Abr 25 2021
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Política

Chile se alza en masiva protesta

Pocas veces en su historia Chile y su pol√≠tica se hab√≠an hecho m√°s bochornosas. Cuesta entender que siga todav√≠a vigente una Constituci√≥n que fuera repudiada por los dos tercios del electorado en una consulta ad hoc para ello y que, despu√©s de un a√Īo, las autoridades sigan empe√Īadas en jurar su adhesi√≥n a un texto ileg√≠timo en su origen y contenido, como por a√Īos se dijo. Lo normal hubiera sido que al m√°s breve plazo despu√©s de este Plebiscito se hubiera organizado una Asamblea o Convenci√≥n Constituyente¬† adelant√°ndose, tambi√©n, las elecciones presidenciales y parlamentarias. En el entendido de que la decisi√≥n ciudadana constituy√≥ un amplio voto de repudio al conjunto de la clase pol√≠tica.

Sin embargo, se asume que la Pandemia ha sido el gran pretexto para postergar todos los comicios ciudadanos y mantener en La Moneda a un Presidente ampliamente repudiado por el pueblo y a punto de ser derribado por un Estallido Social en pleno curso antes de saberse de toda esta emergencia sanitaria. Con las polic√≠as y la FFAA desplegadas en las calles, Pi√Īera ha logrado mantenerse en el Gobierno y, para colmo, aplicar criminalmente las leyes de emergencia de una Carta Magna desacreditada.

Miles de chilenos son detenidos diariamente por las fuerzas de la represión, al mismo tiempo que el país es confinado a sus hogares por las cuarentenas, en el propósito cierto de evitar la protesta social. Porque ya se sabe que éstas solo multiplican los contagios y la muerte en los sectores hacinados y pobres, es decir donde vive la mayoría de nuestros habitantes.

A lo anterior, el Gobierno le escatima recursos a los sectores acosados por el desempleo y la falta de poder adquisitivo siquiera para sus necesidades m√°s elementales. Hemos llegado a la verg√ľenza de recurrir al fondo de cotizaciones previsionales para convertirlos en bonos de auxilio a la poblaci√≥n, por lo que millones de futuros jubilados ya no van a percibir pensi√≥n alguna. Tarde o temprano estos retiros estimulados por el Congreso Nacional no solo le van a pasar la cuenta al actual jefe de estado sino al conjunto de legisladores.

Y todo sucede mientras Pi√Īera y la decena de multimillonarios que lo secundan incrementaron en millones de d√≥lares su patrimonio durante la pandemia y, ni as√≠, se resuelven a destinar siquiera un 2 o 3 por ciento de su colosal patrimonio y utilidades a enfrentar la grave crisis sanitaria y social que vivimos.

Lo curioso es que haya quienes se ufanan de una podrida democracia que desconoce tan flagrantemente la voluntad soberana del pueblo; que algunos piensen que se deben acatar la Constituci√≥n y las leyes repudiadas por la mayor√≠a. O quienes toleran que un severo transgresor de los Derechos Humanos siga en la Moneda y no sea derribado como corresponder√≠a hacerlo, cuando todas las encuestas y el sentido com√ļn se√Īalan que ya no alcanza un m√≠nimo respaldo que lo legitime en el poder.

Ya vendr√° la hora del balance para demostrar los estragos cometidos contra el pa√≠s por la administraci√≥n pi√Īerista. Es cosa de pensar solo como los desempleados se cuentan por millones, o c√≥mo las guardias blancas asolan la Araucan√≠a y cometen genocidio contra el pueblo mapuche. As√≠ como en las decenas de j√≥venes mutilados por las balas policiales, varios de los cuales han perdido sus ojos. Consideremos, adem√°s, todo lo que nos han escamoteado las grandes transnacionales protegidas por las leyes neoliberales y ecocidas de los cancerberos del Gobierno.

