Oct 5 2020
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Política

Chile: Los saludables desacuerdos electorales

En treinta a√Īos de posdictadura, los chilenos nunca han podido comprobar cu√°l es el peso ciudadano real de nuestros partidos pol√≠ticos. La competencia democr√°tica ha estado acotada siempre por los acuerdos cupulares que se pactan antes de cada evento electoral, en los cuales se reparten las cuotas de poder y se impide la sana renovaci√≥n de los actores pol√≠ticos.

La edad promedio de los parlamentarios se ha ido elevando preocupantemente a causa de esta cantidad de transacciones entre las colectividades, lo que abunda también en el envejecimiento de las mismas instituciones y la corrupción de quienes buscan aferrarse a sus cargos. Esto explica la actual apatía ciudadana y que hoy los militantes efectivos de los partidos difícilmente excedan el 4 o 5 por ciento del padrón electoral.

En los √ļltimos d√≠as, hemos tenido la saludable noticia de que los partidos de oposici√≥n no lograron un acuerdo para encarar todos juntos las elecciones primarias para gobernadores regionales. De esta forma, todo indica que en la autodenominada centro izquierda, al menos habr√°n tres o cuatro referentes que, por supuesto, ahora no solo tendr√°n que competir con el oficialismo sino entre ellos. En la derecha, en cambio, los acuerdos suelen ser m√°s fluidos, puesto que los m√°s ruidosos disensos entre sus integrantes finalmente concluyen en acuerdos electorales forzados por La Moneda y los poderosos grupos empresariales que fielmente todos representan en el Gobierno, el Poder Legislativo y tambi√©n en muchos municipios.

Pero en este incordio nada es muy definitivo. Ya sabemos c√≥mo la clase pol√≠tica hace algunos a√Īos logr√≥ una legislaci√≥n express que en muy pocas horas extendi√≥ el plazo de inscripci√≥n de sus candidatos ante el Servicio Electoral, para as√≠ salvar a la Democracia Cristiana, cuyas reyertas internas le hac√≠an imposible armar a tiempo su n√≥mina de postulantes. No ser√≠a extra√Īo, entonces, que los partidos de la ex Concertaci√≥n, el Partido Comunista y el Frente Amplio pudieran alcanzar m√°s adelante alguna forma de soslayar esta divisi√≥n en busca de un mejor escrutinio. En todos ellos tambi√©n opera la incertidumbre de cu√°nto realmente pesa cada uno en la opini√≥n p√ļblica y, en algunos casos, poder despejar si podr√°n siquiera alcanzar un m√≠nimo caudal de sufragios para no desaparecer del mapa electoral.

Creemos, en cambio, que los próximos comicios puedan responder esta y otras incógnitas. Tal vez, una mayor diversidad de opciones pudiera despertar, además, el interés de ese sesenta por ciento de ciudadanos que ya no concurre a las urnas y siente un intenso desprecio por los que, a fuerza de inicuas componendas, se reeligen incesantemente y no dudan en proclamarse representantes del pueblo.

En las democracias serias, los pactos entre partidos se alcanzan una vez en que se instala el Ejecutivo y las c√°maras legislativas, lo que debe ser as√≠ para darle gobernabilidad a sus pa√≠ses, sobre todo cuando no hay ning√ļn referente que alcance la mayor√≠a absoluta de los votos. Entre otros prop√≥sitos, ojal√° que la nueva Constituci√≥n le garantice a los ciudadanos la posibilidad de remover a sus representantes cuando √©stos incumplan sus promesas electorales o simplemente hayan perdido la confianza del electorado.

En Chile, se da el caso de que el propio Pi√Īera est√° resuelto a completar su segundo gobierno, pese a que fue elegido por menos del¬† 35 por ciento del padr√≥n electoral y su p√©sima gesti√≥n lo ha llevado a derrumbarse estrepitosamente en las encuestas. Sin duda que la pandemia y los estados de emergencia contribuyen a su cometido.

