Feb 1 2008
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Opinión

Chile: Penas, penitas. – MALES MENORES, MALES MAYORES Y OTRAS REALIDADES

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

No es malo comenzar un discurso ‚Äďque no es la ch√°chara de los banquetes ni la de los pol√≠ticos puestos a ganar votos‚Äď con una confesi√≥n. Cuando primero pensamos en caracterizar a la entonces reci√©n elegida presidente Michelle Bachelet como Mam√° Oca no ten√≠amos ning√ļn af√°n caricaturesco.

La oca, que en mi tierra llamamos kaik√©n, es una madre celosa, preocupada, valiente y capaz de enfrentar dificultades, como el clima de Magallanes, inclemente, y volar, la oca silvestre (¬Ņpor qu√© calificamos de salvajes a nuestros hermanitos menores cuando son libres?) grandes distancias cuando sus migraciones estacionales.

Mamá Oca se pensó homenaje a la mujer que pudo encolumnar tras de sí la capacidad que todavía tenía a la ciudadanía para creer en el sistema político vigente; quisieron los chilenos que la eligieron ver en ella la renovación que precisaba, y precisa, la coalición gobernante. Pero no una renovación que anclara a la sociedad en una suerte de status quo marcado por la herencia de la dictadura, sino una renovación ética, y en consecuencia política, que recogiera lo mejor del pensamiento y acción republicana vista en el país.

No ha sido así. Lamentable.

Preocupaciones de la presidente sin duda ser√°n anotadas en la memoria hist√≥rica de manera positiva: el aumento de guarder√≠as infantiles, por ejemplo, o la celeridad con que logr√≥ mover el aparato del Estado cuando golpe√≥ el terremoto; pero la memoria del pueblo tambi√©n anotar√° su absoluta incapacidad ‚Äďo falta de voluntad‚Äď para producir el cambio prometido y por cuya promesa fue elegida Presidente de la Rep√ļblica.

La imagen de la oca como protectora de polluelos vulnerados y vulnerables, entonces, se fue convirtiendo en la imagen del ave estupefacta, paralizada o que por alguna perversión ideológica comenzó a proteger predadores (el predador no humano caza para alimentarse, el humano, saquea con violencia y sin piedad).

De acuerdo con la tradici√≥n pol√≠tica chilena a la Presidencia de la Rep√ļblica llegan los grandes jefes y conductores de movimientos sociales y pol√≠ticos que los proponen; algunos fueron l√≠deres de verdad, otros h√°biles manipuladores. La excepci√≥n, en m√°s de un siglo de historia republicana, desde una √≥ptica civil, la conforma el ladr√≥n-dictador que los chilenos conocieron en 1973.

Por tanto o Bachelet lleva la riendas de la Concertraici√≥n ‚Äďy de su partido, desde luego‚Äď o fueron los ciudadanos v√≠ctimas de una fraudulenta operaci√≥n comunicacional que los hizo creerlo; a menos que la presidente haya ca√≠do tambi√©n en esa trampa ‚Äďpero si cay√≥ en ella convengamos en que no tiene cualidades para conducir m√°s que la conversaci√≥n de la hora del te. Por tanto es l√≠cito adjudicarle complicidad por el descuartizamiento del pa√≠s.

Si no es as√≠, y de cierto comanda las pol√≠ticas de gobierno y de la coalici√≥n, quiere decir sencillamente que es coautora o instigadora del gigantesco enga√Īo gracias al que fue elegida.

Esto cobra especial relevancia a partir de los acuerdos entre lo peor de la derecha y lo más connotado de la dirigencia concertraicionista con miras al reparto de las mesas de las cámaras parlamentarias a partir de su próxima renovación. No cabe en la cabeza de ninguna persona que la lleve bien puesta sobre los hombros pensar en un sacrificio realizado en aras de la gobernabilidad del país.

