May 17 2015
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Sociedad

Chile: La magnitud de nuestra derrota

Muchos se han preguntado c√≥mo pol√≠ticos del bando arrasado por la dictadura terminaron pidi√©ndole plata al yerno de Pinochet. Aqu√≠ el periodista y escritor Sergio Marras, director adjunto de la Revista APSI en los a√Īos 80, le acusa al periodismo chileno una enfermedad parecida: la de una generaci√≥n derrotada que perdi√≥ los br√≠os, asumi√≥ los valores del enemigo y se conform√≥ con hacer pie en la mediocridad intelectual y vital.
Hace algo m√°s de 40 a√Īos, los de mi generaci√≥n pens√°bamos ingenuamente que el mundo pod√≠a ser m√°s justo, m√°s solidario y m√°s libre, pero sobre todo que la vida pod√≠a tener un poco m√°s de sentido.

Los finales de los a√Īos 60 hab√≠an sido plet√≥ricos, nos disgustaba lo individualista, lo discriminatorio, lo estrictamente monetario, lo feo, lo caro. Tanto cre√≠amos que ‚Äďal decir de Los Iracundos‚Äď el mundo estaba cambiando y cambiar√≠a mucho m√°s, que la vida misma se nos escapaba entre los dedos sin darnos cuenta. No solo no supimos leer la realidad de lo que suced√≠a en el mundo, sino que tragamos inmensas ruedas de carreta.

Cuando lleg√≥ el golpe de Estado intentamos enfrentarnos, de una manera u otra, a los enemigos de nuestros sue√Īos. Pero fuimos rotundamente derrotados y todav√≠a no conocemos plenamente la magnitud de ese fracaso. Quiz√°s deber√°n pasar cien a√Īos antes de conocer su verdadera dimensi√≥n.

No solo siguen mandando quienes, fundamentalmente, provocaron la tragedia, sino que, y lo peor, buena parte de nosotros ha asumido sus valores y metas. El tama√Īo y dureza de ese descalabro nos transform√≥ en una generaci√≥n ins√≠pida, pusil√°nime, que, para sobrevivir con migajas de poder y de trabajo, ha disimulado su frustraci√≥n a punta de victorias puramente morales o circunstanciales.
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Es verdad que como país hemos crecido, que hay más dinero, mejores infraestructuras, más posibilidades para el desarrollo artístico y deportivo. Como generación, aprendimos a gobernar. Pero también esos laureles nos hicieron olvidar que los logros son para hacer algo con ellos; que la acumulación por la acumulación no lleva más que a quedarse sin aire para vivir, que el poder solo para nuestros objetivos personales intoxica hasta matar. Tanto disimulo ha hecho que ya no encontremos nuevas maneras de mirarnos ni de mirar. Somos los mismos de siempre, algunos un poco más ricos, la mayoría más pobres intentando parecer ricos. Todos metidos dentro de una gran mediocridad intelectual y vital.

El periodismo que hacemos y consumimos es otra se√Īal de lo mismo.

Cuando gan√≥ el NO, quienes trabaj√°bamos en las revistas y peri√≥dicos de oposici√≥n pensamos que sobrevivir√≠amos. Unos pocos medios hab√≠an hecho el mejor periodismo de todos los tiempos en Chile, el m√°s investigado, el mejor escrito, el m√°s valiente. Pero era dif√≠cil salir del √ļtero de la cooperaci√≥n internacional y mantenerse independientes si se pretend√≠a que nos rigi√©ramos de inmediato por un mercado tremendamente imperfecto. Y, lo peor, el propio primer Gobierno democr√°tico decidi√≥ limitar su ayuda a los medios que enfrentaron la dictadura, situaci√≥n en la que influyeron sobremanera personas de las altas esferas pol√≠ticas de entonces que, ingenua o mezquinamente, afirmaron que el mercado regular√≠a la informaci√≥n correctamente y definir√≠a qu√© medios pod√≠an o no seguir existiendo.

Resultó que los actores de ese mercado decidieron no poner avisos en estos medios a pesar de que vendían mucho más que aquellos donde sí ponían. El resultado fue la muerte lenta de cada una de las revistas y periódicos de oposición a la dictadura, ahogados por las deudas y la falta de liquidez.

