Jul 21 2013
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OpiniónPolíticaSociedad

Chomsky/ Culpable en Guatemala

Hay países que ascienden a un nivel superior al de la disculpa ociosa sin acción. Guatemala, pese a sus persistentes esfuerzos, ha llevado a cabo el acto sin precedente de llevar a juicio a un exjefe de Estado por sus crímenes, algo que pudiéramos recordar en el décimo aniversario de la invasión estadounidense de Irak.

El Día de la Madre en Estados Unidos, el 12 de mayo, el diario The Boston Globe publicó una fotografía de una joven mujer con su infante durmiendo en sus brazos.

La mujer, de origen indígena maya, había cruzado la frontera estadounidense siete veces estando embarazada, solo para ser capturada y devuelta por la frontera en seis de esos intentos. Enfrentó valerosamente muchos kilómetros, soportando días de calor abrasador y noches gélidas, sin agua o refugio, entre hombres armados recorriendo los alrededores.

La √ļltima vez que ella cruz√≥, con siete meses de embarazo, fue rescatada por activistas de solidaridad con la inmigraci√≥n que le ayudaron a encontrar su camino hasta Boston.

La mayor√≠a de quienes cruzan la frontera estadounidense viene de Centroam√©rica. Muchos dicen que preferir√≠an estar en casa, si no hubiera sido destruida la posibilidad de una supervivencia aceptable. Mayas como esta joven madre siguen huyendo de los destrozos del embate genocida sobre la poblaci√≥n ind√≠gena de las monta√Īas guatemaltecas hace 30 a√Īos.

El principal perpetrador, general Francisco R√≠os Montt, el exdictador que gobern√≥ Guatemala durante dos de los a√Īos m√°s sangrientos de la guerra civil del pa√≠s a lo largo de d√©cadas, fue hallado culpable en una corte guatemalteca de genocidio y cr√≠menes contra la humanidad, el 10 de mayo.

Después, 10 días más tarde, el caso fue anulado bajo circunstancias sospechosas. No está en claro si el juicio continuará.

Las fuerzas de R√≠os Montt mataron a miles de guatemaltecos, en su mayor√≠a mayas, tan solo en el a√Īo de 1982.

Al finalizar ese sangriento a√Īo, el presidente Reagan le asegur√≥ a la naci√≥n que el asesino fue ‚Äúun hombre de gran integridad personal y compromiso‚ÄĚ, quien estaba recibiendo una ‚Äúacusaci√≥n injusta de organizaciones de los derechos humanos‚ÄĚ y quien ‚Äúquiere mejorar la calidad de vida de todos los guatemaltecos y promover la justicia social‚ÄĚ. Por lo tanto, continu√≥ el presidente, ‚Äúmi administraci√≥n har√° todo lo que pueda por apoyar sus progresistas esfuerzos‚ÄĚ.

Amplia evidencia de los ‚Äúprogresistas esfuerzos‚ÄĚ de R√≠os Montt estuvo disponible para Washington, no solo de organizaciones de los derechos, sino tambi√©n de los servicios de inteligencia de Estados Unidos.

Sin embargo, la verdad no era bienvenida. Interfer√≠a con los objetivos fijados por el equipo de seguridad nacional de Reagan en 1981. Como inform√≥ el periodista Robert Parry, trabajando a partir de un documento que descubri√≥ en la Biblioteca Reagan, el objetivo del equipo era suministrarle ayuda militar al r√©gimen de derecha en Guatemala, a fin de exterminar no solo ‚Äúguerrilleros marxistas‚ÄĚ sino tambi√©n sus ‚Äúmecanismos de apoyo civil‚ÄĚ; lo cual significa, en efecto, genocidio.

La tarea se llev√≥ a cabo con dedicaci√≥n. Reagan envi√≥ equipo ‚Äúno letal‚ÄĚ a los asesinos, incluidos helic√≥pteros Bell, que fueron armados de inmediato y enviados en sus misiones de muerte y destrucci√≥n.

Sin embargo, el m√©todo m√°s efectivo era emplear una red de Estados clientes para que se hicieran cargo de la tarea, incluidos Taiw√°n y Corea del Sur, a√ļn bajo dictaduras apoyadas por EU, as√≠ como Sud√°frica durante el apartheid y las dictaduras argentina y chilena.

A la vanguardia estaba Israel, que se convirtió en el principal proveedor de armas de Guatemala. Suministró instructores para los asesinos y participó en operaciones de contrainsurgencia.GUATE MUJER MAYA VICTIMA

Vale la pena volver a exponer los antecedentes. En 1954, un golpe de Estado dirigido por la CIA puso fin a un intervalo democr√°tico en Guatemala – ‚Äúlos a√Īos de primavera‚ÄĚ, como se conoce all√° – y restableci√≥ a una salvaje √©lite en el poder.

En los 90, organizaciones internacionales que condujeron averiguaciones sobre los combates informaron que, desde 1954, aproximadamente 200.000 personas habían sido asesinadas en Guatemala, de las cuales el 80 por ciento era de indígenas. Los asesinos fueron, en su mayoría, fuerzas de seguridad guatemaltecas y paramilitares estrechamente vinculados.

