Sep 17 2016
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Cultura

Chile: La patria insospechada

 

Rodrigo Lara Serrano, en su libro¬†La patria insospechada¬†(Catalonia), nos conduce por ‚Äúepisodios ignorados de la historia de Chile‚ÄĚ de manera amena y sint√©tica. En el volumen circulan personajes como Jos√© Miguel Carrera, Vicente P√©rez Rosales y Bernardo O‚ÄôHiggins. Incluso se narra una curiosa historia sobre las sopaipillas. El autor es periodista de la Universidad de Chile, escritor y dibujante. Particip√≥ en el taller del escritor Jos√© Donoso y en 2014 fue uno de los ganadores del Concurso de Cuentos Revista Paula. Ha publicado¬†Antes de la ventura¬†(Editorial Beatriz Viterbo, Argentina) y¬†Diario √≠ntimo del correcaminos¬†(Ediciones B, Chile). Es editor ejecutivo de la revista¬†Am√©rica Econom√≠a¬†y fue corresponsal de El Mercurio¬†en Argentina en las √°reas de pol√≠tica, econom√≠a y sociedad. Vive actualmente entre Buenos Aires y Santiago.

-¬ŅC√≥mo surge la selecci√≥n de estos episodios ‚Äúinsospechados‚ÄĚ de nuestra historia?

-El primer impulso es la sensaci√≥n, desde cabro chico, de que aqu√≠ hubo antes otra civilizaci√≥n. Los nombres de cerros, plantas, animales, algunas calles ven√≠an de otra lengua. Era como estar en los cuentos de Cr√≥nicas marcianas de Ray Bradbury: ac√° existi√≥ otro mundo y ha desaparecido, que nuestros antepasados, los invasores, destruyeron. Es cierto que gen√©ticamente somos mayoritariamente, de la clase media hacia abajo, herederos de los ‚Äėmarcianos‚Äô sobrevivientes, pero en la pr√°ctica se viv√≠a el desprecio autom√°tico por lo indio: el ‚Äėno seai indio‚Äô. La negaci√≥n de que algo importante viniera de ah√≠.Resultado de imagen para Rodrigo Lara Serrano historiador

Supongo que a los √ļltimos treinta a√Īos del siglo XX, cuando se los mire de lejos, se los va a ver como una √©poca muy loca: reinaba esta mirada paranoica de que el mal ven√≠a de afuera, de ‚Äėlas ideas for√°neas‚Äô y, a la vez, que el mundo f√≠sico y el pasado ind√≠gena ‚Äėval√≠an callampa‚Äô. Y ¬Ņqu√© era lo que estaba en medio de ese s√°ndwich? Cosas muy pobres: que la Patria ser√≠a el orden en las calles y la libertad de comprar y vender.

Pero por las grietas de esa mirada se colaban cosas raras: me acuerdo de una nota de la Revista del Domingo que hablaba de un tipo que recorr√≠a Chile ‚Äėordenando‚Äô bald√≠os. Sal√≠a una foto de un hoyo pelado en la tierra que el gallo hab√≠a bautizado como El peso chileno. Entonces alguien se acordaba de la gran caminata de miles y miles de desempleados del salitre desde las salitreras a Santiago. Que ese gallo tal vez era uno de los √ļltimos de esos andarines que por cientos se quedaron para siempre deambulando por el pa√≠s, haciendo de temporeros o enceradores de pisos. O, de repente, alguien nos sorprend√≠a con que la mitolog√≠a chilote estaba calcada en gran parte de la catalana del siglo XV. Tambi√©n con que Allen Ginsberg y Evgueni Evtushenko, hab√≠an paseado por un Chile cercano, pero que ya comenzaba a parecer otro mundo.

Después me fui de Chile y cierta conexión de una parte de la familia de mi padre con el sur-sur, no siempre feliz, me mantenía pensando en el pasado. Empecé a comprar libros de cronistas y viajeros: El naufragio de la fragata Wager, por ejemplo. O a leer a Barros Arana y resultó que estaban llenos de historias fascinantes. Y no necesariamente menores: que la Capitanía del Reyno de Chile había sido espantosamente corrupta, con asesinatos, robos, envenenamientos, que eran más los soldados que morían ahogados o como desertores que por guerrear con los mapuches. Así empezó la sorpresa.

