Feb 20 2016
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Despacito por las piedras

CLAROSCUROS DEL VIAJE DEL PAPA A MÉXICO

 

 

El viaje del Papa Francisco a México no fue un “paseo turístico”. Provocó y dejó una estela de comentarios de todo tipo que conviene tener presente.

La mayoría de los políticos mejicanos se sintieron frustrados, en su perspectiva de aprovechar el viaje papal para “lavar su cara”. Solo una pequeña minoría, vinculada al Presidente mexicano pudo tener un contacto más directo con el Papa. Por otra parte algunos discursos del Pontífice no dejaron bien parados a los políticos mejicanos.

Muchas organizaciones sociales, particularmente de derechos humanos, junto a los familiares de las víctimas de los 43 estudiantes que fueran asesinados (diciembre de 2011) en Ayotzinapa sintieron una decepción porque el Papa no recibió a dichos familiares. Solo recibieron una invitación, que no aceptaron, para estar en la primera fila de una de sus ceremonias. Esa matanza colectiva es un símbolo del desangramiento que está padeciendo México.

Fue mucho más reconfortante el viaje de Francisco a Chiapas, zona mayoritariamente poblada por indígenas. Allí no solo rindió un homenaje, en su tumba, a Samuel Ruiz, el “Obispo Rojo”, adalid de la “Teología India” y de la “Teología de la Liberación”. Aprovechó, como ya lo había hecho en Bolivia pero no en Ecuador y Paraguay, para pedir perdón a los indígenas por “excluirlos, menospreciarlos y expulsarlos de sus tierras”. Al mismo tiempo interpeló al poder político para que lo haga. Sería bueno recordar que todo perdón, para que sea sincero supone “reparación”, en este caso con tierras. ¿Querrán los políticos ordenarlo? ¿Estarán los ocupantes blancos dispuestos a hacerlo? En otro momento de su homilía, en aquellas tierras, el Papa alabó la “relación armónica” de esos pueblos originarios con la naturaleza y pidió a los poderes políticos que imiten esa “sabiduría”.

Juan Guahán

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