Las atrocidades fueron llevadas a cabo con vigoroso apoyo y participaci√≥n de Estados Unidos. Entre los pretextos est√°ndar de la Guerra Fr√≠a estuvo que Guatemala era una ‚Äúcabeza de playa‚ÄĚ rusa en Am√©rica Latina.

Las verdaderas razones, ampliamente documentadas, tambi√©n eran est√°ndar: inquietud por los intereses de inversionistas estadounidenses y temor de que un experimento democr√°tico que diera poder a la mayor√≠a de campesinos severamente reprimida ‚Äúpudiera ser un virus‚ÄĚ que ‚Äúpropagar√≠a el contagio‚ÄĚ, en la razonada frase de Henry Kissinger, refiri√©ndose al Chile socialdem√≥crata de Salvador Allende.

El asesino ataque de Reagan sobre Centroamérica no se limitó a Guatemala, por supuesto. En la mayor parte de la región, las dependencias del terror fueron fuerzas de seguridad del gobierno que habían sido armadas y entrenadas por Washington.

Un país era diferente: Nicaragua. Tenía un ejército para defender a su población. Por lo tanto, Reagan tuvo que organizar fuerzas guerrilleras para librar la pelea.

En 1986, la Corte Mundial, en el caso Nicaragua vs. Estados Unidos, conden√≥ a Estados Unidos por ‚Äúuso indebido de la fuerza‚ÄĚ en Nicaragua y orden√≥ el pago de compensaciones. La respuesta de Estados Unidos al decreto de la corte fue escalar la guerra por representaci√≥n.

El Comando del Sur de EU orden√≥ a los guerrilleros que atacaran objetivos civiles pr√°cticamente indefensos, para no ‚Äúresolverlo a pu√Īetazos‚ÄĚ con el ej√©rcito nicarag√ľense, con base en el testimonio del general John Gavin del Comando Sur al Congreso en 1987.

Organizaciones por los derechos (las mismas que estuvieron haciendo acusaciones falsas del genocida R√≠os Montt) hab√≠an condenado la guerra en Nicaragua desde el comienzo, pero protestaron con vehemencia por la t√°ctica de ‚Äúobjetivo suave‚ÄĚ del Comando del Sur.

guate rios montt3El comentarista estadounidense Michael Kinsley reprendi√≥ a las organizaciones por los derechos por alejarse de las buenas formas. Explic√≥ que una ‚Äúpol√≠tica sensata‚ÄĚ debe ‚Äúpasar la prueba del an√°lisis costo-beneficio‚ÄĚ, evaluando ‚Äúla cantidad de sangre y miseria que ser√° invertida, y la probabilidad de que surja democracia por el otro extremo‚ÄĚ.

Naturalmente, nosotros los estadounidenses tenemos el derecho a conducir el análisis; gracias, presuntamente, a nuestra nobleza inherente y registro estelar desde la época en que el continente fue despejado del azote de los nativos.

La naturaleza de la ‚Äúdemocracia que surgir√°‚ÄĚ dif√≠cilmente era oscura. La describe con precisi√≥n el principal acad√©mico de ‚Äúpromoci√≥n de democracia‚ÄĚ, Thomas Carothers, quien trabaj√≥ en proyectos de ese tipo en el Departamento de Estado durante la administraci√≥n Reagan.

Carothers concluye, lamentablemente, que la influencia de EU fue inversamente proporcional al progreso democr√°tico en Am√©rica Latina, porque Washington solo toler√≥ ‚Äúformas de cambio democr√°tico limitado, de arriba abajo, que no generaran el riesgo de alterar a las estructuras tradicionales de poder con las cuales Estados Unidos ha estado aliado desde hace largo tiempo atr√°s en sociedades bastante antidemocr√°ticas‚ÄĚ.

Desde entonces no ha habido cambio.

En 1999, el presidente Clinton ofreció disculpas por crímenes estadounidenses en Guatemala, pero no se emprendió acción alguna.

Hay países que ascienden a un nivel superior al de la disculpa ociosa sin acción. Guatemala, pese a sus persistentes esfuerzos, ha llevado a cabo el acto sin precedente de llevar a juicio a un exjefe de Estado por sus crímenes, algo que pudiéramos recordar en el décimo aniversario de la invasión estadounidense de Irak.

Tambi√©n, quiz√°, sin precedente es un art√≠culo en el New York Times de Elisabeth Malkin, titulado ‚ÄúJuicio en carnicer√≠a de guerra civil guatemalteca excluye participaci√≥n de EU‚ÄĚ. Incluso el reconocimiento de los propios cr√≠menes es muy raro.

De raras a inexistentes son las acciones que pudieran aliviar una parte de las horrendas consecuencias de los crímenes: por ejemplo, que Estados Unidos pagara las compensaciones a Nicaragua ordenadas por la Corte Mundial. La ausencia de ese tipo de acciones suministra una medida del abismo que nos separa de donde debería estar una sociedad civilizada.

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