Jul 17 2012
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Opini贸nPol铆tica

Colombia: Ind铆genas por la paz

Un programa de una cadena nacional de radio de Colombia calific贸 de ex贸tica la movilizaci贸n de los ind铆genas del norte del Cauca. No son pocos los que argumentan que dicha acci贸n no hace m谩s que ayudarle a la propia guerrilla. Algunos llegan incluso a calificarla como un acto circense.

Miembros del gobierno nacional dejan escapar valoraciones que se ubican en algunas de las anteriores afirmaciones. Todas ellas situadas en la superficie de un conflicto que solo se analiza por los efectos inmediatos que invaden los titulares de los medios de comunicaci贸n. M谩s no por la identificaci贸n de lo que acontece en el devenir hist贸rico de dichas comunidades.

Atr谩s quedan acciones que otrora fueran reconocidas por su capacidad de organizaci贸n y de movilizaci贸n. El rescate de un misionero suizo en 2003, en Caldono, que hab铆a sido secuestrado por la guerrilla. La caminata de cientos de ind铆genas hacia las monta帽as del Caquet谩 para presionar la liberaci贸n del alcalde de Toribio, Arqu铆medes Viton谩s, retenido por las FARC en 2004. La audacia de un alcalde ind铆gena de Silvia quien despu茅s de una larga jornada nocturna con sus guerrilleros captores, logra hablarles en su lengua a ni帽os que los rodearon pidi茅ndoles que avisaran a la comunidad de que estaba secuestrado. Acci贸n que al instante motivo el levantamiento de los ind铆genas de la vereda en que se encontraba y la obligaci贸n de su liberaci贸n por parte de la guerrilla. En fin, son innumerables los hechos en esta direcci贸n.

El CRIC fue fundado en febrero de 1971 y a la defensa de los principios de unidad, tierra y cultura fue necesario agregarle la protecci贸n de sus vidas tras las acciones de p谩jaros, matones a sueldo, y no pocas veces por miembros de la polic铆a o el ej茅rcito. En la medida en que las FARC fueron ocupando su territorio reclamaban para s铆 su control. Desconociendo las autoridades propias de las comunidades ind铆genas. Desde inicios de la d茅cada del ochenta efectuaron asesinatos de algunos de sus activistas. La formaci贸n del grupo armado Quint铆n Lame, que oper贸 durante la d茅cada del ochenta, hasta su desmovilizaci贸n, por medio de acuerdos de paz, en la Constituyente de 1991, fue m谩s un movimiento armado de autodefensa que una organizaci贸n como los otros grupos de orientaci贸n Marxista que le fueron coet谩neos. La larga lista de dirigentes y activistas que han sido asesinados en ese corto periodo de 41 a帽os de la organizaci贸n justifica con creces su permanente preocupaci贸n por la paz en sus territorios. Argumento que ser铆a mucho m谩s fuerte si lo asoci谩ramos a siglos de resistencia para garantizar que hoy tengan la organizaci贸n y la fuerza que han demostrado.

Si bien en sus congresos y asambleas identifican problemas b谩sicos como los de tierras, educaci贸n, el impacto que les ocasionar谩 el TLC los efectos de los megaproyectos y la miner铆a; el del conflicto armado ha devenido en uno de los que m谩s dificultades ha tra铆do para la realizaci贸n de sus planes de vida en sus territorios. Por una circunstancia inscrita en la l贸gica de la guerra; pero tambi茅n por la confrontaci贸n de dos formas de ver el mundo, la vida y la transformaci贸n social.

Hist贸ricamente, las FARC surgieron en el Nororiente del departamento del Cauca. Lo cual conlleva que muchos de sus militantes hayan nacido en esta regi贸n y conozcan como la palma de la mano sus r铆os y monta帽as, caminos y senderos. Sum茅mosle a esto que el desencadenamiento de la guerra ubica este territorio como uno de los mas estrat茅gicos para acceder a la zona agroindustrial del Valle del Cauca y transitar por los caminos que facilitan el control del Pac铆fico. A la vez, posibilita el paso hacia la Amazonia y los Llanos Orientales. Por eso, varios analistas ven como inevitable que cualquier soluci贸n del conflicto, sea militar o negociada, tenga en estos territorios sus 煤ltimos escenarios.

Lo que queda de proyecto pol铆tico de las FARC sigue inscrito en un esquema no muy bien definido de una sociedad socialista. Durante m谩s de dos largas d茅cadas su estrategia militarista ha conducido a desconocer din谩micas propias de movimientos y organizaciones sociales que, desde su propia historia y condiciones de vida, tambi茅n se sit煤an en el horizonte de la transformaci贸n social. M谩s no dentro de las jerarqu铆as que impone una estructura militar ni tampoco vertiendo sobre sus pr谩cticas organizativas las t谩cticas Leninistas y Estalinistas que aun operan en la estructura de esta guerrilla.

Estas dos direcciones entran en confrontaci贸n en los territorios. No de una manera ideol贸gica o discursiva sino de forma pr谩ctica. Pues a la ancestral autoridad y forma de gobierno ejercida a trav茅s de largos a帽os de resistencia, y respaldad por la constituci贸n actual, se le opone la autoridad de una insurgencia armada que las desconoce. Y no de cualquier manera, pues no son pocas las denuncias de las organizaciones ind铆genas de asesinatos de sus miembros cometidos por la guerrilla. Hasta la declaratoria, incluso, de objetivos militares, por parte de uno de sus frentes.