Al contrario, ese pacto infame ‚Äďacaso una secuela tard√≠a de la infamia del que los trajo al gobierno a los concertraicionistas‚Äď lo √ļnico que asegura es la insurgencia ciudadana, del mismo modo que la municipalizaci√≥n de la educaci√≥n, y su mantenimiento en los tres primeros gobiernos pos dictadura pari√≥ la llamada revoluci√≥n ping√ľina; la incapacidad gubernamental frente a los trabajadores subcontratados ‚Äďno √ļnicamente en el cobre‚Äď signific√≥ el repunte de la lucha de clases; la est√ļpida posici√≥n gubernamental ante el leg√≠timo reclamo y acci√≥n mapuche por sus tierras conduce a una represi√≥n sin l√≠mites ‚Äďes necesario insistir en que se trata de un reclamo leg√≠timo‚Äď; en fin, la grosera insistencia en que la sociedad es un campo de batalla entre individuos que compiten para ganar m√°s dinero viene a significar que se procurar√° ganarlo por cualquier medio: explotaci√≥n del otro, narcotr√°fico, prostituci√≥n, abigeato, bandolerismo urbano…

Si a las muestras anotadas se suma el cinismo de algunos funcionarios y personalidades p√ļblicas de distinto nivel que no dudan en mentir sobre su experiencia laboral, t√≠tulos, grados o post grados acad√©micos, que han cobrado por trabajos o funciones que nunca cumplieron o ejercieron y luego achacan todo a errores de memoria, a deslices no importantes, a entusiasmo (en cualquier pa√≠s civilizado m√°s de uno/a se hubiera exiliado, ido o vuelto a la universidad o suicidado), el balance es trist√≠simo.

¬ŅA cu√°ntos se les ha pedido abandonar la funci√≥n p√ļblica y sus responsabilidades pol√≠tico-partidarias?, ¬Ņa cu√°ntos se los ha castigado por esta estafa a la credibilidad? S√≥lo, y quiz√°, a unos/as pocos/as pinganillas indefensos/as. Francisco Vidal, uno de los funcionarios que cometi√≥ uno de esos deslices, es el vocero de gobierno, y su desplante de profesor fascista ‚Äď¬Ņd√≥nde lo habr√° aprendido?‚Äď es visto, o√≠do y soportado en la televisi√≥n a diario por sus conciudadanos.

No hablemos, en el campo militar, de generales y otros altos oficiales que participaron en matanzas ‚Äďa uno de ellos Bachelet dio la venia para nada menos que iniciar los festejos patrios‚Äď. El abogado y ministro Viera-Gallo afirm√≥, obviamente disculp√°ndolo, que el hoy general Santelices ¬ęera joven¬Ľ cuando sac√≥ 14 presos golpeados hasta lo indecible de una c√°rcel para llevarlos presuroso al matadero. J√≥venes fueron muchas y muchos asesinadas/os por la dictadura.

¬ŅEs esa persona el mismo Viera-Gallo que parti√≥ al exilio, el mismo que present√≥ el libro sobre la operaci√≥n C√≥ndor de la periodista Patricia Mayorga? ¬ŅPensar√° tal vez que el ¬ęGuat√≥n¬Ľ Romo era joven, que Estay era joven, que la joven Flaca Alejandra se hab√≠a fumado un pito de m√°s? ¬ŅEstar√° de acuerdo ‚Äďcon el resto de la Concertraici√≥n que haya en la capital de su pa√≠s una Avenida 11 de Setiembre? ¬ŅAcompa√Īar√° a la presidente a inaugurar el monumento a Jaime Guzm√°n?

Una joven actriz, de talento, cierto, dijo simb√≥licamente trepada sobre su escritorio de ministra de Cultura que era la persona ¬ęque m√°s sabe de cultura en Chile¬Ľ. Nadie del mundo cultural le sali√≥ al paso; debe ser, sospecha uno, que sabe mucho; su historial, en cambio, no dice lo mismo. Los ministros son de confianza exclusiva de quien ejerce la presidencia. Pero si ella era nueva en estos menesteres, el paso marcial de la se√Īora Bachelet no es tan joven e inexperto ‚Äďsu vida la ha hecho transitar muchas experiencias ‚Äďingratas unas y otras que suponemos gratas‚Äď, por lo que debe ser que comparte la opini√≥n que sobre s√≠ misma tiene la se√Īalada ministra; Bachelet tambi√©n debe creer que sus ministros son de ¬ęizquierda¬Ľ ‚Äďcualquier cosa que para ella sea la izquierda.

