Feb 4 2005
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Cultura

Colombia: el poeta no comprendido

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Vástago de una familia aristocrática, su padre Don Benito Zalamea, contador de la empresa de energía, era un típico bogotano del siglo XIX, hombre de saber, comprensión y justo sentido de las cosas y la existencia, de quien heredó un orgullo y una honradez a prueba de fuego.

Seg√ļn Helena Araujo: ¬ęZalamea no pudo, ni en su juventud ni en su madurez, dimitir de un elitismo que su natural suficiencia, acentuada por una ventajosa apariencia f√≠sica, incitaban a la superioridad. Sus diatribas contra los poderosos, su defensa de los humildes, su andamiaje de justo exiliado, calumniado y ofendido, su necesidad de publico y de aplauso, eran en realidad reflejos de un individualismo cuya excesiva autovaloraci√≥n fomentaba nociones de grandeza y persecuci√≥n peculiares a las personalidades de tendencia paranoica.

Dentro de la pol√≠tica, su nobleza de ideas lo llev√≥ a ejercerse por lo alto, en el. reino de lo bueno, lo bello y verdadero. Platonismo que ni la labor educativa de su juventud ni la producci√≥n po√©tica de su madurez logr√≥ identificar con liberales que le hallaron demasiado ajeno a la mentalidad electorera o comunistas que le supieron siempre ausente del partido¬Ľ.

Jorge Zalamea es junto a De Greiff, la otra gran figura de la generaci√≥n de Los Nuevos, no s√≥lo por su extensa obra sino por su periplo vital. Zalamea fue el mas joven del grupo. Voraz lector y due√Īo de un car√°cter sin par que lo acompa√Ī√≥ toda la vida, sus primeros escritos fueron publicados cuando ten√≠a escasos 16 a√Īos y las cr√≥nicas de la √©poca ya hablan de su combatividad y arrojo para debatir las ideas de los contertulios del Caf√© Windsor, donde al lado de Le√≥n de Greiff, que luego ser√≠a su m√°s entra√Īable amigo, deslumbraba por su insolente y aguda inteligencia.

¬ęJorge Zalamea recordaba en su juventud -ha escrito √Ālvaro Mutis- a un altanero Dorian Grey. La imponencia de sus rasgos regulares y aristocr√°ticos, la belleza de sus manos elocuentes y el timbre sonoro, lleno, profundo, c√°lido y varonil de su voz, se hicieron muy pronto m√°s conocidos en Bogot√° que sus dotes de escritor, como suced√≠a siempre en el ambiente municipal y espeso de nuestras so√Īolientas capitales¬Ľ.

La vida del poeta

Vinculado a una compa√Ī√≠a de c√≥micos viaj√≥ por Centro Am√©rica y en Costa Rica public√≥ El regreso de Eva en 1927. El lustro siguiente visit√≥ Espa√Īa, Francia e Inglaterra, sirvi√≥ en la embajada de Colombia en Madrid y Londres y mas tarde fue secretario general del presidente Alfonso L√≥pez Pumarejo y ministro de Educaci√≥n, y en el segundo gobierno de aquel fue embajador de Colombia en M√©xico e Italia.

En el Madrid de la Residencia de Estudiantes conoci√≥ a Federico Garc√≠a Lorca, Pedro Salinas, Pablo Neruda, Alfonso Reyes, Juan Larrea, Rafael Alberti o D√°maso Alonso. A Federico le uni√≥ una entra√Īable amistad, que ha quedado registrada en tres cartas consignadas en las obras completas del andaluz.

En México descubrió la poesía de Saint John Perse, con quien se identificó y a quien prestó su voz de manera ejemplar.

En 1948 Zalamea regres√≥ a Colombia y dirigi√≥ durante tres a√Īos la revista Cr√≠tica (1948-1951), donde public√≥ La metamorfosis de su excelencia, texto que caus√≥ la censura de la misma por parte del gobierno de Mariano Ospina P√©rez. Al caer asesinado, el 9 de Abril de 1948, Jorge Eli√©cer Gait√°n particip√≥ en la revuelta popular al lado de Gerardo Molina, Diego Monta√Īa Cuellar y Jorge Gait√°n Dur√°n, incitando desde la Radio Nacional al pueblo a la rebeli√≥n. Luego parti√≥ al exilio en Buenos Aires donde public√≥ El gran Burund√ļ Burund√° ha muerto (1952) -una deslumbrante s√°tira contra los tiranos, con secretas referencias a la violencia colombiana- y tradujo a numerosos autores contempor√°neos, entre ellos a Paul Valery, Jean Paul Sarte, T.S. Eliot y William Faulkner.