Finalmente, pas√≥ que una revista quer√≠a hacer unas columnas y me encargaron que se las ofreciera a varias personas, pero todos se excusaron y me dijeron: ‚ÄėSi no te conseguiste a nadie, las vas a tener que hacer t√ļ‚Äô. Y ah√≠ decid√≠ que pod√≠a contar estas historias. Despu√©s la cosa se agrand√≥ y termin√© reescribi√©ndolas y agregando otras para el libro‚ÄĚ.

Historiadores vs. periodistas y otros

Resultado de imagen para Rodrigo Lara Serrano-Hay cap√≠tulos curiosos en el libro. Por ejemplo, ‚ÄúEl enigma de las sopaipillas‚ÄĚ o ‚ÄúLas manzanas s√≠smicas de Darwin‚ÄĚ. ¬ŅC√≥mo llega a enterarse de estas historias?

-Lo de Darwin está en un libro de la Editorial Universitaria que cuenta el paso de él por Chiloé, Valdivia y Concepción. Cuando fue el terremoto de 2010 de pronto se me ocurrió que, al menos que yo supiera, nadie había conectado la función de los terremotos en la política chilena. Y justo había releído la parte de Recuerdos del pasado en que Vicente Pérez Rosales cuenta cómo el terremoto de noviembre de 1822 fue usado por la Iglesia Católica y los grupos anti o’higginistas para impulsar la caída de su gobierno.

Lo de las sopaipillas viene de que soy goloso, y por haber vivido de chico en Chill√°n me qued√≥ esto de las comidas previas al mundo MacDonalds/completo como base de la dieta. Luego, en Pineda y Bascu√Ī√°n apareci√≥ un fragmento con la existencia de sopaipillas con m√°s ingredientes y fue un eureka: ‚ÄėPero claro, seguro que las sopaipillas ten√≠an m√°s cosas y eso se perdi√≥‚Äô. Al respecto hay una an√©cdota linda a ra√≠z de la salida del libro: fui a una radio, y se habl√≥ de esa cr√≥nica. Lament√© ah√≠ que se hubieran perdido estas opciones y apenas salgo, la radio controladora me dice que su abuelita hace humitas con porotos. Plato que si uno lo piensa bien ya en s√≠ es una maravilla, y con una salsa de algo encima te lo vender√≠an como un plato ex√≥tico mexicano sin problemas‚ÄĚ.

¬ŅCree que el estilo coloquial -y con bastante humor en algunos pasajes- que utiliza, es un plus con respecto a los libros de historia ‚Äúoficiales‚ÄĚ?

-‚ÄúEl estilo coloquial y el humor siempre ayudan, pero pueden hacer que un texto envejezca si la cultura de la √©poca cambia. Ahora, no s√© si habr√° mucho ‚Äėhumor‚Äô en la Historia con ‚ÄėH‚Äô may√ļscula, pero de lo que s√≠ estoy seguro es de que hay mucha iron√≠a. Por un lado hay cosas muy s√≥lidas que duran siglos y siglos: las ‚ÄėEconom√≠as-Mundo‚Äô como dir√≠a Ferdinand Braudel (si no, miremos a Chile mismo: hoy, como en el siglo XVI, subordinado a ‚Äėcentros‚Äô civilizatorios lejanos). Y por otro, las peripecias de la lucha por el poder, los tipos humanos, las codicias se repiten y tambi√©n la complejidad: nadie sabe para qui√©n trabaja, a nivel m√°s sencillito, siempre hay carambolas inesperadas‚ÄĚ.

-Ultimamente han surgido pol√©micas por libros como el suyo, con cr√≠ticas de historiadores que han cuestionado que periodistas, soci√≥logos, fil√≥sofos, etc., incursi√≥n en el campo de la historia. ¬ŅQu√© opini√≥n le merece?

