Jun 3 2021
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Pol铆tica

Colombia: Autoritarismo, consenso elitista y nueva participaci贸n popular

En cuatro semanas de movilizaciones ha quedado develada una calamitosa crisis social que precede a la pandemia y que colm贸 la paciencia de la poblaci贸n. No obstante, el gobierno se empe帽a en mostrar que la contracci贸n econ贸mica y la consecuente p茅rdida de empleo se deben a las jornadas de paro nacional y los bloqueos, as铆 mismo, ha emprendido una estrategia en dos sentidos: justificar la actuaci贸n de la Fuerza P煤blica y endilgar la direcci贸n de la protesta al l铆der de la oposici贸n, Gustavo Petro. 驴Con qu茅 objetivo act煤a de esta manera?

Autoritarismo a la deriva

La propuesta de Reforma Tributaria del gobierno exterioriz贸 el rechazo popular por el aumento de la desigualdad y la pobreza que padecen m谩s de 21 millones de personas por la crisis neoliberal, haciendo que las protestas ocupen el centro de la agenda pol铆tica nacional.聽 Las multitudinarias movilizaciones obligaron al gobierno a retirar la Reforma Tributaria, la renuncia del ministro de Hacienda y una semana despu茅s la de la Canciller, a lo que se suma la salida del Alto Comisionado para la Paz que desconcert贸 al manifestar su inconformidad por la intromisi贸n de 脕lvaro Uribe en sus labores de mediaci贸n con el ELN.Semana acusa a Gustavo Petro y le dice que pare, a un a帽o de elecciones

La debilidad y la crisis institucional se han tramitado con el uso de la fuerza. El gobierno ha aplicado un enfoque securitario desarrollado en una serie de fases que van desde (a) el despliegue de la polic铆a y el Escuadr贸n M贸vil Anti-Disturbios (ESMAD), (b) la intervenci贸n del Ej茅rcito, (c) el hostigamiento con armas de fuego por agentes de la Fuerza P煤blica vestidos de civil, (d) la detenci贸n arbitraria en lugares que no corresponden para procedimientos judiciales y (e) la judicializaci贸n express de manifestantes.

Todo esto confluye en una maniobra de agitaci贸n de las protestas para construir la imagen de 鈥渧谩ndalos鈥, su caracterizaci贸n como enemigo interno y afirmar la 鈥渋nfiltraci贸n鈥 de Grupos Armados Organizados Residuales (GAOR), de modo que sea justificable su criminalizaci贸n y el uso m谩s intenso de la fuerza.

Las consecuentes violaciones a los Derechos Humanos que devinieron de la actuaci贸n gubernamental despertaron la cr铆tica conjunta de los partidos de oposici贸n que citaron a un debate de moci贸n de censura en el Congreso. El posicionamiento de congresistas de los partidos de gobierno, mostraron la cobertura con que cuenta el uribismo para sostener la represi贸n y negar el ingreso a la CIDH, as铆 como la declaraci贸n de 鈥渁menaza a la seguridad del Estado鈥 a un ciudadano argentino representante del Vaticano que viaj贸 en una Misi贸n Internacional de Verificaci贸n de los DD.HH.

La contracara de la debilidad del presidente es la intervenci贸n velada del militarismo y sus partidarios. La estrategia de aplacar a tiros un monumental problema social, la designaci贸n del General de Ej茅rcito Eduardo Zapateiro para comandar las operaciones en todo el suroccidente del pa铆s, la insistente campa帽a de 脕lvaro Uribe en pro de intervenir con m谩s 鈥渇irmeza鈥 y su respaldo absoluto a la Fuerza P煤blica, la agresiva manifestaci贸n p煤blica contra Gustavo Petro de parte del Consejero de Seguridad Nacional Rafael Guar铆n.

Adem谩s, la imposici贸n de la Asistencia Militar en ocho departamentos y 13 municipios, suprimiendo la intervenci贸n civil en resoluci贸n de alteraciones al orden p煤blico, son se帽ales de que el 鈥渋nstrumento militar鈥 se ha sentado en la mesa donde se toman las decisiones. Esto lo corrobora la presencia de los Generales de la Fuerza P煤blica en el debate contra el ministro de Defensa en el Congreso.