Al ver hoy la situaci√≥n del periodismo chileno, no puedo dejar de pensar que gran parte de la responsabilidad de que las revistas y peri√≥dicos de oposici√≥n a la dictadura hayan tenido que cerrar, y que la televisi√≥n haya terminado como est√°, se debi√≥ a la activa participaci√≥n, u omisi√≥n, de pol√≠ticos a quienes los medios de entonces dimos plena tribuna ‚Äďy en algunos casos ayudas log√≠sticas durante a√Īos‚Äď y que una vez en democracia temieron que la cr√≠tica se ejerciera sobre ellos y sobre aquellos con los que hab√≠an pactado el silencio. El periodismo chileno, en el largo plazo, se arruin√≥ mucho m√°s con la llegada de la democracia que con la dictadura de Pinochet.
As√≠, en los noventa, la mayor√≠a de nosotros debi√≥ transformarse en relacionadores p√ļblicos, ‚Äúcomunicadores estrat√©gicos‚ÄĚ o vendedores de lo que fuera. Los menos fueron a trabajar a los grandes medios en posiciones subalternas. Muy pocos pudieron, a trav√©s de algunos libros, p√°ginas web, radios o grupos de investigaci√≥n, hacer periodismo que indagara e informara. Pero los grandes medios, incluida la TV p√ļblica, le dieron la espalda al periodismo investigador promoviendo un periodismo burocr√°tico y vac√≠o.

Golpe del 11 y masacre en Chile: Augusto Pinochet y Agustín Edwards

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Y a nadie, en los sucesivos gobiernos que siguieron, le importó demasiado.

Hoy tenemos uno de los peores periodismos de nuestra lengua. El periodismo est√° solo para entretener y distraer; o defender y difundir causas extra period√≠sticas. Nadie asume que para cumplir nuestra fantas√≠a de ser alg√ļn d√≠a ‚Äúdesarrollados‚ÄĚ y ‚Äúmodernos‚ÄĚ tenemos que tener un periodismo que no solo d√© expresi√≥n a todo el mundo sino que, por sobre todo, informe, analice, ponga en tensi√≥n lo conocido y abra horizontes a la gente com√ļn.

Cuando le dieron el Premio Cervantes a Nicanor Parra, en 2012, ning√ļn noticiero de TV chileno llev√≥ la noticia en titulares, y algunos apenas la mencionaron de pasada. En todos los casos, emitieron la nota despu√©s de incendios, choques y asaltos menores que mostraron como noticias. Ning√ļn canal hizo un reportaje especial sobre el significado del Premio. Al mismo tiempo, la gran mayor√≠a de los medios espa√Īoles, as√≠ como buena parte de las estaciones de TV de Am√©rica Latina, lo llev√≥ en portada y titulares. En Madrid se puso un documental en la calle.
Preguntado al respecto, un editor de un canal chileno importante se justific√≥: ‚ÄúEs que Parra no vende‚ÄĚ. ¬ŅQu√© nos pasa a los periodistas y editores de noticias chilenos? ¬ŅNuestro grado de desidia e idiotez est√° llegando a niveles tan peligrosos?

Las pautas informativas de la TV, las que m√°s inciden en los ciudadanos, est√°n abocadas a competir por el rating on line ‚Äďprohibido en todos los pa√≠ses serios del mundo‚Äď sin la m√°s m√≠nima preocupaci√≥n de comunicar lo relevante. En un pa√≠s en que el 85% de la gente ve los noticieros de TV, si el 53% de la informaci√≥n emitida en ellos se concentra en deportes, cr√≥nica roja y tragedias naturales tenemos un problema. M√°s a√ļn si el resto de la informaci√≥n emitida es b√°sicamente sobre pol√≠tica local. Sin duda, hay valiosas excepciones. Pero pesan muy poco y eso deber√≠a preocuparnos, porque las pr√≥ximas generaciones de chilenos ser√°n hijas de lo trivial.

Recordemos que, a partir de la llegada de la democracia, no s√≥lo los medios escritos opositores a la dictadura se vieron obligados a cerrar; tambi√©n se privatiz√≥ la TV universitaria, se dej√≥ sin financiamiento a la p√ļblica y se licenciaron nuevos canales privados que han seguido la l√≥gica comercial m√°s miope, porque no siempre lo comercial es sin√≥nimo de mediocridad y facilismo, como lo demuestran excelentes estaciones de TV comerciales europeas y estadounidenses.

Como periodistas, no hemos crecido. M√°s bien hemos sido apabullados, enajenados. Muchas veces, intelectualmente secuestrados.