Es que las mujeres no tienen suerte en la pol√≠tica chilena. Javiera Carrera lo dio y perdi√≥ todo cuando se luchaba por la independencia, y no hemos encontrado ‚Äďno un monumento como el dedicado a Jaime Guzm√°n (que alguna vez alg√ļn alcalde con verg√ľenza ordenar√° demoler antes de que lo demuelan an√≥nimamente)‚Äď ni siquiera un digno busto conmemorativo en alguna plaza de barrio que la recuerde. Pero, claro, hay diferencias entre Javiera Carrera (recomiendo leer la biograf√≠a suya de Virginia Vidal) y Michelle Bachelet.

No tienen suerte algunas mujeres, dec√≠a, o no pueden otras controlar esas terribles ganas de decir algo inteligente. Un ejemplo: la diputada ¬ęLaurita¬Ľ Allende dijo suelta de cuerpo que el asunto de la renovaci√≥n de la presidencia de la C√°mara de Diputados (es decir: un eventual acuerdo con la derecha, cualquier derecha) ¬ęse iba a zanjar en marzo¬Ľ. Ergo, no se sabe si le molesta el pacto, s√≠ que la perturba que no se haya esperado hasta marzo. Dicho lo anotado se recogi√≥ a meditar sobre el acuerdo.

Qui√©n s√≠ parece contenta con la muestra de civilidad es la presidenta del Partido Dem√≥cratacristiano (¬Ņvieron una pel√≠cula japonesa sobre un cerdito aventurero, Babe se llamaba?), Soledad Alvear. Por suerte ha dicho poco y no demasiado significativo.

En realidad los dados concertraicionistas corren sobre el tapete como pudieron haber corrido sobre el manto del Cristo mientras aquel agonizaba clavado un poco m√°s arriba. Es l√≥gico. Cuando una asociaci√≥n est√° pr√≥xima a cumplir 20 a√Īos de gobierno ya se ha repartido todo, las ilusiones de los m√°s honestos decantaron, las expectativas o se cumplieron o se perdieron y queda apenas el grato rescoldo de las brasas de invierno ‚Äďque no alcanzan para calentar a todos‚Äď. As√≠ que comienza a manifestarse el nerviosismo de la estampida. Nadie quiere correr riesgo y perder la 4X4 o el colegio ingl√©s de los hijos, sobrinos o nietos.

Se trata de pensar estrat√©gicamente c√≥mo darle el gobierno a los ¬ęadversarios de¬Ľ de ayer y conservar la pega, un cent√≠metro de vez en cuando en El Mercurio y la posibilidad de una entrevista de cuatro minutos, de tarde en tarde, en alg√ļn canal de TV ‚Äďla radio no: es para pobres‚Äď. S√≥lo que ¬ęla gente¬Ľ, pese a todo, parece reacia a entregarse a la derecha extrema: ya la viol√≥ una vez y no debe ser f√°cil hacer el amor despu√©s de una violaci√≥n. Ellos, la nueva clase, se abrazan con quienes los aborrecen, se tutean, se tragan el desprecio. El pueblo no.

Les va a costar que vote por la Alianza. Que a su vez, seg√ļn se observa, no est√° muy segura de querer los trapos y oropeles del poder. ¬ŅPara qu√©, si la Concertraici√≥n se lo administra de lo m√°s bien?

No es un asunto de tener suerte o no, como sucede con las mujeres seg√ļn se ha dicho, es un problema diferente. Con o sin Babe la DC camina segura a la divisi√≥n y el abrazo de una buena parte de lo que de ella quede con la UDI. Es un asunto de capacidad, que los varones ocultan como lo hacen los preclaros precandidatos socialistas a la Presidencia de la Rep√ļblica ‚ÄďJos√© Miguel Insulza, Alejandro Navarro, Jorge Arrate y el ¬Ņextrapartidario? Ricardo Lagos‚Äď . No han dicho nada, quiz√° esperan una encuesta ‚Äďo la hayan mandado a hacer. Y es l√≥gico que no digan nada serio. Como a la protagonista de una historia melodram√°tica, el pasado los puede condenar ‚Äďy no porque hayan pecado, simplemente a veces el ¬ędestino alcanza¬Ľ.

Mientras Chile estira los l√≠mites de la convivencia entre las clases en pugna ‚Äďy los grupos dirigentes esculpen a quienes aparecer√°n como responsables por no haberlo previsto‚Äď, alegremente, el verano comenzar√° a enfriar los ocasos frente a la mar; no importa, en febrero las vacaciones pertenecen a los pobres.

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