El grupo de estrategas del Ministerio de Defensa entiende que abandonar su concepci贸n contra-insurgente de la seguridad nacional para priorizar las acuciantes necesidades del pueblo, puede conducir a la apertura democr谩tica que se plante贸 en el Acuerdo de Paz. El medio predilecto del uribismo es la guerra, la amenaza latente de un enemigo que justifique una poderosa organizaci贸n armada estatal, a la vez que se anule lo pol铆tico en la sociedad.

La implementaci贸n del Acuerdo de Paz traer铆a en consecuencia, una necesaria reforma en el Sector Defensa y Seguridad acompa帽ada de un dr谩stico ajuste fiscal para distribuir, al menos la mitad del 3,4% del PBI que actualmente absorbe este sector.

Con mayor frecuencia corre la voz de que el uribismo busca elevar la confrontaci贸n para avanzar a una postura m谩s autoritaria, que puede tener dos escenarios: el de un Estado de Conmoci贸n Interior (Art. 213 de la Constituci贸n Pol铆tica), para lo cual se requiere un hecho extraordinario o un acuerdo partidario para convalidarlo en el Congreso.

El otro es un golpe militar. Lo segundo no se registra en casi siete d茅cadas, aunque ello no ha impedido ejercer pol铆ticas autoritarias al punto de instituir el paramilitarismo (Dec. 3398/1965), manteniendo formalmente el r茅gimen pol铆tico, pero con una distribuci贸n del poder interna con mayor intervenci贸n militar y acciones coercitivas en el 谩mbito p煤blico.

De todo esto lo que ha quedado a la vista es que las violaciones cometidas por la Fuerza P煤blica conducen a una pr谩ctica de terrorismo de Estado, degradando la fr谩gil democracia procedimental que caracteriza el r茅gimen pol铆tico de Colombia.

Consenso entre las 茅lites

Los partidos tradicionales se mueven con c谩lculo y sigilo para reagruparse luego de haber cuestionado al presidente por la Reforma Tributaria que envi贸 al Congreso. Tras reunirse con l铆deres del Partido Liberal, Cambio Radical y el Partido Conservador, Iv谩n Duque realiz贸 cambios en su gabinete ministerial aplicando una distribuci贸n que beneficia fundamentalmente a los dos 煤ltimos.

De este modo se alinean al gobierno para asegurar una fuente de recursos de cara a la campa帽a en 2022 que les permita preservar sus mayor铆as en el Congreso, impedir el ascenso del progresismo y mantener intacto el modelo econ贸mico, como lo vaticina el esbozo de la nueva propuesta de Reforma Tributaria.

El rol del partido Cambio Radical empieza a mostrar hacia d贸nde se orientan las disputas internas en el gobierno. La fuerza pol铆tica que lidera el ex-vicepresidente Germ谩n Vargas Lleras ha ganado posiciones en el gobierno y hoy cuenta con cuatro ministerios, a lo cual se suma que es la tercera fuerza en el Congreso (17/108 Senadores y 30/172 Representantes a la C谩mara).

Adem谩s de unirse al Centro Democr谩tico para rechazar la moci贸n de censura al ministro de Defensa, ha propuesto llamar al Estado de Conmoci贸n Interior, una medida extrema de disciplinamiento social, que puede tener un efecto reactivo sin una soluci贸n inmediata al hambre y el desempleo.

驴Qu茅 lleva a que las 茅lites renueven sus acuerdos o compromiso pol铆tico? El uribismo ha logrado amalgamar una potente alianza para gobernar y cumple con algunas caracter铆sticas comunes a la 茅lite del pa铆s: defiende el liberalismo econ贸mico, promueve una cultura conservadora, venera el militarismo y se conforta con la subordinaci贸n extranjera. Aunque el rasgo m谩s pol茅mico del uribismo es su relaci贸n hist贸rica con el narcotr谩fico y el paramilitarismo, es el neoliberalismo y el modo de distribuir sus beneficios lo que ordena la pl茅yade de conservaduristas detr谩s suyo, entorno que construye el bloque hegem贸nico.

