Nov 6 2015
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Política

Chile: Lagos, el encantador de serpientes

 

Hay se√Īales a tener en cuenta. A los pocos d√≠as del lanzamiento del proceso constituyente -una madeja jur√≠dica con no pocos nudos y trampas-, ha sido la misma casta pol√≠tica que ha navegado con pericia y comodidad con la Constituci√≥n de Pinochet la que se apropia del anuncio. Figuras ancladas desde el inicio de la transici√≥n, como Ricardo Lagos, Jos√© Miguel Insulza o Eduardo Frei, se ubican en la frontera democr√°tica y, ante la nostalgia pinochetista de la derecha y su defensa constitucional, reproducen, como en tantas oportunidades anteriores, la cl√°sica y rentable antinomia del S√≠ y el No.

De seguir este curso y en estas manos el debate, es posible que el proceso constituyente mude en una discusión artificial y acotada, tal como los debates legislativos desde los albores de la política de los consensos: la nueva Constitución como un nuevo acuerdo de las elites, como un producto de negociaciones legislativas.

Los eventos en torno al proceso apuntan en esa direcci√≥n, en un terreno ya delineado. A pocos d√≠as de presentada la propuesta constituyente, el ex presidente Ricardo Lagos, figura clave de los consensos de la postdictadura, se instal√≥ como piedra angular de la futura discusi√≥n. Quien hiciera suya en 2005 parte de la Constituci√≥n de Pinochet, hoy profundiza este mismo camino: ‚ÄúHe sido actor o espectador interesado de todo lo que ha pasado en el debate desde la d√©cada de los 80‚ÄĚ, record√≥ en una entrevista a la vez que saca a relucir el trabajo realizado por #tuconstitucion, el sitio de Internet montado por su Fundaci√≥n Democracia y Desarrollo.

El esp√≠ritu de la transici√≥n se observa en las declaraciones de Lagos, que se presenta y se eleva a la categor√≠a de fundador republicano y estadista m√°s all√° del bien y el mal del partidismo. Una ilusi√≥n montada desde inicios de los a√Īos noventa del siglo pasado que otra vez planea sobre el escenario pol√≠tico. En los hechos, aquel Estado, la rep√ļblica de Lagos, es la institucionalidad pol√≠tica y econ√≥mica heredada de la dictadura. Cu√°ntas veces recordamos al ex presidente defender ‚Äúlo logrado‚ÄĚ por el modelo neoliberal, a Lagos como el articulador de las grandes concesiones, de los cr√©ditos en la educaci√≥n superior, del lucro en todos los servicios p√ļblicos.

Ricardo Lagos es una figura del consenso neoliberal globalizado. Tras dejar el gobierno durante la década pasada ha formado parte, junto a Felipe González y Henrique Cardoso, y algunos otros, de un grupo financiado por distintos bancos que viaja por el mundo proclamando las bondades de la socialdemocracia neoliberal. Una barrera de contención levantada en Latinoamérica que tiene como objetivo frenar la extensión de los progresismos y de los movimientos sociales y populares. Su encono contra el gobierno bolivariano de Venezuela, que arrastra hoy también a amplios sectores de la Nueva Mayoría, lo ha ubicado de forma natural al costado de la extrema derecha latinoamericana.

Este es el lugar que ocupa el ex presidente chileno en el tablero pol√≠tico regional y mundial. Una posici√≥n muy clara de cara al mundo, que en el escenario nacional sufre todo tipo de matices, recovecos y confusiones. Lagos, el defensor de los consensos de la transici√≥n, de la comodidad y goce de la institucionalidad de Pinochet, se levanta hoy como el conductor del proceso constituyente desde su condici√≥n de reformador a la actual Constituci√≥n. Como si la coautor√≠a junto al binomio Pinochet-Guzm√°n lo certifique como el √ļnico y verdadero Poder Constituyente.ch ricardo lagos1

Lagos se empodera tras la crisis institucional y pol√≠tica. Pero √©l tambi√©n es paradigma de esta crisis y de su deterioro terminal. Las se√Īales que env√≠a apuntan a la recreaci√≥n de un nuevo debate falsario junto a la derecha cristalizada para avanzar, posteriormente, hacia el consenso de una nueva Carta Magna, la que debiera evitar, desde sus propias palabras, cambios radicales, ‚Äúuna revoluci√≥n‚ÄĚ. Lagos surge como la quinta columna, el encantador de serpientes, el prestidigitador pol√≠tico. Si no hay una respuesta y la sociedad civil no toma el proceso constituyente en sus manos, el riesgo de un proceso conducido por las elites gatopardistas es muy alto.

*Periodista chileno.Publicado en ‚ÄúPunto Final‚ÄĚ, edici√≥n N¬ļ 840, 6 de noviembre, 2015

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