Jun 1 2007
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Política

Colombia. – LOS MISTERIOS URIBISTAS

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Desde los tiempos ‚Äďpara no ir m√°s atr√°s‚Äď del sonado debate del senador Petro, en el cual se evidenci√≥ el aumento del paramilitarismo cuando Uribe era gobernador de Antioquia, hasta el ‘destape’ de las interceptaciones telef√≥nicas de opositores, periodistas y, claro, de los ‘paracos’ recluidos en Itag√ľ√≠, el uribismo ha acelerado su declive.

El caso estruendoso ‚Äďaunque √©l lo ha desviado con habilidad‚Äď de la parapol√≠tica, es decir, de sus copartidarios vinculados con la criminalidad paramilitar, ha sido una expresi√≥n de su tal√≥n de Aquiles. Cuando un senador de oposici√≥n calific√≥ el fen√≥meno como ¬ęparauribismo¬Ľ, algunos de los ministros patalearon. Zapateaban, que ni en un baile flamenco. Sin embargo, al presidente al respecto lo envolvi√≥ el mutismo.

Como eco de las acusaciones en el Senado realizadas por Gustavo Petro, y luego del recto a la mand√≠bula de Al Gore, el presidente Uribe, en una desesperada rueda de prensa, se√Īal√≥ que su gobierno hac√≠a seguimiento o inteligencia (espionaje) a miembros de la oposici√≥n. Otro descalabro que, no obstante, √©l matiz√≥ con furias o contestando lo que no se le hab√≠a preguntado.

Más tarde, su actitud reverencial frente a dignatarios de los demócratas gringos en Washington, para que el leonino TLC sea suscrito, lo mostró en su dimensión de prosternado. Ya no solo frente a Bush, sino ante los opositores de éste. Y, como para contentar a los partidarios de Clinton y Al Gore, nombró una ministra negra (o afrodescendiente, como estila el eufemismo).

Digamos que hasta ah√≠ son movidas de ajedrecista m√°s o menos entendido. El momento cumbre -hasta ahora- lleg√≥ con las revelaciones de que el Estado colombiano interven√≠a los tel√©fonos de opositores, periodistas y tambi√©n de los paramilitares detenidos en la c√°rcel de Itag√ľ√≠. La reacci√≥n del presidente, en la que cayeron 12 generales de la Polic√≠a, pareci√≥ suscitarse por la interceptaci√≥n a los ‘mal llamados’ paramilitares.

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Pero el colmo, o, de otro modo, su atentado contra el Estado Social de Derecho, lleg√≥ una noche cuando anunci√≥ su propuesta de excarcelaci√≥n de parapol√≠ticos, guerrilleros y a los paramilitares que est√©n con la verdad. Invocando una medieval ‘raz√≥n de Estado’, una maquiav√©lica postura autoritaria, tan atropelladora que hasta cay√≥ mal entre sus antiguos escuderos, Uribe agreg√≥ una sutileza, m√°s propia de un director de cine de suspenso o autor de novela negra que de un estadista dem√≥crata: el 7 de junio el pa√≠s sabr√° el por qu√© de la tal medida.

Algunos de sus incondicionales han interpretado la desbordada actitud presidencial como un extra√Īo retorno a la ‘caguanizaci√≥n’ pastranista, pero tambi√©n, desde otras orillas, como una cortina de humo para tapar tantos esc√°ndalos y desaciertos juntos. En los corrillos urbanos la gente dice que el presidente se est√° dejando presionar de sus ‘amigos’ encarcelados.

Una ‘raz√≥n de Estado’, en contrav√≠a de la promovida por Maquiavelo, podr√≠a ser invocada en Colombia: un pa√≠s en el que la mentira ha sido la constante, en particular sostenida por los pol√≠ticos, deber√≠a imponer, ante todo, la justicia y la verdad. Porque, como va el negocio, todo parece indicar que lo que quiere el presidente es una ley de punto final.

S√≠. Excarcelar para perdonar y olvidar. Para que las v√≠ctimas, ahora s√≠, desaparezcan del todo. Para que los que perdieron sus parcelas y sus ra√≠ces, se queden sin memoria. Sin el santo y sin el milagro. Porque lo que se est√° buscando, tal como lo se√Īalan los hechos, es m√°s impunidad.

Ya ni siquiera se trata de ‘c√°rceles cinco estrellas’ o de casa por c√°rcel, sino de excarcelaci√≥n. Y entonces querr√° decir que la tal ley de Justicia y Paz es insuficiente, que no es m√°s que un aporte a la impunidad pero sin contribuir a la justicia y a la paz. Porque, por ejemplo, si se intenta buscar la reconciliaci√≥n nacional √©sta no puede estar basada en la mentira, ni en la injusticia, ni en perdonarlo todo. Hay que ceder en varios aspectos.

Pero lo extra√Īo es por qu√© siempre los vencidos, las v√≠ctimas, los que padecen las desgracias, tienen que perder. Por qu√© negar el castigo, aunque sea de penas m√≠nimas -como el que contempla la ley de Justicia y Paz- , a los criminales. El 7 de junio tal vez se conozcan los nuevos misterios de F√°tima. Y, como se cree, todo ser√° como en el parto de los montes. Ah, mi vecina ha dicho: ‘En Colombia a los criminales les va muy bien’. Razones tendr√° la do√Īa.

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* Periodista. En la agencia independiente de noticias argentina ARGENPRESS.
www.argenpress.info.

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