En el momento de escribir estas l√≠neas miles de chilenos son atacados en sus barrios y hogares para apagar su leg√≠tima protesta y furia. Pero los cacerolazos encendieron de nuevo la protesta en las poblaciones y ciudades cercadas por el Estado de Sitio y el Toque de Queda, mientras ya se organiza un paro nacional de trabajadores ¬°Qu√© gusto da comprobar que pese a las duras restricciones, el pueblo vuelve a expresarse y exigir la salida de Pi√Īera, tal como en el pasado demandara la de su mentor Augusto Pinochet. Y claro: todos podemos y debemos hacer algo para acompa√Īar a la primera l√≠nea que se expresa contundente en todo Chile, aunque los medios de comunicaci√≥n apenas lo consignen. Acotados informativamente, como siempre, solo a lo que transcurre en los cuatro palacios de nuestra institucionalidad.

En efecto, la protesta debe tener m√ļltiples caras y formas de acci√≥n. Asumiendo sin complejos y tapujos que la Constituci√≥n y las leyes hay que desconocerlas y burlarlas cuando ya no son justas y¬† se constituyen en un instrumento para ahogar la expresi√≥n ciudadana. La democracia no se mide en la llamada fortaleza de sus instituciones, por sus vetustos edificios, sino en la consecuci√≥n de los derechos del pueblo. Tan clara y largamente manifestados en Chile.

El pa√≠s debe alzarse, cercar la Moneda y forzar la salida de Pi√Īera, de sus ministros rastreros y oscuros asesores, adem√°s de poner fin a la far√°ndula parlamentaria que ha hecho gala televisiva en estos dram√°ticos momentos. Debemos impedir las nuevas postergaciones eleccionarias propiciadas por La Moneda. Pa√≠ses que est√°n en peores condiciones sanitarias no se han atrevido a cancelar los derechos ciudadanos de sus habitantes, mientras que estas dilaciones en Chile son consentidas por los propios legisladores y hasta por los impacientes candidatos.

Pi√Īera ya no tiene otro expediente que tener confinada a la poblaci√≥n, cerradas las arcas fiscales y postergadas las elecciones para prolongar su mandato y evitar ser expulsado de un cargo que apenas consigui√≥ por el apoyo de una minor√≠a nacional y gracias a la mayoritaria abstenci√≥n popular. Qu√© duda cabe que el retiro del monumento del general Baquedano de la Plaza Italia obedeci√≥ a una tajante forma de expresi√≥n de un pueblo que en realidad lo que quer√≠a era a Pi√Īera fuera del poder y derribado con todo su caballo neoliberal.

Es una hipocres√≠a sin nombre prorrogar la vigencia de una Constituci√≥n y un conjunto de leyes espurias ya repudiadas por esa enorme mayor√≠a ciudadana. Pi√Īera debi√≥ renunciar apenas el pueblo se lo demand√≥ masivamente, por lo que la historia lo juzgar√° muy dr√°sticamente por su fraudulento empe√Īo de permanecer en La Moneda y seguir benefici√°ndose de sus acciones e inexcusables omisiones.

Qué duda cabe que la dignidad nacional exige forzar su salida. De otra manera nos arriesgamos a ser tildados como un pueblo servil y complaciente. Actitud propia de aquellos parlamentarios que, con todo lo que ocurre, ni siquiera se resuelven a acusarlo constitucionalmente.

Celebramos en estos d√≠as la iniciativa de algunos parlamentarios de sumar voluntades para acusar constitucionalmente a Pi√Īera a fin de destituirlo de su cargo. Votos para ello podr√≠an haber m√°s que suficientes, por lo menos para demostrar la orfandad en que se encuentra un Primer Mandatario repudiado ya por los propios partidos y militantes del oficialismo. Sin embargo, mucho nos tememos que nuevamente haya sectores de la oposici√≥n que se resten a este voto de censura legislativa y, de esta forma, lograr que la Constituci√≥n que prometieron reemplazar hace m√°s de 30 a√Īos siga vigente y, con ello, el modelo econ√≥mico social heredado de la Dictadura.

Ya han surgido las primeras voces de algunos senadores para manifestar la necesidad de que Pi√Īera complete su per√≠odo presidencial. Pero seamos claros: el pa√≠s ya sabe qui√©nes son estos personajes y a que partidos pertenecen, as√≠ como cu√°nto les ha redituado su retracci√≥n ideol√≥gica en estos largos a√Īos en que la promesa democr√°tica ha sido desairada por los gobiernos de la Concertaci√≥n, la Nueva Mayor√≠a y, por supuesto, de la derecha.

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