El escenario de crisis y la anticipada contienda por las elecciones del 2022, ha congregado un grupo heterog茅neo de partidos autodenominados en el espectro ideol贸gico como 鈥渃entro鈥 que crearon la Coalici贸n de la Esperanza. La integraci贸n de corrientes de la pol铆tica tradicional a esta coalici贸n, impide marcar el punto de disrupci贸n con el orden social vigente, de modo que no est谩n claras las alternativas al neoliberalismo. Sin embargo, la anti-corrupci贸n, un nuevo modelo de seguridad y la paz parecen hilvanar las propuestas.

Ha sido la movilizaci贸n popular combinada con una audaz iniciativa por el segmento progresista de la oposici贸n, quienes han puesto en riesgo el r茅gimen de acumulaci贸n neoliberal, y con ello, se habilita un escenario de discusi贸n pol铆tica respecto a las alternativas al orden social vigente. La propuesta de un Pacto Hist贸rico para transformar la composici贸n del Congreso, ha estimulado la participaci贸n popular y ha abierto expectativas sobre una nueva pol铆tica econ贸mica que paulatinamente toma forma. Esto es lo que el bloque de poder intenta anular a toda costa.

La ofensiva del establishment

Las im谩genes de abuso y brutalidad policial han tenido un efecto mundial por el cual el gobierno de Colombia ha quedado al descubierto. Con la asignaci贸n de la Canciller铆a a la vicepresidenta Marta Luc铆a Ram铆rez, el gobierno despleg贸 una estrategia para desactivar temporalmente la campa帽a internacional desarrollando tres maniobras simult谩neas:

1) el presidente realiz贸 una entrevista simulada en ingl茅s en la que endilga al l铆der de la oposici贸n actuar sistem谩ticamente para generar caos;

2) la revista Semana acus贸 en una sugestiva portada a Gustavo Petro de instigar las protestas y

3) la vicepresidenta/canciller viaj贸 a EU para dar su versi贸n a la CIDH y rechazar el pedido de verificaci贸n, conseguir ayudas econ贸micas y participar en foros de think tanks.

No hay que perder de vista que Joe Biden no ha tenido reuniones directas con Duque desde que asumi贸 la presidencia, una excepci贸n en las relaciones bilaterales que se asocia al deterioro provocado por la postura trumpista del uribismo en la campa帽a de 2020. Tampoco hay que soslayar que 55 congresistas estadounidenses hayan presentado un proyecto en el Congreso para suspender la asistencia extranjera destinada a las fuerzas de seguridad, que anualmente rondan los 244 millones de d贸lares.

Por ello, la Canciller acab贸 por retractarse y permitir la verificaci贸n de la CIDH logrando una reuni贸n con el Secretario de Estado Anthony Blinken. Esto indica que el gobierno colombiano est谩 condicionado a preservar algunas formalidades democr谩ticas e implementar el Acuerdo de Paz para normalizar el intercambio diplom谩tico.

El efecto esperado es instalar la idea de que las protestas son orquestadas por organizaciones criminales que se financian con el narcotr谩fico, cuyo objetivo es buscar espacios de negociaci贸n mediante la coerci贸n que atribuyen a los bloqueos y sintetizar la conducci贸n pol铆tica del caos en Gustavo Petro. Algo as铆 como invertir las causas y consecuencias, es decir: el paro y sus desmanes produjo la crisis, cuando la realidad es lo contrario.

La paz, catalizador de la participaci贸n popular

Desde las jornadas de movilizaci贸n de 2019, la implementaci贸n del Acuerdo de Paz y la impugnaci贸n al neoliberalismo prevalecen como los temas que estructuran la agenda de lucha. El torrente popular liberado hoy en las calles viene corriendo la bruma de la guerra para descubrir los problemas de fondo, lo que indica un efecto democratizador del fin del conflicto armado con las FARC-EP que correlativamente se ha expresado en el incremento de las movilizaciones populares en las ciudades desde hace una d茅cada.

