Abr 7 2012
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OpiniónPolítica

Colombia: Los vaivenes de una guerra consagrada

Colombia, por un siglo consagrada al Sagrado Coraz√≥n de Jes√ļs, s√≥lo de labios para afuera practica los perdones anunciados en el Nuevo Testamento, una indiscutible evoluci√≥n y consolidaci√≥n de la armaz√≥n religiosa: ‚ÄúEntonces Pedro se acerc√≥ y le dijo: ¬ęSe√Īor; ¬Ņcu√°ntas veces debo perdonar las ofensas de mi hermano? ¬ŅHasta siete veces?¬Ľ Jes√ļs le contest√≥: ¬ęNo digas siete veces, sino hasta setenta y siete veces.¬Ľ (Mat 18: 21-22)

.El pa√≠s suramericano prefiri√≥ permanecer en los rudimentos feroces del Antiguo, que en esa l√≠nea de n√ļmeros siete dice apenas abriendo el repertorio can√≥nico:¬† ‚Äú‚Ķsi Ca√≠n ha de ser vengado siete veces, Lamec ha de serlo setenta y siete veces.¬Ľ (G√©n 24: 4).

Del Pentateuco a los Sapiensales, Yahveh es un dios vengativo, a nombre de los fieles o las tribus apadrinadas, o a título personal. Para ejecutar los arrebatos se vale de la mano justiciera de los partidarios surgidos del desierto, o de hombres resplandecientes llovidos del cielo (Mac 10: 29), especie de equivalentes evangélicos de las bombas inteligentes del siglo XXI.

Expl√≠cito en su rencor es Yahveh en Deuteronomio 32: 41-42: ‚Ķcuando afile el rayo de mi espada, y mi mano empu√Īe el Juicio, tomar√© venganza de mis adversarios, y dar√© el pago a quienes me aborrecen./ Embriagar√© de sangre mis saetas, y mi espada se saciar√° de carne: sangre de muertos y cautivos, cabezas encrestadas de enemigos.

En N√ļmeros 31: 3 tambi√©n se aprecia el car√°cter camorrista del dios que funge de pastor (¬Ņarriero?) de las primera almas: Mois√©s habl√≥ al pueblo y le dijo: ¬ęQue se armen algunos de vosotros para la guerra de Yahveh contra Madi√°n, para tomar de Madi√°n la venganza de Yahveh.

Desde tan pretéritos días el dios cristiano azuzaba a los israelitas para vengarse de los madianitas, y eso que Séfora, mujer de Moisés, era madianita. Moisés, el patriarca imprescindible por cuyo cuerpo muerto habrían de pelearse el arcángel Miguel y el mismo diablo. (1)

Ni arc√°ngel ni otra sustancia de jerarqu√≠a celestial que se le parezca, Juan Carlos Pinz√≥n, ministro de Defensa colombiano, con incuestionable cara angelical dice a los contendientes encarcelados en las cientos de c√°rceles de m√°xima seguridad que repuntan de punta a punta en el pa√≠s: El Se√Īor (debe ser el se√Īor Santos) los reprenda, en tanto que Fuerzas Militares y FARC se pelean los muertos con el exclusivo fin de ponerlos o quitarlos de cifras y reportes.

Por v√≠a de la religi√≥n hemos de implorar y hacer lo mismo mucho tiempo despu√©s. Miles de a√Īos no son nada. ‚Ķy nada m√°s, cant√≥ Benedetti, porque el cielo ya est√° de nuevo torvo/ y sin estrellas/ con helic√≥ptero y sin dios. (2) Muchos helic√≥pteros y aviones y misiles y plomo.

Todopoderosa costumbre de intolerancia que caló hondo y que sólo nuestro particular dinamismo cultural pudo amoldar debidamente:

A mayor fervor, m√°s fidelidad al odio de Yahveh. Ante un abanico de tranquilos emblemas religiosos, acogemos la representaci√≥n del coraz√≥n f√≠sico del Jes√ļs de Nazareth, lleno de espinas y heridas y llamas, y nos postramos aturdidos dici√©ndonos que es el s√≠mbolo del dolor de Jesucristo por los colombianos. A una alta necesidad de misericordia, mucha hipocres√≠a. A unos requerimientos improrrogables de paz, nuevas zancadillas.

Es devoto, por ejemplo, el Procurador General de la Rep√ļblica porque orna con im√°genes y beatas de la secta cat√≥lica su oratorio del piso cuarto, torre A (3), y con sa√Īa se le cruza a las libertades constitucionales que afean tanta fe. Es santo el Santos. Se embargan de oraciones Vargas Lleras y otros vergajos. Y se cree √°ngel Angelino implorando cargos maravillosos al Milagroso de Buga.

Como la violencia no es algo individual, pues requiere, al menos, de dos participantes, y si el bueno‚Äďbueno y el malo‚Äďmalo son clich√©s de pel√≠culas clase B, el bueno‚Äďmalo contra el malo que tiene algo de bueno es lo que queda en esta guerra sin cuartel de acuartelados a la brava y de inocentes rebosantes de culpa.