Esto, precisamente, condujo a la organizaci贸n ind铆gena a dirigirse al nuevo comandante de esa guerrilla, Timole贸n Jim茅nez, para plantearle si esa amenaza era solo de un frente y si era respaldado por el secretariado. En ella le exigen una consecuencia sobre sus expresas intenciones de lograr la paz. Sobre todo, porque consideran que avanzar hacia ella no ser谩 ahora posible si se produce entre su c煤pula y el gobierno, con la ausencia de las comunidades que padecen los efectos de la guerra. La respuesta ha sido una mayor ampliaci贸n de la embestida militar en sus territorios, la p茅rdida de vidas de muchos de sus miembros, el desarraigo temporal de su relaci贸n con la madre tierra por los desplazamientos que han debido realizar.

De igual manera, parten de la afirmaci贸n de que la guerra se produce con la contraparte de la guerrilla; en este caso el gobierno nacional, a trav茅s del ej茅rcito, la polic铆a y sus organismos de seguridad. Establecen que su presencia en sus territorios no ha garantizado la paz y la tranquilidad para realizar sus planes de vida; m谩s bien, contribuyen a agudizar el conflicto en sus territorios. No es que desconozcan la unidad de la naci贸n y el monopolio de la fuerza por parte del Estado. Es la aceptaci贸n de que la forma particular en que opera el conflicto en sus poblaciones no ha conducido a la recuperaci贸n de las condiciones que les permitan avanzar hacia el buen vivir. De all铆 que los identifican tambi茅n como actores de la guerra. Una pol铆tica gubernamental como el Plan de consolidaci贸n, en tanto es operado por los organismos militares que toman control de las zonas, no cumple el prop贸sito para el que fue dise帽ado si no son los gobiernos municipales y las organizaciones de sus comunidades las que lo implementan.

En regiones como la del Cauca no hace m谩s que exponer a la poblaci贸n a la reacci贸n cruenta de la guerrilla, como est谩 sucediendo. Por lo cual, esas son las razones para que se sostengan en que tanto guerrillas, como polic铆a y ej茅rcito, deben salir de sus territorios. Eje central de la discusi贸n. Pues desde el gobierno nacional se asume que es un mandato constitucional mantener el monopolio legitimo de la fuerza. Desde las organizaciones guerrilleras, su levantamiento en armas como movimiento insurgente lo asumen como una alternativa al estado que quieren suplantar. A las organizaciones de la sociedad no les queda m谩s que participar o aliarse a dicho proyecto o someterse a sus decisiones.

驴Qu茅 margen de acci贸n les queda a comunidades como estas que persisten en este tipo de iniciativas de paz? Si se mira la crudeza del conflicto, y su degradaci贸n, podr铆a concluirse que poca. Si se tiene en cuenta su tradici贸n de lucha y de resistencia y su capacidad de organizaci贸n y movilizaci贸n, mucha. Asumiendo que con sus propias autoridades y su guardia ind铆gena pueden ejercer autoridad, justicia y control de los conflictos que se producen en ellos. Han dado muestras de ello a lo largo de su vida organizativa y de los cientos de a帽os de resistencia. Porque es de los pocos espacios que la sociedad colombiana registra en esta 煤ltima d茅cada como alternativa al autoritarismo y a la barbarie. En 1999 logran un acuerdo con el gobierno nacional de la designaci贸n de un territorio denominado de paz y convivencia; situado en la Mar铆a Piendam贸.

All铆 donde A铆da Quilcu茅, consejera, mayor del CRIC en ese momento, y las comunidades obligaron al presidente Uribe a que los escuchara en su propio territorio y bajo sus condiciones. En 2004 realizan una movilizaci贸n, bajo la hermosa denominaci贸n 鈥渃aminando la palabra鈥 cuyo punto de llegada y de asamblea fue el Coliseo del Pueblo de Cali. La opini贸n p煤blica la identific贸 como la marcha de la dignidad que ya inclu铆a como una de sus demandas no ser carne de ca帽贸n de los actores de la guerra y la necesidad de optar por una soluci贸n pol铆tica negociada del conflicto armado. Proceso que se ampli贸 sucesivamente en marchas hasta Bogot谩; ya no solo de ind铆genas sino con diferentes organizaciones populares, bajo la denominaci贸n de La Minga Social y Comunitaria. Su resultado fue el congreso de los pueblos y diferentes iniciativas que se desprenden de sus mandatos. En todas ellas con la apuesta por la paz como una de sus reivindicaciones centrales.

La destrucci贸n de las trincheras de la polic铆a y del ej茅rcito, y la presi贸n hasta sacar la guerrilla de algunos de sus territorios en varios municipios del norte del Cauca, no son m谩s que la expresi贸n de comunidades y pueblo organizados. Nunca la convivencia con la guerrilla. Nadie puede evitar que haya ind铆genas en sus filas. As铆 como en el ej茅rcito y la polic铆a frecuentemente enjuician a muchos de sus miembros comprometidos con el narcotr谩fico, la corrupci贸n o tr谩fico de armas. Dejarlos a su propia suerte no ser铆a nada diferente de dar la espalda a espacios de dignidad tan maltrechos y menospreciados en nuestro pa铆s. Ignorar el significado de su voluntad y propuesta de paz menospreciar铆a un proyecto que nace desde la ra铆z misma del pueblo y alienta las esperanzas de que su multiplicaci贸n se produzca y con ello caminos reales de salir del conflicto armado.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos, UNAM. Profesor jubilado Universidad del Cauca. Orientador de proyectos de investigaci贸n de la Universidad Aut贸noma Ind铆gena Intercultural (UAIIN). Miembro del Espacio Regional de Paz de Organizaciones sociales del Cauca.

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