Pensamos que resultar√≠a muy importante, entre otros, conocer por fin la gravitaci√≥n de los comunistas y de ese multifac√©tico Frente Amplio que, para muchos, todav√≠a promete una esperanzadora renovaci√≥n en la pol√≠tica. Tambi√©n podr√° ser √ļtil comprobar si todav√≠a existe, realmente, un a√Īoso partido como el de los radicales, tanto como evaluar si el PPD, el Partido Socialista y la Democracia Cristiana tienen alguna raz√≥n de seguir existiendo. Cuando lo que se aprecia en ellos es una¬† mera afluencia de ambiciones personales ,y ya desde hace mucho tiempo no se distinguen sus perfiles doctrinarios y program√°ticos.

Baste para ello observar la continuidad de acciones y omisiones entre todos los √ļltimos mandatarios. No en vano, algunos dicen que la principal oposici√≥n a Pi√Īera es Pi√Īera mismo. Lo que dice y decide.

Dimensionar electoralmente lo que son, podría facilitar la posibilidad de que visualicemos un líder y abanderado presidencial que logre derrotar a quienes con tanta opacidad se vienen rotando en La Moneda, cuando los que barajan los medios de comunicación son caudillos de suyo presuntuosos, sin ideario definido y cuya aparente popularidad está dada más por los matinales de la televisión que por sus logros y solvencia ética. Por algo las mismas encuestas no logran ser muy coherentes en sus mediciones de un mes a otro.

La gran duda que ahora surge es si los partidos ser√°n capaces de encontrar tantos candidatos para postular a los altos cargos p√ļblicos o si para ello deber√°n recurrir nuevamente a cantantes, deportistas y figuras de los mismos vodeviles criollos para confeccionar sus listas. A pesar de que se asume ampliamente que el m√°s seguro oficio e ingreso lo otorgan los altos cargos del Estado.

Democracia debe ser diversidad informativa, libertad de expresión y de asociación más que comicios perpetuamente determinados en Chile por el dinero y la creciente apatía electoral. De allí que nuestro sistema institucional esté tan desacreditado y el país se haya visto forzado a irrumpir en las calles y ciudades para expresar sus frustrados anhelos y demandas sociales.

Por lo mismo es que el pueblo fue capaz de imponer a las autoridades un proceso constituyente y el plebiscito de este fin de mes; aunque en las numerosas trampas impuestas por el Ejecutivo y¬† el Parlamento, nada asegura que este evento logre consolidar posteriormente la voluntad soberana y re√ļna un caudal de votos para legitimarse. Por algo quienes temen su inminente derrota en esta consulta est√°n activando los peligros del coronavirus para que los ciudadanos desistan de votar. As√≠ como se negaron a permitir el sufragio virtual o a distancia, como ocurre ya en varias naciones del mundo.

Quiz√°s si lo √ļnico que se pueda asegurar, por ahora, sea un masivo ‚Äúapruebo ‚Äú a una nueva Carta B√°sica, adem√°s de desahuciar que la Convenci√≥n Constitucional quede integrada por representantes designados por el Poder Legislativo. Confiamos que ello termine con la desmedida influencia de la actual clase pol√≠tica, estimule el alejamiento de la administraci√≥n p√ļblica de decenas de personajes que por mucho tiempo vienen medrando del poder, como de las reglas del juego que les heredara el pinochetismo. De lo que llaman ‚Äúestado de derecho‚ÄĚ.

De todas maneras, de prevalecer los leoninos qu√≥rums y otras zancadillas en el proceso de redactar la nueva Constituci√≥n, estos saludables desacuerdos al interior de la oligarqu√≠a, as√≠ como los resultados del mismo plebiscito, lo que m√°s pueden es volver a alentar la organizaci√≥n social como su movilizaci√≥n y protesta, los verdaderos motores del cambio que Chile se merece. Porque despu√©s de treinta a√Īos de llevar el mismo c√°ntaro al agua, este termin√≥ quebr√°ndose.

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