Cambiar esto, l√≥gicamente, no est√° solo en manos de los periodistas sino tambi√©n de los due√Īos de los medios, que en Chile son, al mismo tiempo, due√Īos de casi todo, y por lo tanto sus intereses en ellos son fundamentalmente comerciales y pol√≠ticos. A veces pienso (¬Ņingenuamente?) que aparecer√°n modernos empresarios de la prensa y se dar√°n cuenta de que sin informaci√≥n cualquier posibilidad de desarrollar el pa√≠s en serio se estrellar√° con una poblaci√≥n bobalicona y sumisa que, al contrario de lo que se podr√≠a pensar, no servir√° para que Chile tenga empresas pioneras en algo m√°s que vender pescado, vino, cobre y frutas. ¬ŅSer√° posible? No tenemos un empresariado especialmente adelantado y, en general, es poco ilustrado. Pocos pa√≠ses lo tienen, pero donde los hay son una fuerza de desarrollo imparable.
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Los periodistas tendr√≠amos que presionar por llegar a alg√ļn acuerdo con ellos para que realmente se pueda traer el mundo a Chile, con independencia, como en los pa√≠ses verdaderamente ricos, no solamente de dinero. Convencerlos de que no hay modernidad s√≥lida sin una prensa independiente, diversa y libre.

Pero ¬Ņno ser√° tambi√©n que los periodistas nos hemos convencido de que estamos haciendo buen periodismo? Me temo que algo de esto hay. He escuchado a editores de noticieros de TV decir que sus informativos est√°n a la altura de los mejores del mundo, cuando basta ver qu√© emiten sobre noticias internacionales, cient√≠ficas y culturales para saber que no es as√≠. En lugar de entender la interdependencia global, nuestra visi√≥n sigue siendo isle√Īa. ¬ŅNo es importante para un chileno saber qu√© ocurre en el mundo? Si una transnacional tiene p√©rdidas brutales en un mercado y ganancias extraordinarias en nuestro pa√≠s, ¬Ņno vale la pena preguntarse por las causas? El √©xito de un cineasta chileno en un festival extranjero, ¬Ņno ilusionar√° a cientos de j√≥venes artistas?

Las noticias internacionales, cuando tienen cabida, generalmente son noticias de agencia sin ning√ļn procesamiento propio; o an√©cdotas m√°s o menos divertidas o tr√°gicas: un mono que es boxeador en Pennsylvania, un choque de trenes en Birmania o una inundaci√≥n en Bangladesh. Tambi√©n sirve si aparece un chileno en territorio extranjero, aunque sea tataranieto de un chileno o lo haya sido en otra vida. Y si no les gusta, que vean el cable, amenazan buena parte de nuestros editores. As√≠ quienes no pueden pagar quedan sometidos a una pol√≠tica tontorrona que no los dejar√° tener una visi√≥n amplia y creativa del mundo, transformando la TV abierta, poco a poco, en otro factor de desigualdad de oportunidades. No nos podemos quejar de que la gran mayor√≠a de nuestros j√≥venes salgan del colegio pr√°cticamente analfabetos, sin visiones que los llenen de curiosidad y los impulsen a comerse el mundo.

Este problema no es de la izquierda ni de la derecha. Es un problema de mediocridad y adormecimiento general: la mirada cortoplacista de la audiencia, que ha contaminado a muchos periodistas y editores con la mirada exclusivamente comercial y pol√≠tica de los due√Īos de los medios, o con la del inter√©s electoral y personal que muestran los actores pol√≠ticos.

El periodismo, en vez de ser una ventana abierta para airear la sociedad, para debatirla a fondo, se ha transformado en el validador de su encierro y ahogo.

Muchas veces los chilenos nos vemos como los campeones de la innovación, pero no estamos dispuestos a asumir demasiados riesgos. Y si bien nos encanta la originalidad y la renovación, rápidamente repetimos comportamientos que se parecen mucho a los más conservadores que alguna vez rechazamos.

Los de entonces somos los de siempre.

Así hemos terminado parándonos al borde de la novedad y del futuro, dando vueltas y vueltas y corriendo en círculos, sin atrevernos a tomar una dirección clara. Unos aturdidos, otros cínicos.

En estos √ļltimos a√Īos se ve que podr√≠amos estar acerc√°ndonos a un punto de inflexi√≥n en el que, por fin, ha aparecido una nueva generaci√≥n que no tragar√° tan f√°cilmente ruedas de carreta. El espacio de la Pol√≠tica y del Periodismo se ha vaciado y no ha sido tomado por nadie. Es nuestra responsabilidad no seguir siendo informados a trav√©s de fotocopias de fotocopias reflejadas en un espejo fotocopiado. Solo as√≠ quiz√°s podremos acortar y, alg√ļn d√≠a superar, la magnitud de nuestra derrota.

*Este artículo está basado en pasajes de su libro Memorias de un testigo involuntario (1973-1990), publicado por Editorial Catalonia. Publicado por The Clinic

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