-‚ÄúEllos se confunden. Los historiadores andan en un F√≥rmula 1 o en un Tesla y nosotros en un triciclo: pero un triciclo puede ser, y es, muy bueno para aprender nociones de equilibrio, aceleraci√≥n y frenada. O para que alguien pueda tener una imagen en movimiento de la historia de su comunidad, especialmente si no se va a subir nunca a un F√≥rmula 1. Muchos de los historiadores se quedan en una cosa nominalista: como el marketing de la tapa dice ‚ÄėHistoria‚Äô piensan que corremos en la misma carrera, pero son carreras distintas. De todas formas, el inter√©s en la idea de historias ‚Äėsecretas‚Äô o ‚Äėinsospechadas‚Äô, m√°s all√° de la picaresca algo inocentona a estas alturas de los editores que presionan por esos nombres para vender m√°s, agarra vuelo por el desencanto sobre el estado de las cosas en Chile. El sueldo promedio en Chile hoy es de 340 mil pesos y la integraci√≥n social se da por el consumo. Entonces, s√≠, compadre, ‚Äėsoy lo que puedo consumir‚Äô, es inevitable que surja una sensaci√≥n de estafa, por mucho que sea cierto que nunca hubo tanta gente vacunada, alfabetizada, con auto propio y consumiendo carne de vacuno, porque en la l√≥gica del individualismo posesivo la gente quiere m√°s: especialmente acceder a parte del bienestar de las elites, que s√≠ viven a un nivel de pa√≠s desarrollado.

Un problema del que tenemos que hacernos cargo los que escribimos a partir de la Historia pero no hacemos Historia acad√©mica, es el riesgo de querer caricaturizar las cosas y decir hay diez familias due√Īas del pa√≠s y son las mismas desde 1810 y que desde esa √©poca conspiran para seguirlo siendo. No son las mismas y el problema no son tales o cuales familias, el problema es la cultura hecha carne en todos nosotros, la que nos dice que la raza es la mala, que el chileno es bueno para el trago y no hay nada que hacerle, que para qu√© vamos a fabricar nada si con el campo y la miner√≠a alcanza, que el chileno es flojo y saca la vuelta‚Ķ El problema es que √©sta es una sociedad extractivista, su manera de integrarse al mundo es la misma desde el siglo XVII: saco cosas de la naturaleza y las vendo crudas o casi crudas. Nos mentimos dici√©ndonos que los berries envueltos en no s√© qu√© pl√°stico que los deja respirar es high tech, y entonces es un producto agroindustrial, pero no hay tal. La econom√≠a como est√° organizada no genera alzas de productividad aceleradas para arribar al desarrollo, y eso no tiene nada que ver con la reforma impositiva o los permisos medioambientales. Vamos a tener problemas por baja productividad y alta desigualdad de ingresos: es muy ‚Äėcolonial‚Äô. Todav√≠a vivimos bajo el hechizo de Felipe II, como titul√© una de las cr√≥nicas‚ÄĚ.

De verdades y monumentos

-Joaqu√≠n Edwards Bello -autor del libro¬†‚ÄúMit√≥polis‚Ä̬†(1973)- dec√≠a que ‚Äúposeemos una enorme capacidad para demoler los hechos ver√≠dicos y cubrir el lugar con una p√°tina de leyenda, de magia, de ultratumba‚Ķ‚ÄĚ. ¬ŅConcuerda con esta afirmaci√≥n?Resultado de imagen para Rodrigo Lara Serrano

-‚ÄúBueno, est√° esa afirmaci√≥n magn√≠fica: est√°n las mentiras, las malditas mentiras y las estad√≠sticas econ√≥micas. Por supuesto que concuerdo. El tema es que la verdad de los hechos es muy dif√≠cil de mirar de frente, para las personas, los grupos, los pa√≠ses. Entonces buscamos escamotearla. En 1890 la elite chilena comentaba a los extranjeros que pronto parte de Bolivia y hasta alguna provincia argentina pasar√≠an a ser parte de un Chile poderoso y magn√≠fico. En 1908 en Chile se gastaba en educaci√≥n p√ļblica menos que en la ciudad de Cincinnati o Boston. En 1930 el pa√≠s estaba quebrado, pero en vez de aprender comenzamos a culpar al Komitern ruso o a Langley, Virginia. Y no es que Chile no fuera un pe√≥n sacrificable en el ascenso a la hegemon√≠a de EE.UU. o, despu√©s, en la guerra fr√≠a; es que en nuestra cortedad mental como sociedad no pudimos maniobrar, como s√≠ lo hicieron pa√≠ses que pasaron incluso peor, como Corea del Sur o Noruega, para obtener una vida mejor para las mayor√≠as‚ÄĚ.