Las fechorías no son sólo las FARC, como exponen de memoria los funcionarios y repiten los analistas. Para la identificación del violento no bastan los dedos índice pagos de los miembros de las redes de denunciantes. La sangre afana a muchos en una sociedad acostumbrada por décadas a los réditos de la guerra.

No cesan los caídos, para ventaja de los industriales de la munición, los traficantes de las armas, los compradores de misiles, los portadores de soles y medallas, los asesores mercenarios estadounidenses o los expertos israelíes, técnicamente, ya tan descendientes como los israelitas de los doce hijos de Jacob y sus tribus.

Y es que aquí no hay madianitas, pero hay dinero y alianzas para que no haya pacto entre los contendientes. No es el Arca de la Alianza, que ha de estar allá en el templo de Dios en los cielos (Apocalipsis 11:19). Son alianzas para llenar las arcas. Un contubernio complejo.

Exorbitante presupuesto y recursos y √ļltimas tecnolog√≠as del espionaje y del ataque hacen posible que mueran m√°s civiles, ciudadanos indocumentados, numerosos campesinos, cientos de defensores de los Derechos Humanos. Sin embargo, hay que reconocerlo, es lo importante, tambi√©n permiten que mueran menos guerreros.

Pero algunos caen, qu√© se le va a hacer. Ni el ex presidente √Ālvaro Uribe, a pesar del andamiaje de enga√Īos, persecuciones, asesinatos y puestas en escena, es infalible y caer√° como ya caen sus piezas. Ni lo fue el mismo Dios hecho hombre, que termin√≥ siendo vendido por la temprana red de informantes en cabeza de Judas.

Y así, en el conflicto con cara de guerra que vivimos la guerrilla de las FARC mata once soldados en un ataque con cara de combate.

El Ej√©rcito sostiene que fue una emboscada posible por un error estrat√©gico fuera de lo com√ļn. Puede que sea cierto y se trat√≥ de un error de c√°lculo: dos d√≠as de m√°s relajados sin moverse; abriendo fuego los aviones Tuc√°n donde no era; un poco desviados sonando el sonajero los tanques Cascabel.

Pero no lo es que en la funesta circunstancia existiera algo fuera de lo com√ļn.

Los once soldados corresponden a los miles y cientos de miles de soldados que esta patria recluta a punta de culatazos de fusil en las esquinas y campos de cualquiera de sus partes.

Son los muchachos pobres que se salvan de ser enlistados por un bando y son condenados por el otro a la ruleta rusa de una muerte en la que no se sabe con exactitud qui√©n es el asesino: El guerrillero que les dispara o el estado que los pone all√≠ como carne de ca√Ī√≥n.

Entonces sobreviene la venganza, más mediática que cierta, no por eso menos cruenta y dolorosa. Si mataron once, les matamos treinta y tres, en Arauca. Y después treinta y seis, en Meta. Y se bombardean terroristas, guerrilleros o qué importa a quiénes con tal de lograr el monto propuesto. Ay, ahí hay qué mostrar.

La FAC golpea a las FARC. ‚ÄúUna operaci√≥n que dio muy buenos resultados‚Ķ‚ÄĚ (4). ‚ÄúEn una semana rompieron el record‚Ķ‚ÄĚ (5). Santos tiene raz√≥n: No es un Guiness, pero es una competici√≥n de militares por presupuestos. Y de todos por el silencio: Nadie volvi√≥ a hablar de los once soldaditos muertos, gracias a Dios.

A Dios y a que el profesionalismo desbordante es posible porque el estado se ha vuelto bueno para ahorrar dinero en salud, educación, vivienda, alimentación, cultura, y ha aprendido a dedicarlo a las justas venganzas.

Paz en su tumba a los tumbaos, que no son los soldaditos o los guerrilleros enterrados hace poco o hace a√Īos, sino los que sobrevivimos, a quienes nos est√°n tumbando cualquier posibilidad de una vida digna.

Santos considera que eso es una victoria y dio ufano el parte de muerte. Uno se crey√≥ una vez por muchos a√Īos el Mes√≠as, el otro procede hoy con la misma rabia de Yahveh.

En todo esto, se celebra el heroico golpe en respuesta al alevoso golpe. Los medios se valen de los adjetivos para calificar la guerra, definirla y proseguirla: ¡La valoración es el mensaje!

En todo esto, sea bendito nuestro Dios, que ha entregado los impíos a la muerte, vigente titular extraviado en el Segundo Libro de los Macabeos (1: 17).

Mientras un sinn√ļmero no para de propugnar por esa vuelta atr√°s, a la primaria sociedad de las cifras b√≠blicas: si siete, setenta y siete, setecientos setenta y siete. Toda salvajada pasada fue mejor. Ojo por ojo, diente por diente.

