Nov 22 2016
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Opini贸nPol铆tica

Colombia: acuerdos, medios, neoliberalismo y la deuda con la construcci贸n de paz

Tras la concreci贸n del segundo acuerdo de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) las organizaciones integrantes del movimiento pol铆tico y social Marcha Patri贸tica reportaron el asesinato de tres dirigentes campesinos en los departamentos de Caquet谩 y Meta, solo en un fin de semana, lo que refleja la inexistencia de garant铆as para el ejercicio de la oposici贸n pol铆tica. Mientras, las conversaciones de paz con el Ej茅rcito de Liberaci贸n Nacional (ELN) en Quito se demoran por manipulaciones del gobierno.

Los colombianos han sobrevivido 聽los 煤ltimos 52 a帽os soportando guerras, torturas, asesinatos, desapariciones, masacres鈥 Millones de colombianos fueron desplazados de sus tierras, sus querencias, miles y miles fueron muertos, otros muchos tuvieron que exiliarse. Toda esta realidad fue, generalmente, invisibilizada y ocultada por los medios masivos de comunicaci贸n, bajo la muletilla de la 鈥渄emocracia m谩s longeva del continente鈥.

col muertos x ejercitoY en este marco, la prensa hegem贸nica, concentrada como en casi todos nuestros pa铆ses, cartelizada como en pocos,聽 impuso el clima de guerra, de represi贸n, que solo beneficiaba a los due帽os de las tierras y de los negocios, fueran 茅stos legales o no, no importaba. Los medios han jugado un papel central en la disputa (m谩s bien en la imposici贸n) de sentidos, construyendo un relato de pa铆s democr谩tico con una de las econom铆as m谩s s贸lidas de la regi贸n 鈥揳rgumento por dem谩s rebatible, con grandes mayor铆as empobrecidas, excluidas de la educaci贸n, de la salud, de la nutrici贸n, de la vivienda; con 40% de pobreza rural- legitimando sus acciones.

La verdad de la econom铆a

Como a otras econom铆as latinoamericanas, los altos precios de las materias primas (sobre todo el petr贸leo -48% de las exportaciones pese a sus escasas reservas- y los minerales) en la primera d茅cada del milenio hicieron crecer los datos macroecon贸micos de la econom铆a a un promedio del 5% interanual entre 2002 y 2013.

Hoy, presidente y vicepresidente, Juan Manuel Santos y Germ谩n Vargas Lleras, junto al ministro de Hacienda Mauricio C谩rdenas, hablan de una cr铆tica situaci贸n y de graves problemas fiscales, argumento para una nueva reforma tributaria, reducci贸n de m谩s de 5.500 millones de d贸lares en el presupuesto nacional y un d茅ficit del 6,5% en la cuenta corriente del PIB, junto a una notable retracci贸n (de m谩s del 35%) a junio de este a帽o.

El programa de Santos no es diferente al de 脕lvaro Uribe: profundizar el ajuste neoliberal, suscribir tratados de libre comercio, exenci贸n impositiva a grandes empresas, esgrimiendo el acuerdo de paz de la guerrilla como zanahoria para la seguridad de futuras inversiones. Mientras, se resiste con una econom铆a de guerra, militarista, y contin煤an los despojos de tierras y la aniquilaci贸n de quienes se opongan a ello. Quiz谩 haya matices que los diferencian: el modelo uribista es autoritario,聽 tradicionalista y conservador, el santista tecn贸crata y pragm谩tico, pero ambos se retroalimentan.

Las medidas neoliberales, alertan desde los sectores populares, no cambiar谩n las realidad sociales de un pa铆s ubicado s茅timo entre los m谩s desiguales del mundo, donde el 1% de la poblaci贸n m谩s rica es due帽a de m谩s del 20% de la riqueza, situaci贸n聽 que se agrava fuera de las grandes metr贸polis.

Desde la puesta en marcha de los acuerdos de paz con las FARC y el ELN, los sectores populares se lanzaron a disputar los sentidos de la construcci贸n de la paz, con la lucha por la justicia social como bandera, pero lejos est谩 de construirse un proyecto pol铆tico, un proyecto un铆voco, alternativo y unitario de pa铆s y mucho menos con posibilidades electorales, de cara a las presidenciales de 2018.col-paz-si

La izquierda no ha logrado interpelar la ideolog铆a y praxis neoliberal, ni explicar el papel de justiciero social que puede desempe帽ar la redistribuci贸n de la riqueza a favor de las mayor铆as, de la mano de una producci贸n y exportaci贸n de la producci贸n con valor agregado, y no solo de sus agotables recursos naturales. La fortalezas de la derecha son la unidad en torno a un camino econ贸mico neoliberal y una hegemon铆a medi谩tica, basada en la concentraci贸n en manos de pocos y poderosos grupos econ贸micos, que han lucrado con la guerra.

