Ago 12 2013
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Pol铆ticaSociedad

Chile: La basura que esconde el sistema

La huelga de los recolectores de basura que afect贸 a Santiago y otras ciudades, puso en evidencia las horribles condiciones en que trabajan esos compatriotas y que se repiten en otras 谩reas del sector privado. Una mirada atenta a este conflicto, gracias al despliegue que esta vez le otorgaron los medios -en especial la televisi贸n-, mostr贸 a lo vivo los inhumanos efectos que tiene sobre la sociedad la aplicaci贸n -por ya casi cuarenta a帽os- de un modelo desregulado de econom铆a de mercado.

No se trata solo de bajos salarios, sino tambi茅n de jornadas de trabajo extenuantes y de condiciones laborales humillantes para el ser humano. A los salarios miserables se suma una desprotecci贸n social y de salud que debiera ser considerada una violaci贸n de derechos humanos b谩sicos. Jornadas de 15 o m谩s horas, carencia de ba帽os e instalaciones m铆nimas de descanso para proteger la salud de esos trabajadores, caracterizan esas labores.

Escenas estremecedoras de superexplotaci贸n del ser humano fueron vistas en esta ocasi贸n por millones de espectadores de la TV. La solidaridad natural que produjo en la poblaci贸n, oblig贸 a las autoridades a buscar una apresurada soluci贸n en la forma ya cl谩sica del r茅gimen binominal-neoliberal que nos gobierna: un bono de 80 mil pesos para salir del paso y acallar a los huelguistas, y una mesa de negociaci贸n de las demandas que, seguramente, se diluir谩n hasta que los trabajadores vuelvan a la carga con m谩s br铆os.

Los recolectores de basura paralizaron sus actividades por demandas muy elementales: reducci贸n de la jornada laboral desde 70 a 40 horas semanales, aumento y unificaci贸n de sueldos con los funcionarios municipales de las comunas que se encargan directamente de la extracci贸n de basura. Estos 煤ltimos ganan m谩s que los trabajadores de las empresas concesionarias privadas, muestra de c贸mo los servicios b谩sicos se han transformado en un negocio carente de toda 茅tica en la relaci贸n con trabajadores y usuarios. Como en otros sectores de la econom铆a, la recolecci贸n de desechos se ha entregado al sector privado mediante licitaciones a veces muy oscuras, en las cuales suelen predominar intereses pol铆ticos y personales de caciques electorales. Las faenas est谩n concentradas en unas pocas empresas que en su prop贸sito de lucrar, recurren a todo tipo de reducciones de costos mediante la explotaci贸n brutal de sus trabajadores. La huelga fue calificada por el gobierno de 鈥渋legal鈥 y de 鈥渦n asunto entre privados鈥. Lo mismo que ocurri贸 hace unos a帽os, cuando 33 mineros quedaron dos meses atrapados bajo tierra debido a las inexistentes medidas de seguridad en la mina, cuyos responsables han resultado libres de polvo y paja. Id茅ntico tambi茅n a lo ocurrido con las explosivas protestas que estallaron en Ays茅n, Magallanes, Freirina, Calama y ahora en Tocopilla. Todos y cada uno de estos conflictos derivan de un modelo econ贸mico e institucional que privilegia el lucro y protege a todo evento a los due帽os del capital por sobre los derechos de trabajadores y consumidores. Mientras unos cuantos privilegiados se llenan los bolsillos y mantienen en rodamiento el sistema pol铆tico, a los chilenos que protestan se les env铆an las Fuerzas Especiales de Carabineros. En los hechos, el Estado neoliberal est谩 asumiendo cada vez m谩s un rol pretoriano para enfrentar la protesta social y la demanda de una Asamblea Constituyente que proponga al pa铆s una Constituci贸n Pol铆tica democr谩tica.

Hacia donde se mire existe el mismo esquema. Desde las farmacias coludidas para abusar de los enfermos hasta los bancos que hacen enormes utilidades (m谩s de 802 mil millones de pesos en el primer semestre de este a帽o) estrujando con la usura las econom铆as familiares. Tanto en el comercio al detalle como en el mayorista, en el sector inmobiliario y la construcci贸n, en la salud y la educaci贸n, la explotaci贸n desmesurada de trabajadores y usuarios es la regla. Lo mismo ocurre en el transporte p煤blico entregado a grandes consorcios subsidiados, en los puertos y carreteras concesionadas, en el agua, la electricidad y las comunicaciones, entregadas a consorcios internacionales.chi basura1

As铆 es tambi茅n en la basura, un negocio que movi贸 el a帽o pasado m谩s de 208 mil millones de pesos y que registra una fuerte concentraci贸n. Una empresa, KDM, controla el 58 por ciento de ese mercado, cuyas posibilidades de ganancias crecen cada d铆a con la incorporaci贸n de nuevas tecnolog铆as de reciclaje y subproductos. Un ex intendente de Santiago, Marcelo Trivelli, acu帽贸 una frase que lo dice todo: 鈥淓n el negocio de la basura, lo m谩s limpio es la basura鈥. En efecto, es un sector que registra todo tipo de pr谩cticas turbias, desde rebajas inexplicables en las multas a las empresas de aseo, hasta cobros excesivos a los vecinos por la recolecci贸n de basura, contrataciones directas de servicios que deber铆an ser licitados, etc. Abierta corrupci贸n que va desde cambios repentinos en las bases de licitaci贸n para favorecer a un determinado competidor, hasta cohecho de altos funcionarios.