¬°Alabado sea Dios mi Salvador!
El Dios que me da la venganza
y quebranta los pueblos debajo de mí.
(Sam 22: 47-48).
David dirigi√≥ estas palabras a Yahveh cuando √©ste lo libr√≥ de Sa√ļl, el primer rey de Israel, para m√°s se√Īas su suegro. Al peque√Īo David el tal dios le daba la venganza reclamada, como da fe el resto de su resentido c√°ntico uribista, digamos, cuando describe c√≥mo deja a los enemigos gracias al intervencionismo de su Dios:
Los machaco como polvo de las plazas,
y los piso como el barro de las calles.
Me libras de las rebeldías de mi pueblo,
y me pones a la cabeza de las naciones,
me obedecen pueblos desconocidos.
y los piso como el barro de las calles.
(Sam 22: 43-44).
No hay paz pasadera, de tal guisa. Se hace movediza, excusa de nuevas soberbias para quienes deb√≠an haberla hallado hace a√Īos. Al bilioso entender, la ret√≥rica de la b√ļsqueda palia la realidad del desangre. Apelando a Mutis, armamos otro caro titular de prensa: Los elementos del desastre (6) para Un bel morir (7). Pues esa, por desgracia, es la √ļnica esperanza institucional ciertamente promovida.

Demasiados intereses no permiten que el estado y los colombianos nos liberemos del enorme rencor que, muchas veces fundado y tantas otras infundado, llevamos por dentro. Aunque ning√ļn creyente lo reconozca, o aunque no seamos tales, todos sabemos bien por d√≥nde va la verdadera procesi√≥n.

Las FARC act√ļan en contrav√≠a de la conveniencia de demasiados poderosos, no porque intensifiquen la guerra, ni siquiera porque asuman el riesgo de acabarla, sino s√≥lo porque hablan de buscar una salida y dan algunas pruebas de querer hacerlo de verdad.

Asustan las cartas en tono místico del jefe subversivo conocido como Timochenko. Intimidan las liberaciones de unos soldados y policías que a nadie le importan. No se aguanta que la amenaza del diálogo ronde en algunas cabezas.

La misma hipocresía que se opone a capa y espada al ejercicio de las libertades fundamentales legitimadas por la Constitución de 1991 niega la alternativa de la paz, la liberación que como país requerimos sin postergaciones.

Qué benéfico fuera que muchos cristianos católicos fanáticos no se apegaran tanto al Yahveh de las zarzas ardientes que no se consumían (Ex 3: 2) y que apunten los ojos a esta conflagración que tampoco disipa.

Al fin y al cabo, no son el soldado que apunta ni el guerrillero que dispara los causantes de nada. Quienes día tras día le dan vida a esta guerra infame son:

gentuza que se cree pura, pero cuyo pecado no ha sido borrado,
gentuza de mirada orgullosa y sus p√°rpados son altaneros,
gentuza de dientes como pu√Īales y de colmillos como cuchillos, para devorar a los d√©biles del pa√≠s y a los pobres del mundo.

Con tal acierto los puntualiz√≥ Agur, el hijo de Yaqu√©, de Massa, en Proverbios 30: 12-14, a√ļn sin o√≠rlos por la radio o verlos engominados por la televisi√≥n, tan acicalados, como altaneros.

En estos días en que los prelados llaman al recogimiento, los actuales adeptos de esta persistente religión del Libro tendrían que ojear su propia monumental y versátil cartilla, para concebir mejor lo que son y lo que no, percatarse de dónde están los legados y de qué lado están sus prelados, dejando en paz por unos días los eslóganes  espirituales poco espirituosos, que predican por igual Santos y malditos.

NOTAS
(1)¬† ‚ÄúPero cuando el arc√°ngel Miguel contend√≠a con el diablo, disputando con √©l por el cuerpo de Mois√©s, no se atrevi√≥ a proferir juicio de maldici√≥n contra √©l, sino que dijo: El Se√Īor te reprenda‚ÄĚ (Judas 1:9).
(2)  BENEDETTI, Mario. Poemas de otros. Ed. Alfa Argentina. Buenos Aires, 1974. Pág. 5.
(3)¬† RUIZ NAVARRO, Catalina. ‚ÄúProcurador entutelado‚ÄĚ. El Espectador. Bogot√°, 1 de octubre de 2011.
(4)  Radio Nacional de Colombia. http://bit.ly/H6GU3q
(5)¬† Portal del Sistema Informativo del Gobierno. Presidencia de la Rep√ļblica de Colombia. Bogot√°, marzo de 2012. http://bit.ly/GVxpCE
(6)¬† MUTIS, √Ālvaro. Los elementos del desastre. Losada. Buenos Aires, 1953.
(7)¬† MUTIS, √Ālvaro. Un bel morir. Oveja Negra ‚Äď Mondadori, 1989.

*Periodista y cineasta colombiano

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