Ago 25 2015
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Política

Chile: Pactos de silencio y esa larga impunidad

La muerte de los generales Manuel Contreras Sep√ļlveda, ex jefe de la Direcci√≥n de Inteligencia Nacional (Dina), y Hern√°n Ram√≠rez Rurange, ex jefe de la Direcci√≥n de Inteligencia del Ej√©rcito (Dine), adem√°s de la condena final para otros trece oficiales de inteligencia y de la justicia militar por el secuestro y asesinato del qu√≠mico Eugenio Berr√≠os, ocurrido en Uruguay en 1992, reabrieron la vieja llaga de la impunidad.
El ‚ÄúMamo‚ÄĚ Contreras, otrora poderoso director de la primera polic√≠a secreta de Augusto Pinochet que oper√≥ entre 1973 y 1977, responsable de los m√°s atroces cr√≠menes en la historia del pa√≠s, falleci√≥ a los 86 a√Īos en el Hospital Militar. Estaba condenado a m√°s de 500 a√Īos de c√°rcel y esperaba sentencia por otros cientos de procesos que a√ļn se investigan en los tribunales. Fue cremado pocas horas despu√©s en el Cementerio Cat√≥lico, vestido con su uniforme de gala de general. Ram√≠rez Rurange, en tanto, de 76 a√Īos, se peg√≥ un tiro en la sien en su domicilio para evitar ir a prisi√≥n por m√°s de 20 a√Īos, sentencia emitida por la Corte Suprema a comienzos de agosto.
Contreras, autodicta en los secretos de la inteligencia militar, recibió una orden directa de Pinochet para crear la Dina a fines de chile cnn y contrerasseptiembre de 1973, después que el entonces director de la Escuela Militar, el coronel Nilo Floody, elegido por el dictador para esa tarea, lo convenciera de que él no era el más indicado para la misión.
La Dina inició sus actividades en la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes, a 120 kilómetros al oeste de Santiago, cerca del exclusivo balneario de Santo Domingo. Hasta allí llevaron a decenas de prisioneros que fueron sometidos a bárbaras torturas.
Contreras eligió personalmente a los oficiales que integraron los diferentes departamentos y cuarteles de la Dina, que empezaron a operar en paralelo a los servicios de inteligencia de las fuerzas armadas. También reclutó a civiles que habían participado en agrupaciones políticas de ultraderecha durante el gobierno del presidente Salvador Allende.
Muchos oficiales seleccionados para servir en la Dina recurrieron a los m√°s rebuscados argumentos para evitar ese destino. Otros, los menos, marcharon gustosos a la cruzada en contra del comunismo que pregonaba el ‚ÄúMamo‚ÄĚ. Hoy, estos √ļltimos cumplen o ya cumplieron penas por cr√≠menes de lesa humanidad y son los que conformaron el n√ļcleo duro de la represi√≥n entre 1973 y 1978. A partir de ese √ļltimo a√Īo, cuando la Dina ya hab√≠a sido reemplazada por la Central Nacional de Informaciones (CNI), y Contreras trataba de evitar las investigaciones judiciales por los asesinatos del general Carlos Prats, en Buenos Aires, en septiembre de 1974; del ex canciller Orlando Letelier, en Washington, en septiembre de 1976; y por el atentado en contra del dirigente democratacristiano Bernardo Leighton, en Roma, en octubre de 1975, el general Pinochet opt√≥ por involucrar en las tareas represivas a la Dine y a las estructuras m√°s secretas del ej√©rcito, hasta ese momento s√≥lo preocupadas de la seguridad externa.

