Cuando Chile en toda su √©poca republicana no ha sido capaz de llegar a una paz estable con sus pueblos originarios, de forma en que sean respetados sus derechos, m√°s dif√≠cil parece que pueda acoger a los miles de inmigrantes que han golpeado sus puertas en estos √ļltimos a√Īos. A los haitianos, colombianos, peruanos y otros que siguen llegando a nuestro pa√≠s en la ilusi√≥n de un porvenir m√°s justo y digno. De esta forma es que muchos de √©stos hacen lo posible por retornar ahora a sus pa√≠ses y el Estado se ve en la obligaci√≥n de repatriarlos.

El conflicto con los mapuches en la Araucan√≠a podr√≠amos decir que se acrecienta en vez de apaciguarse, cobra m√°s vidas de comuneros y toma las caracter√≠sticas de una verdadera guerra civil, aunque las autoridades se empe√Īen en ‚Äúbajarle el perfil‚ÄĚ a la crisis y asegurar que lo que sucede en el sur son solo conatos de delincuencia com√ļn o muy aisladas acciones de terrorismo. En la √©poca actual, y pese a la prensa abyecta, ya no es f√°cil esconder los hechos y observar c√≥mo los mapuches encaran a los empresarios y a sus polic√≠as esbirros que les siguen usurpando sus territorios ancestrales, junto con la decisi√≥n del actual gobierno y los anteriores de militarizar la zona. Algo que queda patente con la represi√≥n encomendada al llamado ‚ÄúComando Jungla‚ÄĚ que acaba de ultimar a un nuevo joven mapuche y con ello encender aun m√°s los enfrentamientos y los atentados a las empresas forestales ense√Īoreadas en la zona.

Pese a que muchos habitantes de nuestro país han acogido solidariamente a los emigrantes, lo efectivo es que éstos a los pocos meses se dan cuenta de que solo estarán condenados a vivir en la pobreza y, muchas veces, en la miseria misma, lo que cualquiera puede comprobar con los miles de hacinados que viven de allegados y arriesgan su subsistencia, como ha acontecido con los incendios que han cegado brutalmente sus vidas y perdido sus modestos enseres. Privados de acceder a un sistema de salud, aspirar a su propia vivienda y, muchas veces, explotados inicuamente por las empresas que los reclutan como mano de obra barata en el campo o en la ciudad. Con salarios todavía inferiores al del empleo mínimo y, ciertamente, desprotegidos jurídicamente casi en todos los casos.

Si no fuera por los mismos pobres y discriminados chilenos, la condici√≥n de estos nuevos habitantes podr√≠a ser todav√≠a peor. Pese a toda la solidaridad que tambi√©n reciben de las iglesias y otras organizaciones de derechos humanos y, como no reconocerlo tambi√©n, de unos pocos empleadores que aprecian sus aptitudes y disposici√≥n al trabajo. Adem√°s de acreditar sus altos niveles de educaci√≥n, como todos podemos comprobarlo en los servicios que nos prestan en restoranes, servicentros, o como aseadores p√ļblicos, recolectores de frutas y otras actividades.

Pero la norma mayor es que muchos se encuentran desocupados o explotados y claman por el día en que puedan retornar a sus tierras y familias. Salir del desarraigo inducido por traficantes que comerciaron con sus ilusiones a vista y paciencia de nuestras autoridades, de las líneas aéreas cómplices que los trajeron, sin que se identifique todavía estos traficantes y, menos, ser sancionados como correspondería.

Indigna comprobar que durante el gobierno de Michelle Bachelet se haya fomentado esta migraci√≥n masiva a Chile sin anotar que para √©stos se transformar√≠a en una experiencia m√°s cruel de la que afrontaban en sus pa√≠ses. Tr√°fico humano que podr√≠a hacernos presumir que nuestro pa√≠s estaba ubicado ya en el primer mundo y por lo tanto pod√≠a hacerse cargo de un fen√≥meno propio de los Estados Unidos y las potencias europeas. De all√≠ que resulte paradojal que tambi√©n hayan llegado migrantes de Espa√Īa y otras naciones desarrolladas quienes con la crisis econ√≥micas vieron en Chile la posibilidad de asentarse y prosperar. La mayor√≠a de los cuales, obviamente, ya ha emprendido el retorno a sus pa√≠ses, en la seguridad de que con sus subsidios a la cesant√≠a pueden vivir all√° mucho mejor que aqu√≠, donde todos los derechos se pagan y muy caro. Adem√°s de vulnerarse las obligaciones que nos impone el derecho internacional, como la de perseguir y sancionar los delitos de lesa humanidad y reconocer a los combatientes y h√©roes de la resistencia chilena, acogidos como corresponde, sin embargo, por un pa√≠s democr√°tico como Francia, entre otros.

En las paradojas de la diplomacia mundial, parece ins√≥lito que quien fuera incapaz de resolver el conflicto de la Araucan√≠a, acabar con los abusivos sistemas de salud y previsi√≥n, cuanto derogar la constituci√≥n de Pinochet haya sido premiada con un elevado cargo en las Naciones Unidas, justamente en el √°rea de los derechos humanos. Alguien que, adem√°s, no ha podido escapar de las denuncias de corrupci√≥n que ata√Īen a sus propios familiares y colaboradores; o librarse de responsabilidad respecto de los mismos militares y polic√≠as corruptos que durante su administraci√≥n desfalcaron sistem√°ticamente al fisco. Sin que se nos escape, tampoco, la forma en que murieron centenares de ni√Īos de manos del Servicio Nacional de Menores, instituci√≥n p√ļblica que los ten√≠a a su cuidado y que sirvi√≥ al cuoteo pol√≠tico de su gesti√≥n gubernamental.

Porque es la propia herencia del gobierno anterior la que explica en retorno de Sebasti√°n Pi√Īera a La Moneda y la pol√≠tica represiva que se sigue ejerciendo en contra de mapuches, estudiantes y trabajadores. Con las caracter√≠sticas xenof√≥bicas y fascistas que han adoptado las √ļltimas medidas, a fin de cerrar nuestros pasos fronterizos, expulsar del pa√≠s a los migrantes afroamericanos indocumentados y hacerse c√≥mplices de los mismos desprop√≥sitos de Donald Trump.

Muy difícil parece que el actual gobierno pueda efectivamente dar un viraje sustantivo en torno al conflicto con nuestros pueblos fundacionales y proponerse, asimismo, dar una acogida digna a los inmigrantes en un país tan segregado por nuestra realidad económica y social perversa por sus desigualdades. Cuando las demandas mapuches llevan cinco siglos de espera y los derechos sociales de los trabajadores siguen conculcados. Además de comprobar que nuestras relaciones internacionales no se interesan por lo que sucede en nuestra región y el Tercer Mundo.

Toda una situación que abochorna cuando la comparamos con la generosa y hasta privilegiada acogida que se le dio a un millón de chilenos durante la Dictadura: por los países ricos y las naciones más pobres del mundo.