Mar 12 2008
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Opinión

Chile. – LA SIESTA CARA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Una siesta ayuda. Sobre todo si es en medio de la jornada de trabajo. Lo dicen los chinos y otras culturas milenarias. Incluso el ministro de Obras P√ļblicas, Sergio Bitar, defiende su siesta de ocho minutos, ni uno m√°s ni uno menos ‚Äď√©l es as√≠‚Äď, para recargar pilas. Y es una siesta, claro que de un fauno, la que se recuerda como el punto de partida para la modernidad danc√≠stica.

Pero una cosa es dormir para seguir en la vigilia y otra, muy diferente, quedarse atrapado en medio del sopor. Le ocurre a los seres humanos y a sociedades completas. A veces creo, al ver la cara malhumorada de los chilenos, que no sacamos bien la siesta. Que nos gustaría seguir dormidos. Que no queremos abrir los ojos para ver lo que ocurre a nuestros alrededor. Y optamos por cerrarlos.

Un ejercicio que sale caro. Todos los d√≠as podemos ser testigos, si queremos estar despiertos, de c√≥mo nos arrebatan alg√ļn derecho. Desde las cuentas de los servicios b√°sicos. Nos anuncian reajustes en la luz, el agua, el gas, las autopistas, y nada se puede hacer. Es m√°s, las empresas se dan el lujo de repartir folletos en que explican los derechos de los usuarios. Y √©stos, a grandes rasgos, se limitan a tener informaci√≥n sobre las cuentas. El principal deber es, obviamente, pagar puntualmente.

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Nada se dice respecto a que el derecho hay que ejercerlo a través de la empresa. La investigación que realiza la superintendencia respectiva normalmente se basa sólo en la información que aquella entrega. Eso, cuando el ciudadano está informado que puede recurrir a alguien. Lo habitual es que las decisiones que afectan a los habitantes de la ciudad se tomen sin considerar sus opiniones. A no ser que vivan en barrios que aglutinan a gente con poder económico. Allí las cosas cambian y las voces son escuchadas.

En el resto, las autopistas van en superficie, mientras las otras son subterr√°neas.

A partir de enero, las autopistas subieron sus tarifas en m√°s de 11%. Y continuar√°n los costos m√°s elevados en las horas punta, exista o no mayor demanda de automovilistas. La explicaci√≥n de Herman Chadwick, presidente de la Asociaci√≥n de Concesionarios, es simple: ‚ÄúLa modernidad tiene costos‚ÄĚ. Una explicaci√≥n que es avalada por la autoridad que permite los cobros y la inexistencia de alternativas viales o que √©stas se encuentren en precarias condiciones. Pero hay algo a√ļn m√°s grave. Varias de las autopistas concesionadas ocupan importantes tramos que hab√≠an sido construidos con dineros fiscales. Y ahora hay que pagar por utilizarlos.

Yendo m√°s al tema de fondo ¬Ņrealmente benefician las autopistas a todos los chilenos? ¬ŅEs cierto que todos pueden ocuparlas? En 2007, el costo mensual por utilizar las de Santiago vari√≥, entre $ 33.000 (US$ 75) y $ 61.000 (US$ 139).

Es el costo de la modernidad, como dice Chadwick, pero ¬Ņse pronunciaron los ciudadanos sobre este costo? ¬ŅEra la modernidad que necesitaba el pa√≠s en el momento en que vive?

Pareciera que la siesta en que nos encontramos no permite frenar algunas realidades que no hablan bien de la democracia chilena. Uno llega a pensar que el derecho de propiedad es m√°s importante que el derecho a la vida. Un aer√≥dromo en medio de Santiago ha causado ya varias tragedias. La √ļltima, el mi√©rcoles 27 de febrero. Una docena de v√≠ctimas dej√≥ la ca√≠da de un avi√≥n de Carabineros sobre un grupo de mujeres que realizaba actividades f√≠sicas en el Estadio Municipal de Pe√Īalol√©n. Otra veintena sufri√≥ heridas de diversa gravedad.

Pese a que varios accidentes con v√≠ctimas fatales se√Īalan claramente la peligrosidad del aeropuerto de Tobalaba, su erradicaci√≥n no es tema urgente. La principal raz√≥n estar√≠a en la importancia comercial del recinto. La Asociaci√≥n de Operadores y Pilotos de Aeronaves de Chile calcula que Tobalaba genera recursos por alrededor de $ 26.000 millones (US$ 59 millones) anuales. Una raz√≥n poderosa para impedir la erradicaci√≥n que estudiar√° una comisi√≥n creada por la presidenta Bachelet. Pero el ministro Bitar ya ha se√Īalado que el cierre total no ser√≠a factible. Este aeropuerto pertenece al Club A√©reo de Santiago, integrado por 400 socios, y a la Prefactura Aeroespacial de Carabineros.

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Como el fauno del ballet de Vaslav Nijinsky, que se enreda en las ondulaciones oníricas del foulard de una ninfa, la realidad chilena se transforma en un remedo, reemplazada por el desvarío hedonista. Quienes manejan el poder económico imponen pautas que nada tienen que ver con el sentido democrático del parecer popular. Ni siquiera con la vida. Y el sopor de una larga siesta adormece a quienes tendrían que defender sus derechos. Dar a conocer, al menos, el sentido que para ellos tiene la modernidad.

Porque al paso que vamos, y si seguimos durmiendo, de pronto nos enteraremos que sobran dos millones de chilenos. Y, lo peor, lo sabremos cuando ya hayan desaparecido.

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* Periodista.

wtapiav@vtr.net.

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