El brazo armadochile contreras.pinochet
En 1981, Pinochet eligi√≥ a la Dine para que asesinara a Tucapel Jim√©nez, dirigente sindical socialdem√≥crata que amenazaba agrupar a las organizaciones laborales opositoras. Tambi√©n orden√≥ a la Dine que eliminara al ex presidente de la Rep√ļblica Eduardo Frei Montalva, quien fue inoculado con una sustancia t√≥xica cuando se recuperaba de una operaci√≥n g√°strica en la Cl√≠nica Santa Mar√≠a. El dictador involucr√≥ luego a oficiales de la Dine y de los altos mandos del ej√©rcito en sus propios negocios turbios: adquisici√≥n de propiedades, coimas, dep√≥sitos ilegales en el extranjero e incluso narcotr√°fico, seg√ļn revelaciones del propio Manuel Contreras en los √ļltimos a√Īos.
A mediados de la d√©cada de los 80, cuando los tribunales de justicia empezaron t√≠midamente a investigar algunos cr√≠menes de la dictadura, en instancias hasta ahora no bien precisadas se dise√Īaron estructuras de protecci√≥n para los agentes m√°s buscados. Algunos magistrados y detectives de la polic√≠a de Investigaciones sostienen que para crear ‚Äúnidos‚ÄĚ en el exterior que cobijaran a los pr√≥fugos se recurri√≥ a agentes de espionaje y v√≠nculos establecidos en el denominado Plan C√≥ndor, una instancia de colaboraci√≥n entre polic√≠as secretas de las dictaduras del Cono Sur en cuya formaci√≥n tuvo un papel protag√≥nico el ‚ÄúMamo‚ÄĚ Contreras.
As√≠, por ejemplo, se recurri√≥ a contactos en Brasil para refugiar a Ra√ļl Osvaldo Romo Mena, agente civil de la Dina que trabaj√≥ en la represi√≥n del MIR. Tambi√©n se apel√≥ a los paraguayos para esconder en ese pa√≠s a Miguel Estay Reyno, ‚ÄúEl Fanta‚ÄĚ, desertor del Partido Comunista que colabor√≥ con el Comando Conjunto de la Fuerza A√©rea en la captura y asesinato de militantes de las Juventudes Comunistas en los a√Īos 1975 y 1976. En el caso de oficiales a√ļn en servicio activo se opt√≥ por ubicarlos como agregados militares en embajadas de Chile.
Paralelamente, desde el Ministerio de Justicia se ejerci√≥ un f√©rreo control sobre el nombramiento de los jueces y en la Fiscal√≠a Militar, bajo la conducci√≥n del coronel (J) Fernando Torres Silva, se dise√Īaron estrategias de defensa para los uniformados que se vieran obligados a declarar en los tribunales.
Tras el retorno de la democracia, Pinochet -al frente de la comandancia en jefe del ejército- ordenó al director de la Dine, el hoy suicidado general Hernán Ramírez, que sacara del país al químico Eugenio Berríos, fabricante de gas sarín en tiempos de la Dina y más tarde vinculado a la producción de estupefacientes. Ramírez formó un grupo de tarea con oficiales y suboficiales de la Brigada de Inteligencia del Ejército (BIE) y de las unidades de espionaje y contrainteligencia, y sacó a Berríos hacia Argentina con destino final en Uruguay, donde finalmente fue asesinado con cinco balazos en la nuca y sepultado en una playa, boca abajo y con las manos atadas a la espalda con alambre, replicando una amenazante ejecución mafiosa.
Las maniobras para esconder ese crimen se extendieron por casi veinte a√Īos. Pero al final tanto los autores como los encubridores terminaron sentenciados a largas condenas, incluido otro de los ex directores de la Dine, el general Eugenio Covarrubias Valenzuela, quien la comand√≥ entre 1991 y 1996, que fue condenado a 15 a√Īos de c√°rcel, y el propio ex auditor militar, Fernando Torres, condenado a diez a√Īos.
Entre los autores tambi√©n figuran tres oficiales uruguayos -Tom√°s Casella Santos, Eduardo Radaelli Copolla y Wellington Sarli Pose-; el brigadier (r) Manuel Provis Carrasco alias ‚ÄúFrancisco Valenzuela‚ÄĚ, ex miembro de la Dina, de la CNI y del BIE; y, el mayor (r) Arturo Silva Vald√©s, autor material del asesinato de Berr√≠os, ex miembro del Servicio Secreto de la Dine. Este √ļltimo oficial, miembro del arma de Caballer√≠a, jugador de polo, de refinados gustos, considerado por algunos de sus ex camaradas como ‚Äúel James Bond chileno‚ÄĚ, fue enviado junto a otros agentes de inteligencia a formar parte del equipo de seguridad de Agust√≠n Edwards, propietario del diario El Mercurio, luego de que su hijo Cristi√°n fuera secuestrado por el Frente Patri√≥tico Manuel Rodr√≠guez en 1992. Por esos mismos d√≠as la revista Qu√© Pasa public√≥ un reportaje donde se entregaron antecedentes que revelaban la participaci√≥n de Silva Vald√©s en el secuestro y asesinato de Berr√≠os. El propio oficial acudi√≥ a hablar con el director de ese medio, Cristi√°n Bofill, hoy director de Canal 13, para desmentir la informaci√≥n, petici√≥n que fue acogida por el medio.
La Dine tambi√©n particip√≥ en la protecci√≥n de los oficiales involucrados en una financiera ilegal, conocida como ‚ÄúLa Cutufa‚ÄĚ, que funcion√≥ al interior del ej√©rcito desde mediados de los 80 hasta bien avanzados los a√Īos 90. Algunos jueces y detectives tambi√©n creen que la Dine tuvo injerencia en los asesinatos del periodista ingl√©s Jonathan Moyle, cuyo cad√°ver fue encontrado en su habitaci√≥n del Hotel Carrera en marzo de 1990, y del coronel Gerardo Huber Olivares, en enero de 1992.

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