y el otro en la Escuela de Gendarmería. ¿Hipocresía? Y columnas de miles de chilenos salen a las calles para decirles a sus dirigentes que no somos tontos. No, tranquilos, no estamos en Francia.

Un transeúnte camina por una calle céntrica de Santiago. De un edificio nuevo se despende una plancha de mármol y lo golpea en la cabeza. Queda grave. ¿Control ineficiente, estupidez, corrupción, avaricia?

Pascua Lama sigue adelante. Las autoridades medioambientales nacionales hacen declaraciones rimbombantes. Uno sabe que no es cierto lo que dicen. Que no habrá ni decisión, ni menos fuerza, para imponer el interés general sobre la avidez privada.

La esperanza radica en que finalmente impere la racionalidad. Que el nuevo gobierno haga lo que no hizo la administración del exitoso Presidente Ricardo Lagos. Que lleve a cabo la promesa de establecer políticas que combinen crecimiento económico con autosustentabilidad medioambiental. Que convenza que eso también es dinero. Es el único argumento que puede convencer en una sociedad donde el derecho de propiedad se encuentra por sobre los derechos humanos. Así está el mundo.

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* Columnista de Por la libre en Chile.
www.porlalibre.org
Publicado el 19 de abril de 2006.

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