-¬ŅCree que en nuestra historia existen muchos se√Īores-estatuas sin m√©ritos para serlo?

-‚ÄúCreo que m√°s habla de Chile la fealdad constante de la mayor√≠a de los monumentos: sean de 1840 o de 2015. El m√°stil que dej√≥ el ex presidente Pi√Īera frente a la Moneda me da verg√ľenza ajena. Ah√≠ exist√≠a una fuente en los 60. Da para hacer un resumen del cambio de sensibilidades: de una cosa horizontal, blanda y con chorros m√≥viles, festiva, a un tubo met√°lico monstruoso y erecto, digno de pa√≠s adolescente. Es como la torre de Paulmann: muestra un desprecio por el entorno muy decidor. Lo genial hubiera sido, aun buscando espectacularidad a lo macho, que fuera una torre-puente que cruzara el Mapocho. Como qued√≥, es una torre que coquetea con la distop√≠a.

Paulmann, m√°s all√° de lo que sea como persona en su vida privada, es avaro con la grandeza del agradecimiento: la torre no le agradece al Chile que le permiti√≥ existir: se impone a √©l. Por eso los chistes que se hacen del parecido con la torre de Saur√≥n (de El Se√Īor de los Anillos). No son pura envidia o falta de conocimiento de la arquitectura moderna. La torre ser√° una obra del gran C√©sar Pelli, pero es para un pa√≠s que s√≥lo existe unas pocas cuadras a su alrededor y hacia la cordillera‚ÄĚ.

El futuro y la relatividad de los hechos

-De lo que ocurre en la actualidad en Chile, en el plano pol√≠tico, ¬Ņsospecha de algunas ‚Äúinsospechadas‚ÄĚ situaciones que podr√≠an ser un futuro libro?

-Me gusta mucho una idea de ese ensayista, fil√≥sofo y marxista alem√°n Walter Benjamin, que dice que el Angel de la Historia le da la espalda al futuro y mira con horror c√≥mo las ruinas de la Historia se acumulan a sus pies a una velocidad espectacular, propuls√°ndolo hacia los cielos. Siempre me imagino a ese √°ngel dando aletazos para no irse cuesta abajo y sacarse la cresta. De la actualidad chilena es probable que el futuro destaque cosas que nosotros no advertimos. Quiz√° el desastre de las salmoneras y Chilo√© sean vistos como una bisagra, una alarma, el canario que se muere en la mina de carb√≥n alertando de la fuga de gas gris√ļ, cuando el cambio clim√°tico nos pegue duro. Y la historia de las ‚Äėcascadas‚Äô, en cambio, se olvide por completo.

O, por dar otro ejemplo, si el volc√°n de Laguna del Maule llega a hacer erupci√≥n de ac√° a diez, doce o quince a√Īos, eso va a ser como el terremoto del 60: un antes y un despu√©s en la historia de Chile. Es probable que el pa√≠s se corte en dos, que no se pueda volar durante semanas o hasta meses: pondr√° en una prueba de fuego al Estado chileno (¬Ņest√° la Marina preparada para hacer un puente naval en serio?). Si no la pasa, habr√° grandes convulsiones sociales. En ese contexto, hipot√©tico, lo del hijo de la Bachelet quedar√° como vuelto chico frente al juicio hist√≥rico de los sobrevivientes respecto de la organizaci√≥n que este gobierno, y los dos o tres que le sigan, preparen o no para enfrentar un desastre potencial, pero anticipado ya por a√Īos‚ÄĚ

 

*Publicado en¬† ‚ÄúPunto Final‚ÄĚ, edici√≥n N¬ļ 860, 16 de septiembre 2016.

 

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