No obstante, la actual situaci贸n es dif铆cil de conducir, si bien hay un sentido com煤n anti-uribista en las calles, persiste una desconfianza en la pol铆tica institucional. De acuerdo con las encuestas de mayo, la desaprobaci贸n del聽聽 gobierno crece al 78% (en j贸venes es del 91% y en general abarca a las instituciones pol铆ticas). Mientras 3 de 4 j贸venes apoyan las protestas y m谩s de la mitad est谩 de acuerdo en su continuaci贸n, el rechazo a la polic铆a en este grupo etario ha crecido del 71 al 87%, asociado al pedido de desmantelar el Escuadr贸n M贸vil Anti-Disturbios (ESMAD).Qui茅nes se le miden a formar parte del ESMAD, la fuerza m谩s odiada de Colombia? - Las2orillas

En el plano econ贸mico, la juventud pondera la falta de empleo como el principal problema, seguido por la pobreza, la corrupci贸n y la demora en la atenci贸n de salud, y en general se suma la educaci贸n superior gratuita como una demanda urgente en realizaci贸n directa con lo que se reclama en las calles. Respecto a la intenci贸n de voto, Gustavo Petro lidera contra todas las opciones, mientras Iv谩n Duque y 脕lvaro Uribe experimentan su mayor imagen desfavorable, pero persiste una apat铆a a la participaci贸n de electoral de un 25% que se complejiza con el promedio de abstenci贸n m谩s alto del continente (53,53% tomando desde 1994).

Entre las masivas protestas circula un movimiento popular dividido que no cuenta con capacidad de incorporar a sus din谩micas a la mayor铆a de expresiones que protestan. Las organizaciones que hace una d茅cada protagonizaron los paros agrarios y estudiantiles, hoy son un soporte valioso en las calles, pero con un liderazgo estrecho. Las limitaciones de este movimiento popular est谩n marcadas por al menos tres tendencias: la que apela al di谩logo institucionalista sin presi贸n popular, otra que apela a un autonomismo intransigente ante el gobierno y la que llama al di谩logo popular para organizar.

Los intentos vanguardistas est谩n demostrando tener una legitimidad acotada que se traduce en una desconexi贸n entre el Comit茅 Nacional de Paro y las demandas a帽adidas en las manifestaciones locales. Por otra parte, aunque se est谩 instalando en el horizonte la necesidad de desplazar a los partidos tradicionales de la representaci贸n parlamentaria, las propuestas del bloque alternativo no se traducen de manera clara en la movilizaci贸n popular.

Lo anterior plantea al menos dos desaf铆os:La lacra de la violencia policial se perpet煤a en Colombia

1) impedir que se imponga la 鈥渁nti-pol铆tica鈥, es decir, el rechazo a formas comunes de organizaci贸n, el empleo de s铆mbolos pol铆ticos, la participaci贸n de partidos o movimientos de izquierda u otros factores que limiten la posibilidad de di谩logo permanente y construcci贸n de propuestas; es imperativo demostrar que s铆 hay alternativas.

2) consolidar un programa anti-neoliberal que dote a la movilizaci贸n popular de elementos para el debate sobre el futuro del pa铆s; al uribismo le conviene que se imponga el horror y la muerte porque as铆 ocupa el espacio donde se pueden discutir socialmente las pol铆ticas p煤blicas.

Este momento marca una coyuntura hist贸rica que reta nuestra creatividad para entablar un di谩logo popular que recupere el lugar de la pol铆tica en la sociedad, escindidas por la ideolog铆a individualista del neoliberalismo que busca dejar librado todo al mercado junto al mito del 鈥淓stado chico鈥. El largo tr谩nsito hacia la paz nos ha legado a la movilizaci贸n social como una forma de participaci贸n.

 

[*] Polit贸logo, docente e investigador en Geopol铆tica y Defensa Nacional del Instituto de Estudios de Am茅rica Latina y el Caribe (IEALC-UBA). Colaborador del Centro Latinoamericano de An谩lisis Estrat茅gico (CLAE, www.estrategia.la).

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