En 1952 Zalamea fue nombrado en Viena secretario del Consejo Mundial de la Paz (1952-1959). Hizo entonces numerosos viajes por Europa y el Oriente y en 1957, en Benar√©s, frente al Ganges redact√≥ la primera parte de El sue√Īo de las escalinatas, que publicar√≠a en 1964. Zalamea muri√≥ en Bogot√° el 10 de Mayo de 1969 mientras serv√≠a como director de un taller de escritores y profesor de la c√°tedra de Poes√≠a en la Universidad del Valle.

¬ęEl d√≠a de su entierro -dice Mutis- sus compa√Īeros de generaci√≥n, poetas, periodistas y pol√≠ticos y todos los que luego le precedieron en las mismas lides y aficiones, est√°bamos all√≠ presentes, confundidos en un dolor com√ļn y en una com√ļn conciencia de culpa por no haber sabido cumplir con esa solitaria y perpetua condici√≥n de protesta, que el tratara de inculcarnos a trav√©s de una vida ejemplar y de un destino inconforme y soberbio¬Ľ.

Zalamea / Saint-John Perse:
liturgia ceremonial y m√°gica

A√ļn cuando Zalamea se destac√≥ en su juventud como un difusor de ideas culturales y educativas, cuando descubri√≥ la poes√≠a de Saint John Perse sus intereses fueron variando y comenz√≥, tras las persecuciones y exilios, a escribir una obra que si bien podr√≠a inscribirse dentro de lo que se llam√≥ ¬ępoes√≠a militante¬Ľ, su rasgo definitorio fue la brillantez y belleza de su expresi√≥n. Eso es lo que deja hoy una lectura de textos como La metamorfosis de su excelencia, El gran Burund√ļ Burund√° ha muerto, El viento del Este y El sue√Īo de las escalinatas.

Como sucedió con la poesía política de Neruda, o con cierta poesía típicamente modernista de Darío, la de Zalamea vive hoy gracias al tono que inventó para hacerse oír contra la opresión y los horrores de su tiempo. Hay quienes han dicho que su voz fue aprehendida en Perse, pero quizás suceda mas bien que fue Zalamea quien donó a aquel sus melodías y quienes oyen o leen no lo recuerdan.

Hernando Valencia Goelkel sostuvo que encontraba mas legibles los poemas de Perse en el espa√Īol de Zalamea que en el original, y agregaba: ¬ęLa versi√≥n de Zalamea casi nunca es preciosa; es √©l quien hace creer que el verso de Perse es para leer en voz alta, que puede decirse lit√ļrgicamente, ritualmente, en un ceremonial incantatorio, colectivo y m√°gico¬Ľ.

Y fue precisamente eso lo que hizo Zalamea con sus extensos poemas: rescatar el arte milenario de la lectura en voz alta, para grandes auditorios, donde la palabra, flatus vocis, hace evidentes los signos del texto. Esa fue su gran contribución a la literatura de esta parte del mundo, así los críticos oficiosos sigan leyendo más en sus asuntos que escuchando las melodías de sus poemas.

Como se sabe, tanto en uno como en otros poemas, Zalamea entabla, o una denuncia de los males causados por los poderosos, o celebra una esperanza en el ma√Īana merced a los cambios sociales y morales que podr√≠an suceder en la historia. Pero no vende a quien oye verdad alguna ni impone una tesis. Es la sustancia de la ira, la voz del profeta que castiga la maldad, lo que retumba en su dicci√≥n.

Otro tanto puede decirse de su Cantata al Che o Imprecaci√≥n del hombre de Kenya: es la rec√≥ndita voz de los humillados y perseguidos quien nos habla. Como ha dicho Helena Araujo, luego de un juicioso estudio de la obra del proscrito, despu√©s de o√≠r o leer sus poemas: ¬ęsucumbimos ante el poder√≠o de un idioma opulento y emocionado. Ser√° la imagen brillante, sensual o barroca lo que le exalta y fecunda, no su posible transposici√≥n ideol√≥gica. Si en El gran Burund√ļ Burund√°, ten√≠amos un discurso ret√≥rico con ambiciones po√©ticas, en El sue√Īo de las escalinatas tenemos un discurso po√©tico que reh√ļsa hacerse plenamente demostrativo¬Ľ.

¬ęJorge Zalamea y Jorge Gait√°n Dur√°n han sido -escribi√≥ √Ālvaro Mutis con ocasi√≥n de la muerte del gran vetado- las √ļnicas voces ariscas, indome√Īadas e infatigables que han lanzado a todos los vientos, no solamente la protesta contra las condiciones que abruman a su patria, sino el testimonio l√ļcido, infatigable y sin compromisos de c√≥mo esas condiciones asfixian toda posible voz inconforme y liman, en la conducta de las gentes, toda posible aspereza que no se ajusta al manso molde que conviene a quienes han determinado c√≥mo se debe vivir en Colombia¬Ľ.

Fotografía: Jorge Zalamea con un jovencísimo Alvarado Tenorio.

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* Poeta. Director de la revista colombiana de poesía Arquitrave

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