Bajo la monta帽a de ganancias de las empresas concesionarias, est谩n los sueldos miserables de los trabajadores. La misma suerte corre m谩s de medio mill贸n de trabajadores que en Chile ganan el salario m铆nimo. Despu茅s de meses de tira y afloja en el Congreso, se ha aprobado un salario m铆nimo de 210 mil pesos. Algunos sectores pol铆ticos se han autoelogiado por esta 鈥渃onquista鈥, que m谩s bien es una burla descarada de diputados que ganan casi diez millones de pesos mensuales y de senadores que reciben 15 millones y medio. La diferencia en los ingresos es la gran grieta que divide Chile. Esta desigualdad deriva de un sistema pol铆tico y econ贸mico que extiende la injusticia y que se exacerba con los m谩s pobres. La institucionalidad impuesta por el terrorismo de Estado, ha legitimado una feroz anomal铆a social a favor del m谩s fuerte e inescrupuloso. La 鈥渃lase pol铆tica鈥 que se ufana de la reducci贸n de la pobreza y de los reconocimientos del Banco Mundial, que sit煤a a Chile entre los pa铆ses de altos ingresos, oculta la verdad: en nuestro pa铆s son pobres aquellos que viven con menos de 72 mil pesos per c谩pita. Una familia de cuatro personas que re煤na m谩s de 288 mil pesos, se considera fuera de la l铆nea de pobreza y pasa a ser considerada 鈥渃lase media鈥.

Por cierto estas cifras complacen el ego铆smo de quienes gozan de los privilegios del libre mercado. En otros pa铆ses de altos ingresos, tambi茅n miembros de la OCDE, los c谩lculos para determinar la pobreza se apoyan en un punto medio de los ingresos totales, y no en el valor absoluto de una canasta familiar. As铆 las cosas, incluso en Estados Unidos la medida de la pobreza arroja resultados m谩s elevados que en Chile. Si la encuesta chilena, felizmente desprestigiada, se帽al贸 en 2012 que la pobreza afecta al 14,1 por ciento de la poblaci贸n, en Estados Unidos supera el 15 por ciento. 驴Alguien puede creer en las estad铆sticas de nuestro pa铆s? 驴Sirve realmente la Casen para medir la superaci贸n de la pobreza? Sin duda, no es m谩s que un instrumento de medici贸n de la arrogancia de tecn贸cratas y bur贸cratas. La huelga de los recolectores de basura, en definitiva, puso en horario prime al verdadero Chile, segregado y humillado. Esos trabajadores -que han tomado conciencia de su poder- no son una excepci贸n. Aproximadamente el 30 por ciento de los trabajadores chilenos perciben el salario m铆nimo, y m谩s del 50 por ciento se encuentra bajo la cota de los 250 mil pesos mensuales. As铆, el ingreso promedio de los trabajadores est谩 en un rango de 300 mil pesos. El primer quintil m谩s pobre no percibe ni el cuatro por ciento de los ingresos totales, mientras el m谩s rico obtiene casi el 60 por ciento. Esto determina la capacidad de consumo en una sociedad que ha puesto todas sus actividades y servicios bajo el signo del libre mercado.

La abismal brecha en los ingresos ha creado una c煤pula econ贸mica, social y pol铆tica, conformada por los empresarios, ejecutivos de empresas y la clase pol铆tica. Ellos gobiernan el pa铆s. Se trata de una elite que act煤a en funci贸n de sus privilegios, sin amor verdadero por su patria ni respeto por el bien com煤n. Una minor铆a que hace y har谩 todo lo posible, incluyendo el uso de la fuerza, para bloquear cualquier cambio. Esa minor铆a poderosa est谩 obstruyendo la posibilidad de alcanzar la justicia social y la democracia en Chile. Por eso, a sus representantes pol铆ticos les asusta tanto comprobar c贸mo va creciendo la conciencia de que es hora de poner fin a este periodo de abusos, abierto por el golpe de 1973, mediante el m谩s democr谩tico de los procedimientos: una Asamblea Constituyente que proponga una nueva Constituci贸n.

*Editorial de 鈥淧unto Final鈥, edici贸n N潞 787, 9 de agosto, 2013

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    1 Coment谩rio

    Comentarios

    1. Antonio Casalduero Recuero
      13 agosto 2013 22:32

      Con qu茅 claridad de ideas exponen el problema en este art铆culo. Ya no me cabe duda de que este pa铆s deber谩 cambiar su nombre actual al de 芦Rep煤blica de Chile S. A.禄; de qu茅 sirve ser chileno cuando todo es propiedad privada actualmente, todo, absolutamente todo es privado; no me resultar铆a extra帽o que en alg煤n momento se privatice incluso el aire que respiramos desde la cuna a la sepultura, ser铆a un negocio estupendo, nadie podr铆a excusarse de respirar, salvo para morir.