La prensa hegem贸nica est谩 encabezada por varios grupos empresarios, que tiene a sus medios como cabezas de playa de sus intereses econ贸micos y pol铆ticos: Organizaci贸n Lu铆s Carlos Sarmiento Angulo (El Tiempo, City TV entre otros), Organizaci贸n 聽Ardila Lulle (RCN, NTN24), el Grupo Santo Domingo (Caracol TV, El Espectador, Cromos, radio Blu)聽, la Organizaci贸n Radial Ol铆mpica, Felipe L贸pez Caballero (Revistas Semana y Dinero) y el grupo espa帽ol Prisa, propietaria de Radio Caracol.

Ellos escribieron el relato de la larga noche de la guerra, de acuerdo a sus intereses y a los de sus patrocinadores y crearon el imaginario para permitir la instalaci贸n de nueve bases estadounidenses en el pa铆s.

La llamada gran prensa, la comercial, mostr贸 como 煤nico camino el de la paz romana o la paz de los sepulcros, que no es otra que defender la guerra para vencer a la insurgencia y llevarla en condiciones de derrota a la claudicaci贸n en la mesa de di谩logo.

Ya son varias las generaciones que han nacido y se han criado en Colombia en el contexto de la guerra y han tenido que acostumbrarse a magnicidios, violencia, desapariciones, desplazamientos, secuestros, torturas. La falta de un posconflicto por m谩s de 50 a帽os hizo que los colombianos no pudieran 鈥渧omitar sus muertes鈥 (Saramago dixit) o sea, no han podido analizarse, en una situaci贸n pacificada, para aprender de sus errores y no volver a repetirlos.

Una comunicaci贸n para la paz

Y en una guerra, la primera v铆ctima es la verdad. En una naci贸n sumida desde hace m谩s de cinco d茅cadas en un conflicto social y pol铆tico de expresi贸n no solo violenta sino tambi茅n armada, la peor parte de esa pol铆tica de satanizaci贸n de los medios recay贸 en el eslab贸n m谩s d茅bil de la cadena: los medios no comerciales, alternativos o independientes, populares, 茅tnicos y/o comunitarios.

Comunicaci贸n popularY la mejor parte la llev贸 por varias d茅cadas una alta burgues铆a que, en su af谩n por el lucro, siempre se opuso a una pol铆tica de paz que mermara sus ganancias. Quiz谩s por temor a los cambios democr谩ticos y sobre todo a ser afectados en sus intereses econ贸micos y de influencia en la opini贸n p煤blica, es que los due帽os de los medios han definido por d茅cadas una l铆nea adversa a las negociaciones de paz y hostil a toda iniciativa y propuesta de la guerrilla.

驴C贸mo hablar de una comunicaci贸n para la paz en un pa铆s donde hasta no hace mucho tiempo el gobierno negaba la existencia de un conflicto, donde los periodistas y los medios se absten铆an de hablar de los falsos positivos y de las masacres de campesinos e ind铆genas? 驴C贸mo hablar de paz en un pa铆s que aloja bases extranjeras? 驴C贸mo se hace para cambiar el chip? 驴Ser谩 que los grandes medios se volvieron democr谩ticos? 驴O ser谩 que la guerra ya no es negocio y que ahora para los negocios hace falta la paz?

El 茅xito de los acuerdo de paz entre el gobierno y las insurgencias de las FARC y del ELN abrir谩 la posibilidad de construir una democracia con garant铆as b谩sicas para el respeto a la vida y la libertad de expresi贸n, y los compromisos en materia social, pol铆tica y econ贸mica generar谩n un ambiente democratizador de los escenarios pol铆ticos, econ贸micos y culturales del pa铆s. La derecha sabe la importancia simb贸lica y pr谩ctica de los acuerdos de paz. Por un lado es una opci贸n para salir de la crisis econ贸mica y pol铆tica y por ello tratan de cercenar 聽el contenido social y democratizador de los mismos.

  • Analistas e investigadores del Observatorio en Comunicaci贸n y Democracia y del Centro Latinoamericano de An谩lisis Estrat茅gico
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